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Repentance920

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¿Qué es el verdadero arrepentimiento?

La mayoría de las personas no lo sabe—¡sin embargo esta verdad vital es un asunto de vida o muerte!

El verdadero arrepentimiento es una de las doctrinas más incomprendidas en la cristiandad convencional de hoy. Es también una de las más importantes que debe entender un verdadero cristiano.

Antes del ministerio de Jesucristo, Juan el Bautista valientemente proclamó que la humanidad necesitaba arrepentirse. Cristo comenzó Su ministerio enfatizando la misma verdad. Y al comienzo de la verdadera Iglesia de Dios, los apóstoles de Cristo continuaron proclamando la necesidad del verdadero arrepentimiento.

Como lector de la revista la Trompeta, quizás usted ha pensado sobre el arrepentimiento. Quizás ha escuchado hablar de este tema en su iglesia local. ¿Pero realmente comprende lo que es el arrepentimiento?

¿De qué se arrepiente una persona? ¿Hacia quién es el arrepentimiento? Es vital que usted entienda este tema. Ninguna persona que no se haya arrepentido verdaderamente heredará la vida eterna. Esto realmente es un asunto de vida o muerte.

No sólo sentirse mal

“El arrepentimiento no es sólo sentirse mal por algo que ha hecho—o incluso por muchos de esos pecados”, escribió Herbert W. Armstrong en su libro El increíble potencial humano. “Es un arrepentimiento verdadero de lo que uno es y ha sido—de toda su vida y actitud pasada lejos de Dios”. ¿Alguna vez ha pensado sobre el arrepentimiento hasta ese grado y profundidad? Esto es lo que su Biblia enseña.

El arrepentimiento es más que sólo sentirse mal. Muchas veces, las personas han pensado que se han arrepentido de un pecado. Pero simplemente pedirle perdón a Dios no es arrepentimiento verdadero. Es importante que confesemos nuestros pecados ante Él y pedirle Su misericordia y perdón, pero el verdadero arrepentimiento es más profundo que eso.

“Es un cambio total en la forma de pensar, en el corazón y la dirección de nuestra vida”, continuó el Sr. Armstrong. “Es un cambio a un nuevo camino de vida. Es un vuelco del egocéntrico camino de la vanidad, del egoísmo, la codicia, hostilidad hacia la autoridad, envidia, celos y falta de preocupación por el bienestar de los demás, hacia el camino de la obediencia centrada en Dios, de sumisión a la autoridad, de amor hacia Dios más que amor a sí mismo, y de amor y preocupación por otros seres humanos igual a la preocupación por uno mismo”.

Si usted va a alcanzar el nivel de arrepentimiento profundo que Dios busca, entonces necesita orar y meditar sobre lo que acaba de leer. Para arrepentirse verdaderamente, debe verse a sí mismo con honestidad por lo que es y quién es usted alejado de Dios. ¡Eso es lo que todos debemos hacer!

La naturaleza humana está llena de los malos frutos de “la vanidad, egoísmo, codicia, hostilidad a la autoridad, envidia, celos y falta de preocupación por el bien y el bienestar de otros”, como escribió el Sr. Armstrong. Tenemos que reconocer esta realidad sobre nosotros mismos, pero sólo podremos hacerlo si Dios está involucrado en el proceso. Entonces, con Su Espíritu Santo y Su amor perfecto derramado en nuestros corazones (Romanos 5:5), podemos comenzar a aprender y pensar diferente. Podemos tener ese “cambio de mente y corazón” que necesitamos tan desesperadamente—el cambio que es el verdadero arrepentimiento.

¿De qué se arrepiente usted?

La cristiandad convencional hoy en día a veces habla sobre el arrepentimiento. Pero ¿realmente entienden el tipo de arrepentimiento que Dios requiere? ¿Siquiera entienden ellos de qué debe uno arrepentirse?

Note la respuesta en 1 Juan 3: “Todo aquel que comete pecado infringe también la ley: pues el pecado es la infracción de la ley” (versículo 4). Nos arrepentimos de quebrantar la ley de Dios.

Uno de los engaños más grandes en la así llamada cristiandad es la noción de que la ley de Dios fue abolida. Si ese es el caso, entonces de ¿qué nos arrepentimos? Si usted piensa que la ley de Dios fue abolida, entonces no puede entender el verdadero arrepentimiento.

La ley de Dios es Su forma de pensar; es Su camino de vida perfecto. Cualquier cosa contraria a eso es pecado. Eso es de lo que debemos arrepentirnos. Eso es más que sólo estar triste por hacer algo mal. Es acerca de cambiar—dar un vuelco total y avanzar en la otra dirección. El arrepentimiento se trata de ir en la dirección opuesta al pecado.

El proceso del arrepentimiento requiere que sepamos lo que es el pecado y que lleguemos a reconocerlo en nuestras propias vidas. De otra forma, ¿cómo podríamos vencerlo? Por lo tanto, entender la ley de Dios es de vital importancia.

La verdadera fe—la fe de Jesucristo—también es crucial. El apóstol Pablo escribió, “Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan” (Hebreos 11:6). ¿Busca usted a Dios diligentemente? ¿Se acerca a Él con fe? Sin fe, es imposible agradar a Dios. En otro lugar, Pablo afirma que todo lo que no proviene de fe es pecado (Romanos 14:23).

No hacer lo que Dios dice que hay que hacer es pecado. Hacer cosas que Dios dice que no hay que hacer es pecado. No caminar por fe es pecado. Cualquier cosa contraria a vivir y pensar como Dios es pecado. Eso es lo que debemos cambiar. En todos los casos, el común denominador sobre el pecado es la ley de Dios.

El verdadero arrepentimiento tiene que ver más con el futuro que con el pasado. Sí, debemos tener remordimiento. Debemos sentirnos mal por los caminos equivocados de nuestro pasado. Pero el arrepentimiento verdadero es dar la vuelta e ir en una dirección diferente. Es sobre cambiar y movernos en un camino nuevo, diferente y correcto.

Dios guía al arrepentimiento

Sin embargo, ninguno de nosotros puede hacer esto por sí solo. Sin Dios, lamentablemente somos incompetentes. Para tener éxito debemos implorar la ayuda de Dios. Cuando vamos delante de Dios, debemos saber que Él va a escuchar y respondernos. Recuerde que, como escribió el apóstol Pablo, Dios recompensa a aquellos que lo buscan diligentemente.

Vea lo que Dios puede hacer por nosotros: “¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento? (Romanos 2:4). Dios espera que nosotros nos acerquemos a Él con un espíritu humilde y enseñable. Luego, con el poder de Su Espíritu, Él nos guiará al verdadero arrepentimiento. No podemos desarrollar el verdadero arrepentimiento por nuestra cuenta. Sólo puede ser logrado a través del poder de Dios.

¡Pida la ayuda de Dios humilde y diligentemente! Vaya delante de Él en fe con un espíritu humilde y educable, deseando aprender a pensar y a vivir como Él. Si usted quiere vivir de acuerdo a Su camino, entonces pida en fe para que Él lo guíe al arrepentimiento. Eso lo llevará a una separación total y completa de sus antiguos caminos. Deje que lo talle profundamente hasta el punto que usted quiera cambiar sus caminos.

El arrepentimiento es hacia Dios

Otro punto muy importante que debemos entender se encuentra en el libro de los Hechos. “Testificando a judíos y a gentiles acerca del arrepentimiento para con Dios, y de la fe en nuestro Señor Jesucristo” (Hechos 20:21). Debemos tener fe en Jesucristo, sí—pero nuestro arrepentimiento es hacia Dios el Padre. Él es el gran Legislador. Cuando quebrantamos Su ley, nuestro arrepentimiento debe ser hacia Él. Cuando pecamos, estamos violando Su camino de vida y lo que Él ha establecido como correcto.

El jefe editor de la Trompeta, Gerald Flurry, ha escrito un libro titulado Cómo ser un vencedor. Queremos enviarle este libro gratuito. Tómese el tiempo para estudiarlo profundamente. Le mostrará la actitud que debe tener para arrepentirse totalmente. De hecho, el título del primer capítulo es “Arrepentimiento hacia Dios”.

Este libro destaca el ejemplo del rey David. David cometió algunos errores serios y algunos pecados terribles. Pero él sabía cómo arrepentirse verdaderamente hacia Dios. Por su actitud y los cambios que hizo en su vida, Dios lo llamó un hombre conforme a Su propio corazón (Hechos 13:22). ¡Esa es una gran reputación para este rey! Dios nunca hubiera llamado a David si no hubiera sabido cómo arrepentirse.

Todos hemos pecado, como David (Romanos 3:23). ¿Pero desea usted ser una persona conforme al corazón de Dios?

En el primer capítulo de Cómo ser un vencedor, el Sr. Flurry escribe: “El pecado es algo que debe horrorizarnos. Debemos comprender lo que Cristo hizo por nosotros. Crecer en ‘arrepentimiento hacia Dios, y fe hacia nuestro Señor Jesucristo’. Tener fe en ese sacrificio. Entonces arrepentirnos hacia Dios, quien planeó todo esto. Usted sabe, especialmente si es padre o madre, que el Padre debe haber sufrido horriblemente junto con Cristo”.

“Si tiene problemas que continuamente regresan a su vida, evalúese con esta medida. ¿Se está arrepintiendo hacia Dios? ¡Dese cuenta de su maldad ante Dios!”.

Piense sobre lo que Jesucristo y Dios el Padre hicieron por usted. Necesitamos llegar a un profundo arrepentimiento, ¡como si nuestro propio primogénito fuera traspasado! (Zacarías 12:10). Dios el Padre permitió que Su propio Hijo fuera tratado con brutalidad, fuera crucificado y traspasado con una lanza en Su costado. El pecado debería horrorizarnos igual que a nuestro Padre espiritual.

Un mensaje a través de los siglos

Aun antes del ministerio terrenal de Cristo, el énfasis era puesto en el arrepentimiento verdadero. “En aquellos días vino Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea, y diciendo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mateo 3:1-2). Juan el Bautista le estaba diciendo a aquellos reunidos (antes del ministerio de Cristo) que se arrepintieran. El tiempo había llegado para que Dios comenzara a preparar pilares, ayudantes y líderes para el Reino de Dios. Todo comienza con el arrepentimiento. Comienza con nosotros reconociendo quiénes y qué somos apartados de Dios. Comienza con nosotros viendo la necesidad de cambiar y comenzar a aprender cómo convertirnos más como Dios. Es un cambio total del pecado a vivir y pensar como Dios.

Necesitamos hacer ese cambio permanente. A algunos en el tiempo de Juan el Bautista no les gustaba su mensaje. Ellos no querían cambiar. “Al ver él que muchos de los fariseos y de los saduceos venían a su bautismo, les decía: ¡Generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera? Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento” (versículos 7-8). Se les dijo que ellos no serían bautizados. Sin importar cuánto trataran de ser justos, ellos no mostraban evidencia de que estuvieran cambiando de su camino carnal. ¿Dónde estaban los frutos? ¿Dónde estaba la evidencia de que estaban tratando de cambiar? ¿Dónde estaba la evidencia de que se estaban sometiendo a Dios y que Él los estaba guiando al arrepentimiento?

Tenemos que hacernos estas mismas preguntas hoy ¿Cuáles son sus frutos? ¿Hay frutos en su vida para mostrar que verdaderamente está arrepintiéndose y cambiando, humillándose y permitiendo que Dios lo guíe al arrepentimiento? Como lo dijimos antes, sólo con Dios guiándonos podemos lograr el verdadero arrepentimiento.

Ahora fíjese cómo comenzó Jesucristo Su ministerio terrenal: “Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mateo 4:17). El mensaje de Cristo fue que la gente se arrepintiera primero. De otra manera, todo el peso del evangelio no podría ser entendido.

¿Por qué usted no escucha a la gente de este mundo hablar sobre el Reino de Dios, un reino y gobierno literal que va a gobernar esta Tierra? Después de todo, ése es el mensaje que Cristo trajo (Marcos 1:14-15). Él instruyó a Sus discípulos a hacer lo mismo: salir y predicar “que los hombres se arrepintiesen” (Marcos 6:12). Estas son instrucciones para cualquiera que sirva bajo Cristo.

La verdadera Iglesia de Dios fue establecida después que Jesucristo fue resucitado. Cristo había preparado líderes. Se pusieron los cimientos. Hechos 2 describe la historia del primer Pentecostés. ¡Éste fue un evento muy crucial en la historia de la Iglesia! Note el mensaje que fue predicado en este primer sermón: “Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos? Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo” (Hechos 2:37-38). Una vez que alguien escucha y cree el verdadero mensaje del evangelio que Cristo trajo a esta Tierra, ¡debe arrepentirse! El verdadero arrepentimiento es el comienzo de todo el proceso.

¡Este tema del arrepentimiento aparece una y otra vez! Piense sobre lo prominente que es el arrepentimiento en los versículos al comienzo del Nuevo Testamento y en el cimiento de la verdadera Iglesia de Dios. ¡Claramente este tema es importante para Dios!

Pablo escribió, “Por tanto, dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección; no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas, de la fe en Dios” (Hebreos 6:1). Aquí Pablo está enlistando las doctrinas básicas de la Iglesia de Dios. Al inicio de la lista, ¡él señala el arrepentimiento! El arrepentimiento es absolutamente decisivo para todos nosotros si vamos a tener un futuro con Dios.

El camino al gozo

El verdadero arrepentimiento va a traer gozo a su vida. El pecado trae miseria y complicaciones. Recuerde esto: la obediencia a Dios y a Su ley va a simplificar su vida; la desobediencia en cambio siempre la va a complicar.

El Sr. Armstrong dijo que fue al rendirse a Dios en completo arrepentimiento donde encontró indescriptible gozo en aceptar a Jesucristo como su Salvador personal y Sumo Sacerdote en la actualidad. ¡Usted puede encontrar ese mismo gozo! Pero usted debe arrepentirse y aceptar a Cristo como su Salvador personal. Eso es lo que Dios nos instruye hacer.

Debemos entender y ser traídos al verdadero arrepentimiento para poder entrar a la Familia de Dios y recibir vida eterna.

Recuerde este importante punto también—mientras usted pasa por el proceso de ser guiado por la bondad de Dios al verdadero arrepentimiento, nunca se vuelva negativo, no se desanime ni se deprima. ¡Nunca se rinda! En El increíble potencial humano, el Sr. Armstrong escribió: “El cristiano verdaderamente convertido va a encontrar que continuamente tropieza, bajo la tentación, y cae—al igual que un niño que aprende a caminar cae a menudo. Pero el niño de un año no se desanima ni se da por vencido. Se pone de pie y comienza de nuevo”. Usted no tiene que desanimarse. No tiene que rendirse. No necesita darse por vencido. Usted necesita arrepentirse. Entonces Dios lo ayudará; Él lo levantará y continuará guiándolo para vencer.

El Sr. Armstrong continuó: “¡El cristiano verdaderamente convertido todavía no es perfecto!”.

“Dios mira el corazón—el motivo interno—¡la intención verdadera! Si él o ella está tratando—si se levanta cada vez que cae, y en arrepentimiento pide a Dios Su perdón, y se propone hacer su mejor esfuerzo para no cometer ese error de nuevo—y perseverar con esfuerzo renovado para vencer, Dios es rico en misericordia con aquella persona que esté luchando por vencer”.

¡Hay mucha esperanza en el verdadero arrepentimiento! Luche para arrepentirse más perfectamente hacia Dios, cosechando abundante gozo y bendiciones que vienen del arrepentimiento con Dios. 

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