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Flickr/Tony Bowden

Edición especial: ¡Él tenía razón! (séptima parte)

¡Él tenía razón!: ¿Está a punto de aparecer un dictador mundial?

Continuación de Edición especial: ¡Él tenía razón! (sexta parte)

La mujer escarlata

La Pura Verdad continuamente hizo referencia a una Europa que formaría una unión de iglesia-estado, bajo los auspicios del Vaticano. Desde el lanzamiento de Trompeta, este también ha sido un tema de incisivo y extenso análisis e información por parte de esta revista.

La profecía bíblica señaló la necesidad de algún poder para adherir las naciones fraccionadas de Europa. Después de todo, la profecía de Daniel comparó la resurrección final del Sacro Imperio Romano con una quebradiza mezcla de hierro y barro (Daniel 2:41-43). Al comparar Daniel 7 con Apocalipsis 13 y 17, La Pura Verdad entendió que ese pegamento sería la religión.

“Cuando Europa esté finalmente unida bajo el liderazgo de ‘hombres fuertes’, ¡el Papa podrá seguir adelante con su plan para la paz mundial! Esta unión mundial, ‘por mutuo consentimiento’, ¡dará su fuerza unida a las manos del líder aprobado por el Papa! ¡Lea Apocalipsis 17:13!” (La Pura Verdad, julio de 1962).

Hemos escuchado del recientemente fallecido Papa, su clamor para que Europa vuelva a sus raíces. Fuimos testigos, en el año 2000, de la más grande cruzada que alguna vez haya habido en la historia del catolicismo moderno, para inclinar al mundo a la causa del Vaticano. Ese año del jubileo el Papa la impulsó al máximo. Usando ladinos expertos en relaciones públicas, junto con artistas de pop-rock para presentar conciertos de rock en el Vaticano, el acaparar emisoras de radio particularmente en Estados Unidos, mediante ricos magnates corporativos católicos, la pompa y ceremonia de las visitas papales a Israel y a los palestinos, el “año del perdón”, (con el Vaticano buscando ser absuelto por todas sus pasadas atrocidades) — todo esto destinado a promover la imagen del papado a los ojos del mundo como dirigente de la principal de las religiones. El Papa como agente de paz ha sido un tema favorito del Vaticano.

Como declaró La Pura Verdad en 1966: “Así como la Iglesia Católica una vez interpuso su orden sobre naciones y pueblos, de nuevo está proponiendo establecer un ‘orden cristiano’, el cual por sí solo es capaz de garantizar la paz. Hacia este fin están ahora dirigidos los recursos de la iglesia’. Así dijo el fallecido Papa Pío en una emisión de Navidad el 24 de diciembre de 1951” (julio de 1966).

La Pura Verdad también animó a sus lectores a “observar al Vaticano ejercer más influencia en los asuntos europeos. Yugoslavia y el Vaticano han continuado extensas relaciones diplomáticas; una iniciativa que podría conducir a mayores lazos entre el Vaticano y Europa del Este. … El Papa, alentando a la unidad política europea, declaró: ‘Notamos con placer que el gobierno alemán contribuye activamente al logro de este objetivo’. La influencia del Vaticano en los asuntos europeos está destinada a crecer en los meses venideros” (agosto/septiembre de 1970).

Luego, en junio de 1971: “Ambas partes tienen mucho que ganar. El Vaticano está presionando por más libertades para los católicos detrás de la Cortina de Hierro y está esperanzado en incrementar el diálogo con las naciones comunistas generalmente sobre el tema de la paz mundial y la seguridad”.

Tal vez la más impresionante de las predicciones en relación con el impacto del Vaticano en la unificación de Europa fueron los continuos pronósticos de la influencia del Papa para recoger a las naciones de Europa oriental de la antigua Unión Soviética y traerlas al regazo de la madre Europa.

Considere: "… necesitamos entender que el gran objetivo general y final es la reunificación de toda la cristiandad en una unidad cohesiva bajo una cabeza — el pontífice romano — en un intento por traer al mundo el concepto católico de la paz. ¡Este plan contempla el uso total de la nueva Europa!” (La Pura Verdad, enero de 1963).

Con respecto a Europa oriental, La Pura Verdad declaró que el papado tenía su mente puesta en dirigir la diplomacia que crearía la relación entre Europa oriental y occidental: “Uno de los mayores roles deseados por el Vaticano, es el de ser mediador entre Oriente y Occidente. … El Vaticano, usted puede estar seguro, continuará haciendo su parte en cortejar a los países del oriente europeo. Su Ostpolitik, desde hace tiempo, ha sido traerlos de vuelta a su ‘redil’. Y ciertamente ese es el camino que debe continuar recorriendo” (febrero de 1972).

Compare esa observación con este comunicado de Associated Press: “La ley marcial había aplastado al movimiento sindical Solidaridad respaldado por la iglesia, y los gobernantes comunistas de Polonia esperaban a un arrepentido Papa Juan Pablo II, listo para un compromiso cuando visitó su tierra natal en 1983”.

“Pero en cambio, levantando su voz, el pontífice reprendió a un sorprendido jefe del partido, el general Wojciech Jaruzelski, mientras la nación observaba por televisión. ¡La historia sería su juez, advirtió el Papa, exigiendo que los derechos del primer sindicato laboral libre del bloque soviético fueran restaurados”! (Associated Press, 9 de enero de 1998).

¿El resultado? ¡Jaruzelski capituló, el Movimiento de Solidaridad Católico financiado por el Vaticano triunfó, Polonia rompió el yugo comunista y luego buscó su anexión a la Unión Europea!

El poder de esta diplomacia papal fue reconocido en un comunicado de prensa del corresponsal de abc, Bill Blakemore: “Considere esto. Juan Pablo II no sólo encendió una revolución no violenta cuando regresó por primera vez como Papa en 1979, sino que para 1989 él la había guiado con fuerza paciente hasta que la ganó. El movimiento polaco de Solidaridad se extendió hasta que cayó el Muro de Berlín y los comunistas se retiraron”.

“El propio primer ministro soviético Gorbachev escribió más tarde que la filosofía de Juan Pablo y su método habían ‘hecho posible un nuevo tipo de pensamiento para todos nosotros’” (abc News, 18 de junio de 1999).

Desde 1990, Trompeta ha documentado muy bien el continuo empuje de la política papal uniendo gradualmente las piernas de oriente y occidente de los emergentes Estados Unidos de Europa. 

Continúa en Edición especial: ¡Él tenía razón! (octava parte)

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