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¿Dónde está Dios?

¿Dónde está Dios?

El amor del Padre (Capítulo cinco)

Continuación de Haga la Obra de Dios

Debemos encontrar y respaldar la Obra correcta. El pueblo de Dios está dividido en muchos grupos diferentes. Jeremías nos dice por qué: es porque demasiados no están haciendo la pregunta correcta.

Considere esta declaración de la acusación de Dios contra Su pueblo tibio en los primeros capítulos de Jeremías: “Y no dijeron: ¿Dónde está [el Eterno], que nos hizo subir de la tierra de Egipto, que nos condujo por el desierto, por una tierra desierta y despoblada, por tierra seca y de sombra de muerte, por una tierra por la cual no pasó varón, ni allí habitó hombre?” (Jeremías 2:6).

Esta es la pregunta vital: ¿Dónde está Dios? Si Él tiene una Obra, ¿cómo la encontramos?

Dios saca a Su pueblo de Egipto espiritual, un tipo de este mundo. Se necesita el gran poder de Dios para liberarnos de la esclavitud de Satanás y guiarnos hacia Sus caminos. ¿Ha hecho Dios eso por usted? Si es así, ¡piense en todos los milagros espectaculares que Dios tuvo que realizar para sacarlo del mundo! ¿Recuerda esos milagros? Dedique tiempo de verdad, incluso de rodillas, a pensar en cómo sería su vida si Dios no lo hubiera llamado, si aún estuviera cautivo de sus propios pecados y de este mundo malvado engañado por Satanás.

Dios condena a aquellos de Su pueblo que han olvidado esta historia. Él dice que deberían estar preguntándose: ¿Dónde está el Eterno que nos liberó de este mundo? ¿Dónde está Dios? Esta es la máxima prioridad: ¡Debemos saber en dónde está Dios! ¿Qué es un santo o una Iglesia que no sabe la respuesta a esa pregunta?

El Dios vivo nos sacó de este mundo empapado en pecado. También nos condujo “por el desierto” de muchas pruebas. Dios hizo eso por Su Iglesia. Ahora, vergonzosamente, la mayoría de aquellos que estaban en esa Iglesia no saben dónde está este Dios omnipotente y todopoderoso, ¡y ni siquiera lo están buscando! Muchos quieren ser parte de una iglesia, pero ni siquiera están tratando de averiguar dónde está Dios.

El versículo 8 muestra que los ministros no están preguntando: “¿Dónde está [el Eterno]?”. Ese es un gran fracaso que hemos visto durante esta era laodicena. Los ministros deberían estar guiando al pueblo a Dios, pero ni siquiera saben dónde está Él, ¡y ni siquiera se están haciendo la pregunta!

“¿Dónde está Dios?” ¡Esta es la única pregunta que nos llevará a Dios! Él está en esta Tierra en espíritu, guiando a un grupo de Su pueblo que le es fiel, ¡y usted puede comprobarlo! Debemos ser capaces de discernir dónde está Dios, ¡el Dios cuyo rostro brilla como el sol en su plena fuerza! (Apocalipsis 1:16).

Las sendas antiguas

Jeremías nos da una clave poderosa para encontrar a Dios: piense en retrospectiva y recuerde su historia con Él.

“Así dijo [el Eterno]: Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma. Mas dijeron: No andaremos” (Jeremías 6:16).

Recuerde cómo Dios lo llamó fuera de este mundo. ¿Qué libros leyó? ¿Qué obra usó Él? ¿A qué hombre usó Él? Establézcase en esa historia con Dios, recuerde su relación anterior con Dios, y eso lo dirigirá a dónde Él está obrando hoy.

A la Iglesia laodicena de Dios y a las naciones de Israel se les mostraron las “sendas antiguas”, pero se negaron a andar por ellas. A la Iglesia de Dios le fue revelada la verdad de Dios en este tiempo del fin por medio de Herbert W. Armstrong. Pero la mayoría de ellos se ha rebelado y ha abandonado esa verdad, las sendas antiguas, no reteniendo las tradiciones o enseñanzas que recibieron (2 Tesalonicenses 2:15).

Esta fórmula también ayudaría a nuestras naciones. Las naciones de Israel, principalmente EE UU, los pueblos británicos y la nación judía, tienen una historia con Dios. Ninguna otra nación ha sido llamada por Dios para dar un ejemplo justo al mundo. ¡A ninguna otra nación se le dio semejante comisión! Pero Israel ha rechazado esas sendas antiguas. En la actualidad, somos líderes mundiales en consumo de drogas, delincuencia, pornografía y cualquier otra patología.

Podría incluso decir que en EE UU, las “sendas antiguas” incluyen la Constitución. Si la gente volviera a lo que dijeron los antepasados de la nación, ¡estarían en mucho mejor forma comparado con lo que están haciendo y diciendo hoy!

Mirando a los hombres

Hay varios grupos laodicenos distintos en este tiempo del fin. Todos tenían la verdad de Dios y se volvieron tibios. Ellos suponen erróneamente que Dios los está guiando a todos ellos y que todos estarán unidos en un lugar de seguridad. Eso simplemente no es bíblico. Dios quiere que estemos perfectamente unidos incluso hoy (p. ej., 1 Corintios 1:10; Juan 17:11). Mateo 24:40-41 muestra que sólo un grupo será llevado a un lugar de seguridad.

Hoy en día, muchas personas pasan de un grupo laodiceno a otro sin pensárselo dos veces. A menudo dicen: “Unámonos todos”. Pero ese no es el objetivo correcto. La pregunta principal en sus mentes debería ser: “¿Dónde está Dios?”. Debemos unirnos con Dios. ¡No hay gloria en congregarse con otros si Dios no está entre nosotros! (1 Juan 1:3). Eso es lo que hicieron Aarón y los israelitas cuando Moisés subió al Monte Sinaí para recibir los Diez Mandamientos. Terminaron adorando al becerro de oro (Éxodo 32). Se unieron, pero Dios no estaba con ellos, ¡y Él estaba profundamente enojado por su “adoración”!

“¿Dónde está Dios?”. Esta gran pregunta, si se responde con honestidad, siempre nos mantendrá anclados en la verdad. Responda correctamente esta pregunta y nunca debería haber un problema serio para responder otras preguntas.

Si vamos a edificar para Dios, debemos comenzar sobre este fundamento: ¿Dónde está Dios?”

“¡Con qué ligereza vagas de un lado a otro, cambiando tu camino!…” (Jeremías 2:36; traducción nuestra de la versión Revised Standard). Los laodicenos son de doble ánimo y erráticos, saltando de una idea a otra, probando esto y aquello, en lugar de retener lo bueno (1 Tesalonicenses 5:21). ¡Tienen acceso al Dios todopoderoso y que no cambia! Sin embargo, miran y confían en hombres lastimosos e inestables, incluyéndose a sí mismos.

¿Y usted? ¿Le falta a su vida la estabilidad y la fuerza que provienen de edificar verdaderamente su vida sobre la Roca? (p. ej., Salmo 18:2; Mateo 7:24-27). ¿Deriva, vaga o divaga espiritualmente?

Jeremías 2:36 concluye: “Serás avergonzada de Egipto, como fuiste avergonzada de Asiria”. Antiguamente, el reino de Judá intentó cortejar a Asiria; el rey Acaz incluso contrató a Asiria para que luchara por ellos (2 Reyes 16:7-9). ¡Eso fue una locura! Los asirios terminaron conquistando sus ciudades (2 Reyes 18:13). Para protegerse de los babilonios, los judíos intentaron aliarse con Egipto, ¡la misma nación de la que Dios había liberado a sus padres! Dios advirtió que esta alianza resultaría en que los caldeos quemarían Jerusalén con fuego y que Él entregaría a los egipcios a los caldeos (Jeremías 37:5-10; 46:25-26).

En nuestros días, el pueblo tibio de Dios está cometiendo el mismo error espiritualmente, y ¡el mismo destino les espera! Dios advierte que se dirigen a una aterradora cautividad y dice: “Porque [el Eterno] desechó a aquellos en quienes tú confiabas, y no prosperarás por ellos” (Jeremías 2:37). ¡Esto es lo que sucede cuando la gente confía en políticos, o en médicos, o en sus cuentas bancarias, o en cualquier persona o cosa más que en Dios!

¿Por qué confiar en hombres débiles y falibles? ¡Debemos confiar en Dios! Así se tiene verdadera estabilidad y bendiciones en nuestras vidas.

Después de la muerte de Herbert W. Armstrong, fue un tiempo de confusión para todos nosotros. En su confusión, muchas personas miraron a los hombres en busca de soluciones. Siguieron a su ministro local a un grupo disidente; miraron a un evangelista que pensaban era un buen orador; escogieron el grupo más grande que salió de la idu, o al que la mayoría de sus amigos o familia asistían. Eso es, esencialmente, mirar a Egipto y a Asiria. Solamente una cosa importa: ¿Dónde está Dios?

Pregúntese en oración: ¿Por qué estoy asistiendo con este grupo? ¿Es para no crear conflictos con su familia inmediata? ¿Es porque le agrada el ministro? ¿Es porque tienen una congregación cerca de usted? Sólo hay una razón aceptable para estar con cualquier Iglesia: ¡porque Dios está allí!

Vergonzosamente, todos somos propensos a mirar a los hombres y a soluciones materiales en lugar de al Dios amoroso y Todopoderoso. Examine su corazón en busca de áreas donde está fracasando en confiar plenamente en Dios. ¡Busque cualquier sustituto, cualquier falsificación, y elimínelo! ¡Esfuércese con todo su ser para poner su plena confianza en el único y verdadero Dios!

Ame el gobierno de Dios

¿Realmente quiere que Dios gobierne su vida? Esta es una pregunta crucial en la que cada uno de nosotros debe pensar profundamente.

Dios ha llamado a Su pueblo fuera de este mundo hoy para prepararnos para gobernar en el Mundo de Mañana. Calificamos para gobernar aprendiendo a ser gobernados por Dios ahora.

¿Cuánto ama usted el gobierno de Dios? Dios gobierna a Su pueblo directamente a través del Espíritu Santo, y necesitamos ser guiados por ese Espíritu, respondiendo a la dirección de Dios (Romanos 8:14). Dios también guía a Su pueblo a través de la estructura de gobierno que ha puesto dentro de Su Iglesia (p. ej., 1 Corintios 12:12-30; Efesios 4:4-16; Hebreos 13:17).

A algunas personas no les gusta ninguna forma de gobierno; no logran llevarse bien en ninguna Iglesia. Pero si amamos a Dios, deberíamos amar profundamente Su gobierno.

Jesucristo quería que Su Padre lo gobernara completamente. Él fue perfectamente obediente. Él declaró al Padre (Juan 1:18). Él continuamente dirigía a Sus discípulos a Su Padre. “El Padre mayor es que yo”, dijo (Juan 14:28). Él estaba profundamente sometido a Su Padre. “… amo al Padre, y como el Padre me mandó, así hago”, dijo (versículo 31). “He descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió… yo hago siempre lo que le agrada” (Juan 6:38; 8:29). Hizo todo lo que pudo, y todavía lo hace, para ser como Su Padre (p. ej., Juan 5:19).

Ese es un ejemplo maravilloso de seguir. Dios quiere que usted sea ese “Hijo amado”, en quien Él tenga complacencia (Mateo 3:17; 17:5). Usted tiene un Padre, y Él quiere que usted lo entienda y se vuelva cada vez más y más parecido a Él.

Aquí hay una declaración de Cristo que siempre me ha maravillado: “Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre?” (Juan 14:9).

Jesucristo era tan justo que dijo: Si me habéis visto a mí, habéis visto al Padre. ¡Qué declaración! Oh, si todos pudiéramos decir: “¡Si me habéis visto a mí, habéis visto al Padre!”. Cristo ama a Su Padre más de lo que usted y yo podemos siquiera imaginar. Él dijo: Actúo exactamente como Él. Hago todo tal como mi Padre. Si Él estuviera aquí en la Tierra, haría lo que yo hago exactamente de la misma manera. ¡Qué asombroso!

Jesucristo quiere desarrollar dentro de cada uno de nosotros el mismo amor que Él tiene por Su Padre. Entonces, cuando salgamos al universo y las personas pregunten: “¿Qué está haciendo?”, podremos decir: “Lo que ven aquí es exactamente lo que el Padre haría”. ¡Este es el hermoso amor de Dios, y Él quiere que llene nuestras vidas!

El rey David desarrolló ese amor. “El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado”, escribió, “y tu ley está en medio de mi corazón” (Salmo 40:8). Él le suplicó que Dios dirigiera y gobernara activamente su vida: “Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios (…) [guíame] a tierra de rectitud (…) Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno” (Salmo 143:10; 139:23-24). ¡David quería que Dios examinara y gobernara sus pensamientos y motivos más profundos! Esto lo hizo un hombre conforme al corazón de Dios (Hechos 13:22).

Este deseo del gobierno de Dios es expresado repetidamente por el profeta Jeremías en el Salmo 119: “Guíame por la senda de tus mandamientos (…) Inclina mi corazón a tus testimonios (…) Aparta mis ojos, que no vean la vanidad; avívame en tu camino” (versículos 35-37). ¡Hazme hacer lo correcto, cambia mi corazón, dirige mis ojos hacia donde deberían estar! Jeremías verdaderamente quería que Dios lo gobernara, ¡incluso las inclinaciones de su corazón! ¡Él quería someter su voluntad completamente a Dios!

“No me dejes desviarme…” (versículo 10). “Hazme entender…” (versículo 27). “Ordena mis pasos con tu palabra…” (versículo 133). Jeremías no sólo le pedía a Dios: “Guía mi vida”, sino: ¡Dirige cada uno de mis pasos! Si Dios no ordena nuestros pasos, entonces nos desviamos por nuestro propio camino. ¡O Dios gobierna nuestra vida, o el pecado lo hace! (Romanos 6:16).

Compare su propia actitud con la de estos hombres tan justos. ¡Esta sumisión de niño es exactamente lo que Dios necesita en todos nosotros! ¡Esto es lo que hará que Su Familia viva en hermosa armonía por toda la eternidad!

Cuanto mejor vea eso, mejor podrá reconocer por qué Dios está profundamente disgustado con la gran mayoría de Su pueblo durante esta era laodicena.

Problema de gobierno

Los primeros capítulos de Jeremías refuerzan una advertencia a los laodicenos que se transmite en varios pasajes bíblicos: se niegan a permitir que Dios los gobierne.

Jeremías 2:24 dice que, espiritualmente, ¡el pueblo de Dios se comporta como una asna montés en celo! ¡Eso es profundamente correctivo! Significa que han rechazado el freno de Dios: Su gobierno.

Mire lo que le ha sucedido al pueblo de Dios. Muchos han vagado de Iglesia en Iglesia. Dejan una porque se divide; otra, porque no están de acuerdo con una política o doctrina. Están vagando como una asna montés, yendo a donde les place.

¿Cómo puede Dios guiar y dirigir espiritualmente a alguien que está en tal estado? Deberíamos ser lo opuesto: siguiendo a Dios con precisión en toda forma posible. Estas personas han roto el yugo y vagan sin propósito. Dios les está dando una imagen vívida de cuán lejos se han apartado de Él. Ellos deben entender su estado espiritual y cambiar. Dios debe castigarlos hasta que se arrepientan. No hay otro camino a Su Reino.

En el versículo 25, Dios suplica: “Guarda tus pies de andar descalzos, y tu garganta de la sed…”. Está advirtiendo que su actitud los llevará a los horrores de la cautividad, viajando descalzos y sin agua para saciar su sed. Pero en lugar de prestar atención, responden diciendo: “No hay remedio en ninguna manera, porque a extraños he amado, y tras ellos he de ir”. ¡Qué amarga terquedad! ¡Qué rebelión y engaño!

En realidad he escuchado a algunas personas que han abandonado a Dios decir básicamente estas palabras, ¡como si fuera imposible arrepentirse! Ay de aquel que responde a Dios cuando Él está tratando de hacernos cambiar. ¿Estamos tan sumergidos en el pecado que no queremos dejarlo?

‘Somos libres’

“¡Oh generación!, atended [o prestad atención] vosotros a la palabra de [el Eterno]. ¿He sido yo un desierto para Israel, o tierra de tinieblas? ¿Por qué ha dicho mi pueblo: Somos libres; nunca más vendremos a ti?” (Jeremías 2:31). ¡Dios está suplicando que la gente preste atención a Su Palabra! Como en el versículo 5, Él pregunta: ¿Qué mal les he hecho? “¿He sido yo un desierto para Israel [como una tierra sin alimento], una tierra de densas y profundas tinieblas [como un sendero sin luz]?”, así lee la Amplified Bible (traducción nuestra al español). ¡Obviamente no ha sido así! ¿Por qué, entonces, me tratan de esta manera?, Él pregunta.

Dios le habla a personas a quienes una vez gobernó, pero que ahora dicen espiritualmente: “Somos libres” [la versión King James dice “Somos señores”]. No son niños ni personas humildes: se ven a sí mismos como “señores”, negándose a venir a Dios. No obedecen la Palabra de Dios; ¡quieren gobernarse a sí mismos! Jeremías 10:23 dice que ¡el hombre no puede gobernarse a sí mismo!

El Gesenius’ Hebrew-Chaldee Lexicon dice que la palabra hebrea traducida como “Somos libres” se “usa especialmente para bestias que han roto el yugo y vagan libremente” o “un pueblo que, habiendo, por así decirlo, roto el yugo de Dios, sigue sin freno” (traducción nuestra al español; énfasis mío en todo el texto). Una vez sueltos, “ellos no vienen más ” a Dios. La Amplified Bible traduce la última parte de este versículo: “¿Por qué dice mi pueblo: ‘Nosotros [nos hemos soltado y] somos libres para vagar [a voluntad]; ya no vendremos más a Ti’?” (traducción nuestra al español).

Ese es el problema fundamental de este mundo: ¡la gente es ingobernable! Trágicamente, muchos del propio pueblo de Dios tienen la misma actitud obstinada. Han rechazado el gobierno de Dios y no prestarán atención a Dios. ¡Son ingobernables!

El pueblo fiel de Dios debe ser gobernado y prontamente corregido por Dios. Cristo mismo nos suplica que tomemos voluntariamente Su yugo para que podamos hallar descanso (Mateo 11:28-30).

“Somos libres” describe la arrogancia de tantos del pueblo de Dios en la actualidad. No buscan la Iglesia que Dios ha establecido; hacen la elección ellos mismos con base en sus propias preferencias. Miles han dejado de asistir a cualquier iglesia. No ven la necesidad de lo que llaman un gobierno “humano”. Son su propio ministro, diciendo, en efecto: “Somos libres”.

¡Tantos se han alejado de lo que Dios revela claramente en la Biblia y le mostró al Sr. Armstrong sobre cómo Dios guía y organiza Su Iglesia!

¿Está dividida la Iglesia de Dios?

Una idea común hoy es que muchos de las decenas de grupos diferentes en los que se fragmentó la idu después de la muerte del Sr. Armstrong están haciendo la Obra de Dios de diferentes maneras. Piensan que la Iglesia de Dios está dividida en ramas, con diferentes organizaciones, diferentes líderes, incluso diferentes doctrinas. Razonan que todos somos la Iglesia de Dios. Todos estaremos juntos en el lugar de seguridad.

¡Eso es un razonamiento humano loco, no la verdad bíblica! Por favor, lea el Capítulo 6 de El misterio de los siglos titulado “El misterio de la Iglesia”, y recuerde la sólida enseñanza bíblica que Dios nos dio por medio del Sr. Armstrong.

El apóstol Pablo escribió: “Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer” (1 Corintios 1:10). ¿Los grupos dispersos de la Iglesia de Dios se acercan siquiera a encajar en esa descripción?

La Iglesia es el Cuerpo de Cristo. ¡Él es su Cabeza viva, y la dirige activamente! Él ordenó que Su pueblo estuviera unificado en espíritu, ¡espiritualmente uno así como Él y Dios el Padre son uno! (Juan 17:21). Cristo no está trabajando a través de cientos de diferentes presidentes, juntas, ministerios y votantes para hacer Su Obra. ¡Todas esas diferencias, desacuerdos y divisiones son producto del pecado!

Dios usó a Pedro para establecer Su Iglesia (Mateo 16:18), y desde entonces ha usado a un líder humano. Para tener una Obra, debemos tener liderazgo. Por medio del gobierno de Dios, estamos unidos. Tendríamos caos y confusión si careciéramos de Su liderazgo. Dios no es autor de confusión (1 Corintios 14:33). Pero la realidad es que Satanás siempre está atacando el gobierno de Dios. Busca perturbar la Obra de Dios, desanimar al pueblo de Dios y atacar a quienes Dios está llamando. Por eso es crucial que estemos profundamente establecidos en el gobierno de Dios y que mostremos nuestro amor por Dios amando Su gobierno.

Dios nutre a Su pueblo engendrado por el Espíritu, preparándolo para nacer en Su Familia, a través de Su único gobierno (Efesios 4:11-13), enseñando doctrina pura y verdadera (véanse los versículos 3-6). ¡Cristo todavía dirige y alimenta a Su Iglesia! Su responsabilidad y su única esperanza es ¡encontrarlo!

El cristiano solitario

Cuando uno recuerda el propósito para el cual Dios está llamando a las personas hoy, queda claro que Él no está trabajando con varios grupos de llamados o con individuos dispersos por todo el mundo sin ningún contacto real entre sí.

De nuevo, ¿por qué somos llamados? Como el Sr. Armstrong explicó en El misterio de los siglos, somos llamados para cumplir una comisión de dos partes: “Id por todo el mundo” con el mensaje del Reino venidero de Dios, así como una advertencia sobre la Gran Tribulación venidera; y “apacienta mis ovejas”, o cuidar de aquellos que Dios llama a la Iglesia y nutrirlos mientras respaldan esa primera comisión.

¿Qué tipo de obra lograría para Dios una red suelta de cristianos solitarios? Si usted ha “abandonado la religión organizada”, por favor pregúntese: ¿Qué he hecho realmente para alcanzar a este mundo? Como vimos en el Capítulo 4, usted no es llamado simplemente para obtener conocimiento o salvación. ¡Usted es llamado para un gran propósito de servicio a este mundo! Si no está haciendo eso, no es demasiado tarde para cambiar.

El cristiano solitario no sólo no está apoyando esa comisión al mundo, ¡tampoco se está preparando para reinar con Jesucristo! Recuerde lo que el Sr. Armstrong escribió en El misterio de los siglos: “La persona que dice: ‘Obtendré mi salvación solo, fuera de la Iglesia’, está totalmente engañada. No estamos en los tiempos cuando la salvación se ofrece a todos en el mundo de Satanás. Los llamados ahora (y lo reitero con énfasis), no son llamados únicamente para recibir la salvación sino para recibir una capacitación especial que solamente la Iglesia de Dios puede darles”.

“Quienes están en el mundo de Satanás no se pueden preparar solos, fuera de la Iglesia, para el llamamiento especial de ser gobernantes y maestros en el reino de Dios cuando Satanás sea depuesto y el mundo se haya convertido en el mundo de Dios”.

“La Iglesia está organizada de acuerdo con el sistema de Dios, de apoyo mutuo y cooperación, para un funcionamiento perfectamente concertado. A la Segunda Venida de Cristo los miembros de la Iglesia se transformarán en la Familia Dios. ¡Y recordemos que Dios ES esa Familia divina!”.

El Sr. Armstrong usó la analogía de un jugador de fútbol que quería entrenar solo en lugar de con el equipo y aun así esperaba jugar en los partidos. Ningún entrenador jamás permitiría eso, y tampoco Dios traerá en la resurrección a Su Familia a alguien que no fue parte de Su Iglesia durante esta “temporada de entrenamiento” espiritual.

En Juan 15:5, Jesucristo dijo acerca de Sus seguidores: “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos”. El Sr. Armstrong explicó: “Los que no estén unidos a otros pámpanos (o ramas), y todos ellos unidos a la vid principal, no son parte de la iglesia. Y Dios el Padre los rechazará como ramas muertas. La vida (la vida espiritual engendrada ahora) se recibe, junto con los demás ‘pámpanos’, de la vid principal que es Cristo, ¡la Cabeza de la iglesia!”.

Recuerde, Jeremías describió al pueblo de Dios como una “vid noble”. Sin embargo, muchos son ahora una “vid extraña”: ¡ya no son parte de la organización de Dios!

La verdad presente

¿Cómo encontramos la única y verdadera Iglesia de Dios? Una forma, como Jeremías nos instruye, es recordar cómo Dios nos sacó de Egipto y luego buscar la Iglesia que continúa esa Obra. Otra pista importante es que Dios continúa dando nueva verdad a Su Iglesia.

¿Dónde está el Dios de la revelación? El apóstol Pedro escribió: “Por esto, yo no dejaré de recordaros siempre estas cosas, aunque vosotros las sepáis, y estéis confirmados en la verdad presente” (2 Pedro 1:12). Debemos recordar la verdad pasada y estar “confirmados en la verdad presente”. Debemos repasar con regularidad las verdades fundamentales, como las que Dios restauró a Su Iglesia por medio del Sr. Armstrong, para asegurarnos de no olvidarlas. Pero también debemos estar establecidos en la verdad presente.

Dios siempre está revelando “verdad presente” con base en lo que ya ha revelado en el pasado. Eso significa que siempre hay una Obra poderosa si Su pueblo es sumiso. Dios provee una “puerta abierta” (Apocalipsis 3:7-8) a través de la cual podemos entregar Su verdad revelada.

Cada vez que Dios revela nueva verdad, lo hace a través de Su gobierno (Amós 3:7; Efesios 3:5). Luego usa el mismo gobierno para proclamar esa verdad. Para estar confirmados en la verdad presente, debemos tener gobierno.

Dios llama a Su Iglesia a personas que son investigadores hábiles, que comprueban Su verdad desde la Biblia. Ese es un rasgo bueno y sano; Dios lo ordena (1 Tesalonicenses 5:21). Algunas personas, sin embargo, se han dejado llevar por investigaciones interminables y están confiando en su propio razonamiento e interpretación en lugar de reconocer cómo Dios usa Su gobierno para enseñarnos (p. ej., Romanos 10:14). Satanás se ha infiltrado y los ha alejado de Dios.

Así que en 2 Pedro 1:12 Dios dice: Primero asegurémonos de tener el fundamento correcto. Recuerde siempre las verdades que ya le han sido enseñadas. Esto nos proporciona una base firme. Usted tiene una dirección sólida al estudiar la verdad presente. Por medio de Su gobierno, Dios designa a un líder que nos estimula y nos ayuda a mantenernos en “memoria de estas cosas” (versículos 13-15).

Debemos hacer las cosas conforme a la dirección de Dios mediante Su gobierno. No sea un aficionado religioso que salta de un punto a otro y a otro y nunca profundiza ni se establece en lo que Dios ha dado, la verdad pasada y presente.

“Entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (versículos 20-21). No podemos interpretar privadamente la Escritura; sólo Dios puede revelar su significado. Él reveló Su verdad a un solo hombre, el Sr. Armstrong, y Él está usando a un solo líder humano en la era laodicena.

Dios siempre ha usado líderes humanos. Él siempre ha tenido un gobierno al que mueve e inspira con Su Espíritu. Usa a un grupo de seguidores leales para respaldar y apoyar a ese líder en el establecimiento de la verdad presente.

Palabras de mentira

Jeremías 7 también señala la necesidad de respaldar y apoyar la única y verdadera Obra de Dios.

Los versículos 1-2 comienzan: “Palabra de [el Eterno] que vino a Jeremías, diciendo: Ponte a la puerta de la casa de [el Eterno], y proclama allí esta palabra, y di: Oíd palabra de [el Eterno], todo Judá, los que entráis por estas puertas para adorar a [el Eterno]”. De nuevo vemos dos grupos: 1) el profeta de Dios y quienes lo apoyan; y 2) el pueblo de Dios que necesita esta corrección.

“Así ha dicho [el Eterno] de los ejércitos, Dios de Israel: Mejorad vuestros caminos y vuestras obras, y os haré morar en este lugar” (versículo 3). Dios está tratando de que estas personas vean cómo ¡morar con Él! Él quiere estar con Sus hijos, si tan sólo prestaran atención a esta advertencia y mejoraran sus caminos. Dios amplía esta maravillosa promesa en los versículos 5-7: dice que si mejoran completamente sus caminos, ejecutan justicia, cuidan al necesitado y evitan la idolatría, ¡“os haré morar en este lugar, en la tierra que di a vuestros padres para siempre”! ¡Cuán amoroso y misericordioso es Dios!

“No fiéis en palabras de mentira, diciendo: Templo de [el Eterno], templo de [el Eterno], templo de [el Eterno] es éste” (versículo 4). Los judíos se sentían muy seguros porque tenían el templo de Dios. Era una falsa seguridad. Vimos el mismo error en la idu después de la muerte del Sr. Armstrong. Los miembros sentían que mientras permanecieran en la Iglesia, estaban seguros espiritualmente, ¡incluso después de que Satanás se apoderara de esa organización!

Si el pueblo de Dios se está descarriando, entonces es pecado permanecer con ellos. ¡Decir lo contrario es “palabras de mentira”!

En lugar de estar enfocándonos en “la Iglesia de Dios” o el “templo”, deberíamos hacer la pregunta de Jeremías 2:6 y 8: ¿Dónde está Dios? ¡Debemos saber la respuesta!

“He aquí, vosotros confiáis en palabras de mentira, que no aprovechan. Hurtando, matando, adulterando, jurando en falso, e incensando a Baal, y andando tras dioses extraños que no conocistéis, ¿vendréis y os pondréis delante de mí en esta casa sobre la cual es invocado mi nombre, y diréis: Librados somos; para seguir haciendo todas estas abominaciones?” (Jeremías 7:8-10). De nuevo, esto se refiere al pueblo engendrado por el Espíritu de Dios, quienes son los únicos que pueden “adulterar” espiritualmente. Muchos piensan que pueden salirse con la suya con pecados terribles mientras mantienen una relación con Dios.

Dios realmente les está haciendo una evaluación dura y correctiva. Pero como siempre, ¡es porque Él los ama y está tratando de salvarlos!

“¿Es cueva de ladrones delante de vuestros ojos esta casa sobre la cual es invocado mi nombre? He aquí que también yo lo veo, dice [el Eterno]” (versículo 11). Aquellos en la Iglesia de Dios saben que el Sr. Armstrong llamó al Ambassador Auditorium “la casa de Dios”. ¡Dios moraba allí en espíritu! Aquellos que se hicieron cargo después de su muerte ridiculizaron esa idea y luego vendieron el auditorio por mucho menos de lo que valía sólo para deshacerse de él. ¡Se escaparon con una gran cantidad de dinero! ¡Ladrones y hurtadores! ¡Dios aborrece lo que hicieron!

Recuerde Silo

“Andad ahora a mi lugar en Silo, donde hice morar mi nombre al principio, y ved lo que le hice por la maldad de mi pueblo Israel” (Jeremías 7:12). El pueblo de Dios hoy necesita conocer la importancia de Silo. Su historia está registrada en la sección de la Biblia llamada los “profetas anteriores”, lo que significa que es profecía para hoy.

Después de que Josué condujo a los israelitas a la Tierra Prometida, Silo fue establecida como la primera capital de Israel, donde fue instalado el tabernáculo (Josué 18:1). Dios puso Su propio nombre allí, ¡pero no permaneció allí! En el siglo 20, Él estableció la Iglesia de Dios Universal, y estuvo con ellos por más de medio siglo, pero luego la gente se apartó.

Más tarde, el profeta Samuel creció en Silo. En esa época, el sacerdocio estaba plagado por la corrupción de Elí y sus hijos, Ofni y Finees. Los israelitas llevaron el arca del pacto a la batalla porque creían que con el arca en el campo de batalla, Dios les daría la victoria. Tenían el arca y el tabernáculo, ¡pero no tenían a Dios! El arca era solamente un símbolo de la presencia de Dios, pero habían estado pecando mucho, así que Dios no estaba con ellos.

¿Qué sucedió? Lea la historia en 1 Samuel 4: en la batalla con los filisteos, Israel fue derrotado, el arca fue capturada y Silo fue destruida. Todavía yacía en ruinas cuando Jeremías escribió su profecía casi 4½ siglos después.

El Salmo 78:59-64 muestra que Dios, en Su ira por los pecados de Israel, ¡“dejó, por tanto, el tabernáculo de Silo, la tienda en que habitó entre los hombres”! ¡Él simplemente se fue! Es perfecto en justicia, y estas personas se estaban apartando de Él; ¡no quería estar en presencia de ese pecado!

Qué advertencia tan contundente. Jeremías decía que, cuando Dios se apartó de Silo debido al mal del pueblo, ¿de qué les sirvió el arca, aunque representaba la presencia de Dios? ¿De qué sirve un templo si Dios no mora en él? ¿Cuál es el valor de la Iglesia de Dios en este tiempo del fin si Dios no está allí?

Tener el nombre de Dios no es suficiente. ¡Dios debe estar allí también! Y si el pueblo de Dios se aparta de Él, Él también se apartará de ellos. Si Dios castigó al Israel físico, ¿qué le hará al Israel espiritual, Su Iglesia de hoy en día? Aun si tiene la “casa de Dios”, puede caer en manos de un traidor, como sucedió después de la muerte del Sr. Armstrong.

Apartarse de la gloria de Dios

La esposa de Finees estaba cerca de dar a luz. Cuando se enteró de que habían matado a su marido y a su suegro y los filisteos habían capturado el arca, le vinieron los dolores de parto. Fue tan difícil que murió durante el parto, pero su hijo fue dado a luz (1 Samuel 4:19-20).

Antes de morir, sin embargo, “llamó al niño Icabod, diciendo: ¡Se ha apartado la gloria de Israel! por haber sido tomada el arca de Dios…” (versículo 21; traducción nuestra de la versíon King James). Icabod significa “apartarse de la gloria de Dios”. Israel había perdido un número considerable de soldados. Durante toda su vida, ¡Icabod sería un monumento de este acontecimiento ignominioso y de la peligrosa dirección que había tomado Israel!

Esta mujer pronunció una profecía extraordinaria. Silo tuvo una historia ilustre bajo Josué, pero llegó a representar la corrupción y la vergüenza. Esta mujer reconoció lo que había sucedido, y señaló el problema: ¡Dios se había apartado!

Icabod es hoy nuestra mayor advertencia. ¡El propio pueblo de Dios perdió la gloria de Dios! Esto le ha sucedido al pueblo de Dios en esta era laodicena.

¡Nosotros tenemos tal gloria en la Iglesia de Dios! Esto es real, ¡ni siquiera se puede describir, es maravilloso! ¡Debemos aferrarnos a esa gloria y no apartarnos nunca de ella!

Silo viene

Tras su destrucción, Silo se convirtió en una advertencia. De nuevo, Jeremías 7:12 dice: “Pero id ahora a mi lugar que estaba en Silo, donde hice habitar mi nombre al principio, y ved lo que le hice por la maldad de mi pueblo Israel” (traducción nuestra de la versión American Standard). Jeremías estaba proclamando una profecía para Jerusalén justo antes de su caída, y una profecía para nosotros hoy.

Silo también se menciona en la profecía de Génesis 49 (que el versículo 1 muestra que es para el tiempo del fin, o “los días venideros”). El versículo 10 dice: “No será quitado el cetro de Judá, ni el legislador de entre sus pies, hasta que venga Siloh…”. Esto se refiere al regreso de Jesucristo, pero ¿por qué llamar al Mesías “Siloh”? Eso es peculiar.

Al usar ese nombre, ¡parece que Dios pone el problema de los laodicenos justo al lado de la Segunda Venida de Cristo! ¡Tuvieron la oportunidad de presentar a Cristo al mundo, sin embargo, se podría decir que han empañado ese evento espectacular! Pero cualquiera que lea esto todavía tiene la oportunidad de ayudar a proclamar la venida de Cristo al mundo.

Génesis 49:10 está repleto de significado. Como explico en mi libro El nuevo trono de David, se describe la unión del trono de David con la ley de Dios en este tiempo del fin. Dios le ha dado a Su Iglesia del tiempo del fin un trono y un rey. Esto apunta al futuro del pueblo de Dios como reyes y sacerdotes de Dios (p. ej., Apocalipsis 1:6; 5:10). Todo apunta directamente a la Segunda Venida de Jesucristo. Y en este versículo, Dios lo conecta todo con el gran Siloh.

Al usar el nombre Siloh, Dios está expresando Su decepción con los laodicenos. Pueden hablar de Dios todo lo que quieran, ¡pero están envueltos en la vanidad de vanidades! ¡Sufrirán como ningún pueblo jamás ha sufrido, y la mitad de ellos están desechando sus vidas eternas!

“Y ahora, ya que habéis cometido todos estos pecados —es [Dios] quien habla— y os habéis negado a escuchar cuando hablé con tanta urgencia, tan persistentemente, o a responder cuando os llamé, trataré a este Templo que lleva mi nombre, y en el cual habéis puesto vuestra confianza, y al lugar que os he dado a vosotros y a vuestros ancestros, tal como traté a Silo. Os expulsaré de mi vista, como expulsé a todos vuestros parientes, toda la raza de Efraín” (Jeremías 7:13-15; traducción nuestra de la versión Jerusalem Bible). ¡Dios advierte que le va a hacer al Israel espiritual y físico exactamente lo que le hizo a Silo! ¡Está tratando de darnos esperanza y ayudarnos a evitar una catástrofe nuclear! ¡Ya viene, y Dios quiere salvarnos de ella!

Puede ver cuán importante es que encuentre la única Obra que Dios está dirigiendo y la apoye con todo su esfuerzo. ¡No puede darse el lujo de hacer suposiciones sobre un asunto tan urgente, de vida o muerte!

Arrepiéntase y póngase a trabajar

La corrección continúa en Jeremías 4; pero observe cuán ferviente y esperanzado está Dios en que la acepten y vuelvan a Él: “Si te volvieres, oh Israel’, dice [el Eterno], ‘vuélvete a mí. Y si quitares de delante de mí tus abominaciones, no serás movido. Y jurarás: “Vive [el Eterno]”, en verdad, en juicio y en justicia; las naciones se bendecirán en Él, y en Él se gloriarán” (Jeremías 4:1-2; traducción nuestra de la versión New King James). ¡Dejen a un lado sus abominaciones, y tendrán un futuro glorioso! ¡Estas son maravillosas promesas! Si el pueblo de Dios se vuelve a Él, ¡Él los bendecirá e incluso bendecirá a otros por medio de ellos!

“Porque así dice [el Eterno] a todo varón de Judá y de Jerusalén: Arad campo para vosotros, y no sembréis entre espinos. Circuncidaos a [el Eterno], y quitad el prepucio de vuestro corazón, varones de Judá y moradores de Jerusalén; no sea que mi ira salga como fuego y se encienda y no haya quien la apague, por la maldad de vuestras obras” (versículos 3-4). Dios advierte a Judá y a las otras naciones de Israel. (Jerusalén es un tipo de todo Israel). Pero también es un mensaje para el pueblo infiel del Israel espiritual. ¡Prestar atención a la advertencia puede salvar a la gente de la ira ardiente de Dios! La circuncisión física es un tipo de conversión espiritual. Dios ordena explícitamente, no la circuncisión física, sino la circuncisión del corazón (véase Romanos 2:29).

“Anunciad en Judá, y proclamad en Jerusalén, y decid: Tocad trompeta en la tierra; pregonad, juntaos, y decid: Reuníos, y entrémonos en las ciudades fortificadas” (Jeremías 4:5). Cuando alguien se arrepiente, Dios quiere que ese individuo dirija sus energías a esto: ¡la Obra!

¡Dios ordena a Su pueblo declarar y proclamar Su mensaje de advertencia! Él nos llama para realizar un trabajo específico. Debemos ayudar a la Obra de Dios a hacer llegar este mensaje al mundo. ¡Anunciarlo y proclamarlo! Debemos hacer esta Obra con urgencia. ¡Debemos tocar la trompeta porque la guerra nuclear se avecina sobre las naciones de Israel a menos que se arrepientan!

Incluso en la era laodicena, Dios nos ha dado los medios para llevar a cabo esta Obra. Los tiempos se vuelven más urgentes. Tenemos mucho trabajo por hacer y un margen de tiempo muy estrecho para hacerlo. Esta Obra necesita más ayudantes en este tiempo crucial. Dios profetiza que llegaremos a 10.000 santos (la traducción correcta de Deuteronomio 33:2 y Judas 14).

Por eso tocamos la trompeta. Dios ha establecido esta Obra de tocar la trompeta. ¡Él quiere que usted sea parte de ella! Dios lo ha llamado a contribuir a Su Obra, a dar y a servir dondequiera que pueda.

“Por fortaleza te he puesto en mi pueblo, por torre; conocerás, pues, y examinarás el camino de ellos” (Jeremías 6:27). Dios todavía está hablando de Sión, Su Iglesia. Él dice: “Por fortaleza te he puesto en mi pueblo, por torre” entre Israel. Dios hizo esto. Dios nos ha llamado a ser una torre para que podamos tener una visión desde lo alto de todo lo que ocurre en el mundo y advertir a Israel acerca de Sus profecías.

Somos una fortaleza entre la gente en este mundo. Dios nos da Su verdad y Su Obra para hacer, y nos protege; podemos enfrentar cualquier reto o dificultad si permanecemos con Dios en esa fortaleza. Pero debemos obedecerle. Si obedecemos a Dios, no tenemos nada de que temer.

Pero si no obedecemos a Dios, entonces estamos entrando a un tiempo en que el temor será, por mucho, ¡el tema más dominante de nuestras vidas !

Dios ha prometido protegernos individual o nacionalmente si nos arrepentimos. Todos deberían detener su propio trabajo ahora y unirse a la Obra de Dios. ¡Que el gran Dios lo ayude a prestar atención a este urgente y aterrador mensaje!