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Biblestudy

DREAMSTIME

Las siete leyes del éxito (decimosexta parte)

Continuación de Las siete leyes del éxito (decimoquinta parte)

Libertad para escoger

¡Entendamos esto! Los seres humanos pueden obrar a su libre albedrío. Dios nunca les obligará a que sigan su camino y obedezcan sus leyes “a la fuerza”. Él no solamente permite que los seres humanos escojan el camino indebido, sino que les obliga a que tomen su propia decisión. De otra manera, ¡su propósito divino sería frustrado!

El Dios vivo ha puesto frente a nosotros dos caminos. Uno, el suyo, que es la fuente o la causa de todas las cosas buenas que anhelamos ahora y del verdadero éxito para siempre. El otro camino es el del egoísmo, de la vanidad, la codicia y la envidia. Este último es el camino que la humanidad ha escogido al rebelarse contra Dios y contra su ley; es el que causa toda la infelicidad, el sufrimiento, los males y que termina en muerte. ¡Dios nos exige que escojamos! Pero al mismo tiempo nos manda que escojamos el camino que conduce al éxito verdadero (ver Deuteronomio 30:19).

Necesitamos ayuda

El éxito máximo y VERDADERO es algo que no podemos obtener por nosotros mismos. El ingrediente que hace falta es la guía y el poder espiritual de Dios.

Cada uno en lo individual tiene que tomar la decisión. Le corresponde a cada uno fijarse la meta correcta. Es cuestión de voluntad propia: Cada individuo tiene que esforzarse al máximo, luchando por vencer, crecer, desarrollarse espiritualmente y perseverar en el camino correcto. Sin embargo, sólo el Eterno suministra el ingrediente vital: su poder, su amor, su fe, su guía, ¡su vida!

La séptima ley lo cambia todo

¡Entendamos cuan DIFERENTE se vuelve toda la vida cuando se pone en acción esta séptima ley del éxito!

Primero, altera completamente la meta principal, como ya lo hemos explicado. Por supuesto, el individuo puede tener otras metas menores, tal como una profesión u ocupación que satisfaga a su vez las necesidades materiales y físicas y le ayude a alcanzar la meta principal. Estas metas menores siempre deben estar en armonía con la meta principal y deben contribuir a su cumplimiento.

La meta primordial del que acata la séptima ley del éxito se convierte de material en espiritual. Esa persona sigue el camino de vida de los 10 mandamientos. De hecho, vive en armonía con toda la Palabra de Dios, es decir, la Biblia.

Volvamos ahora a examinar la segunda ley del éxito. La aplicación de la séptima ley requiere un cambio en la educación y preparación de la persona. Implica aprender los valores verdaderos de la vida, tanto los de esta vida como los del futuro. Esto significa que la biblia, el manual de instrucciones del Hacedor, se convierte en el libro de texto número uno. Ésta revela la mente de cristo y le proporciona al individuo sana dirección mental en toda su educación y experiencia.

Luego, la persona que aplique la séptima ley recibirá el conocimiento que Dios revela acerca de las leyes de la salud.

Consideremos la cuarta ley. Si uno es motivado por la Palabra de Dios, tiene empuje. Dios ordena que todo lo que nos venga a la mano para hacer, debemos hacerlo según nuestras fuerzas (Eclesiastés 9:10). Debemos trabajar con fervor. Todo lo que merece ser hecho, ¡vale la pena hacerlo bien! Numerosos pasajes bíblicos ordenan que nos apliquemos con diligencia y ahínco al cumplir con nuestras obligaciones en la vida. Las Escrituras nos enseñan el ejemplo de trabajar diligente y concienzudamente. Muchos de estos pasajes nos instruyen a buscar solícitamente la dirección y ayuda del Eterno; varios otros nos instan a guardar sus mandamientos con diligencia.

¿Qué hay con respecto al hombre de negocios? “¿Has visto hombre solícito en su trabajo? Delante de los reyes estará; no estará delante de los de baja condición” (Proverbios 22:29).

La Biblia no condona la pereza o la negligencia. Nos aconseja a considerar la manera de actuar de la hormiga y así crecer en sabiduría (Proverbios 6:6-11). ¡El manual de instrucciones del Hacedor nos ordena que seamos diligentes en todo lo que emprendamos! 

Continúa en Las siete leyes del éxito (decimoséptima parte)

SEV, AD