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CATE GILLON/GETTY IMAGES

El Servicio Nacional de Salud: la religión falsa de Gran Bretaña

Me pregunto cuánto falta para que Gran Bretaña tenga un nuevo día festivo nacional: el 5 de julio, fecha en la que nace el Servicio Nacional de Salud ( nhs , por sus siglas en inglés). Este año hubo un servicio de acción de gracias por el nhs en la Catedral de San Pablo; el Palacio de Buckingham organizó una fiesta en el jardín para celebrar; otras miles de personas en todo el país asistieron a sus propios eventos, mientras que los políticos y los famosos publicaron videos cursis de homenaje.

Pero el acontecimiento más destacado fue la concesión de la Cruz de Jorge al nhs. Ésta es la condecoración civil más alta de Gran Bretaña, otorgada sólo por “actos del mayor heroísmo o del más conspicuo valor en circunstancias de extremo peligro”.

Fue una ocasión histórica. La Cruz de Jorge sólo se había concedido colectivamente en dos ocasiones anteriores. La primera fue para Malta en 1942, que, en ese entonces, era “el lugar más bombardeado sobre la Tierra”, como escribe Andrew Roberts en su libro La tormenta de la guerra. Durante los dos años de asedio, las fuerzas del Eje trataron de bombardear y matar de hambre a la isla hasta someterla. Más de 1.000 civiles murieron y 30.000 edificios fueron destruidos o dañados.

El segundo grupo que recibió la Cruz de Jorge fue la Policía Real del Ulster, que sufrió la muerte de 300 de sus hombres y miles de heridos al enfrentarse durante años a los ataques de los terroristas del Ejército Republicano Irlandés.

Comparado con estos ejemplos, el premio que recibió el nhs parece un poco devaluado.

Pero si cree lo que dicen los líderes británicos, el nhs es literalmente lo mejor que existe. El líder laborista Sir Kier Starmer lo llamó “la mejor institución de nuestro país”. El ex secretario de Salud, Matt Hancock, fue más allá y dijo: “El nhs es el mejor regalo que una nación se ha otorgado”.

“¿Es en serio?”, preguntó Charles Moore, el biógrafo de Margaret Thatcher. “¿Mejor que los pilotos de combate de 1940, o que el derecho universal al voto o la abolición de la esclavitud? ¿Mejor que la Constitución de Estados Unidos?”.

¿Por qué tanta veneración por el nhs? Es famosa la broma del político Nigel Lawson diciendo que “el nhs es lo más parecido que tienen los ingleses a una religión”. En los videos del “día festivo” al nhs, famosos y políticos describían cómo el nhs los había salvado, estaba allí para ellos cuando nacieron y estará allí para ellos cuando mueran. Sonaba como una fe.

El gobierno británico se queda casi con la mitad de los ingresos de sus ciudadanos a través de impuestos, muchos de ellos ocultos. Alrededor del 20% se destina a la atención médica. Haciendo cuentas llegamos a una cifra interesante: en el Reino Unido, todos pagamos un diezmo al nhs.

Pero la devoción de Gran Bretaña por este nuevo culto ha perjudicado al mundo entero. Muestra qué tanto se puede transformar a una nación con una infiltración comunista exitosa. Y mientras Estados Unidos sigue por el mismo camino, contiene una poderosa advertencia sobre el colapso de las naciones.

Una vergüenza nacional

¿Merece realmente el Servicio Nacional de Salud tales elogios? ¿Cuáles son sus frutos?

El hecho es que el nhs es considerablemente peor que los servicios de salud de otros países desarrollados. El Dr. Kristian Niemietz, jefe de política del Instituto de Asuntos Económicos, comparó el desempeño del nhs en cuatro tipos de cáncer comunes: el de mama, de próstata, de pulmón y de intestino. Si el nhs funcionara tan bien como el sistema de salud alemán, se salvarían 12.000 vidas al año. James Bartholomew realizo aún más cálculos en su libro de 2004 The Welfare State We're In (El Estado de bienestar social en el que estamos). En él llega a la conclusión de que si el nhs funcionara tan bien como un “sistema de salud medianamente bueno”, se podrían salvar unas 48.000 vidas al año.

Se nos dice que la pérdida de nuestras antiguas libertades y derechos vale la pena si se logra salvar una vida de la covid-19. Sin embargo, las muertes adicionales por tener un sistema de sanidad deficiente equivalen a una pandemia de coronavirus cada dos o tres años, incluso si se toman las estadísticas oficiales de la covid-19 al pie de la letra. Renunciaremos a nuestra libertad para salvar vidas. Pero nunca renunciaríamos a nuestro nhs.

El gobierno del Reino Unido gasta tres veces más en sanidad que en defensa. El nhs se ha convertido en una pesadilla burocrática. Si conoce a un gerente en el Reino Unido, hay una probabilidad de 1 entre 3 de que trabaje para el nhs.

Nada de esto niega que haya personas dedicadas, trabajadoras y atentas laborando para el nhs. Pero sí suscita la pregunta: ¿Por qué veneramos algo que, como institución, no es muy bueno?

Un proyecto marxista

El Servicio Nacional de Salud comenzó después de la Segunda Guerra Mundial, cuando el público británico expulsó a Winston Churchill y eligió al Partido Laborista. Los laboristas lo celebraron cantando “La bandera roja”, el himno comunista, en el Parlamento.

En este nuevo gobierno socialista, Aneurin Bevan era uno de los más extremistas. Fue expulsado del Partido Laborista en 1939 por su cercanía a los comunistas, y luego fue readmitido. Su biógrafo, el líder del Partido Laborista Michael Foot, dijo que su pensamiento estaba “enraizado en el marxismo”.

“El marxismo le enseñó que la sociedad debe ser cambiada con intrepidez, rápida y fundamentalmente, para que la transformación no sea anulada por la contrarrevolución”, escribió Foot.

Bevan lo consiguió con el nhs, el cual ha seguido siendo un elemento socialista estratégico que no pudo remover ni siquiera Margaret Thatcher, quien logró restablecer cierto poder y prosperidad británica combatiendo al socialismo en el país y en el extranjero.

El nhs formó parte de una reforma del Estado de bienestar social que arraigó profundamente los pilares del pensamiento socialista en la psique británica. Estas reformas minimizaron las responsabilidades personales y las libertades, sustituyéndolas por un enfoque colectivista. Bajo la covid-19 estamos viendo cómo este enfoque se vuelve autoritario. Me sorprendí cuando Gran Bretaña fue cerrada el año pasado, pues no debería haberlo sido. Los cimientos se establecieron hace más de 70 años.

Las fallas de un hombre se convirtieron en los problemas de la sociedad. Si no cuidaba su salud, la nación correría con los gastos. Si perdía su trabajo y no tenía ahorros, la nación se haría cargo de él. Si tenía hijos fuera del matrimonio y no podía (o no quería) mantenerlos, la nación intervendría.

Al proteger a los individuos de las consecuencias de sus propias acciones, el Estado de bienestar social ha fomentado los problemas que destruyen naciones y ha creado un círculo vicioso que los agrava. Ahorrar para un día lluvioso es realmente difícil cuando el gobierno se queda con la mitad de tus ingresos. Y así, más gente se ve obligada a depender del gobierno cuando llega ese día lluvioso.

Por supuesto, toda sociedad justa necesita una red de seguridad social. Nadie quiere ver morir a un niño porque sus padres no pueden pagar las facturas. Pero el nuevo Estado de bienestar social ha sobrepasado los límites.

Gran parte de la decadencia del carácter británico se debe a esto. En la década de 1950, el psicólogo Geoffrey Gorer describiendo a los ingleses, escribió: “En la vida pública actual, los ingleses se encuentran sin duda entre las poblaciones más pacíficas, amables, corteses y ordenadas que el mundo civilizado haya visto jamás. (...) Casi nunca se ve una pelea en un bar. (...) Las multitudes del fútbol son tan ordenadas como las reuniones en una iglesia”. Esta noche Inglaterra juega contra Dinamarca. Vea y compruebe si esa descripción sigue siendo así hoy.

Bartholomew recopila una gran cantidad de relatos similares en su libro El Estado de bienestar social en el que estamos. Es como leer sobre un país extranjero, completamente ajeno a la Gran Bretaña que he conocido toda mi vida. Describe cómo una ética de trabajo duro y valores familiares crearon esta sociedad ordenada y en general con poca delincuencia. El Estado de bienestar social atacó esos dos pilares, y el resto de la sociedad cayó con él.

“No es ir demasiado lejos decir que parece haber habido una revolución en la cultura y el carácter del pueblo británico en los últimos 60 años”, escribe. “Hay evidencia abrumadora de que son menos educados y más violentos. (...) Surge la imagen de un país que se ha embrutecido e incluso degenerado en comparación con cómo era. (...) Un país con una historia y un carácter notables parece haberlos tirado a la basura”.

Pérdida de visión

El dinero para financiar el Servicio Nacional de Salud tenía que salir de alguna parte. Y vino a expensas del papel que Gran Bretaña desempeña en el mundo.

Los gastos de defensa, necesarios para hacer de Gran Bretaña una gran potencia, sufrieron un recorte tras otro. Para muchos, enero de 1968 marca el fin oficial del Imperio Británico. El entonces primer ministro Harold Wilson anunció que Gran Bretaña retiraría todas sus fuerzas al este del canal de Suez.

El secretario de Estado de EE UU, Dean Rusk, se mostró incrédulo. Dijo que “no podía creer que las aspirinas gratis y los dientes postizos fueran más importantes que el papel de Gran Bretaña en el mundo”.

La repentina falta de interés de Gran Bretaña por el imperio creó problemas en todo el mundo. La política británica fue de “confusión e indecisión”, escribe el historiador Paul Johnson en su libro Modern Times (Tiempos modernos). “Hubo un fallo de visión; un colapso de la voluntad. En 1945, Gran Bretaña controlaba un tercio del mundo. Ninguna nación había tenido responsabilidades tan amplias. Veinticinco años después, todo había desaparecido. La historia nunca había sido testigo de una transformación de tal magnitud y rapidez”.

Gran Bretaña no tenía ningún interés en el imperio, ni siquiera en reducirlo de forma responsable. En cambio, simplemente se desprendió de todo sin importarle el número de vidas que destrozó.

En India, la falta de interés por parte de los británicos, la incompetencia de los funcionarios británicos y el relevo apresurado del poder a las nuevas élites provocó resultados desastrosos. Cuando las autoridades británicas se retiraron, las tensiones étnicas que habían mantenido bajo control estallaron. Aproximadamente un millón de personas murieron a causa de la violencia, aunque las estimaciones varían mucho. Alrededor de 5 millones se vieron obligados a huir de sus hogares. India y Pakistán pasaron a combatir en cuatro guerras entre sí y permanecen en un gélido enfrentamiento nuclear. Fíjese en algunos de los hombres que llegaron al poder cuando Gran Bretaña se retiró: El presidente ugandés Idi Amin, el primer ministro de Zimbabue Robert Mugabe y el presidente egipcio Gamal Abdel Nasser.

Actualmente, el mundo entero está peor por culpa de la adoración británica al nhs y por nuestro Estado de bienestar social.

Pero esta pérdida de visión también perjudicó a Gran Bretaña.

La era del Imperio Británico del siglo xviii comenzó con el deseo de hacer del mundo un lugar mejor. La diplomacia británica y la Marina Real ayudaron a erradicar la esclavitud en todo el mundo. Para los hombres de esta época, su primera experiencia de imperio había sido la lucha contra el intento de dominación mundial de Napoleón Bonaparte. En la batalla contra la esclavitud, vieron un indicio de algo diferente: un imperio que no buscaba simplemente conquistar vastos territorios o exaltar a un hombre. Por el contrario, Gran Bretaña captó una nueva visión de un imperio que podía mejorar a toda la humanidad. “Para muchos ingleses victorianos, el instinto de imperio debía racionalizarse primero como un llamado al deber cristiano” (Heaven's Command [El mandato del cielo]).

En 1850, el primer ministro Lord John Russell se pronunció ante el Parlamento en defensa de los continuos esfuerzos de Gran Bretaña por acabar con el comercio de esclavos en el extranjero. Dijo a la cámara: “Si abandonamos esta elevada y sagrada labor, y proclamamos que ya no somos aptos para liderar la lucha contra la maldición y el crimen de la esclavitud, ya no tenemos derecho a esperar la continuidad de aquellas bendiciones que, por la gracia de Dios, hemos disfrutado durante tanto tiempo”.

Esta era la opinión de muchos en aquella época: extender el Imperio como una fuerza para el bien, y Dios los bendeciría.

¿Se hizo siempre a la perfección? No. ¿Hubo algunos individuos muy egoístas involucrados en ese proceso? Sí. ¿Hubo mucha autojusticia? Absolutamente.

Pero este enfoque hacia el exterior creó un imperio que benefició al mundo, que envió sus riquezas, personas, ideas e instituciones al extranjero. El historiador Niall Ferguson escribe en su libro Empire [Imperio]: “El hecho es que ninguna organización en la historia ha hecho más para promover la circulación libre de bienes, capital y trabajo que el Imperio Británico en el siglo xix y principios del xx. Y ninguna organización ha hecho más por imponer las normas occidentales de ley, orden y gobierno en todo el mundo”.

Mientras Gran Bretaña tuvo esta gran visión de ayudar al exterior, incrementó su poder, y cuando sólo se enfocó en sí misma, cayó.

“La historia humana ciertamente ha producido algunos imperios muy malvados”, escribió el redactor jefe de la Trompeta, Gerald Flurry. “En lugar de civilizar el mundo, algunos imperios lo han hecho más bárbaro y violento. (...) Esa historia horrible ha contribuido a la mala opinión que muchas personas tienen hoy en día sobre el imperio en general, especialmente entre los intelectuales y académicos de Occidente. Sin embargo, la existencia de esos imperios bárbaros no cambia el bien que puede hacer un imperio civilizador”.

Inspirados por el Imperio, muchos de los hombres más grandes de Gran Bretaña estaban llenos de una visión hacia el exterior. El último de ellos fue Winston Churchill. “Las ambiciones de Churchill eran más grandes y nobles porque llenó su mente con el pensamiento del imperio”, escribió el Sr. Flurry. “Esto amplió su capacidad de dar desinteresadamente y sin descanso, de sacrificar y hacer lo que fuera necesario para hacer crecer y preservar ese Imperio”.

Cuando Gran Bretaña se enfocó sólo en sí misma, perdimos a nuestros grandes hombres.

Este es quizás el efecto más pernicioso del nhs y del Estado de bienestar social. Nos desvió de una visión más amplia y nos llevó a enfocarnos sólo en nosotros mismos. Ya no nos atrevemos a hacer grandes cosas. Y cuando apareció una enfermedad a la que sobrevivió el 99,97% de las personas sanas, nos acobardamos, y seguimos acobardados, con miedo y orándole al nhs para que nos salve.

Una trayectoria familiar

El 27 de mayo, el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, desveló su primera propuesta de presupuesto federal, en la que pedía 6 billones de dólares para el año fiscal 2022, el mayor nivel de gasto desde la Segunda Guerra Mundial. Gran parte de ello se dirige a nuevos gastos de bienestar social, creando un control gubernamental mucho mayor sobre la economía a través del Green New Deal (Nuevo acuerdo verde), y financiando enormes programas sociales como la Guardería Universal.

Al mismo tiempo, Estados Unidos se apresura a salir de Afganistán. Los talibanes están arrasando a través del país y la respuesta de EE UU es simplemente acelerar su retirada. Probablemente, Afganistán quede sumido en una guerra civil.

Esto no es tan simple como decir que la intervención extranjera es buena y la retirada es mala. Hay argumentos fiables para salir de Afganistán y reducir los enredos extranjeros. Pero hay que ver el enfoque. Al igual que Gran Bretaña, EE UU se está despidiendo del mundo, abandonando todo sin pensar en las repercusiones mientras su enfoque se vuelve interno.

A los padres fundadores de EE UU no les gustaban los enredos con el extranjero. Pero seguían teniendo una visión exterior: la de EE UU como una ciudad brillante sobre una colina, una nación excepcional que podía hacer del mundo un lugar mejor a través de su ejemplo.

Eso es algo que falta por completo en los líderes de este país hoy en día. Estados Unidos ya no es algo que imitar sino algo por lo cual disculparse.

Al igual que en Gran Bretaña, este cambio de enfoque está dirigido por socialistas y marxistas.

Pero esta vez hay diferencias cruciales.

Cuando cayó el Imperio Británico, el mundo se salvó del caos y la tiranía gracias a la presencia de otra potencia relativamente benigna dispuesta a tomar las riendas: Estados Unidos. Pero mientras EE UU se dirige rápidamente en la misma dirección, no hay ninguna potencia similar esperando para tomar el control.

La izquierda radical de EE UU tampoco se conformaría con poner en marcha unos cuantos programas socialistas y esperar. Existe una razón crítica, y oculta, de por qué.

La causa oculta del ascenso y la caída

El ascenso repentino de los británicos y estadounidenses fue el resultado de un milagro de Dios. Nuestro artículo “Cómo ver a Dios en la historia” muestra cómo Dios predijo incluso el momento exacto del ascenso de estas dos potencias.

Como explicó Herbert W. Armstrong en su libro Estados Unidos y Gran Bretaña en profecía, estas dos naciones descienden de dos de las tribus del Israel antiguo. Dios prometió, incondicionalmente, bendecir a Israel. Pero debido a los pecados de los israelitas, Él retrasó la concesión de esas bendiciones hasta el siglo xix. El libro del Sr. Armstrong explica completamente el “milagro” que ocurrió alrededor de 1800.

Pero Dios no suministró esas bendiciones sólo para el beneficio de Gran Bretaña y Estados Unidos. Como escribió el Sr. Armstrong en su libro El misterio de los siglos, todo el trabajo de Dios con Israel fue para “¡un propósito especial de preparación para el objetivo final del establecimiento del Reino de Dios!”.

Dios les dio a Gran Bretaña y a EE UU la oportunidad de guiar al mundo hacia Él. “Dios los eligió no porque fueran mejores ni porque quisiera darles un privilegio especial, sino para usarlos como un ejemplo para otras naciones”, escribió el Sr. Flurry en el artículo de portada de la Trompeta de agosto de 2020. “¡Su fracaso y nuestro fracaso de ser una ciudad brillante sobre una colina para llevar a las personas a Dios y a la felicidad, no sólo nos perjudica a nosotros sino a todas las demás naciones!”.

Pero estas naciones de Israel del tiempo del fin han desempeñado un papel en el plan de Dios a pesar de sus acciones. Su historia le muestra al mundo que si uno quiere bendiciones y grandeza material, Dios es la fuente. Él puede prometer bendiciones específicas, declarar exactamente cuándo ocurrirán esas bendiciones, y llevarlas a cabo con exactitud, tal como lo prometió. Dios gobierna en el reino de los hombres (Daniel 4:32).

El Sr. Armstrong escribió en Estados Unidos y Gran Bretaña en profecía que estas bendiciones dadas a estas dos naciones constituyen “¡la prueba más contundente de la inspiración y autoridad de la Santa Biblia! ¡Al mismo tiempo, es la prueba más contundente de la muy activa existencia del Dios viviente!”.

Si usted cree en la Biblia, debe aceptar la existencia de un ser espiritual maligno que odia el plan de Dios y lo que Dios está haciendo a través de Israel. Este espíritu opera a través de los seres humanos para “raer el nombre de Israel” (2 Reyes 14:27). Quiere eliminarlo totalmente, hasta el punto que su nombre ni siquiera se mencione.

Esto se puede ver en el odio contra sí mismos entre la izquierda radical en Gran Bretaña y EE UU y en el odio que sienten por estos dos países las naciones de todo el mundo. Este odio está detrás de la caída de Gran Bretaña y Estados Unidos.

La historia de estas dos naciones es una señal poderosa que apunta a la gente hacia Dios. Por esa razón Satanás el diablo la odia y trabaja para eliminarla. Esta dimensión espiritual es la única forma de entender nuestra devoción religiosa por una institución fallida.

Ese ataque satánico es mucho más urgente ahora que en 1945, cuando se creó el nhs. EE UU no podrá celebrar muchos aniversarios de su Estado de bienestar social.

Pero esta historia demuestra que, en definitiva, Dios está al mando. Él ha permitido estos ataques debido a nuestros pecados nacionales, y tiene un plan para corregir y redimir al mundo de estos pecados. Puede aprender más sobre ese plan en nuestro libro gratuito Estados Unidos y Gran Bretaña en profecía. 


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