¿Hay una aplicación para la educación?
Buenos días:
Durante 15 años, las escuelas en Estados Unidos y Gran Bretaña han invertido grandes sumas de dinero en tabletas y computadoras portátiles. Casi un millón de niños británicos ahora completan casi todas sus lecciones en un dispositivo personal. Como señala un reporte de esta semana del Spectator, las aplicaciones “educativas” que sus maestros les exigen usar son videojuegos glorificados, que mantienen a los niños entretenidos pero les enseñan poco.
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El mes pasado, escribí sobre estudiantes que le entregan su capacidad de pensar a las máquinas. Ahora tenemos que analizar el hecho de que, con frecuencia, los adultos les exigen hacer precisamente eso.
Los resultados de este experimento educativo son claramente malos:
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Datos de pruebas federales de casi 300.000 estudiantes estadounidenses de cuarto y octavo grado mostraron que, cuanto más tiempo pasaban los estudiantes en dispositivos digitales durante la clase de lectura, más bajas eran sus puntuaciones en comprensión lectora.
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El daño no es sólo académico. Más de 150 clínicos británicos advirtieron recientemente de una “crisis” en la salud física y de desarrollo de los niños que involucra problemas de visión y de lenguaje, todos vinculados con aprender sus lecciones en pantalla.
Pero los maestros también están usando la tecnología. Hay pantallas montadas en las paredes de las aulas, computadoras en el escritorio del maestro, teléfonos en las manos. Una encuesta de Gallup descubrió que 3 de cada 5 maestros estadounidenses de escuelas públicas encuestados admitieron haber usado la IA para diseñar lecciones, redactar hojas de ejercicios y cuestionarios, y calificar el trabajo de los estudiantes.
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Algunos padres han querido reducir el tiempo de pantalla de sus hijos y han comprado libros físicos para que sus hijos los lean, pero los maestros les han exigido a los niños que usen la aplicación en su lugar.
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La industria tecnológica está acelerando esta tendencia. El año pasado, Microsoft, OpenAI y Anthropic se comprometieron con 23 millones de dólares para capacitar en IA a los miembros del segundo sindicato de maestros más grande de EE UU.
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El Departamento de Educación de Gran Bretaña ahora permite a los maestros usar la IA para calificar el trabajo de los estudiantes y para redactar cartas a los padres. Está financiando herramientas de IA que generan retroalimentación personalizada para cada estudiante. La Oak National Academy del gobierno ofrece un asistente de IA que elabora planes de lecciones en minutos.
Es difícil apartar a los niños de las máquinas cuando los adultos que les enseñan están usando esas mismas máquinas cada vez más.
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Las escuelas recurren a la tecnología porque las máquinas resuelven los problemas de los adultos: clases más numerosas, mayor carga de papeleo, menos padres revisando las tareas. Una aplicación califica el trabajo, controla cada minuto y nunca extravía un documento.
Los padres entregaron la educación a las escuelas, y las escuelas, agobiadas, la están entregando a las máquinas. Pero lo cierto es que Dios nunca le dio esa responsabilidad al Estado, mucho menos a un programa de computadora.
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Él les ordena a los padres: “Y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa…” (Deuteronomio 6:7).
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La verdadera educación se construye en torno a las relaciones. Se necesita un padre, un hijo, una conversación y la ley de Dios como el enfoque.
Los padres debemos involucrarnos profundamente en la educación de nuestros hijos. Eso incluye saber qué se enseña en la escuela, ayudar con las tareas y tener la valentía suficiente para buscar alternativas a la escuela pública.
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Como señala nuestro libro Crianza infantil con visión, los padres son los educadores principales de sus hijos: “Usted debe ver a todos los profesores de escuela como sus asistentes, no como los maestros principales de su hijo”.
La verdadera educación para sus hijos no viene de la aplicación correcta, de financiación adicional ni de las juntas escolares. Viene de su participación activa y de la aplicación de las lecciones y principios atemporales del libro de texto para los seres humanos: la Santa Biblia.
Irán hunde dos barcos de carga más: Irán hundió dos barcos de carga de los Emiratos Árabes Unidos en el estrecho de Ormuz alrededor del 13 y 14 de octubre. Esto constituye un gran retroceso para la Armada de EE UU, que ha intentado proteger a los barcos civiles en el estrecho desde principios de mayo. La última vez que los ataques iraníes hundieron barcos fue a principios de marzo. La decisión de Irán y su capacidad para recrudecer la tensión demuestran que sigue dispuesto a ir más allá, por la vía de la violencia. De hecho, lo peor está por venir.
Comienza el juicio del Nord Stream: el líder de las fuerzas especiales ucranianas acusado de volar secciones de los gasoductos Nord Stream en 2022 fue llevado ayer a juicio por crímenes de guerra en Hamburgo, Alemania. La situación pone de relieve el hecho de que, aunque Alemania apoyó oficialmente a Ucrania en su defensa contra una invasión rusa en curso, también continuó importando grandes cantidades de gas a través de estos gasoductos, financiando la maquinaria de guerra de Rusia hasta 2022. Los abogados del acusado negaron que hubiera participado en los atentados, y uno de ellos, Nicola Canestrini, añadió: “Alemania le mostró al mundo en Núremberg qué es un crimen de guerra y a quién se le debería acusar por ello. Nord Stream fue (…) un arma de Rusia (…) un arma financiera, militar y política”. La complejidad y el futuro de la relación de Alemania con Rusia sólo pueden entenderse a través de la profecía bíblica.
Niños de siete años reciben prestaciones por discapacidad en Inglaterra y Gales. De hecho, superan en número a las personas de 50 años que reciben prestaciones por discapacidad, según datos del gobierno analizados por el Telegraph. Un total de 69.799 niños de 7 años están recibiendo prestaciones actualmente, frente a 66.670 personas de 50 años. Los “problemas de salud” por los que estos niños reclaman prestaciones son principalmente dificultades de aprendizaje, TDAH o problemas de conducta. Las prestaciones le cuestan actualmente a Gran Bretaña 440.000 millones de dólares al año, y los niños que comienzan a recibir prestaciones a menudo las siguen recibiendo durante el resto de su vida. El mayor costo es el enorme desperdicio del potencial humano, ya que miles pasan la vida como pupilos del Estado en lugar de experimentar los beneficios y la alegría lograr algo en la vida.
