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Una presidencia que destruye a la nación

El poder que transformó fundamentalmente a la nación durante ocho años ha vuelto.

Barack Obama ha sido el líder más transformador de la historia de Estados Unidos. Antes de asumir el cargo en 2008, dijo que estaba “a pocos días de transformar fundamentalmente a Estados Unidos de Norteamérica”. Los estadounidenses no podrían haber imaginado lo que realmente quería decir.

Lamentablemente, EE UU ya venía alejándose de sus “principios básicos”, tales como un gobierno representativo limitado, controles y balances, separación de poderes, soberanía popular, republicanismo constitucional y estado de derecho. Y lo que es más importante, se había alejado de sus fundamentos judeocristianos y de su confianza en la moral individual definida por los principios bíblicos. Sin embargo, durante ocho años en la Casa Blanca, el presidente Obama dio un fuerte empujón a esa tendencia. Cambió fundamentalmente las relaciones de EE UU con sus aliados, las relaciones con sus enemigos; sus líderes en la rama ejecutiva, en el poder judicial, en el ejército; su papel en el libre mercado y la empresa privada; su gasto de billones de dólares; el control de la atención de la salud; la falta de control en sus fronteras; su moralidad, la definición de matrimonio; la vigilancia de los ciudadanos de la nación y sus representantes, de los candidatos, de los periodistas, de todo.

Mientras que el nombre, la bandera, la palabrería y la vida cotidiana de este país permanecían prácticamente sin cambios, Barack Obama y su camarilla estaban trabajando. Como dijeron miembros de su administración, él “se resistiría a una política progresiva más pequeña para hacer grandes cosas transformadoras”. Puso los “libros de historia por delante de los ciclos de noticias”. Su presidencia despreció a los fundadores de la nación estadounidense y trabajó para transformarla de una república constitucional con una historia bíblica a algo fundamentalmente diferente.

Por cierto, muchos de los empleados de Obama son ahora empleados de Biden.

Poco después de que el presidente Obama fuera elegido para su segundo mandato, mi padre escribió un sorprendente folleto con un título sorprendente: Estados Unidos bajo ataque. En éste se revelaba que Barack Obama fue inspirado por el mismo espíritu que impulsó al antiguo rey Antíoco Epífanes. Gobernante del Imperio Seléucida en el siglo ii a. C., Antíoco llegó al poder de forma engañosa, traicionó al pueblo de Judá (que era súbdito de su reino), masacró a muchos de ellos, profanó el templo en Jerusalén con un ídolo de sí mismo e intentó transformar fundamentalmente el judaísmo en sí. (Lea nuestro artículo “¿Quién fue Antíoco Epífanes?”).

Como revela ese folleto, el verdadero poder detrás de este “Antíoco” político es el enemigo número uno de EE UU, Satanás el diablo. EE UU ha recibido excelentes bendiciones de Dios (lea nuestro libro gratuito Estados Unidos y Gran Bretaña en profecía para una explicación completa), y Satanás odia eso y está trabajando para socavarlo. Y debido a nuestros pecados nacionales, Dios está permitiendo que esas bendiciones sean remplazadas por maldiciones. Ocho años de gobierno de un presidente que socavó activamente a la nación fue una maldición terrible.

Dios frenó temporalmente esa fuerza destructiva con la presidencia de Donald Trump. Sin embargo, no se detuvo por completo. El Sr. Obama apoyó silenciosamente y casi de seguro dirigió una campaña para subvertir al presidente Trump durante los cuatro años de su mandato, ¡y luego diseñó una elección fraudulenta para asegurarse de que no tuviera un segundo mandato!

Ahora el propio exvicepresidente del Sr. Obama ha sido inaugurado e instalado en el poder. Y muchos pueden ver que Obama, quien no tiene ningún cargo oficial en el gobierno, lo está dirigiendo desde las sombras, trabajando para destruir la mayor cantidad posible del trabajo del presidente Trump, y volver a sus propias políticas de Antíoco.

Decretos ejecutivos

Quizá el ejemplo más claro sea la firma por parte del presidente Biden de docenas de acciones ejecutivas, cuando semanas antes, previo a las elecciones, había dicho esto en la televisión nacional: “Tengo esta extraña noción: Somos una democracia. Algunos de mis amigos republicanos y algunos de mis amigos demócratas ocasionalmente han llegado a decir: ‘Bueno, si no puedes conseguir los votos, [entonces] por orden ejecutiva, vas a hacer algo’. Hay [algunas] cosas que no se pueden hacer por orden ejecutiva, a menos que seas un dictador. Nosotros somos una democracia”.

Biden comenzó entonces a firmar un número sin precedentes de órdenes ejecutivas, así como proclamaciones, memorandos y otras acciones ejecutivas en su primera tarde en el cargo. Ya ha firmado más órdenes ejecutivas que 15 presidentes durante todos sus mandatos.

Las acciones ejecutivas no siempre son dictatoriales. Existen para que un presidente pueda ordenar a los empleados del poder ejecutivo que cumplan las leyes aprobadas por el Congreso. Pero las órdenes de Biden no son cuestiones administrativas menores: están promulgando nuevas leyes y políticas por decreto ejecutivo. Él está haciendo cosas que “no se pueden hacer por decreto ejecutivo a menos que seas un dictador”. Y lo está haciendo así precisamente porque “no puede conseguir los votos” de los representantes del pueblo.

Estas órdenes están “transformando fundamentalmente” lo que significa ser estadounidense. Imponen la agenda de destruir lo que queda de la Constitución y lo que EE UU solía ser. Condicionan las mentes de los estadounidenses a aceptar la presidencia como una dictadura. Sustituyen la ley suprema del país por el líder supremo del país, y la actitud de ese líder es que él es la ley.

Éste es el mismo espíritu que tenía Antíoco.

Soberanía impopular

El 20 de enero, durante su primera tarde en la Casa Blanca, Biden restableció una orden ejecutiva de la era Obama que permitía a los extranjeros ilegales permanecer en EE UU si habían llegado aquí de niños. Ordenó a los trabajadores que detuvieran la construcción del muro en la frontera entre EE UU y México que el presidente Trump había defendido. Tal vez los dos aspectos más fundamentales de la soberanía son a) los habitantes y b) las fronteras. Pero la administración en las sombras de Obama y Biden ha ordenado el fin de la “aplicación dura y extrema de la ley de inmigración”.

El trabajo fundamental de un presidente es hacer cumplir las leyes, de inmigración y otras, aprobadas por el pueblo a través de sus representantes en el Congreso. Pero no hay suficientes votantes, cuyos representantes llenan el Congreso, que quieran borrar las fronteras de EE UU. Así que Joe Biden se ha convertido rápidamente al “por orden ejecutiva, vas a hacer algo”.

El Sr. Biden también ordenó al gobierno federal que volviera a colaborar con la Organización Mundial de la Salud, a pesar de que esta institución globalista ayudó a la China comunista a encubrir los orígenes de la covid-19. Ha ordenado al gobierno federal que se reincorpore al Acuerdo Climático de París, el que obliga a EE UU a enviar dinero a gobiernos socialistas tipo marxistas de todo el mundo. Ambas medidas también perjudican la soberanía nacional del país.

Biden también bloqueó nuevos arriendos de petróleo y gas en tierras y aguas federales. El Instituto del Petróleo de Estados Unidos estima que esta prohibición provocará la pérdida de un millón de puestos de trabajo para 2022. Revocó unilateralmente el permiso para construir el oleoducto Keystone XL, eliminando inmediatamente 11.000 puestos de trabajo bien remunerados. Estas medidas sabotean la búsqueda de la independencia energética de EE UU, perjudican a su aliado Canadá y hacen que la nación esté más sujeta a las maniobras geopolíticas de los Estados árabes y otras naciones. Irónicamente, la prohibición de Keystone XL también puede perjudicar al medioambiente, ya que el transporte de petróleo por oleoducto es mucho más seguro que el transporte por ferrocarril o por carretera.

Estas órdenes no aportan ningún beneficio a la soberanía estadounidense. Solo destruyen el país al forzar políticas que incluso los representantes de la izquierda de EE UU se moderan mucho para aprobarlas como ley.

Minoría inmoral

Mediante acciones ejecutivas y otros medios, el gobierno federal está atacando no sólo la forma de gobernar de EE UU, sino lo que éste es y lo que ha sido. Ha atacado particularmente lo que queda de su herencia bíblica. La administración en las sombras de Obama y Biden está intentando borrar lo que queda de la influencia de Dios en este país.

Inmediatamente después de asumir el cargo, Biden ordenó al gobierno eliminar el “Proyecto 1776” de la administración Trump. Este informe, dirigido por el presidente del Hillsdale College, Larry Arnn, pretendía devolver la honestidad a la enseñanza de la historia estadounidense y mostrar a los niños que el hecho decisivo de la fundación de EE UU no fue el mal de la esclavitud sino el ideal de la libertad. El tema “EE UU es racista” de los dos mandatos de Obama está volviendo rápidamente.

Joe Biden es católico. Los medios de comunicación lo definen como devoto en su fe. Sin embargo, se apresuró a emitir una orden ejecutiva que revocaba la prohibición de destinar fondos federales a grupos de ayuda internacional que practican abortos. Esto significa que el dinero de los contribuyentes estadounidenses está financiando no sólo el asesinato de 800.000 bebés estadounidenses al año, sino abortos en todo el mundo.

Biden también derogó la prohibición de que los transexuales se unieran al ejército y emitió una directiva para “combatir la discriminación” por motivos de orientación sexual o identidad de género. La primera orden perjudicará la seguridad nacional al permitir que los enfermos mentales entren en el campo de batalla, mientras que la segunda permitirá que los chicos que dicen ser chicas compitan en deportes de chicas y utilicen los baños y vestuarios de chicas (y viceversa).

Estas órdenes nos están sumergiendo en un futuro sin precedentes; un futuro radical en el que debemos destruir nuestra propia economía, ayudar a las naciones enemigas, pretender que EE UU se fundó en el odio y fingir que un hombre es una mujer.

Potenciando a los enemigos

El gobierno de Biden comenzó rápidamente a insultar a muchos aliados de EE UU y a dar poder a sus enemigos.

Al igual que Barack Obama, Joe Biden comenzó su presidencia retirando deliberadamente un busto de Winston Churchill de la Oficina Oval. Mientras se sienta en el escritorio Resolute a firmar órdenes ejecutivas, el busto que tiene ahora detrás es el de César Chávez, un socialista severo y dominante, discípulo de Saul Alinsky. Un asesor anónimo de Biden ha declarado al Telegraph que un acuerdo comercial entre EE UU y Reino Unido tiene poca importancia en la lista de prioridades de Biden.

En 2009, la primera llamada presidencial de Obama a un líder extranjero, un gesto simbólico, fue a Mahmud Abbas, el líder del partido palestino Fatah, que no sólo lidera una facción directamente relacionada con el terrorismo, sino que está relacionado con la masacre de 1972 de los atletas israelíes en los Juegos Olímpicos de Múnich. Durante su administración, Obama insultó reiteradamente al primer ministro israelí Benjamín Netanyahu. Y lo que es más terrible, medió en el acuerdo nuclear con Irán de 2015, que amenazaba la existencia misma del Estado judío.

El presidente Trump hizo lo contrario. Reforzó la amistad entre EE UU e Israel. Retiró a EE UU del acuerdo nuclear con Irán. Trasladó la embajada de EE UU a Jerusalén. Facilitó varios acuerdos entre Estados árabes e Israel. Ahora Biden ha prometido restablecer los lazos con los palestinos que el presidente Trump cortó, y prometió a Irán “un camino creíble de vuelta a la diplomacia”, lo cual amenaza la existencia de Israel y de los israelíes y perjudica las relaciones de EE UU con Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos, que están tratando de resistir a Irán.

Mientras tanto, Polonia ve con recelo una administración Biden porque el anterior jefe de Biden, el presidente Obama, desechó el Sistema de Defensa de Misiles Balísticos destinado a proteger de Rusia a Polonia y a toda Europa Oriental. Cuba está eufórica por un gobierno de Biden porque Obama restableció los lazos diplomáticos entre EE UU y el país isleño comunista y lo eliminó de la lista oficial de Estados patrocinadores del terrorismo, añadiendo otro canal a través del cual los enemigos de EE UU pueden trabajar.

Los líderes chinos probablemente estén especialmente contentos de que Joe Biden esté en la Casa Blanca. En su intervención en un evento el 28 de noviembre de 2020, organizado por el sitio web nacionalista chino Guan Video, el profesor Di Dongsheng dijo que los “viejos amigos” de China en la “élite tradicional, la élite política, el establishment” estaban regresando ahora que Biden había sido nombrado ganador de las elecciones. Incluso insinuó que China ayudó al hijo de Biden a conseguir lucrativos contratos comerciales chinos.

El analista político Lee Smith utiliza el término “la clase china de EE UU” para describir una franja de élites en deuda de una u otra forma con el dinero y la influencia chinos. La familia Biden forma definitivamente parte de esta clase y, al igual que Di, está ansiosa por eliminar los obstáculos a las relaciones con China, a pesar de que esto perjudica los intereses de EE UU y lo hace aún más vulnerable a la potencia emergente más formidable del planeta.

Ni libres ni justas

Joe Biden y Barack Obama están aplicando estas y otras medidas a un ritmo rápido. Con la ayuda de otros demócratas, están redoblando el proceso ilegal, inmoral y de traición que llevó a Biden a la Casa Blanca. Robar las elecciones de 2020 fue un éxito, pero en su opinión, demasiado difícil. Una nueva ley lo haría mucho más fácil.

Los demócratas radicales del Congreso quieren asegurarse de que su partido siga gobernando por siglos. Están tratando de aprobar la H.R. 1, a la que llaman “Ley para el Pueblo”. ¡Éste es uno de los proyectos de ley de reforma electoral más extremos e ilegales de la historia!

Calificar el proyecto de ley H.R. 1 de inconstitucional sería un craso error de subestimación. La Constitución de EE UU establece que “Cada estado designará, en la forma que la legislatura del mismo disponga, un número de electores igual al número total de senadores y representantes a los que el Estado pueda tener derecho en el Congreso”. Esto garantiza a cada Estado el derecho a establecer las normas electorales, no al gobierno federal.

La Ley para el Pueblo reforma todo el sistema electoral al exigir a los Estados que pongan a disposición de todos los votantes con derecho a sufragio el registro de voto sólo por la Internet y con firma electrónica, de modo que la gente pueda registrarse para votar sin salir de casa. Esto es una invitación obvia para que la gente falsifique nombres y cometa fraude en el registro electrónico de votantes. El proyecto de ley prohíbe el requisito de proporcionar un número completo de la Seguridad Social para el registro. El hecho de no tener que aportar pruebas de que se tiene derecho a votar, de que se está vivo o que se es real, facilitará no sólo que voten los extranjeros ilegales y los delincuentes, sino también que la gente utilice las identidades de personas muertas y ficticias para multiplicar sus votos. Y puede estar seguro de que todos estos votos favorecerán a los demócratas.

El proyecto de ley también obliga a los Estados a exigir a las oficinas de registro de automóviles que presten servicios de registro de votantes. Estas políticas son una de las principales razones por las que los extranjeros ilegales de California y Nevada han podido votar. El proyecto de ley establece además que se permita votar a los jóvenes de 16 años y a los delincuentes condenados. Prohíbe que los Estados intenten siquiera borrar de sus listas de votantes a los ciudadanos extranjeros, que según la Constitución no pueden votar. Obliga a registrarse el mismo día, a votar anticipadamente de forma obligatoria, a disponer de papeletas de voto por correo en todo el país y a recoger papeletas de forma ilimitada.

Estas normas producirían la antítesis de unas elecciones “libres y justas”. EE UU y otros países del primer mundo envían observadores a las elecciones celebradas en otros países para garantizar que los líderes nacionales no interfieran en el derecho al voto de los votantes. Sin embargo, ¡mire lo que este proyecto de ley haría a las propias elecciones de EE UU!

Unidad, o ya verán

Barack Obama se presentó con la promesa de que él estaba en una posición única para unir a la nación en lo racial y otras cosas. A continuación, exacerbó intencionadamente las situaciones con carga racial. También amplió masivamente la vigilancia gubernamental de los ciudadanos estadounidenses e incluso de los miembros del gobierno.

La administración de Biden está fomentando un nuevo nivel de control tecnológico de los estadounidenses. De hecho, existe gracias a ello.

Los dictadores comunistas estarían orgullosos del plan de Joe Biden para “unir a los estadounidenses” en su nueva nación socialista. Eso no incluye trabajar junto a los 75 millones que votaron por Trump. Más bien implica amordazarlos para que no sean escuchados.

Facebook, Twitter y YouTube han prohibido, en una u otra medida, las denuncias de fraude electoral. Para Mozilla (creador de Firefox, uno de los navegadores web más populares) incluso estas estrictas medidas no son suficientes. El director ejecutivo de la empresa dijo que el presidente Trump y sus partidarios deben ser vigilados en toda la Internet, esencialmente rastreados como los terroristas del Estado Islámico en una nueva guerra contra el terrorismo.

El 20 de enero, el director de la Agencia Central de Inteligencia bajo la administración de Obama, John Brennan, dijo a msnbc que las agencias de inteligencia de Biden “se están moviendo en forma de láser para tratar de descubrir todo lo que puedan” sobre la “insurgencia” pro-Trump que alberga a “extremistas religiosos, autoritarios, fascistas, intolerantes, racistas, nativistas e incluso libertarios”. Brennan está hablando de mucha más gente que las pocas docenas que irrumpieron en el Capitolio.

Incluso la excandidata presidencial demócrata Tulsi Gabbard ha advertido que, “los John Brennan, los Adam Schiff y los oligarcas de las grandes empresas tecnológicas que intentan socavar nuestros derechos protegidos por la Constitución y convertir nuestro país en un estado policial con vigilancia al estilo de la kgb son también enemigos internos y mucho más poderosos y, por lo tanto, más peligrosos que la turba que asaltó el Capitolio” (énfasis añadido).

Esta gente se está moviendo para transformar por la fuerza a EE UU en un estado autoritario. La única manera de que esto sea “unificador” es eliminando la disidencia, dejando sólo a los acólitos, los sumisos y los temerosos.

Las medidas inconstitucionales de control de armas fueron un sello distintivo de la administración Obama. En Estados Unidos bajo ataque, mi padre señala cómo Barack Obama utilizaba la acción ejecutiva para imponer restricciones inconstitucionales a las armas de fuego al mismo tiempo que armaba fuertemente al Departamento de Seguridad Nacional y a otras agencias ejecutivas. “¿Por qué necesita el gobierno estar tan bien armado pero no el pueblo?”, escribe mi padre. “Este gobierno está mostrando su tendencia a imponer cada vez más su voluntad sobre el público. (…) A pesar de que la administración había prometido ser siempre transparente, tomó todas sus decisiones a puerta cerrada, diciendo, no se preocupen, nos ocuparemos de ello. Sabemos lo que es bueno para ustedes”. ¡Esta escalofriante afirmación llega al meollo del asunto!

Ahora, Biden también planea destruir la industria estadounidense de las armas de fuego derogando la Ley de Protección del Comercio Legal de Armas. Esto expondría a los fabricantes y vendedores de armas de fuego a una posible responsabilidad civil cada vez que un delincuente haga mal uso de un arma de fuego que hayan producido o vendido. En el futuro, cabe esperar más medidas de empoderamiento del gobierno y de limitación de los ciudadanos.

Obama, Biden y toda la facción de la izquierda radical están reanudando su intento de secuestrar el gobierno federal con el fin de “transformar fundamentalmente a Estados Unidos de Norteamérica”, por la fuerza bruta.

La verdad derribada

El Sr. Obama está destruyendo el mismo país en el que nació y que lo eligió dos veces para ser su presidente. ¡Éste es un espíritu de Antíoco! Estados Unidos bajo ataque explica que hay más de un Antíoco profetizado. Hay un Antíoco espiritual que “echó por tierra la verdad” dentro de la Iglesia de Dios. También hay un Antíoco político que derriba la verdad en EE UU. Y la profecía muestra que otro Antíoco, esta vez extranjero, vendrá y atacará a EE UU desde el exterior.

Quizás la descripción más clara en la profecía de la obra de un Antíoco aparece en Daniel 8:9-12. Allí, en simbología bíblica, se habla de una fuerza espiritual maligna a la que “a causa de la prevaricación [es decir, Dios lo permite a causa de los pecados del pueblo], le fue entregado el ejército (…) e hizo cuanto quiso, y prosperó”. La Concordancia de Strong define “ejército” como una masa de personas, especialmente una organizada para la guerra. Puede referirse a un ejército de demonios, ángeles u hombres. Aquí se refiere a demonios y hombres malvados que ayudan a echar la verdad por tierra. En el caso de Barack Obama, este ejército incluye a burócratas del Estado Profundo, agentes de inteligencia, líderes militares, congresistas radicales, magnates de los medios de comunicación, empresarios tecnológicos, financieros de Wall Street, e incluso espías extranjeros.

Como mi padre explicó en su artículo “¿Quién es el Jeroboam de los tiempos modernos?”, el presidente Trump es un tipo del rey Jeroboam ii, a quien la profecía bíblica dice que Dios aún usará para detener a los que tratan de borrar a EE UU. Dios lo va a usar para salvar a la nación; pero sólo temporalmente.

Mientras tanto, sin embargo, estamos viendo claramente la agenda de Antíoco. Los izquierdistas radicales se han quitado la máscara, y Dios está exponiendo toda su corrupción. Cuando la gente no ama profundamente la verdad, termina creyendo las mentiras (2 Tesalonicenses 2:9-12). El asalto radical a la herencia bíblica de EE UU es tan extremo que, si Dios no interviniera para salvarlo de la izquierda radical temporalmente, ellos podrían amañar “legalmente” cada elección en el futuro previsible, hasta que las elecciones se conviertan en un chiste o en un objeto de la historia.

La batalla por el futuro de EE UU es espiritual. Las fuerzas que se han alzado contra la nación están logrando un éxito alarmante “a causa de la prevaricación”, es decir, a causa de los pecados y la rebelión espiritual del pueblo. Los izquierdistas buscan asegurar su poder indefinidamente, y deben sentirse seguros, dados los acontecimientos recientes. Pero no se dan cuenta de que Dios está corrigiendo a EE UU, ¡y esta corrección va a ser mucho más severa! Incluso después de que el presidente Trump regrese a su cargo y haya otro tipo de resurgimiento, a menos que EE UU se arrepienta y se vuelva a Dios, el destino final de la nación está establecido. ¡La profecía bíblica muestra que estas fuerzas que trabajan contra la nación la están debilitando hasta el punto de que será derribada por naciones enemigas! Sólo después de un castigo inimaginablemente duro, EE UU finalmente llegará a conocer a Dios. ¡Sólo entonces Dios podrá salvar a la nación permanentemente! ▪


ESTADOS UNIDOS BAJO ATAQUE

¿Está usted preocupado sobre hacia dónde está dirigiendo el país la administración actual? ¿Y sobre si la nación puede o no sobrevivir los próximos cuatro años? La situación está peor de lo que usted piensa, y sólo existe una forma para solucionar este problema gigantesco.