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¿Se ha convertido Estados Unidos en una oligarquía?

(MARIO TAMA/GETTY IMAGES)

¿Se ha convertido Estados Unidos en una oligarquía?

Varios centenares de directores ejecutivos están rechazando leyes de identificación para votar y están enviando empleos estadounidenses a China.

Mientras el Senado de Estados Unidos estudia una nueva legislación para renovar las leyes electorales del país, una encuesta de Rasmussen revela que en Estados Unidos el 75% de votantes prospectos creen que a las personas se les debería exigir presentar una identificación con foto antes de votar. Sin embargo, a pesar del abrumador apoyo público a requisitos de identificación para votar, los directores ejecutivos de más de 200 empresas estadounidenses firmaron una declaración publicada el 14 de abril en la que se oponen a “cualquier legislación discriminatoria” que dificulte el voto.

Inicialmente, fue el director ejecutivo de Merck & Co., Kenneth Frazier, y el ex director ejecutivo de American Express, Kenneth Chenault, quienes encabezaron un grupo de ejecutivos afroamericanos para pedirle a empresas que se opusieran a los requisitos de identificación de votantes en todo el país. Pero desde entonces, ejecutivos de Amazon, Apple, Delta, Facebook, General Motors, Google, Microsoft, Netflix, Starbucks y cientos de otras empresas han firmado la declaración que fue anunciada en el New York Times y el Washington Post.

Tanto Donald Trump como el líder de la minoría del Senado, Mitch McConnell, han pedido que las grandes empresas se mantengan fuera de la política, pero los directores ejecutivos estadounidenses no muestran señales de retroceder.

El 2 de abril, el comisionado de las Grandes Ligas de Béisbol, Robert Manfred, anunció que el juego de Estrellas de las Grandes Ligas de Béisbol de 2021 se trasladaría fuera de Atlanta debido a la nueva ley de Georgia que exige a votantes ausentes que verifiquen su identidad presentando un número de licencia de conducir o alguna otra forma de identificación. El 11 de abril, Lynn Forester de Rothschild organizó una reunión de más de 100 líderes empresariales para explorar cómo oponerse a los requisitos de identificación electoral que se están considerando en las legislaturas estatales de todo el país.

En otras palabras: Los directores ejecutivos están buscando la manera de promulgar leyes a las que se opone la gran mayoría de la ciudadanía estadounidense.

Al oponerse a los requisitos de identificación para votar, los directores ejecutivos estadounidenses realmente no están velando por las minorías étnicas. El 93% de los estadounidenses ya tiene una identificación con foto emitida por el gobierno, y al único grupo que se le niega dicha identificación es a los inmigrantes ilegales. Pero las empresas estadounidenses no se les hacen extraños los beneficios de la mano de obra barata e ilegal. Por lo tanto, la presión para eliminar los requisitos de identificación electoral por parte de directores ejecutivos es probablemente un plan para traer más obreros indocumentados a Estados Unidos, obreros que competirán con estadounidenses por puestos de trabajo.

Quizás más preocupante que la colaboración de la izquierda radical con las empresas estadounidenses para inundar al país de inmigrantes ilegales, es el hecho que la izquierda radical está colaborando con empresas estadounidenses para presionar a las legislaturas para que aprueben leyes que la gran mayoría de los constituyentes no quieren. Los fundadores de Estados Unidos idearon un sistema de gobierno en el que el pueblo elige a los senadores y congresistas para que hagan leyes por el bien del país, y a un presidente para que se asegure que esas leyes se ejecuten fielmente. Pero directores ejecutivos han formado un grupo y están obrando para transformar a la nación en una oligarquía al presionar a los legisladores a promover políticas que la mayoría de sus constituyentes no quieren.

En una carta publicada el 13 de abril y dirigida a Joe Biden, más de 300 líderes empresariales pidieron a la administración Biden-Harris que estableciera un nuevo objetivo en el Acuerdo de París para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero al menos un 50% por debajo de los niveles de 2005 para el año 2030. Ese objetivo es casi el doble de la meta de reducción de emisiones fijada por la administración Obama-Biden, y va mucho más allá de lo que Estados Unidos puede lograr sin enviar gran parte de sus industrias emisoras de gases de efecto invernadero a naciones que no se preocupan por la contaminación.

De hecho, el Dr. Ali Hasanbeigi, director ejecutivo de Global Efficiency Intelligence, fue el autor de un informe en 2018 que muestra que el 25% de las emisiones mundiales de dióxido de carbono se generan al fabricar bienes para la exportación a otros países. Estados Unidos ha hecho grandes avances en la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero en su país al importar más acero, cemento y otros bienes de fábricas en China. Esta realidad es la razón por la que Donald Trump dijo en 2012 que “el concepto de calentamiento global fue creado por y para los chinos con el fin de hacer que la manufactura estadounidense no sea competitiva”.

El Sr. Trump bromeaba a medias cuando insinuaba que el calentamiento global era un engaño inventado por la China comunista, pero él hablaba muy en serio acerca de la amenaza que supone China para la economía estadounidense.

El columnista político Lee Smith señaló cómo la élite política y empresarial de Estados Unidos ve la enorme fuerza de trabajo de China como el eje de un nuevo orden económico. Por ello, se han vendido a China. “El pilar central del nuevo orden corrupto es la relación de la élite estadounidense con China”, escribió en el Tablet. Las élites políticas y empresariales estadounidenses no eligieron el declive. Eligieron enriquecerse. Al enviar la base manufacturera de Estados Unidos a China, aprovecharon una oportunidad de negocio como nunca antes se había visto: una enorme mano de obra cautiva y controlada por un régimen autoritario que garantiza la producción constante de bienes a una fracción de lo que costarían en casa”.

Las empresas estadounidenses utilizan el cambio climático como excusa para enviar trabajos manufactureros a China, al igual que utilizan las acusaciones de racismo como excusa para traer trabajadores indocumentados a Estados Unidos. Así que el hecho que el Acuerdo Climático de París les exija más a las industrias estadounidenses que a las de China puede ser un intento deliberado de obligar a empresas estadounidenses a abrir fábricas en el extranjero. Desde que la Casa Blanca de Clinton concedió a China el estatus de nación más favorecida para el comercio en el año 2000, se han perdido más de 3,7 millones de puestos de trabajo a China. Y la administración Biden-Harris puede enviar muchos más puestos de trabajo estadounidenses al extranjero.

Esto no hace feliz al ciudadano promedio. Pero un estudio realizado en 2014 por el profesor de la Universidad de Princeton Martin Gilens, y el profesor de la Universidad de Northwestern Benjamin Page, descubrió que “las élites económicas y los grupos organizados que representan los intereses de las empresas tienen un impacto independiente sustancial en la política del gobierno de Estados Unidos, mientras que los ciudadanos promedio y los grupos de interés popular tienen poca o ninguna influencia independiente”.

Estados Unidos se está convirtiendo en una oligarquía del Estado profundo donde las élites toman las decisiones. Por lo tanto, si los directores ejecutivos quieren suprimir las leyes de identificación de votantes y enviar empleos de Estados Unidos a China, es probable que eso suceda.

El jefe editor de la Trompeta, Gerald Flurry, explicó en su artículo “¿Quién es el Jeroboam de los tiempos modernos?” que en estos tiempos del fin, Donald Trump es un tipo del antiguo rey israelita Jeroboam II.

En la época de Jeroboam, Israel expandió sus fronteras y tomó el control de las rutas comerciales que conectaban con los imperios de Asiria y Egipto. Una nueva clase de poderosas élites israelitas se enriqueció con el comercio de aceite de oliva, vino y caballos de guerra. Pero estas élites utilizaron su riqueza para explotar a su propio pueblo, y la brecha entre los ricos y los pobres se hizo más grande (Amós 6:1-7). El profeta Amós condenó a estas élites poderosas, diciendo que “explotáis a los menesterosos, y arruináis a los pobres de la tierra” (Amós 8:4-7).

Hoy en día, esta misma actitud se encuentra en Estados Unidos, especialmente entre la clase oligárquica que vende el poderío industrial y la riqueza de recursos naturales de Estados Unidos a naciones extranjeras para obtener ganancias. Ellos hacen ver lejos el día malo y se niegan a llorar por la aflicción de su nación. Donald Trump construyó su campaña política sobre la promesa de drenar el pantano y empezar a luchar por los intereses del pueblo estadounidense. Pero su campaña será de corta duración si el pueblo estadounidense no se arrepiente de los pecados que llevaron a la nación al punto donde un grupo de ejecutivos corporativos, políticos del establecimiento y burócratas del “Estado profundo” podrían tomar el control y comenzar a tomar decisiones por todos.

Para saber más acerca de cómo el libro de Amós nos da una clara indicación acerca de dónde se encuentra Estados Unidos en la línea de tiempo de las profecías bíblicas, por favor lea El león ha rugido, por Gerald Flurry. 


EL LEÓN HA RUGIDO

Profecía para hoy del libro de Amós