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Las siete leyes del éxito (decimoquinta parte)

Continuación de Las siete leyes del éxito (decimocuarta parte)

¿Tiene la vida algún propósito?

propósito en la vida? Si nos puso aquí un Creador, ¿lo hizo sin ningún objetivo? Un Creador con mente y poder tales que pudo diseñar y producir la mente y el cuerpo humanos, ¿pudo acaso haber dejado al hombre sin las herramientas, los ingredientes y los medios necesarios para cumplir su propósito?

Por supuesto, el hombre, separado de Dios, no tiene conocimiento de ese propósito, porque dicho conocimiento no es material sino espiritual, y las cosas espirituales no pueden ser percibidas por medio de los cinco sentidos físicos: la vista, el oído, el tacto, el olfato y el gusto. El conocimiento espiritual sólo puede ser trasmitido por revelación, y el mundo ha rechazado esa revelación. Los hombres, separados de su Creador, son por necesidad ciegos e ignorantes espiritualmente; andan a tientas en la oscuridad sin poder aprovecharse de las herramientas, los ingredientes y los medios adecuados.

Sin embargo, el Hacedor ha proporcionado un manual de instrucciones junto con el mecanismo humano que Él ha creado. Este manual contiene todas las respuestas verdaderas. ¡Revela el verdadero propósito de la vida, el destino potencial del hombre!

Este manual de instrucciones, como lo han dicho algunos con justa razón, es “el libro que nadie conoce”. Casi nadie se da cuenta de que la mayor parte del clero del cristianismo tradicional pasa por alto casi el 95 por ciento del contenido de ese libro. La mayoría de los científicos y educadores de hoy suponen, errónea e ignorantemente, por desconocer los hechos, que la Santa Biblia contiene solamente los escritos de una antigua raza de judíos ignorantes que en el remoto pasado de superstición e ignorancia trataban de idear un concepto de su dios. Ellos no examinan el libro, como examinan otros documentos, para ver lo que dice. Lo pasan por alto por ser algo inferior que su orgullo intelectual no les permite considerar.

Los religiosos creyentes en la Biblia generalmente citan y usan sólo un cinco por ciento de todas las Escrituras. No obstante, aproximadamente una tercera parte del contenido total de la Biblia consiste en noticias dadas por anticipado, las cuales se llaman profecías en terminología religiosa. Muy pocos prestan atención alguna a esta tercera parte de las Escrituras, por lo que la gran mayoría carecen de entendimiento.

Lo que casi nadie comprende es que el 95 por ciento de ese gran volumen que se pasa por alto es el manual de instrucciones que el Hacedor envió con su producto, tal como lo hace el fabricante de aparatos electrodomésticos. Cabe decir, sin embargo, que algunos eruditos se han quedado pasmados al darse cuenta de que este manual, aunque despreciado, calumniado y pasado por alto, contiene las respuestas a los interrogantes más fundamentales de la vida; revela el propósito de la existencia humana, las leyes que la gobiernan, lo que es el éxito y cómo se logra. Para ellos ha sido como descubrir una mina de conocimiento que ni siquiera sabían que existía. Se han dado cuenta de que este manual tiene sentido, que en verdad es el FUNDAMENTO mismo del conocimiento en casi todos los campos de la actividad humana, que provee el único enfoque correcto para la adquisición de otros conocimientos obtenibles.

La realización de ese potencial, como destino supremo del hombre, es el único objetivo verdadero. Esa es la razón por la cual existimos, ¡para eso vinimos al mundo!

Aquellos que se han esforzado, que han luchado y bregado para alcanzar cualquier otro objetivo, han malgastado sus vidas y han luchado en vano. De hecho, ¡no lograron nada!

Desde que el hombre fue puesto sobre la tierra, ¿cuántos han conocido ese designio, ese verdadero objetivo de la vida? Muy pocos en verdad.

La ayuda, la guía y la iluminación que vienen de Dios son indispensables al comienzo mismo, cuando un joven o una joven debe elegir la meta correcta.

Sin la guía divina, el objetivo que se elige siempre es equivocado. Esta es la razón por la cual la gente pobre que tiene menos conocimiento y que posee menos bienes materiales, a veces parece ser la más feliz. En realidad no son más felices; ¡simplemente están menos descontentos! No han avanzado tanto en la dirección equivocada como aquellos que vana y presuntuosamente se creen mejores y más inteligentes.

La vida tiene un propósito. Dios puso en vigor leyes infalibles que producen felicidad, seguridad y todo el bien que el hombre desee. ¡Esas leyes constituyen el camino de vida que lleva al cumplimiento del designio de Dios para nuestra vida!

¡Pensemos en esto por un momento! Los automóviles son diseñados y construidos por sus fabricantes humanos para trasportar pasajeros, y trasportarlos en forma más rápida y cómoda que los antiguos coches de caballos. No sería ridículo si un automóvil tuviera mente y libertad para actuar y dijera: “Esto no tiene sentido. Creo que no fui hecho para trasportar gente, creo que fui hecho con otro fin; me rehúso a trasportar gente. Quiero ser un instrumento para observar las estrellas en los cielos”.

Al parecer, el hombre es el único estúpido e insensato que, habiendo recibido el potencial de su mente y una capacidad de inteligencia superior a todas las demás criaturas de Dios, dice: “¿Por qué me has hecho así?”

¿Cuál es, pues, el PROPÓSITO para el que fuimos puestos sobre la tierra?

El género humano ha perdido totalmente el conocimiento de esto. Para la gente ebria, ebria espiritualmente con los falsos conceptos materialistas de nuestros días, la revelación de ese propósito les parecería extraña, absurda e imposible. Trasciende con mucho a cualquier cosa concebida por la humanidad de este mundo entenebrecido, de manera que su descubrimiento sería demasiado excelso para ser aceptado o comprendido.

Baste decir, por el propósito de este folleto, que ¡el hombre fue creado con el fin de ser moldeado y finalmente elevado a la perfección del carácter mismo de Jesucristo! (Si aún no lo ha recibido, no vacile en solicitar el folleto titulado ¿Por qué nació usted? Como todas nuestras publicaciones, este folleto se enviará sin cosió alguno & quienes lo soliciten. Una lista de nuestras direcciones se encuentra en la última página de este folleto.)

En Cristo están estampados actualmente el carácter y la imagen misma del Padre Eterno, así como su aspecto glorioso. El que un ser mortal llegue a tener ese carácter espiritual perfecto, a imagen de Dios, significa que ¡debe ser TRASFOR-MADO!

La Biblia describe a Dios como el Alfarero Supremo y a nosotros como el barro. Somos, literalmente, imágenes de Dios, en barro, formadas del polvo de la tierra (Génesis 2:7). Así como hemos traído la imagen del “terrenal”, traeremos, cuando seamos tras formados, la imagen del celestial: de Dios (I Corintios 15:47-49). Por eso somos imágenes de barro con mente humana, disfrutando de libre albedrío, ya sea para someternos o rebelarnos, con potestad para tomar decisiones y ejercer voluntad. 

Continúa en Las siete leyes del éxito (decimosexta parte)

SEV, AD