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La Trompeta

Autobiografía de Herbert W. Armstrong: Conferencia histórica en San Francisco—nace la ONU

Capitulo 48: Conferencia histórica en San Francisco—nace la ONU

Continuación de Severa crisis financiera

Esta autobiografía comenzó con el año 1892. Esta cronología de eventos ha cubierto casi 53 años, y ahora llegamos al tremendo año de 1945.

¡Qué año tan fatídico de la historia fue este!

El año fatídico

Por no hablar de lo que se desarrolló en la mismísima Obra de Dios ese año, vea los principales eventos mundiales de 1945:

Del 3 al 11 de febrero, la Conferencia Cumbre de Yalta, a la cual asistieron el primer ministro Joseph Stalin, el primer ministro Winston Churchill y el presidente Franklin D. Roosevelt. Ahí, las potencias occidentales negociaron ingenuamente quedarse con nada y darlo todo.

El 12 de abril, el presidente Roosevelt murió en Warm Springs, Georgia y el vicepresidente Harry S. Truman prestó juramento, asumiendo la presidencia de Estado Unidos.

Dese cuenta cómo en este mes fatal, cuán rápido tres figuras fueron borradas del poder mundial. 1945 fue un año de cambios importantes en la historia del mundo, estos hombres pasaron, la guerra pasó y una nueva era nació: la era nuclear.

El 28 de abril, a solo 16 días después que el Sr. Roosevelt dejara la escena mundial, Benito Mussolini fue ejecutado luego de haber sido capturado por partidarios en Dongo, Italia, mientras el trataba de huir a Suiza a través de la frontera. Su cuerpo fue colgado boca abajo como un acto de extrema deshonra.

Entre el 29 y 30 de abril, Adolfo Hitler fue borrado de la historia de este mundo, presuntamente se suicidó en su búnker subterráneo al lado de la Cancillería en Berlín.

Así que tenga en cuenta que estos tres de los cinco líderes mundiales fueron eliminados del liderazgo mundial durante el mismo mes, el fatídico mes de abril de 1945.

La última esperanza del hombre de salvar este mundo también comenzó (condenada al fracaso) durante ese crucial mes de abril de 1945 en San Francisco. Yo estuve ahí.

Pero antes de pasar a una descripción más específica de estos grandes eventos, permítanme presentar al lector una verdad obvia que a menudo pasamos por alto. En febrero de ese año, tres de los principales líderes mundiales se reunieron en Yalta. Dos meses después, tres de ellos fueron retirados del poder; sus voces se silenciaron al igual que sus actividades. ¡Es cierto que nunca se sabe lo que puede suceder de un momento a otro!

Pero para terminar la lista de los grandes eventos de ese año, veamos más:

25 de abril: Se inauguró la gran Conferencia de San Francisco, en la cual los líderes de 46 naciones se formaron y adoptaron una alianza para las Naciones Unidas.

7 de mayo: Alemania firmó su rendición incondicional, poniendo fin a la Segunda Guerra Mundial en Europa.

Desde el 17 de julio al 2 de agosto: La conferencia de Potsdam en Alemania, una conferencia cumbre con el presidente Truman, el primer ministro Churchill y Joseph Stalin, en la que una vez más las potencias occidentales dieron todo, y Stalin se llevó todo.

6 de agosto: La primera bomba atómica es lanzada sobre Hiroshima, Japón, destruyendo la ciudad y aterrorizando al mundo con el repentino conocimiento de la era nuclear.

9 de agosto: La segunda bomba atómica explotó en Nagasaki, Japón, destruyendo esa ciudad.

14 de agosto: Japón se rindió, y con esto llega el fin de la Segunda Guerra Mundial, con el mundo ahora mirando con temor hacia una Tercera Guerra Mundial nuclear.

2 de septiembre: Japón se rinde por medio de una ceremonia formal al general Douglas MacArthur a bordo del uss Missouri.

¡Qué asombrosa crónica de acontecimientos mundiales que pasaron durante un sólo año!

La ULTIMA ESPERANZA de la civilización

Sucedió en menos de dos semanas después de la muerte repentina del presidente Roosevelt. La guerra aún no había terminado en Europa, pero la resistencia alemana se estaba desmoronando rápidamente. Las naciones, aparte de las del Eje (Alemania-Italia-Japón), estaban planeando una organización de Naciones Unidas, la que se esperaba que pusiera fin a todas las guerras y que hiciera imposibles las guerras futuras.

Se programó una gran conferencia para el 25 de abril, en San Francisco. Esta conferencia de naciones debía elaborar y adoptar un tratado, para esta organización mundial de naciones.

Decidí que era aconsejable que asistiera. Prácticamente todas las habitaciones de hoteles en San Francisco fueron reservadas con anticipación antes de que el mundo supiera de las noticias de la conferencia. Pero yo tenía algunos contactos útiles y pude reservar una habitación para la Sra. Armstrong y para mí, durante la conferencia.

Como editor de la Pura Verdad, pude obtener credenciales de prensa del Departamento de Estado, como un representante de prensa totalmente acreditado, así también pude obtener credenciales de asociada de prensa para la Sra. Armstrong.

El 25 de abril en la sesión de apertura, estábamos sentados al frente de la galería de prensa de la grande y famosa Civic Opera House de San Francisco. El asiento de al lado estaba ocupado por uno de los presentadores de noticias más destacados de la prensa.

Nos sentamos a través de una ronda de discursos formales. Uno por el Secretario de Estado Stettinius de Estados Unidos, uno por el Secretario de Relaciones Exteriores Anthony Eden de Gran Bretaña, y uno o dos más pronunciaron otros discursos muy serios.

Ellos dijeron que estábamos reunidos allí, ¡con la grande responsabilidad de producir una organización mundial que era la ÚLTIMA ESPERANZA de la civilización! Ellos les aseguraban a los delegados reunidos que la supervivencia de la humanidad dependía de lo que debían hacer allí.

Yo me preguntaba si ellos se daban cuenta de cuán verdaderas eran realmente sus palabras, en lo que respecta a los esfuerzos del hombre por sobrevivir. ¿O fue aquello simplemente una fachada sólo para imprimirla en los periódicos, y así impresionar al público?

Sólo RIÑA, no paz

Excepto los de los poderes del Eje, aquí estaban los líderes mundiales. Estos confesaron libremente poniendo énfasis elocuente, en el hecho que este mundo está condenado a su fin, a menos que las naciones del mundo puedan encontrar un terreno común para la paz. El mundo ya lo había intentado con la Conferencia de Paz de la Haya, con el Pacto de París y con la Liga de Naciones. Ahora iba a intentarlo con una organización de naciones unidas.

La Liga de Naciones falló porque no podía hacer valer su autoridad. ¡Sólo una organización o gobierno mundial ejerciendo un poder militar más fuerte, que el de cualquier otra nación empeñada en perturbar la paz mundial, podría evitar otra guerra mundial!

Así que aquí, en el piso debajo de nosotros, bajo el mismo techo que nosotros, estaban los líderes de las naciones del mundo, ¡tratando una vez más de lograr la paz mundial mediante el esfuerzo y organización humanos! ¡En verdad, fue un espectáculo!

Los discursos ciertamente pintaban un cuadro sombrío. ¡Estos hombres sabían que ésta era la última esperanza del mundo!

¿Pero qué pasó? En cada turno, el Sr. Molotov y los rusos se oponían, negaban, bloqueaban y lidiaban.

Pocos días después de la apertura de la conferencia, se programó una conferencia de prensa para el Secretario de Estado, Stettinius. Ésta se llevó a cabo en una sala de conferencias especial en otro edificio. El señor Stettinius tardó unos 30 o 45 minutos en llegar. Cuando entró, su rostro estaba blanco de furia. Él literalmente ardía con indignación. El ruso Molotov lo había retrasado, en una reunión de líderes de las pocas potencias principales, que debería haber terminado en algún momento antes de que comenzara esta conferencia de prensa. Él explicó a los periodistas de cómo Molotov había bloqueado todo movimiento, había reñido en oposición a todo plan o sugerencia, había antagonizado adrede con los otros líderes, comenzando así una guerra de nervios intencional.

Creo que hasta ese momento los líderes del gobierno de Estados Unidos habían creído ingenuamente que la Unión Soviética era realmente nuestro aliado. El presidente Roosevelt había sentido que podía “convertir” a Stalin con amabilidad, dándole todo lo que quería, apaciguándolo. Durante la guerra no se me permitió decirle al público, al aire, la verdad sobre los planes soviéticos, ni decir nada que no fuera positivo sobre ellos. Me dieron a entender que se trataba de una “política” que había salido de la Casa Blanca.

Para vergüenza mía, más de una vez fui testigo en salas cinematógrafas de noticieros, de un aplauso leve y moderado cuando las imágenes del presidente Roosevelt aparecían en la pantalla; y luego, cuando se mostraba la imagen de Stalin, ¡los aplausos, gritos y pisotones sacudían el teatro!

Incluso antes de Potsdam, cuando las fuerzas del general George S. Patton comenzaban a conducirse hacia Berlín después del cruce del Canal, los psicólogos académicos convencieron a la administración en Washington, que los Aliados debían eliminarle a Rusia su gran temor de una futura agresión alemana, dándoles a los comunistas la mayor parte de Europa del Este. ¡Por esta razón las fuerzas del general Patton fueron detenidas en su marcha hacia Berlín, y forzadas a retirarse del territorio ya conquistado!

El comunicado que nunca llegó

Alrededor de esta época, posiblemente en marzo de 1945, yo estaba esperando salir al aire un domingo por la mañana en los estudios kxl en Portland, Oregon. El tiempo de transmisión fue a las 8:30 a.m. Las fuerzas del general Patton estaban haciendo un buen progreso hacia Alemania, en el oeste. El día anterior, las fuerzas rusas en el este, estaban a como medio día de cruzar la frontera y entrar a Alemania. La primera invasión a Alemania sería una gran noticia. Como de costumbre, cubrí las noticias de guerra, con un análisis acorde a la profecía, sobre cada programa durante esos años de guerra. En el frente del este ya eran entre las 5 y las 5:30 p.m., o quizás una hora más tarde.

Al llegar a los estudios de radio, examiné ansiosamente el teletipo de noticias en busca de algún comunicado que indicara que el suelo alemán había sido ocupado por las fuerzas rusas. Pero tal noticia no había llegado. Arreglé con el anunciador de la estación para que revisara el teletipo cada pocos minutos, y que si aparecía la noticia en la cinta antes de que terminara mi programa, que la cortara y me la trajera para que yo pudiera ponerla al aire.

Pero no llegaron tales noticias. No durante esa media hora. Ni durante el día. ¡Ni por muchas semanas!

¿Por qué? Porque los gobernantes soviéticos no querían abrirse paso inmediato para darle un rápido nocaut a Alemania. En vez de esto, dejaron suficientes fuerzas a las afueras de la frontera alemana y enviaron sus divisiones invasoras hacia el sur, para conquistar y ocupar países de Europa del este, como Checoslovaquia, Rumania, Hungría, Yugoslavia y Albania, estableciendo la bota rusa en esas tierras, para ser usados como países satélites conquistados, antes de ponerle fin a la guerra.

Al mismo tiempo, el Kremlin, con la ayuda de psicólogos teóricos, prevaleció en Washington, al enviar órdenes al general Dwight D. Eisenhower para que retirara al general Patton, para evitar poner fin a la guerra ¡hasta que los soviéticos hubieran ocupado todos los países satélites en el este de Europa!

¡A veces me pregunto cuan ingenuos pueden llegar a ser los estadistas y jefes de gobierno! Yo oro continuamente que “Venga Tu reino. Que se haga Tu voluntad en la tierra, como en el cielo”. Pues Bien, con esta revisión de la Autobiografía, ¡ya estamos 41 años más cerca de ese Feliz Mundo Mañana, de lo que estábamos en ese entonces!

El arrogante Molotov

Pero si el Secretario de Estado estadounidense alguna vez fue altruista de que los comunistas se convirtieran, o que en ese entonces hayan sido, o que alguna vez se hicieran nuestros amigos, ¡el Sr. Stettinius ciertamente estaba desilusionado ahora! ¡Él literalmente ardió de ira después de la conferencia a puerta cerrada con Molotov! Esto lo vi y lo escuché en esa conferencia de prensa.

Una mañana, ya sea la primera mañana de la primera sesión o más tarde, ahora no lo recuerdo, la Sra. Armstrong y yo llegamos temprano a la Civic Opera House para ver de cerca a los célebres estadistas que llegaban. Uno de los primeros fue el Sr. Anthony Eden de Gran Bretaña. Toda una multitud se reunió frente a la Opera House. Los guardias de la policía mantuvieron un pasadizo despejado en medio de la multitud, para la acera de donde los delegados salían de sus autos al llegar. La Sra. Armstrong y yo estábamos parados muy cerca de la acera, a sólo uno o dos pasos del lado de la acera, directamente en frente.

El Sr. Eden salió de su auto, sonrió, se quitó el sombrero y saludó con la mano a la gente de una manera muy amigable.

Los camarógrafos de noticias corrieron hacia él.

“¿Podría posar para nosotros, señor Eden?” ellos preguntaban. Sonriendo, él asintió. Los camarógrafos decidieron que les gustaría tomar fotos en el mismo lugar donde la Sra. Armstrong y yo estábamos parados. ¿Serían tan amables de retirarse al otro extremo para tomar las fotos? Sir Anthony nos lo agradeció sonriendo, y se mantuvo de pie mientras las bombillas destellaban, luego subió rápidamente los escalones y entró en el teatro de la Opera House.

Un poco más tarde, tres Cadillacs negros grandes y brillantes se detuvieron en la acera. Del primero y el tercero de estos autos surgieron una docena o más de guardaespaldas rusos. Rápidamente y bastante bruscos, nos empujaron más atrás a todos, para ampliar el camino a través de la multitud, subiendo los escalones hasta la entrada de la ópera. Luego, rápidamente detrás de ellos saltaron unos seis guardaespaldas más, del auto de en medio.

Por último salió marchando el Ministro de Asuntos Exteriores, Molotov de Rusia. Seis u ocho de los guardaespaldas lo rodearon por completo, y mientras, sin sonreír ni asentir a nadie, caminaba rígida y altivamente los escalones, cada vez más guardaespaldas se cerraron a su alrededor, subiendo los escalones con él.

¡Qué contraste más grande entre los ministros de Asuntos Exteriores británico y el ruso! El comportamiento arrogante del Sr. Molotov hizo que el Sr. Anthony Eden fuera más querido por todos nosotros allí.

La señora Armstrong me susurró: “¿Acaso no es el señor Anthony Eden un hombre bien parecido?” Yo asentí y agregué que también lo era el Sr. Stettinius.

Durante la conferencia, asistí a algunas otras conferencias de prensa realizadas por delegados destacados. El Sr. Molotov dio una conferencia de prensa a la que yo asistí. Él se presentó rígido y formal. Habló a través de un intérprete, él se hizo completamente desagradable y detestado por todos. Lo vimos bastante pocas veces durante la conferencia de un mes; más veces de las que hubiéramos deseado.

Conociendo al Jeque

En las noticias de la conferencia estaban los delegados árabes, siempre notables por sus elegantes túnicas. Ellos estaban encabezados por el jeque Hafiz Wabba de Arabia Saudita. Yo arreglé una conferencia privada con él. Pasamos una hora juntos en su suite en el hotel Fairmont y nos hicimos buenos amigos.

El jeque estaba a cargo de todas las negociaciones árabes sobre la controversia entre judíos y árabes sobre Palestina. Él me explicó a fondo la visión árabe, y por qué sentían que los judíos no tenían derechos en Palestina. Por supuesto, también entrevisté a delegados judíos, quienes me dieron su versión de la historia. Cada lado tenía una historia muy lógica y convincente.

Me preguntaba si el pueblo árabe sabía y creía que eran descendientes de Ismael, hijo de Abraham a través de la sirvienta de Sarah, Agar. Así que le pregunté. Él no mencionó el nombre de Ismael, pero dijo: “Oh, sí, Abram [lo pronunció A-brám] es nuestro antepasado. Nosotros somos hijos de Abram”.

El jeque hablaba muy bien el inglés. La señora Armstrong y yo volvimos a encontrarnos con él, en 1947, en Londres, cuando nos invitó a una recepción real para presentarnos ante un ex rey de Arabia, y luego al príncipe heredero. Y luego, nuevamente, en 1956, en El Cairo, él y su esposa vinieron a nuestro hotel y pasaron una tarde con nosotros. Estos contactos se describirán en la Autobiografía cuando lleguemos a esos años.

Tuve otra conferencia privada interesante de una hora completa con el Sr. Constanin Fotich, ex secretario de Relaciones Exteriores de Yugoslavia, quien me dio una descripción de primera mano de lo que sucedió en la invasión comunista de ese país, y cómo les quitaron sus granjas, a los propietarios de las granjas.

Una conferencia de prensa a la que asistimos fue presentada por el ex jefe de Letonia, o Estonia o Lituania, no recuerdo cuál, pero creo que era del último de estos tres países que los soviéticos habían engullido. Él nos dio una descripción espeluznante de la toma del poder por los comunistas.

En una ocasión tuve la oportunidad de encontrarme con el almirante de la Armada china. Él representaba a la China nacionalista de Chiang Kai-shek. Esto fue antes de la toma del poder comunista. El almirante era un tipo caballeroso. Yo lo conocí en el ascensor del Hotel Mark Hopkins. Él llevaba un uniforme elegante, ni siquiera los árabes con sus túnicas sueltas eran así de glamorosos. En el uniforme, casi todos los colores del arco iris estaban representados en alguna parte. Sólo había una cosa inusual en la presencia del almirante de la Armada china: ¡que la China nacionalista no tenía barcos! ¡Ni un solo buque de guerra! Esa podría ser una razón por la que todo el glamour se concentró en el uniforme del almirante.

Una alta misa pontificia

Además, durante nuestra estadía en San Francisco, yo mismo hablé un par de veces, no ante los delegados de la conferencia, sino que en los pasillos ante los oyentes de la radio local.

También asistimos a una alta misa pontificia católica romana, celebrada en el área cívica general de la conferencia. A ésta asistieron muchos cientos de delegados. Fue presidida por el arzobispo de San Francisco, y el obispo Hunt, de Salt Lake City. El discurso lo pronunció uno de los dos ministros católicos de la radio más destacados de la época. El Sr. Hunt era un orador poderoso, y su discurso ante esos delegados —importantes funcionarios y jefes de estado de muchas naciones— en realidad tenía un significado profético.

Él construyó su discurso con un enfoque del Salmo 127: 1: “Si (el Eterno) no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican”. Él hizo hincapié en la seriedad de la condición mundial. En cómo este esfuerzo por unir a las naciones en paz, era la última oportunidad del hombre. Estos delegados estaban tratando de construir una “casa”, una unión de naciones. Pero que ésta estaba condenada al fracaso a menos que la Iglesia Católica Romana fuese puesta a la cabeza; porque, por supuesto, él presumió que esa iglesia era el único instrumento del Señor en la Tierra. Dado que afirman que el Papa está en lugar de Cristo en la Tierra. Lo que realmente quiso decir es que ningún esfuerzo para asociar o combinar las naciones puede tener éxito, a menos que sea dirigido y gobernado por el Papa. ¡Esto fue profético, porque esto es precisamente lo que la profecía dice que sucederá en la nueva Unión Europea, que ahora está emergiendo en Europa para resucitar al Imperio Romano! 

Continuará...

Capítulo 49: Finaliza la Segunda Guerra Mundial—Comienza la era atómica

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