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Gary Dorning/La Trompeta

Prueba: la arqueología prueba la Biblia

28/05/2019  •  de latrompeta.es
La arqueología desentierra hechos históricos—y comprueba el registro bíblico al mismo tiempo.
 

Actualmente se lleva a cabo mucha investigación científica bajo la relativamente moderna suposición de que Dios no existe , y de que la ciencia es incompatible con Dios y con la Biblia. Incluso aquellos científicos que albergan alguna creencia en Dios, la dejan de lado una vez que entran a la oficina en su trabajo.

¿Es incompatible la ciencia con Dios? ¿Es la Biblia realmente sólo un puñado de historias inventadas en un contexto de lugares de la vida real? ¡Usted tiene que saberlo!

En los últimos años, he tenido el privilegio de participar en el campo de la arqueología. Y puedo decirles que sólo en este rincón de la ciencia (desenterrando los hechos históricos) se prueba absolutamente el registro bíblico. Esto demuestra que la Biblia es más confiable que cualquier otro libro de historia, para arrojar luz sobre los verdaderos hechos de la historia.

Por supuesto que este no es el único campo de la ciencia que prueba la existencia de Dios, pero es uno que sigue demostrando el registro perfecto de la Santa Biblia y su autoridad como documento confiable e inspirado.

Examinemos varios ejemplos de cómo la arqueología prueba la Biblia.

Evidencia de individuos

Probablemente usted haya escuchado los nombres de muchos de los reyes bíblicos de Israel y Judá. ¿Sabe de cuántos se ha comprobado su existencia, independientemente, a través de la arqueología? Estos son los nombres de reyes que aparecieron en contextos tempranos y originales: David, Omri, Acab, Jehú, Joás, Jeroboam ii, Usías, Manahem, Acaz, Peka, Oseas, Ezequías, Manasés y Joaquín. La existencia de estos reyes ha sido verificada a través del descubrimiento científico por los estándares analíticos más rigurosos.

Hace varios años, la impresión del sello personal del rey Ezequías se encontró durante las excavaciones en el Ofel en Jerusalén. La pequeña pieza de arcilla estampada dice: “Perteneciente a Ezequías, [hijo de] Acaz, rey de Judá”. Este impresionante hallazgo es uno de los muchos que se refieren al rey Ezequías. Su nombre también aparece en inscripciones de su archi enemigo, el rey Senaquerib de Asiria.

El rey David ha sido un escollo para los críticos. Se supone que él era sólo un rey mítico, pero en 1993 su escepticismo colapsó cuando se encontró la Estela de Tel Dan, la llamada “piedra de la victoria”. La inscripción de la estela del siglo IX a.C., contiene una frase que dice: “Maté a [Acaz] yahu hijo del [rey Joram] de la casa de David”. Esta no era sólo una referencia a David, sino a una línea real establecida que descendía de él. (Esta inscripción también describía los eventos de la 2ª de Reyes, capítulo 8, que llevaron a la muerte de los reyes Ocozías y Joram).

El artefacto estuvo bajo intenso escrutinio, más que cualquier otro, para determinar su legitimidad. Pero su legitimidad quedó demostrada. Y ahora tenemos otras dos referencias cercanas al rey David: una en la Estela de Mesa [Mesha] (una inscripción de una gran piedra del siglo IX a.C., paralela a una historia bíblica en 2 Reyes 3) y la otra en una inscripción en el Néguev egipcio (siglo X a.C.). Más allá de encontrar solamente el nombre del rey David, también hemos encontrado varias construcciones que la Biblia le atribuye.

Estos reyes israelitas fueron contemporáneos de muchos líderes en otras regiones descritas con precisión en la Biblia, y también verificados a través de la arqueología. Entre ellos están los faraones Sisac, So, Tirhaca, Necao y Hofra. Están los reyes sirios Hadad-ezer, Ben-hadad, Hazael y Rezín. Además, el rey moabita Mesa. Los reyes asirios Tiglat-Pileser, Salmanasar, Sargón, Senaquerib y Assarhadón. Los reyes de Babilonia, Merodac-Baladán, Nabucodonosor, Mal-Merodac y Belsasar. Los reyes persas Ciro, Darío i, Jerjes, Artajerjes y Darío ii. No sólo fueron descritos con precisión estos reyes en la Biblia, sino que sus logros también lo fueron. Eso es mucho para que un libro supuestamente “falaz” estuviera correcto.

Y no son sólo los reyes. La arqueología ha arrojado luz sobre príncipes bíblicos como Jucal y Gedalías. También hay evidencia del profeta Isaías, el falso profeta Balaam e incluso un artefacto interesante que bien puede referirse al profeta Eliseo.

Aunque los antiguos títulos de reyes, príncipes y profetas se entienden claramente, la Biblia describe algunos otros rangos inusuales. Uno es gobernador de la ciudad (Jerusalén). Parece extraño que esta posición incluso fuera necesaria cuando había un rey reinando sobre la ciudad. Sin embargo, el título se confirmó en 2017 durante las excavaciones arqueológicas a las afueras del Muro de los Lamentos en Jerusalén. Se encontró una pequeña impresión de sello con la inscripción “Perteneciente al gobernador de la ciudad”. El sello se remonta al siglo VIII a.C.; éste, quizás hasta perteneció a Josué quien fue gobernador durante el reinado de Josías (2 Reyes 23:8).

Luego está la descripción inusual y específica del siglo VI a.C., de un individuo llamado Tatnai: “gobernador de este lado del río” (Esdras 6:13). Este hombre y su cargo también han sido confirmados a través de una serie de inscripciones, registradas como “Tattenai, Gobernador de Al otro lado del Río”. Aunque éste sea un título inusual, es una extraordinaria corroboración arqueológica del relato bíblico.

¿O es esto tan extraordinario, si la Biblia realmente es un documento legítimo y verdadero?

Evidencia de ciudades

¿Qué acerca de ciudades bíblicas? La Biblia contiene muchas descripciones de pueblos y ciudades donde vivían las personas mencionadas anteriormente, junto con los eventos que sucedieron allí. ¿Qué tan exactas son estas descripciones? Durante el último siglo, la arqueología ha tenido mucho que decir.

¿Recuerda los muros de Jericó que “se derrumbaron”? Ya se han descubierto los restos de aquellas murallas derrumbadas. Se encuentran en la base del antiguo sitio de Jericó, lo que proporciona una visión notable del comienzo de las conquistas de Josué. (Puede leer más sobre el ataque de Josué contra Jericó en watchJerusalem.co.il/30. Disponible en inglés).

La gran ciudad de Jerusalén ha sido conocida y documentada durante milenios en muchas fuentes históricas. Pero la descripción bíblica de la ciudad y lo que sucedió allí se ha confirmado repetidamente a través de la arqueología.

Existe el famoso túnel de Ezequías (2 Crónicas 32:3-4, 30; 2 Reyes 20:20). Ya se ha encontrado este impresionante túnel, que serpentea 533 metros, profundo en el lecho de roca de Jerusalén. Luego está el palacio de David, una estructura que también ha sido encontrada. El muro de Jerusalén, construido por el rey Salomón (1 Reyes 3:1); encontrado. El muro que Nehemías construyó en el siglo V a.C.; encontrado. Junto con muchos otros elementos.

La Biblia describe los proyectos de construcción a nivel nacional de Salomón. En 1 Reyes 9:15 leemos que Salomón construyó “el muro de Jerusalén, y Hazor, Meguido, y Gezer”. Misteriosamente (¿o lo es?), en los sitios de Hazor, Meguido y Gezer, se han encontrado construcciones que datan del período de Salomón, y que muestran exactamente los mismos patrones de construcción. Estas características arquitectónicas se conocen como “Puertas de Salomón” o “Puertas de Seis Cámaras”. Esto ayuda a confirmar que durante este período temprano de Salomón en el siglo X a.C., hubo un gobierno fuerte y centralizado que regulaba los programas de construcción en la región más amplia de Israel.

Luego están las minas de Timna. Este es un sitio bíblico sorprendente, aunque no se menciona directamente en la Biblia. Las minas de Timna estaban situadas en el reino Edom, en el sur. Son las minas de cobre más antiguas del mundo. Extrañamente, durante el siglo X a.C., la producción de cobre alcanzó su punto máximo. ¿Por qué? Pues, la Biblia nos dice que durante ese período se estaban construyendo el templo de Israel y los edificios reales, para lo cual Salomón usó inmensas cantidades de cobre. No sólo eso, la Escritura revela que para ese tiempo, Israel había conquistado y controlado todo Edom (2 Samuel 8:13-14). En 2017, se analizó el estiércol de burro descubierto en Timna. ¡Los científicos descubrieron que la alimentación de los burros se había originado en el área de Jerusalén! Timna es sólo un ejemplo de una ciudad que ni siquiera se menciona en la Biblia pero aun así, comprueba la exactitud del registro bíblico.

La Biblia describe muchas ciudades que se han encontrado y confirmado a través de la arqueología. Ciudades israelitas como Samaria, Meguido, Hazor, Siquem, Dan, Beit Shean, Jericó, Gezer y Silo. Ciudades de Judea como Jerusalén, Hebrón, Laquis y Beerseba. Las cinco ciudades filisteas de Gat, Asdod, Ascalón, Ecrón y Gaza. Ciudades egipcias. Ciudades asirias. Ciudades babilonias. Ciudades persas. Hay literalmente docenas más de ciudades bíblicas que se han descubierto arqueológicamente, junto con una representación precisa de lo que sucedió en ellas.

Evidencia de civilizaciones

En un plano más general, están las civilizaciones. Y de la misma manera, encontramos descripciones precisas en la Biblia de civilizaciones existentes en el tiempo en que se registraron varios eventos. Hay numerosos ejemplos. Vamos a destacar sólo uno.

La civilización Hitita se menciona a menudo en la Biblia. Las Escrituras describen a Abraham enterrando a su esposa en tierras compradas a mercaderes hititas. Los hititas se aliaron con el rey de Israel para defenderse del Imperio Sirio. Sin embargo, hasta el siglo XX ninguna evidencia de la civilización hitita había sido descubierta. Los historiadores decían que probablemente nunca existió, y aunque hubiera existido, no podría haber sido una potencia regional muy fuerte.

Sin embargo, en 1906 se confirmó que una inmensa y extensa ciudad fortificada encontrada en la Turquía moderna era la capital hitita, Hattusa. Una biblioteca real de alrededor de 10.000 tablillas ayudó a los arqueólogos a demostrar que estas personas eran en verdad las personas de la tierra de Hatti, el reino de Kheta en los textos egipcios, y los hititas de la Biblia. Este enorme imperio controlaba lo que se convirtió en la Turquía moderna, y su poder e influencia se expandieron tan al sur como Siria y a partes del norte de Canaán, tal como se describe en la Biblia.

Una cosa es que los historiadores critiquen la existencia de una figura bíblica. Otra cosa es que rechacen la existencia de un imperio entero.

La arqueología ha confirmado la exactitud de muchas de las descripciones bíblicas de civilizaciones, culturas y sus costumbres. Además de los hititas, hay cananeos, egipcios, asirios, babilonios, persas, filisteos, moabitas, edomitas, amonitas, sirios y otros más que han sido corroborados por la arqueología. Reitero que esto es mucha corroboración de lo correcto.

¡Simplemente sigue viniendo!

La Biblia ha recibido más críticas que ningún otro libro de historia conocido por el hombre. Sin embargo, es como ningún otro libro. Ha sido escrito hace tanto tiempo, por tantos autores diferentes, en tantos lugares diferentes, y ha demostrado ser preciso una y otra vez. En verdad, la Biblia es un registro histórico magnífico, que combina perfectamente con los descubrimientos científicos. Por mucho que las personas intenten desacreditar la Biblia a través de la ciencia, nada ha demostrado que ese Libro sea falso. Se ha demostrado que los escépticos o están enormemente equivocados, o simplemente ellos solo han refutado las falsas creencias preconcebidas, acerca de lo que realmente dice la Biblia.

Y si algún evento bíblico, lugar o persona aún no ha sido confirmado a través de la arqueología, ¡sólo aguarde! Los argumentos del “silencio” (la ausencia de evidencia) son un clásico escollo de los escépticos ultra celosos. Se hacen nuevos descubrimientos constantemente. ¡La veracidad de la Biblia ha sido, y sigue siendo, revelada dramáticamente!

Considere lo que esto significa para su vida. La Biblia es verdadera, y usted puede comprobarlo. Tiene razón sobre todos estos detalles históricos, geográficos y culturales. Esta es evidencia innegable de que también es precisa y fidedigna con respecto a los planes, expectativas y órdenes de su Autor, y nuestro Creador.

“Toda la Escritura es inspirada por Dios...”, dice 2 Timoteo 3:16, “... y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia”. Crea esa doctrina. Acepte esa reprensión y corrección. ¡Aplique esa instrucción en justicia! Usted puede probar que la Biblia es cierta. ¿No debería ahora vivir por ella

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