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La Trompeta

Autobiografía de Herbert W. Armstrong: El impacto en el Noroeste del Pacífico

Capitulo 41: El impacto en el Noroeste del Pacífico

Continuación de Autobiografía de Herbert W. Armstrong: La primera visión de una Obra mundial

Ahora que las transmisiones habían comenzado en Seattle, la Obra comenzó rápidamente a tomar nueva vida.

Hasta ese momento, ciertamente no se parecía a lo que la mayoría de la gente esperaría que fuera la Obra de Dios. ¿Cómo podría algo haber tenido comienzos tan humildes y duros? ¿Hubo algo que hubiera comenzado más pequeño? Recordando aquellos años ahora, ¡yo mismo quedo asombrado! Seguramente no había forma de que sucediera. Sin embargo, ¡sucedió!

Con el hombre, ¡es imposible!

¿Qué hombre podría comenzar por sí mismo, sin dinero, sin apoyo ni respaldo, sin un automóvil y teniendo que caminar o hacer dedo, con un mensaje impopular al cual la gente era hostil, y esperar que ese mensaje fuera predicado y publicado a millones de personas en todos los continentes alrededor del mundo?

Con el hombre, ¡eso es evidentemente imposible!

Pero yo no buscaba apoyo en las personas, ¡yo confiaba en Dios! Hay una escritura que dice: “¡Para los hombres esto es imposible; mas para Dios todo es posible!”

Y esa, ¡es la respuesta!

A través de los años me he encontrado con algunas personas que pensaban que tenían una visión para “predicar a Cristo” y comenzaron por su cuenta, sin respaldo, para hacerlo. Algunos han sacado algún tipo de literatura mimeografiada, o incluso han logrado imprimir un “folleto” o dos. Pero ninguno de ellos creció. Todos pronto se rindieron. Sus obras carecían de la inspiración, la “chispa”, el “algo” vital para hacerla funcionar, ¡y crecer! La respuesta, por supuesto, es que faltaba el poder de Dios. ¡De hecho, estaban solos! Cristo nunca los había llamado ni enviado. ¡Ellos no estaban hablando Su Palabra fielmente! Sin Su guía ni el poder dinámico de Su Espíritu, sus obras pronto quedaron en la nada.

La única razón por la que esta Obra sobrevivió, y creció, es que yo no estaba, después de todo, “solo y por mi cuenta”.

Así de insignificantemente pequeño como este esfuerzo era durante esos primeros años, esto era, aunque no lo aparentara, la mismísima Obra del Dios viviente. La chispa dinámica impartida divinamente estaba en ésta. La gente se ha preguntado, en años recientes, qué hace que esta gran Obra funcione. ¡Lo que la hace funcionar es la energía vital y la vida que el Cristo viviente le ha impartido!

La diferencia

Las cosas que Dios hace a través del hombre siempre deben comenzar de una manera pequeña, generalmente de lo más pequeño, pero luego crecen grandes, hasta que se convierten en lo más grande. Jesús comparó esto con la proverbial semilla de mostaza.

Hoy, por ejemplo [a medida que este segundo volumen sale a la prensa], hay [cerca de] 5 mil millones de personas que habitan la Tierra. Dios comenzó esto con un hombre, de quien hizo una mujer. Las naciones de Israel, Judá, los numerosos árabes, todos comenzaron con un solo hombre: Abraham. La única religión verdadera comenzó con un hombre: ¡Jesucristo! Y finalmente, aquellos nacidos de Dios a través de Él llenarán la Tierra.

Esta Obra ciertamente no tuvo una apariencia profesional en aquellos días, a pesar de haber tenido poder en las transmisiones: estas tenían un tono de sinceridad, y la verdad que los oyentes no habían escuchado antes. Y la Pura Verdad, aunque en apariencia tosca, reflejaba los años de experiencia profesional en escritura. Se cometieron errores. Esto se debió al elemento humano. Pero fue la guía y el poder de Dios inyectado en éste, lo que le dio su verdadero ímpetu; pero Dios estaba usando un instrumento humano muy imperfecto, por lo que las limitaciones humanas también entraron en escena. Eso causó algunos de los reveses, Dios permitió que otros probaran, refinaran y ayudaran a perfeccionar el instrumento que Él estaba usando.

Sé de evangelistas que habían sido lanzados repentinamente a la fama ante vastas audiencias. Ellos comenzaron en grande y rápidamente se convirtieron en celebridades aclamadas por millones. Pero fueron iniciados por organizaciones de hombres. Fueron organizaciones religiosas las que los impulsaron a grandes estadios, coliseos, súper tiendas o vastos auditorios de miles de personas. Y tales evangelistas mundialmente famosos deben predicar sólo lo que es permitido por las organizaciones o iglesias que los respaldan, y deben abstenerse de predicar cualquier cosa contraria a sus doctrinas.

Supongamos, por ejemplo, que un evangelista avalado por denominaciones evangélicas conservadoras y fundamentalistas tuviera que decirle a su audiencia que la Biblia les ordena guardar el séptimo día, el sábado. Supongamos que un evangelista “de alto nivel” con los supuestos “pentecostales” que respaldan su gran carpa de circo, tuviera que declararle a sus miles que “hablar en lenguas” no es la “evidencia bíblica” del “bautismo del Espíritu Santo”. Inmediatamente ellos serían catalogados como herejes. E inmediatamente perderían el respaldo de su organización; y serían hundidos en la “desgracia”.

Pero tales hombres van y vienen. Su trabajo está condenado a morir. Si ellos son respaldados por hombres, apoyados por organizaciones de hombres, deben convertirse en herramientas voluntarias de tales organizaciones. Pero cuando alguien es realmente llamado y elegido por Dios, debe llegar a estar completamente rendido a Dios como siervo de Dios, y debe hablar la Palabra de Dios fielmente, o el apoyo de Dios se retira. ¡Qué diferencia!

Redoblando el crecimiento

Jesucristo dijo: “Toda planta que no plantó mi Padre celestial, será desarraigada”. (Mateo 15:13). Y de nuevo en Salmos 127:1, “Si [el Eterno] no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican”. Pero David fue inspirado a decir: “Si anduviere yo en medio de la angustia, tú me preservarás; (…) El Eterno interviene en mi favor (…) no dejarás caer la obra que has comenzado” (Salmos 138:7-8, versión Moffatt). Esa promesa de Dios me ha sostenido a través de los años de oposición, persecución y pruebas. Dios aún mantiene esa promesa, ¡y lo hará por siempre!

Mirando en retrospectiva, hoy, sobre las circunstancias físicas reales, las condiciones y acontecimientos de aquellos años, parece absolutamente increíble que una Obra iniciara de manera tan humilde y cruda, sin ningún respaldo para que pudiera haber sobrevivido, ni mucho menos que continuara creciendo a un ritmo de un 30 por ciento anual.

Por supuesto que esta Obra no se duplicaba en tamaño cada día, cada semana, o inclusive cada año. Pero doblando el número de personas alcanzadas, en número de preciosas vidas convertidas, en el poder de la radio y en el alcance de operaciones cada dos años y siete meses y medio, es una tasa de crecimiento muy rápida y casi insólita, después de todo. ¡Y esa tasa de crecimiento continuó por cerca de 30 años!

La Pura Verdad finalmente impresa

Si esta Obra tuvo la apariencia (esos primeros siete años de lucha) de ser un esfuerzo lamentablemente insignificante y miserable, hecho por un individuo “por su cuenta” luchando desesperadamente, ahora ésta comenzó a asumir rápidamente la apariencia de una operación más sustancial. Aquellos con entendimiento espiritual comenzaron a reconocerla por lo que era: la verdadera Obra de Dios.

Un fondo limitado había sido recaudado para iniciar la transmisión en krsc, en Seattle.

En preparación para esto, una parte de este fondo especial había sido usado para tener la edición impresa de agosto-septiembre de 1940 de La Pura Verdad. Este fue el primer número impreso desde la edición de mayo-junio de 1938.

Pero finalmente, con este número de agosto-septiembre de 1940, La Pura Verdad se graduó de forma permanente, ¡de la clase mimeografiada hecha a mano! Junto con las otras fases de la Obra, ¡La Pura verdad estaba creciendo!

Sin embargo, ésta “creció” sólo a un comienzo humilde como revista impresa. Este número y los pocos que siguieron se imprimieron en un papel amarillo de muy bajo costo que habíamos usado durante años para las ediciones mimeografiadas. Sólo eran ocho páginas. Y se emitió sólo cada dos meses. En la página 4, debajo del cuadro del encabezado, apareció este aviso: “Éste es el primer número de la Pura Verdad desde mayo. No hubo números de junio ni julio de este año. Para el futuro inmediato, esperamos poder (si Dios quiere) publicar un número cada dos meses. Más adelante, esperamos poder enviarle un número cada mes, y ampliar la Pura Verdad a 16 páginas, simplemente duplicar el tamaño actual. Nuestro objetivo es la mejora constante”.

Esa mejora se produjo lentamente a través de los años, pero el esfuerzo nunca se abandonó, y gradualmente se produjo la mejora.

Muchos meses después, se duplicó a 16 páginas. La circulación se duplicó y se redobló. Después de años de ser una revista de 16 páginas, pasó a 24 y luego a 32 páginas. Al publicar ese primer número impreso de la Pura Verdad, se imprimieron 500 copias adicionales en anticipación a la respuesta de los primeros dos meses de la nueva transmisión de Seattle.

La increíble respuesta en Seattle

En Seattle, la transmisión comenzó en krsc el 15 de septiembre de 1940. Para el 1 de noviembre, las cartas recibidas de los oyentes estaban aumentando rápidamente. Más de 500 solicitudes de copias provinieron de las primeras cuatro o cinco transmisiones. El Boletín de los colaboradores, fechado el 1 de noviembre, informó que la lista de suscripción de la Pura Verdad había alcanzado los 3.000. Todavía teníamos que mantener la lista de correo escrita a mano o a máquina, y de esta misma manera personalmente anotar el domicilio en cada copia. Esto requirió trabajo voluntario y varios días de tiempo. La respuesta por correo ahora indicaba una audiencia de 150,000 con las tres estaciones de radio.

Aunque las solicitudes de la Pura Verdad excedieron las 500 durante las primeras semanas desde la estación de Seattle, hubo, por supuesto, muy pocas contribuciones, especialmente cuando ninguna fue solicitada. Sin embargo, para alentar a los colaboradores de más edad, este Boletín del 1 de noviembre declaró: “Las ofrendas de los oyentes de krsc, nuestra estación de Seattle, apenas comienzan a llegar. Primero, $ 1. Luego, más tarde, otro dólar; luego $ 6 la próxima semana, $ 8 hasta ahora”. Ahora costaba casi $ 100 por edición, publicar y enviar la Pura Verdad.

En este número del Boletín a los colaboradores (enviado sólo a aquellos que habían llegado a ser contribuidores voluntarios regulares), se reprodujeron extractos de varias cartas de los oyentes, 17 de ellos de la estación de Seattle y 9 de la estación de Portland.

Las porciones de esas cartas son esclarecedoras. Éstas son algunas:

Desde Seattle: ‘Adjunto $ 1 para ayudar un poco con la Obra de Dios. Cómo desearía que pudiera ser más, pero cuando pueda, enviaré más. Recibí la copia de la Pura Verdad hace unos días. (...) Me he preguntado muchas veces cuándo se revelarían estas escrituras, y por quién; pero Dios lo sabía, y le ha dado la sabiduría a alguien en quien Él puede confiar. Usted tiene mis oraciones”. Esta carta acompañó el segundo dólar recibido del programa en la estación de Seattle. Jesucristo dijo que sus ovejas oían Su voz. Ellos reconocen Su mensaje. Captan la diferencia al instante. Algunas de estas cartas vinieron de personas que discernieron que esto, de hecho, era el evangelio de Cristo, muy diferente del que el mundo había escuchado.

De Bingen, Washington: ‘Podría por favor enviarme una copia de la Pura Verdad. Doy gracias a Dios por los hombres que dicen la verdad acerca de Su plan de salvación. Hay muy pocos en este tiempo de gran necesidad’”.

De Deep River, Wash.: ‘Escuchamos su programa cada domingo y nos gustaría recibir la revista (…) me doy cuenta que usted no solicita dinero, pero estoy adjuntando $1 dólar para ayudar a la Obra de Dios’”.

De Indianola, Washington: ‘La parte de su sermón pronunciada por la radio ayer que yo escuché fue muy esclarecedora y constructiva, y apreciaría que usted me enviara La Pura verdad. Éstas ciertamente son el tipo de explicaciones bíblicas que el mundo necesita hoy’”.

Definitivamente, algunos que escuchan el programa El Mundo de Mañana lo reconocen como el propio mensaje de Dios; ha sido la verdad de la Palabra de Dios generalmente no predicada, y el poder de Su Espíritu lo que le ha dado vida y vitalidad a esta Obra haciéndola crecer, ¡desde los comienzos más pequeños!

Ahora sólo dos o tres porciones de cartas de los oyentes en kwjj, Portland. Estas también son significativas:

De la ciudad de Oregón: ‘Recibí su mensaje hoy y con lágrimas cayendo de mis ojos, le agradecí a nuestro Padre celestial que el camino haya sido abierto para la difusión en Seattle’”.

De La Center, Washington: ‘Disfruto su programa muchísimo y lamento cuando tengo que perderme alguno. Me siento vigorizado y veo más luz después de escucharlo. Dios ciertamente está con usted en cada palabra que dice, uno simplemente puede sentir Su presencia. Yo apreciaría una copia de La Pura Verdad, por favor’”.

De Portland: ‘En su último programa usted mencionó que el público podría no aprobar sus palabras. De sus propias enseñanzas, su preocupación es predicar la verdad, tal como lo ha estado haciendo (…) El Señor lo aprueba, eso es suficiente. La Pura Verdad es más que excelente (…). Este viejo mundo está ahora en el momento crítico en que necesitamos un piloto que nos muestre adónde nos dirigimos. Usted está haciendo un gran trabajo. Sé que usted le está dando la verdad a aquellos que nunca la han oído, y probablemente nunca la oirían, aquellos que no quieren ir a la iglesia hoy en día, y a quienes piensan que la iglesia es una estafa hipócrita. Pero ellos sí lo escuchan a usted. Continúe con la buena obra’”.

Ateos convertidos

Este Boletín llevaba un subtítulo en la página 5: “Incluso los ateos son convertidos”. Decía: “Sí, incluso los ateos—aquellos quienes se han convencido a sí mismos de que Dios no existe. (…) Rara vez, si acaso, se ha oído de ateos siendo convertidos. Sin embargo yo sé definitivamente de al menos dos que han sido cambiados de muerte a vida, a través de esta Obra de la cual usted es una parte vital. Ambos son colaboradores activos ahora”.

Uno de ellos era una joven madre, prominente en el Partido Comunista. Los hechos en su caso han sido cubiertos previamente en la Autobiografía. El segundo era un hombre joven de Vancouver, Washington. Informé en este Boletín que: “El pasado 16 de febrero, recibimos esta carta, la primera en que habíamos oído de este joven hombre:”

“‘Querido Sr. Armstrong: Comencé a escuchar su programa en septiembre de 1938, y desde ese momento he estado volviendo a mis sentidos. En otras palabras, usted ha sido el medio a través del cual Dios ha actuado para pulverizar mis ideas ateas, concepciones falsas y filosofías idiotas. Esto, para mí, es un milagro moderno, porque por mucho tiempo me he considerado a mí mismo resistente a lo que parecía ser el mito más grande de todos los tiempos: Dios y la Biblia (…). He escuchado por mucho tiempo a varios pastores, ministros y predicadores, tan sólo por el malicioso placer de encontrar las fallas en lo que dicen. La primera vez que lo sintonicé a usted, me quedé pegado. Entonces comencé a pensar, quizás por primera vez en años. Entonces comencé a lamentarme. Yo no lo merecía, pero encontré la puerta abierta cuando toqué. Es maravilloso cuán diferente es la actitud de uno cuando se toma desde un ángulo espiritual. Todas las cosas parecen diferentes. Es algo que sólo Dios puede hacer por una persona. Deseo que usted pueda alcanzar una audiencia más grande y estoy orando por el tiempo en que lo logre’”.

Este hombre, algún tiempo después de escribir esta carta, aunque esto fue antes de salir al aire en Seattle, asistió a las reuniones que yo estaba llevando a cabo en Vancouver (Washington), y fue bautizado poco después de que este Boletín saliera el primero de noviembre de 1940. Sus oraciones por la expansión de la Obra—junto con muchas otras oraciones—fueron respondidas, y él llegó a ser un valioso instrumento de Dios, colaborando conmigo en la Obra de Dios. Él llegó a ser un artista nacionalmente conocido. Por muchos años los lectores de La Pura Verdad leyeron su Historia de la Biblia, la cual presentaba el hilo del relato bíblico de una forma simple y con un lenguaje interesante y dinámico. Este hombre era Basil Wolverton. La carta citada arriba fue la primera vez que supe de él. Ésta da evidencia de algunos de los “frutos” que Dios estaba produciendo a través de esta Obra, incluso en esos días pioneros.

Este Boletín del primero de noviembre de 1940, finalizaba con estas palabras: “¡Nuestro eslogan ahora es Hacia Los Ángeles!”. Sí, ¡la Obra estaba creciendo!

La depresión navideña

Pero inmediatamente nos encontramos con otro obstáculo amenazando a la Obra. La temporada de compras de Navidad estaba sobre nosotros. Diciembre siempre había sido nuestro mes más difícil de sobrellevar. Ya que muchos colaboradores estaban ocupados con las compras navideñas, intercambiando regalos de ida y de vuelta entre amigos y familiares, muchos de ellos olvidaban y descuidaban cualquier regalo para Cristo, cuyo cumpleaños se supone que estaban celebrando. Me vi forzado a recordarles a nuestros colaboradores de esto en el siguiente Boletín, fechado el 6 de diciembre, si no la Obra entera se detendría. Ésta declaraba:

“El programa en Seattle había tenido que comenzar justo cuando llegó la temporada de compras de Navidad. Cada año parece que dos tercios o más de todos nuestros colaboradores se olvidan de la Obra de Dios completamente en diciembre. Hermanos, ¡el diezmo es del Señor para Su Obra! ¡Y aquí estamos, en la hora más seria de toda la historia de este planeta! Se nos ha dicho en las Escrituras que prediquemos el evangelio, que sigamos adelante, ¡en temporada y fuera de temporada! Este es el tiempo del fin, cuando Jesús dijo que este evangelio del Reino debe ir a todo el mundo como testimonio, ¡justo antes de que venga el fin! (…) ¡Este mensaje no debe parar! Ciertamente proclamar el mensaje de Dios y la salvación de almas debe ser primero, ¡y los regalos materiales en segundo lugar!”.

Parece que con los resultados de esa carta logramos seguir adelante. Mientras tanto la audiencia y la circulación de la Pura Verdad, continuaban creciendo.

Para mediados de febrero de 1941, la circulación de La Pura Verdad había alcanzado las 4.000 copias. La respuesta de correo indicaba ahora una audiencia semanal de 150.000 o más. Las cartas venían de toda clase de personas, mujeres, obreros, granjeros, oficinistas, así como también de hombres de negocios y profesionales.

Previniendo un suicidio

A comienzos de 1941, recibimos la carta de un hombre que decía que estaba a punto de cometer suicido en su desánimo, cuando por accidente, o como él mismo sugirió, por intervención de Dios, escuchó el programa del 9 de febrero. Escribió que este mensaje llegó a él y lo hizo entender que lo que necesitaba no era el suicidio, ¡sino a Cristo! Él escribió una apelación conmovedora para ayudarlo a encontrar a su Salvador y la salvación. A él, por supuesto, se le fue dada ayuda personal.

Cada vez más, la evidencia crecía demostrando el poder de Dios funcionando y energizando Su Obra a través de nosotros.

En el Boletín del 14 de febrero de 1941, apareció lo siguiente:

ANUNCIO:

“La Sra. Armstrong y yo les anunciamos que nuestra hija Beverly se casará con el Sr. James A. Gott de Eugene, la mañana del viernes 28 de febrero a las 10 en punto, en la pequeña iglesia al final de la Avenida Octava Occidente, en Eugene.

“Beverly es la soprano en el cuarteto de la Iglesia de la Radio, cuyo hermoso canto es tan familiar para nuestros radioyentes”.

Durante la semana del 23 de febrero, un evento emocionante tuvo lugar. Compramos nuestro primer carro “casi nuevo”, haciéndose la entrega la noche anterior a la boda.

El primer carro nuevo

En algún momento alrededor de noviembre de 1940, la estación krsc en Seattle había cambiado nuestro tiempo de las 4 p.m. (que era la misma hora en que salíamos al aire en kwjj, Portland) a las 8:30 de la mañana del domingo. Al principio sufrí una profunda decepción, sintiendo que esto significaría una audiencia más pequeña; pero resultó ser una bendición oculta. La audiencia creció más rápido que nunca.

Lo mejor de todo fue que esto hizo posible que yo condujera hasta Seattle para hacer el programa en vivo, en vez de enviar transcripciones. En aquellos días nuestras transcripciones tenían que ser grabadas de una forma casi amateur con equipos de inferior calidad en Eugene. Las transmisiones “en vivo” hicieron posible la cobertura de noticias y el análisis de éstas, recién salidas de los teletipos de la estación de radio, explicando el significado profético con la Biblia.

Todavía estábamos cojeando cada sábado por la tarde y en la noche durante los 515 kilómetros que conducíamos desde Eugene hasta Seattle en nuestro viejo Graham modelo 1934. Constantemente teníamos problemas con las bielas.

Esta ardua rutina continuó durante muchos meses. Por lo general llegaba a Seattle cerca de la 1 a.m., de la madrugada del domingo. Recuerdo bien sintonizando la poderosa estación kiro de Seattle, con 50.000 vatios, la cual yo podía oír en la radio del carro durante todo el viaje de Portland a Seattle. ¡Cómo me hubiera gustado que hubiéramos podido transmitir por tan poderosa estación! Pero no podíamos costearlo entonces. Más tarde, Dios nos permitió no sólo costearla, sino que abrió tiempo para nosotros en esa espléndida estación dos veces al día.

La agotadora rutina de esos viajes de fines de semana duró, yo creo, hasta la primavera de 1942. Llegando a mi hotel (uno de los más nuevos pero también de los más pequeños), me proveían un servicio por el cual el garaje, que quedaba a una cuadra bajando la calle, venía a buscar mi auto cuando llegaba. Después de muy pocas horas de sueño, me despertaba a las 5 a.m. Me duchaba, afeitaba, vestía, e iba a una cafetería que estaba abierta toda la noche en la esquina de una farmacia, donde yo compraba el periódico de la mañana y revisaba de prisa buscando noticias proféticas, mientras bebía un vaso de jugo de naranja y una taza de café.

Luego me afanaba de regreso a mi maletín y máquina de escribir portátil, y empezaba a teclear un manuscrito para la transmisión. En aquellos días, inclusive antes de que Estados Unidos entrara a la guerra, las precauciones de seguridad requerían que cada palabra fuera presentada en el formato de manuscrito; una copia para el anunciador de la estación, y una desde la cual yo iba a hablar. No me atrevía a desviarme del guión.

Yo tenía que tener el guión de media hora terminado puntualmente a las 8 a.m., entonces bajaba corriendo, pagaba la cuenta del hotel, y encontraba mi carro esperando por mí a la entrada. Al llegar a krsc a las 8:15, tenía 15 minutos para entregar en la estación la copia del guión al anunciador, hojear rápidamente el teletipo de noticias buscando algún boletín de importancia de último minuto que no hubiera encontrado en el periódico de la mañana, luego anexarlo y copiar algún comentario en mi máquina de escribir portátil. Exactamente a las 8:30, el familiar “¡Saludos, amigos!” iba a salir al aire. A las 9 en punto saltaba a mi carro, me detenía en la vieja Half-Way House en la ruta a Tacoma para desayunar, entonces continuaba la pesada excursión, con un límite de velocidad estatal de 80 kilómetros por hora, por la zigzagueante y vieja carretera de caballos y carretas hacia Portland. Deteniéndome en Chehalis para el almuerzo, usualmente estaba llegando a Portland cerca de las 3 p.m., con una hora de nuevo para revisar los teletipos buscando noticias de último minuto. Luego, estaba al aire en kwjj a las 4, y terminaba a las 4:30 p.m. Al llegar a Eugene a las 7:30 p.m., encontraría la pequeña iglesia llena con una audiencia de domingo en la noche. Luego un sermón evangelizador, por lo general, predicando todas las noches durante la semana, trabajando las horas del día en la oficina respondiendo cartas, escribiendo para la Pura Verdad, o saliendo a hacer llamadas a personas que necesitaban ayuda, personas interesadas, sosteniendo estudios bíblicos privados, etc. Era una rutina moledora.

Desde el tiempo en que comencé a conducir a Seattle, tuve que llevar el viejo Graham al taller de reparaciones regularmente cada semana. Finalmente, para febrero de 1941, estas reparaciones me estaban costando $18 dólares en promedio por semana, entonces, el lunes 24 de ese mes, el dueño del taller me dijo: “Sr. Armstrong, este carro no va aguantar sin interrupciones para otro viaje a Seattle. Usted tiene una situación de biela y rodamientos que no lo va a llevar allí y permitir que regrese. Le costará $110 dólares arreglarlo. El valor comercial de su carro es de $105 ahora, incluso después de que usted gaste esos $110 dólares; así que su carro ahora realmente vale menos 5 dólares. Si alguna vez tiene la intención de vender este viejo armatoste, ¡es cuestión de hacerlo ahora o nunca!”

¡Pero no podía costear un carro nuevo!

De todos modos me acerqué al concesionario DeSoto, para ver qué se podía hacer. El mismo dueño me mostró un carro, yo pensé que este era ¡el carro más hermoso que yo alguna vez había visto!

“Hemos tenido este carro aquí desde hace 6 semanas”, dijo él. “Mi esposa lo ha usado seis semanas como su carro personal. Está apenas estrenado, tiene un poco más de 2.700 kilómetros”.

“Pero no puedo costear ese carro”, le dije.

“Usted puede pagar por él”, replicó confiadamente. “Como mi esposa lo ha manejado esos 2.700 kilómetros, puedo hacerle un buen trato que usted podrá pagar. Venga, dé un paseo en él”.

Con la garantía de que no estaba obligado, lo probé. ¡Ciertamente era diferente del viejo Graham! Salimos de ahí hacia nuestra casa, y persuadí a la Sra. Armstrong a subir para dar un corto paseo. Ella estaba muy desconfiada, pues sabía que estaba fuera de nuestro alcance.

Mientras estuvimos fuera, otro hombre había evaluado el viejo Graham. A nuestro regreso, le entregó un trozo de papel al distribuidor. Él ofreció varios cientos de dólares por el viejo carro, el cual yo sabía que valía menos $5 dólares. De todos modos, se trataba de $50 dólares para hacer el pago de la cuota inicial, y él me ofrecía el carro en cuotas mensuales de $40 dólares. Eso era mucho menos de lo que ahora estaba teniendo que gastar en reparaciones. Pero no podía reunir los $50 dólares del pago en efectivo.

“Mire Sr. Armstrong, yo quiero que usted tenga este carro. ¿Puede usted darme $10 dólares en efectivo antes del fin de semana, y los otros 40 antes de fin de mes? Voy a dejar que las cuotas mensuales de $40 dólares comiencen el primero de mayo. ¿Ahora, puede cumplir con eso? Yo simplemente insisto en tener algo de efectivo antes que usted tome el carro; si tan sólo 10 dólares”.

Sí, yo podía hacer eso. De hecho, no iba a aumentar los gastos, sino a reducirlos. ¡Eso era providencial!

Y así fue como salió, tuve los $10 dólares para él la noche del jueves, y recibí la entrega del carro. Y ese carro resultó ser, en realidad, el mejor carro que he tenido, incluso hasta estos días. Esos carros DeSoto 1941 eran grandiosos.

A la mañana siguiente, casé a mi propia hija con el Sr. James A. Gott. Después de la boda, ellos fueron con la Sra. Armstrong y yo a Seattle en el carro nuevo. Había sólo una forma en que la Sra. Armstrong y yo pensábamos que podíamos darles una luna de miel. El mejor viaje corto que conocíamos para tal evento era un viaje en barco desde Seattle hasta Victoria, B.C. En aquellos días estaban navegando naves muy finas, el Princess Marguerite y el princess Kathleen; más tarde, me parece, éstos fueron destruidos en la guerra.

Lamentamos haber tenido que molestar con nuestra presencia en su luna de miel hasta Seattle, pero era la única forma en que podíamos costearlo de todas formas. Yo tenía que estar en Seattle el domingo en la mañana para la transmisión. Jimmy pudo ausentarse del trabajo solo dos días, el viernes y el lunes. Yendo con nosotros a Seattle, ellos tuvieron el transporte de ese recorrido sin costo.

Nos detuvimos una noche en Chehalis, llegando la mañana siguiente a los muelles de los barcos en Seattle. Ellos estaban de regreso el domingo en la noche. Condujimos de vuelta a Eugene el lunes. Tener ese carro casi nuevo lo hizo un viaje maravilloso. ¡Esa fue la primera vez que un carro ligeramente usado, era todo lo que el vendedor había prometido! 

Continuará...

Capítulo 42: Al aire en Los Angeles

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