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La Trompeta

Autobiografía de Herbert W. Armstrong: La pura verdad es publicada

Capítulo 31: La pura verdad es publicada

Continuación de El programa de ‘El mundo de mañana’ comienza

Seguramente nada pudo haber empezado más pequeño. Con un comienzo adverso, en lo más profundo de la Depresión, la Obra de Dios estaba destinada a alcanzar una cobertura global.

Pero no me di cuenta de su destino en ese entonces. No había ilusiones de grandeza. No fue a través de una planificación mía que la pequeña campaña de tres puntos, poco después de ser lanzada, se haya expandido hasta el alcance global actual.

Divinamente planeado

La mayoría de la gente está consciente sólo de lo que ve, de lo que es material. Ellos no pueden ver la mano invisible de Dios en el desarrollo de las cosas.

Todo lo que tenía en mente, como el programa El Mundo de Mañana, estaba siendo planeado a finales de 1933, para servir fielmente a Dios dondequiera que Él guiara en ese territorio local del condado de Lane, Oregón.

Es cierto que “donde no hay visión, el pueblo perece”. Sin embargo, pocas personas se dan cuenta que la fuente de la verdadera visión es Dios. Ha habido visión detrás de la planificación y crecimiento fenomenal de esta gran Obra. Pero esta es la Obra de Dios, no del hombre y la visión y la planificación ha sido la de Jesucristo, la activa Cabeza viviente de este Obra, no la del hombre.

Incluso en la temprana experiencia de negocios, yo siempre había mirado hacia el futuro. Se había vuelto habitual para mí pensar en expansión. Había imaginado mi servicio de publicidad de lavandería llegando a ser de alcance nacional. Tenía una visión de este alcance siendo expandido.

Pero, sin duda, en el otoño de 1933, yo no me tome el tiempo, para diseñar planes detallados en mi mente humana de un programa grande y poderoso de gran alcance mundial, para alcanzar e influenciar a millones de personas en todas las naciones. No había pensado, entonces, de un programa de radio gigantesco, ni de una empresa editorial, comenzando en Eugene, Oregón, pero pronto ésta se expandió a todos los continentes habitados; de hecho, yo no había pensado en el programa de televisión masivo de hoy (la televisión era prácticamente desconocida hasta unos 12 años más tarde, al final de la Segunda Guerra Mundial), ni tampoco tenía la más remota idea de que debíamos, en el momento apropiado, organizar y construir un colegio para el entrenamiento del personal de una organización de crecimiento rápido.

No fue de mi planificación o visión que esta Obra se haya desarrollado a la magnitud que ha alcanzado. Esta es la mismísima Obra de Dios, y la visión detrás de ésta ha sido la de Jesucristo, ¡el planificador! Yo no fui más que Su instrumento.

Una poderosa PUERTA abierta

Lo que estaba sucediendo realmente ha estado escrito por casi 1,900 años. Por supuesto que nadie, y menos aún yo mismo, tenía la más remota comprensión en ese entonces. Jesucristo dijo: “Construiré mi Iglesia”. Él la construyó para un propósito, para convertirse en el instrumento de Dios que llevaría a cabo la Obra de Dios, Su propósito aquí abajo.

Dios comenzó la Obra de Su Iglesia a través de Cristo. Jesús dijo que Él no tenía poder por sí solo, pero que fue el poder del Espíritu Santo de Dios trabajando en Su cuerpo humano, quién realmente hizo la obra.

Pero después de su ascensión a los cielos, esta misma Obra de Dios fue realizada a través del Espíritu de Dios trabajando en un cuerpo colectivo, a saber, la Iglesia de Dios. Por eso a la verdadera Iglesia se le llama “el cuerpo de Cristo” (Efesios 1:22-23).

Dios envía Su mensaje, la buena noticia de Su Reino, de Su reinado, Su gobierno, Su Familia divina, a la humanidad a través de Jesucristo. Jesús enseñó este mensaje a Sus discípulos, que se convirtieron en los líderes apostólicos de Su Iglesia cuando ésta comenzó.

Este mensaje de Dios, el evangelio de Cristo, fue también grabado en las escrituras del Nuevo Testamento. Unos pocos aceptaron el mensaje y éste cambió sus vidas.

Pero los hombres en general rechazaron el evangelio, ¡y crucificaron a Jesús por enseñarlo! ¡Aquellos que lo predicaron fueron perseguidos y martirizados!

Durante el primer ciclo de 19 años de la predicación del evangelio, del 31 al 50 d.C., el evangelio estaba siendo predicado primeramente a los judíos. Los judíos habían entendido acerca del Reino de Dios. Ellos estaban familiarizados con las profecías de Isaías 9:6-7, de cómo el Mesías vendría a establecer el Reino y gobierno de Dios sobre el mundo entero. Lo que los Judíos no entendieron era que la primera venida de Jesús, como un bebé nacido de la virgen María, era para calificar, resistir y vencer a Satanás, para reemplazarlo en el trono de la Tierra, como también para anunciar el Reino que aparecería unos 1.900 años más tarde. Y para pagar con la sangre de Su propia vida, la pena por los pecados humanos.

Por lo tanto, los 12 apóstoles enfocaron su predicación a los judíos, principalmente para comprobar que Jesús era el Mesías profetizado. La oposición contra la expansión de la Iglesia fue casi en su totalidad desde dentro de la comunidad judía, negando que Jesús sea el Mesías. Los 12 apóstoles fueron testigos del hecho de que Jesús era el verdadero Mesías. Ellos habían estado con él continuamente por unos 3 1/2 años antes de su crucifixión y 40 días después de su crucifixión hasta su ascensión al trono de Dios en el cielo.

Pero la predicación del Apóstol Pablo y otros apóstoles a la gente del mundo Gentil fue el mismo evangelio que Jesús Mismo había proclamado, la buena noticia del futuro arribo del Reino de Dios y del gobierno mundial de Cristo. Los gentiles no habían oído del Reino de Dios anteriormente.

Alrededor de la mitad del siglo primero, una controversia violenta había comenzado a desarrollarse sobre que si el evangelio que sería predicado era simplemente un evangelio acerca de Cristo, de Su vida como Mesías y de Su muerte como nuestro Salvador, o el mensaje mismo de Dios enviado a través de Jesús como mensajero divino, con el mensaje del verdadero evangelio (la buena noticia) del venidero Reino de Dios.

Prueba de ello es la carta que el Apóstol Pablo escribió acerca de este tiempo a las iglesias en Galacia, en donde advirtió que ya se habían desviado a un evangelio diferente (Gálatas 1:6-7).

En ese momento la cosa más sorprendente ocurrió. La historia con respecto a la Iglesia, su evangelio y desarrollo, parecía casi haber desaparecido totalmente. Fue como si una cortina hubiese caído sobre todos los acontecimientos históricos de la historia de la Iglesia hasta cerca del 150 d.C. Cuando, después de ese siglo perdido, la cortina fue levantada en los registros de la historia de la Iglesia, y un evangelio completamente diferente estaba siendo predicado; a saber, el supuesto evangelio de hombres acerca de Cristo, el Mensajero, pero no de la proclamación de Su mensaje.

El verdadero evangelio (la buena noticia del venidero Reino de Dios), no fue predicado al mundo durante 100 ciclos de 19 años, a excepción de la única y verdadera Iglesia que fue perseguida, falsamente acusada, condenada, sometida al martirio a lo largo de los siglos por la gran iglesia falsa en surgimiento (Apocalipsis 17:5). Luego, en 1953, Dios milagrosamente abrió ante mí la puerta de la estación de radio más poderosa sobre la Tierra, la Radio Luxemburgo difundiendo por toda Europa y Gran Bretaña.

Cristo predijo que justo antes del fin de este mundo, de esta era, esta sociedad construida por el hombre rechazaría las leyes y caminos de Dios; y que Su mismo Evangelio del Reino de Dios “será predicado” (Mateo 24:14) y también publicado (Marcos 13:10) “en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones”.

A la luz del rápido desarrollo de los acontecimientos que rodean al mundo, se hizo evidente que lo que estaba sucediendo realmente en 1934 era precisamente esto: ¡que Jesucristo estaba abriendo la gran puerta a los medios de comunicación de la radio y la imprenta para la proclamación de Su mismo evangelio original a todo el mundo!

En esa pequeña radio kore, y en esa Pura Verdad neonata mimeografiada, ¡se estaba publicando un mensaje sorprendente! Igual que el público de hace 1.900 años había quedado asombrado por el Evangelio de Cristo (Marcos 1:14-15, 22), así quedaron asombrados aquellos que comenzaron a escuchar este mismo evangelio en 1934. Era totalmente diferente de lo que había sido asociado al “cristianismo”.

La Campaña de tres puntos

Y así fue, que cuando el Sr. Frank Hill, propietario de kore, me instó a producir un programa dominical de media hora, que consistía de un servicio regular de la iglesia condensada en media hora, utilizando las técnicas de radio, me puse a trabajar en la idea con fervor y entusiasmo.

Esto parecía grande, comparado con las actividades anteriores. En esto vi de inmediato una oportunidad de alcanzar a mucha más gente con la verdad de Dios.

No sólo me presenté con la voluntad de producir el programa de radio, sino que me di cuenta que debía haber un seguimiento (y no me refiero a un seguimiento solicitando dinero), para que este nuevo esfuerzo trajera resultados.

Inmediatamente surgió la idea de realizar, por fin, el sueño que había contemplado desde 1927: la publicación de una revista que sería llamada “the Plain Truth” (La Pura Verdad). En 1927 había hecho todo un “bosquejo” de esta posible revista. Además, había escrito artículos para ésta. Y hasta había hecho en 1927que un calígrafo profesional diseñara una posible portada; yo mismo había tratado de diseñar una. Pero nunca habíamos tenido “los medios” para comenzar a publicar una revista.

Esta ambición de publicar La Pura Verdad fue la consecuencia natural de la experiencia de negocios previos. Gran parte de mis 20 años de experiencia en publicidad habían sido dedicados en el campo de revistas de alta calidad.

Ahora, por fin, me di cuenta que esta revista era un “deber” como un seguimiento de la emisión de radio. Sin embargo, no éramos más capaces financieramente de lo que habíamos sido en 1927.

La necesidad es la madre de la inventiva. Si no podíamos darnos el lujo de publicar una revista de apariencia profesional de alta calidad, simplemente transformaría en La Pura Verdad el “boletín” mimeografiado que había estado emitiendo para nuestros hermanos dispersos de la iglesia en el valle de Willamette.

Mi idea para esta revista desde el comienzo, había sido publicar una revista, no solo para los miembros de la iglesia sino también para el público en general, los inconversos y no creyentes. Una publicación tipo evangelista para traer al mundo la verdad de Dios, ¡haciéndola clara!

Ahora bien, incluso si tuviera que comenzar con unos 250 ejemplares, hechos a mano en un mimeógrafo, ¡la hubiese comenzado! Como la semilla del grano de mostaza, esta comenzó, muy posiblemente, como la más pequeña de las revistas. Sin embargo, se ha convertido en una revista de 32 páginas de apariencia profesional con más de 8 millones en circulación.

También, al mismo tiempo vi que los programas de la radio deberían tener seguimiento de campañas evangelistas al público.

Por consiguiente, escribí al pequeño número de miembros que tenía en la lista de correos, tal vez menos de 50, la noticia de la venidera Campaña de tres puntos: (1) El programa dominical de radio de media hora, (2) la nueva revista mimeografiada para los oyentes interesados, La Pura Verdad, y (3) reuniones públicas en persona.

La emisión y la idea de la campaña de tres puntos, habían sido completamente aprobadas, por supuesto, por los hermanos de la Iglesia.

“¡Al aire!”

En el primer domingo en la mañana del año nuevo de 1934, precisamente a las 10 a.m., estábamos al aire. El programa ha estado continuamente al aire, sin parar ni una sola semana, desde ese entonces.

El Sr. Hill había sugerido que produjéramos un servicio regular de Iglesia el domingo en la mañana, condensado en 30 minutos. Yo lo había planeado de acuerdo a su sugerencia. En nuestra nueva iglesia local, en ese momento las reuniones se llevaban a cabo en la escuela Jeans, a casi unos 20 kilómetros al oeste de Eugene teníamos una pareja joven, Claude y Velma Ellis. Claude era un muy buen tenor. Su esposa Velma era alto. Ambos cantaban en dúo aportando la música.

No recuerdo el formato exacto del programa al principio durante los primeros meses. Muy pronto el dúo fue reemplazado por un cuarteto mixto, con nuestra hija Beverly como soprano, la Sra. Armstrong alto, Claude Ellis tenor, y Alfred Freeze como bajo, con la Sra. Ellis en el piano.

Cuando el programa comenzó se llamaba “La Iglesia de Dios de la Radio”. De hecho, era un servicio religioso al aire. Hubo una evolución gradual en el formato del programa. Aprendimos más tarde, que un servicio de iglesia abreviado sólo atrae a unas pocas personas que van a la iglesia, que desean escuchar un servicio religioso o “asistir a la iglesia” sin salir de sus hogares. Eso atrae sólo a lo que se le llama una “audiencia religiosa”. A través de los años el programa cambió, y ha llegado a ser un programa dirigido hacia el público que no va a la iglesia, a personas que no son religiosas y que podrían nunca asistir a la iglesia.

Poco a poco aprendimos cuál era el mensaje que atraía a los oyentes. Los encargados de la estación de Radio comenzaron a decirnos que en realidad nosotros teníamos un programa tipo discurso, y un mensaje y tipo de disertación que atraería y retendría a una audiencia más grande que la música.

Pero ahora de regreso a enero de 1934.

El modesto debut de La Pura Verdad

Así como los devotos programas de 15 minutos de la mañana habían traído una enorme respuesta inesperada de correos, igualmente lo fue nuestro programa regular de media hora. Excepto que éste trajo una respuesta aún mayor. Comencé invitando a los oyentes a escribir solicitando la nueva revista, La Pura Verdad, con la primera radiodifusión ese primer domingo de 1934.

Al mismo tiempo empecé a trabajar en la producción del Volumen I y Número 1 de esta revista de mis sueños. Ni siquiera tenía al alcance de la mano la tipografía de los titulares. Yo todavía vivía en la granja de los Fisher a unos 11 kilómetros al oeste de Eugene; mi esposa y los niños todavía estaban en la vivienda Hall Street, en Salem. Así que tuve que sostener las plantillas mimeografiadas contra una ventana, y tratar de cortar los titulares con mi mano derecha mientras trataba con mi mano izquierda de sostener la plantilla sin deslizarse contra el cristal de la ventana. Los titulares se veían un poco temblorosos. Esa primera edición de La Pura Verdad fue algo poco profesional y de apariencia casera. Probablemente nadie más que yo tendría la dignidad de llamarla una “revista”.

Ninguna publicación podría haber tenido un comienzo más humilde o pequeño. Sin embargo fue un comienzo. Ésta creció y fue mejorada, a medida que los fondos precarios lo permitían. Pasaron años antes de que pudiéramos producirla en una imprenta. Pero con los años, ¡ésta ha sido instrumental en hacer cambios drásticos en las vidas de miles de lectores!

Un tiempo después, en 1934, una ofrenda especial de unos pocos hizo posible para nosotros comprar un “Neostyle” usado, muy viejo y obsoleto. Ese fue el predecesor del mimeógrafo. Éste era totalmente manual. Las hojas de papel tenían que ser puestas a mano, una a una. No había nada automático en esta. Nos costó $10 dólares. Finalmente, también pudimos recaudar suficiente dinero para comprar una máquina de escribir de segunda mano por $10 dólares, eso fue antes o poco después de la primera edición de La Pura Verdad.

Y así finalmente, La Pura Verdad hecha en la en la granja de los Fisher de forma casera con el mimeógrafo que se me permitió usar en la oficina del vendedor local de mimógrafos, pero conteniendo la preciada pura verdad, hizo su humilde estreno al mundo el 1 de febrero de 1934. No tengo registro exacto de cuántas se imprimieron en esa primera publicación, pero hicimos alrededor de unos 250 ejemplares. Creo que todavía tenemos una copia en algún lugar en algunos archivos viejos.

Ahora, mirando hacia el pasado, estamos un poco sorprendidos de ver cuán lejos han llegado desde entonces las radiodifusiones y La Pura Verdad. ¡Ese “grano de mostaza” está multiplicándose fuertemente bajo la guía poderosa de Dios! ▪

Continuará...

Capítulo 32: La campaña se pone en marcha, a pesar de la oposición

Boletín, AD