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Col 560

LaTrompeta

Colosenses (segunda parte)

Capítulo 2: El misterio de Dios

Continuación de Colosenses (primera parte)

“El misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, pero que ahora ha sido manifestado a sus santos” (Colosenses 1:26). Pablo dice que un misterio estaba oculto al mundo desde hace siglos. El mundo no lo entiende; la gente no entiende lo que Pablo les enseñó a los cristianos del primer siglo.

Este es el mismo misterio del que hablamos hoy. Sólo hay un libro en la Tierra que realmente explica el misterio de Dios. ¿Y quién proclama este misterio? ¿Quién siquiera quiere saber ese misterio? Fue “manifestado a sus santos”.

¿De dónde salió ese mensaje? El Sr. Armstrong hablando sobre El misterio de los siglos dijo: “En realidad, siento que yo mismo no lo escribí”. Fue Dios mismo quien hizo que el misterio se manifestara a su pueblo. ¿Por qué lo hizo manifiesto a nosotros? ¿Para que pudiéramos tener una gran cantidad de copias del libro en nuestro garaje? ¿O en los estantes de nuestra biblioteca? Dios tiene la respuesta a esas preguntas.

Pablo habló de este misterio mientras estaba sentado en la cárcel. En ese tiempo, los ministros estaban alejando de la verdad a la mayoría del pueblo de Dios, tal como lo han hecho hoy. Entienda que gran tragedia es esto: ¡Este misterio ha sido ocultado desde las edades! Durante 6.000 años el hombre no lo ha entendido. Es algo totalmente único que sea revelado a nosotros, y que lo entendamos. En este mundo malvado Dios nos ha dado la revelación más ilustre, la más profunda que el hombre puede comprender. No vino del Sr. Armstrong. Vino de afuera del cosmos... más allá de las estrellas y galaxias. (Y sin embargo, cuando el pueblo de Dios lo recibe, muchos de ellos permiten que Satanás se los quite. No lo aman lo suficiente como para luchar por el misterio).

Los hombres no han comprendido este misterio durante todas las edades y generaciones desde Adán y Eva. Sin embargo, pronto todos lo entenderán. Dios nos lo ha revelado para que podamos enseñárselo a ellos, hoy y en el futuro.

Fíjese en el versículo 27: “a quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria”. Dios hace que el misterio sea manifestado a Sus santos, para que luego Él lo de a conocer entre los gentiles. Espiritualmente, eso significa el mundo entero.

Esta es una gran profecía sobre nuestro trabajo, incluso en este tiempo final. Nosotros damos a conocer el misterio a los gentiles, mientras que los laodicenos se apartan de éste. Los que lo dan a conocer son los únicos que realmente entienden lo que Dios les manda hacer. Los filadelfinos hacen hoy lo que los colosenses hicieron en el primer siglo. ¡Dios dice que debemos darlo a conocer!

La fiesta de la cosecha (de los Tabernáculos) es acerca de llevar este mensaje al mundo; o sea, para “cosechar” a tantos como podamos. Y eso continuará en el Mundo de Mañana­, donde un libro de texto principal en todas las instituciones educativas será El misterio de los siglos, por Herbert W. Armstrong. Cada vez que este misterio fue revelado en el pasado, Dios quiso que sus muy elegidos lo dieran a conocer a los gentiles. Por eso Dios lo revela. Él no lo revela para que nos sentemos y lo miremos, o lo disfrutemos nosotros mismos. ¡Es para todo el mundo! Los reuniremos a todos. Y no pasará mucho tiempo hasta que lo hagamos. Los que apoyamos este mensaje hoy, tenemos una visión especial que la mayoría del propio pueblo de Dios no tiene; ¡qué vergüenza para ellos que no la tengan!

¿Qué saben los laodicenos sobre El misterio de los siglos? ¿Cuántos de ellos lucharían por ese libro en los tribunales? ¡Pablo estaba en la cárcel porque predicaba este mensaje! ¡Estuvo en la cárcel tratando de inspirar y animar al pueblo de Dios sobre el gran misterio que el hombre no ha conocido por todas las edades!

Ahora la Iglesia de Dios de Filadelfia lo tiene. Los laodicenos ­están tan confundidos, son tan insensatos y tan rebeldes, que están dejando que Satanás se los quite. Si sólo se afirmaran y amaran ese mensaje, nadie podría quitárselos. Y mientras haya un trabajo que hacer, tendremos El misterio de los siglos. Nadie puede detener esto.

Los colosenses en el primer siglo lucharon con Pablo; los laodicenos lucharon contra él. Así es hoy. Los filadelfinos ­luchan por la verdad que el Sr. Armstrong nos enseñó, defendiendo a Elías de Dios de los últimos tiempos, mientras que los laodicenos son neutrales (no hacen nada), o luchan contra ésta. Nunca se olvide cuán especial y brillante es usted, ante los ojos de Dios.

Dios traerá a Su Familia al mundo entero. ¡Él no está haciendo todo este trabajo en vano! Dios nos dio este misterio, y dice que lo hemos escuchado, así que somos responsables. ¡Somos responsables de una gran cantidad de conocimiento! No hay manera de que podamos escapar de eso. Somos responsables de entregar el mensaje, si no la sangre del mundo estará sobre nuestras cabezas. Pronto, el mundo entero será nuestra aula para instruirlos en El misterio de los siglos. Qué gran responsabilidad será esa.

Su actitud hacia El misterio de los siglos revela mucho sobre su conversión. Eso revela mucho sobre usted. Todo el pueblo de Dios ha escuchado el misterio. Nadie puede aferrarse a la revelación de Dios, si no se levanta y lucha como cualquier hijo debe luchar por su padre. No se engañe: ¡Dios dejará que los enemigos se lo quiten si no lo ama! Tanto los laodicenos como los filadelfinos, morirán espiritualmente si no aman esta verdad.

Jesucristo no quiere una novia que diga: “¿El misterio de los siglos? Me da lo mismo tenerlo o no”. No, Él quiere una novia que diga: hay una sola cosa que hacer, y eso es: tomarlo, distribuirlo y proclamarlo a todos los gentiles, porque ese es mi trabajo; cosechar a todo el mundo.

¿Cuánto nos importa realmente El misterio de los siglos? ¿Cuánto quiere usted proclamarlo, y darle esta emoción al mundo? Esto ha estado oculto al mundo entero durante todas las épocas. Si no nos importa, y no luchamos, y si no proclamamos este mensaje, Dios nos tilda de laodicenos y nos escupe de Su boca.

Debemos darlo a conocer entre los gentiles. Esto se aplica, en principio, a toda la literatura del Sr. Armstrong. Dios ordena que lo demos a conocer al mundo, para darle a la gente la oportunidad de conocer a Dios, y saber de qué se trata este misterio. Es “Cristo en vosotros, la esperanza de la gloria”. Si Cristo vive en nosotros, amaremos y lucharemos por El misterio de los siglos.

¡Cristo en usted es la esperanza de la gloria! ¿Cuánto de Cristo hay en usted? ¿Cuánta esperanza tiene usted? Deberíamos estar llenos de esperanza. Todos necesitamos más. Vivimos en un mundo que se vuelve más desesperanzado a medida que pasa el tiempo. Este mundo necesita esperanza, y sólo hay una esperanza: “Cristo en vosotros, la esperanza de la gloria”. Debemos pensar como Cristo. ¿Cuánto de nuestro pensamiento se rinde a Él? Todos tenemos que crecer en eso.

Estamos construyendo la Familia de Dios en embrión. Jesucristo murió por todos en el mundo —Dios dio a su Hijo unigénito— para traerles esta esperanza, para desarrollar el increíble potencial del hombre.

Todo hombre

“A quien anunciamos, amonestando a todo hombre, y enseñando a todo hombre en toda sabiduría, a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre” (versículo 28). Pablo está advirtiendo a “todo hombre”, o sea, a cada individuo. Él no advirtió a un cuerpo colectivo de miembros de la iglesia. Él le advirtió a toda persona individual que escuchara, ¡para que se aferrara a “las riquezas de la gloria de este misterio”!

Dios hace responsable a cada persona de lo que le ha revelado y dado a conocer.

Dios les dio la misma advertencia a los laodicenos modernos. “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo” (Apocalipsis 3:20). “Si alguno [cualquier individuo] oye mi voz y abre la puerta”, entonces Cristo lo sacará de la iglesia laodicena. La salvación no es un asunto de grupos. Dios nos está juzgando individualmente. Él le está advirtiendo a cada humano. Esa expresión se menciona tres veces en un solo versículo, ¡una advertencia en sí misma! Jesucristo está determinando si Su pueblo puede seguirlo a Él, en lugar de a un humano. Aquellos que presten atención a su advertencia podrán compartir Su propio trono en la Sede por toda la eternidad (Apocalipsis 3:12, 21). A los laodicenos no se les da esa recompensa.

Colosenses 1:28 presenta la Obra de Dios como algo que ocurre en un orden particular. Primero, dice: “anunciamos”, que significa predicar claramente y abiertamente, o en voz alta. El Sr. Armstrong hizo eso como un testimonio al mundo. Luego dice que “amonestamos” (advertimos), y eso es lo que estamos haciendo en este “último fin” de la Obra; advertir a todo el mundo. Se nos está acabando el tiempo. Por supuesto, estas cosas también se ejecutarán simultáneamente. Pero las tenemos enumeradas aquí en este orden.

Después de predicar y de advertir, entonces “enseñamos” a todo hombre; cosechando a todo el mundo, hombre por hombre, mujer por mujer, niño por niño.

Esta es una visión sobre el futuro. Un día llegaremos a todo ser humano. Eso debe hacerse uno por uno. Ahí es donde usted entra en la escena. Aconsejará y enseñará y guiará a la gente. También les advertirá cuando vayan en la dirección equivocada. Les enseñará muy claramente el misterio de Dios, la visión de la Familia Dios, o sea el evangelio.

Advertiremos y enseñaremos hasta que todo individuo en el mundo haya sido enseñado. Y luego, llevaremos ese programa al universo. ¡Qué visión tan magnífica es ésta! ¿Cómo podríamos permitir que tal visión se perdiera? ¡Somos llamados hijos de Dios! Qué magnífico llamado nos ha dado Dios. Qué plan profético tan grandioso revela Dios aquí en Colosenses.

Trabajando desde la cárcel

“Para lo cual también trabajo, luchando según la potencia de él, la cual actúa poderosamente en mí” (Colosenses 1:29). Pablo trabajaba desde la cárcel. Cuando los adversarios de Pablo lo metieron en la cárcel, seguramente pensaron que finalmente lo habían silenciado. Pero ¡qué equivocados estaban! Trabajó aún más. ¿Por qué? Porque sabía que avivaría al pueblo de Dios. Ellos sabían quién era Pablo. Y hacían todo lo que podían para proclamar y hacer la Obra de Dios mientras Pablo estaba encarcelado.

Enseñar El misterio de los siglos hizo que Pablo fuera encarcelado y finalmente decapitado. ¿Puede imaginarlo? Y sus escritos fueron canonizados para constituir una buena parte de la Biblia: 14 libros. Una gran parte de esas epístolas salieron de la cárcel. Él sabía algo que el mundo no sabía. Aunque estaba en la cárcel, sabía que su mensaje iría más allá de esta Tierra. Estaba encarcelado físicamente, pero no espiritualmente.

Pablo era un convicto. Este hecho revela mucho sobre este mundo. La gente no entendió realmente lo que le hicieron a Pablo. Sin embargo, un día se compungirán y lo entenderán. De repente, esta esperanza cobrará vida en sus mentes y se sentirán inspirados, conmovidos y sacudidos, y sin duda derramarán muchas lágrimas, especialmente aquellos que tenían encarcelado a Pablo. Del mismo modo, hay muchos laodicenos hoy en día que derramarán lágrimas profusamente por lo que dijeron del Sr. Armstrong, si ellos se arrepienten y entran en la Familia de Dios.

“Porque quiero que sepáis cuán gran lucha sostengo por vosotros, y por los que están en Laodicea, y por todos los que nunca han visto mi rostro” (Colosenses 2:1). Pablo tenía un gran conflicto, ¿sobre qué? Sobre el misterio de los siglos. Era un conflicto con el propio pueblo de Dios. Mientras él estaba sentado en la cárcel, los ministros andaban por allí diciendo que Pablo se había desviado del camino, que estaba cayendo en la herejía. Estaban traicionando al gran apóstol de Dios.

Ganamos nuestra batalla judicial sobre El misterio de los siglos. Dios dice que esta Obra debe hacerse; que este mundo debe ser advertido.

La tragedia de la iglesia en el primer siglo, y la tragedia de la iglesia hoy es esta: Todo el trabajo sucio se hizo desde adentro. Tienen un grupo bastante grande y se sienten seguros en eso. El trabajo de Pablo y el trabajo del Sr. Armstrong han sido despreciados. Se han dicho muchas cosas horribles sobre el Sr. Armstrong. ¿Quién está detrás de todo eso?

Los fieles colosenses trabajaron con Pablo, y nosotros debemos trabajar con el Sr. Armstrong. Aunque no esté vivo físicamente, sigue estando muy vivo si proclamamos el mensaje que Dios le dio. Le devolvemos la vida y restauramos lo que él restauró. Si dejamos que Cristo viva en nosotros, estamos reflejando esa gloria. No podemos rebelarnos contra ese misterio, y ni siquiera ser neutrales.

Este no es un mensaje fácil de evadir. Como el Sr. Armstrong lo dijo repetidamente, este es un conocimiento peligroso. Si el 95 por ciento del pueblo de Dios está muriendo espiritualmente, ¿no revela esa monstruosa tragedia por sí sola, que se trata de un conocimiento peligroso? Sin embargo, debemos tener hambre y sed de este conocimiento, y trabajar duro para entenderlo. Usted verá su esfuerzo muy bien recompensado.

Riqueza espiritual

“Para que sean consolados sus corazones, unidos en amor, hasta alcanzar todas las riquezas de pleno entendimiento, a fin de conocer el misterio de Dios el Padre, y de Cristo” (Colosenses 2:2). El misterio tiene que ver con el Padre, con Cristo y con la Familia de Dios. Se trata de que usted nazca en esa Familia.

Estamos siendo “unidos en el amor”, el mismo amor de la Familia de Dios. El misterio es que el hombre se convierta en Dios; en hijos en la Familia misma de Dios. (La palabra misterio se menciona tres veces en un lapso de seis versículos). El misterio es Cristo en usted, que le lleva a nacer en la Familia Dios. Ese es el evangelio, la buena noticia de la llegada de la Familia o Reino de Dios.

Dios sigue mencionando las “riquezas” del misterio. Pero los laodicenos son “ricos y aumentados de bienes” físicamente (Apocalipsis 3:17). Sus mentes están demasiado centradas en las riquezas físicas. ¡Por eso están perdiendo las verdaderas riquezas!

Los laodicenos no honran a su Padre (Malaquías 1:6). Si sólo entregaran El misterio de los siglos junto con nosotros, estarían honrando a su Padre y a su Esposo; a la Familia de Dios entera. Ellos tendrían todas estas riquezas. Ya no saben lo que es la verdadera riqueza espiritual. ¡Eso es obsceno!

Sin embargo, Pablo hablaba de lo rico que era y de su opulencia, mientras él estaba en la cárcel. Él tenía una visión tremenda. ¿Podría usted ser así de inspirador, si estuviera en la cárcel? Debemos estar preparados para lo que Dios permita que enfrentemos. ¿Qué tan real es para usted el hecho de que es Familia de Dios en embrión? ¿Es tan real como lo fue para Pablo? ▪

Continuará... 

Capítulo 3: La erudición del mundo

Boletín, AD