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Harvey Weinstein

Jacopo Raule/Getty Images

El antídoto contra la ‘masculinidad tóxica’

05/03/2018  •  de latrompeta.es
Los escándalos sexuales ponen de relieve un gigantesco problema; pero no podemos resolverlo a menos que lo definamos correctamente.
 

Los espantosos y repugnantes detalles del escándalo de Harvey Weinstein llegaron como una inundación en octubre. El público se enteró de que por décadas, uno de los hombres más poderosos de Hollywood había acosado y asaltado sexualmente a docenas de mujeres, con la complicidad de un gran equipo que cubría sus rastros y suprimía la verdad. Una vez que Weinstein quedó finalmente expuesto, voló la tapa de una historia mucho más grande e incluso más explosiva.

El caso es, que la depredación sexual aparentemente está por todos lados.

Cada día parece traer acusaciones frescas de acoso sexual, declaraciones públicas cuidadosamente redactadas, nuevas disculpas, renuncias y despidos. Entre los acusados hay celebridades y líderes de alto perfil: actores como Dustin Hoffman, Kevin Spacey, Richard Dreyfuss y Ben Affleck; comediantes como Louis C. K. y Andy Dick; directores de cine como Oliver Stone, Brett Ratner y James Toback (acusado por más de 100 mujeres). Los escándalos han golpeado a peces gordos de los medios tales como Bill O’Reilly (despedido) y el presidente ejecutivo Roger Ailes (renunció) de Fox News, así como también productores, publicistas y editores. Las ondas de choque están golpeando a otras profesiones: empresarios, doctores, educadores, administradores, editores, chefs. Están sacudiendo el mundo político: alcaldes, congresistas, incluso expresidentes han sido acusados. Un representante demócrata declaró que el Capitolio está “probablemente entre los peores” ambientes de trabajo hostiles para las mujeres. En un escándalo similar que afecta a Gran Bretaña, los políticos están renunciando en manadas.

Repentinamente ha llegado una indignación moral colectiva, con una furia impresionante. Las “reglas” que rigen a muchos sectores de la sociedad han cambiado de la noche a la mañana. Actos inmorales que fueron tolerados, incluso alentados, ahora son repugnantes. Algunas de las supuestas ofensas son de hace décadas; pero el nuevo estándar es el único estándar. Parece que nadie es invulnerable, y la proliferación de escándalos no tiene fin a la vista.

En muchos casos, los malvados hombres depredadores están recibiendo un castigo bastante merecido. Ambientes donde se toleraba el acoso están siendo limpiados, algo que sin duda es positivo.

Pero eso no es todo lo que está sucediendo aquí. Ahora todo mal comportamiento, grande o pequeño, es tratado con la misma indignación y desprecio; y la misma presunción de culpabilidad. Muchas acusaciones se basan en la palabra de una persona contra la de otra; pero ningún político, comentarista, reportero, gerente o responsable de tomar decisiones quiere ser visto como un insensible chauvinista. Así que aplauden automáticamente a cada mujer por exponer valientemente a su agresor.

Este rápido y potente giro moral está sucediendo por una razón.

Una vez que usted comprenda la razón, podrá reconocer la solución real.

‘Masculinidad tóxica’

La lección principal que derivan muchos críticos de Weinstein y sus colegas es que hay algo inherentemente pernicioso en los hombres en general. Muchas personas ahora creen genuinamente que la masculinidad tradicional es letal y está destruyendo a nuestras naciones.

La actriz Emma Thompson respondió a los escándalos de esta forma: “Entonces, de lo que necesitamos comenzar a hablar es de la crisis en la masculinidad, la crisis de una masculinidad extrema que es este tipo de comportamiento” (énfasis agregado en todos).

USA Today escribió: “Es la cultura —dentro y fuera de Hollywood— dominada por la masculinidad tóxica que ignoraba el comportamiento problemático de Weinstein, la que dejó que el rumor siguiera siendo un rumor, poniendo en peligro a las mujeres en todos lados si no se restringe” (13 de octubre de 2017).

“Literal y figurativamente, la masculinidad tóxica nos está matando”, escribió Renée Graham del Boston Globe. “Tiroteos masivos; violencia doméstica; rituales fatales para iniciación en las fraternidades; cultura de violación; sitios de trabajo y escuelas convertidos en cloacas de acoso y asalto sexual. No se restringe a una raza, etnia o nivel socioeconómico. La masculinidad salvaje se afirma cada día a través de la violencia y la dominación” (17 de octubre de 2017).

Muchos comentaristas dicen que propuestas indeseables o incluso metidas de pata al conversar tales como “macho-explicaciones” y “macho-interrupciones” [explicar o interrumpir a la mujer con condescendencia machista] son evidencia de la misma toxicidad que produce pecados exclusivos de los hombres como la esclavitud sexual y la violación.

Un experto insistió en que este problema sistémico tiene solo una solución: cuando un hombre en el poder sea hallado culpable, despídanlo, y reemplácenlo con una mujer.

¿Es la masculinidad el problema? ¿Hay algo inherentemente tóxico en la masculinidad?

“El concepto de masculinidad tóxica se usa en las ciencias sociales para describir normas tradicionales de comportamiento entre hombres en la sociedad contemporánea estadounidense y europea que están asociadas con efectos sociales y psicológicos perjudiciales”, dice la página de Wikipedia sobre “masculinidad tóxica”. “Tales normas masculinas ‘tóxicas’ incluyen dominación, devaluación de las mujeres, autosuficiencia extrema, y la supresión de emociones”.

Así que, si usted es hombre y se subscribe a las “normas de conducta tradicionales”, un número creciente de personas en el mundo (algunas en posiciones influyentes), consideran que usted es tóxico. ¿Y qué hace usted con una sustancia tóxica? La elimina.

Estos escándalos han motivado a algunas personas a hacer un esfuerzo racional y de buena fe para reducir la mala conducta sexual y elevar los estándares morales. Pero esa causa está siendo interceptada por un ejército de individuos e instituciones amorales, anti-religiosos y anti-tradicionales con una agenda más radical. Estas personas están aprovechando la oportunidad para promover agresivamente una larga ambición de redefinir, aislar, e incluso erradicar la masculinidad tradicional.

Ataque contra la verdadera masculinidad

Y eso sí está funcionando. Actualmente hay varios programas, incluyendo cursos universitarios, con nombres como Masculinidad 101 y Proyecto de los hombres, diseñados para ayudar a los hombres a purgar su toxicidad. Por ejemplo, un programa llamado Reformulando la masculinidad, ofrecido por Collective Action for Safe Spaces (Acción colectiva para espacios seguros) en Washington D.C., se describe como una clase donde los hombres “aprenden cómo las construcciones sociales de masculinidad les han hecho daño a ellos y a las personas a su alrededor, y a trabajar para construir masculinidades más saludables”. Esto incluye llegar a ser “mejores aliados de las mujeres, de personas no conformes con su género, y de otras de identidades marginalizadas”. Maestros, profesores e intelectuales están condenando todo lo que promueva roles masculinos tradicionales, incluyendo literatura clásica y películas de Disney. En todo el planeta, hombres famosos están renunciando públicamente al comportamiento asociado con la masculinidad convencional.

Según esta visión, todos los hombres son violadores potenciales, y no están suficientemente iluminados hasta que reconozcan esta horrible verdad.

No hay duda al respecto: los últimos vestigios de masculinidad tradicional —ya debilitada tras décadas de socavación y ataques— están siendo blanco de exterminio.

Si usted se considera un hombre tradicional, o es una mujer en una relación con uno, se convierte en objetivo. Si usted es un hombre que demuestra “dominancia”, quizás es un poco extrovertido, quizás ocasionalmente levanta su voz, y puede dar una orden o dos, usted califica para ser corregido. Si usted es un hombre que “suprime sus emociones” y rara vez derrama una lágrima o comparte sus sentimientos, usted califica. Si es un hombre que practica “extrema autosuficiencia”, usted califica.

Pero, antes de que se inscriba en un programa de reeducación, dese cuenta que todo este movimiento se debe a una falla espectacular en identificar la verdadera fuente del problema.

Fallando en identificar el problema

Cuando usted piensa en Weinstein y estos otros hombres, el problema fundamental no es la masculinidad tradicional. El problema central no es la tendencia masculina a ejercer dominio o tratar a las mujeres de forma diferente que a los hombres. No es ni siquiera el abuso de poder. El problema fundamental es egoísmo agudo y vanidad, y una formidable falta de autodisciplina.

Estos no son pecados exclusivos de los hombres. De hecho, la Biblia dice que el corazón del hombre (y la mujer) es “engañoso (…) más que todas las cosas, y perverso” (Jeremías 17:9). Varias traducciones de este versículo dicen que el corazón humano, o naturaleza humana, es un enfermo terminal. El camino de la naturaleza humana es “el camino de la vanidad, la codicia y el egoísmo, de celos y envidia, de competencia y contienda, de rebelión y engaño”, explicó Herbert Armstrong en El increíble potencial humano. Harvey Weinstein, Kevin Spacey y el resto de estos individuos estaban recorriendo en el camino de la naturaleza humana.

Esto no justifica su comportamiento, pero si lo explica. Fundamentalmente, la causa de estos problemas no es la masculinidad tradicional. Es la naturaleza humana.

Más aún, entender la verdad acerca de la naturaleza humana hace obvia la solución. Cualquier problema causado por la masculinidad tóxica, solo se puede resolver si entendemos el verdadero problema. La solución no es librar una guerra contra la masculinidad tradicional, sino librar una guerra contra la naturaleza humana.

Y para los hombres, esto significa desarrollar más masculinidad, es decir, masculinidad bíblica correcta y apropiada. Si la masculinidad tóxica es el problema, la masculinidad bíblica es la solución.

Masculinidad bíblica

¿Qué es la masculinidad bíblica? En primer lugar, la masculinidad tradicional (como es entendida hoy) no es masculinidad bíblica. Sin duda, algunos aspectos de la masculinidad tradicional tienen origen en enseñanzas y principios bíblicos, pero estos principios a menudo son mal entendidos o mal aplicados. Además, la masculinidad tradicional no incluye el conocimiento esencial bíblico acerca de la hombría según Dios.

Reconozca que Dios creó a hombres y mujeres con un propósito (Génesis 1:26-27). Él diseñó la masculinidad y la femineidad, incluyendo obvias diferencias complementarias en los cuerpos y anatomías de los sexos. Un estudio imparcial muestra diferencias claras y complementarias en las tendencias mentales, emocionales y psicológicas. Dios hizo todo esto porque tiene la intención de que hombres y mujeres cumplan papeles diferentes y complementarios dentro de la familia y la sociedad, y sean mutuamente dependientes el uno del otro.

Dios diseñó ciertas inclinaciones y ambiciones dentro de los hombres para hacerlos constructores de familias, comunidades y sociedades. Él entonces proveyó instrucción invaluable para los hombres sobre como dirigir esas energías hacia fines verdaderamente productivos. Un hombre que sigue esa dirección construye carácter y llega a ser una bendición para quienes lo rodean.

Dios también diseñó la sexualidad, incluyendo la atracción y la belleza; y formó varios factores y fuerzas que unen a hombres y mujeres en las relaciones íntimas y vinculantes del matrimonio y la familia. Luego proveyó leyes para ayudar a todos a emprender ese proceso en una forma positiva y correcta que construye el carácter y estabiliza la sociedad.

La Biblia contiene muchas instrucciones específicamente para los hombres, detallando los deberes que Dios les asigna, particularmente a los esposos y padres, y cómo ellos deberían actuar. Por ejemplo, en Efesios 5, Dios dice que la responsabilidad principal de un hombre dentro del matrimonio es amar a su esposa y sacrificarse a sí mismo por el bien de ella. 1 Timoteo 5:8 dice que un hombre tiene el deber como proveedor de satisfacer las necesidades materiales de su familia. Dios les dio a los hombres una mayor capacidad de fuerza física (p. ej. Proverbios 20:29), y ordena que la usemos para el bien desinteresado, tratando a las mujeres con respeto genuino (p. ej. 1 Timoteo 5:2). Aunque Dios equipó a los hombres física y psicológicamente para ser los iniciadores en la relación, Él prohíbe que los hombres sean depredadores, y espera que sirvan como protectores y defensores de las mujeres. Dios ordena a los hombres que consideren a las mujeres con honor, como el “vaso más frágil” (1 Pedro 3:7).

Amar, honrar, proveer, proteger, ¿son tóxicas estas características? Estos son aspectos de la verdadera masculinidad bíblica. Un hombre que obedece a Dios simplemente no se aprovechará de las mujeres, no las acosará ni usará su poder para obtener favores sexuales. Al contrario, será auto-controlado, hábil para contener sus deseos, y fiel a su esposa.

En definitiva, ser masculino significa usar el poder de Dios para vencer la naturaleza humana egoísta, someterse a la voluntad de Dios, y cumplir las responsabilidades que conlleva ser un hombre. Fundamentalmente, el trabajo de un hombre es amar y servir: primero Dios, luego la familia, y después sus semejantes. Estas son características que producen felicidad y gozo, que construyen familias, comunidades y naciones estables, contentas y prósperas.

¿Puede usted verlo? El problema no es la masculinidad tóxica; es la naturaleza humana tóxica. ¡Y la solución es vencer esa naturaleza humana!

Tristemente, esta es una solución que la sociedad no está dispuesta a considerar, todavía.

Una lección que no debemos perdernos

La sociedad moderna ha renunciado a los estándares y leyes de Dios. Ridiculiza Su moralidad y se burla de Sus definiciones de lo correcto y lo incorrecto. Dios condena la fornicación; nosotros la admitimos. Él condena el adulterio; nosotros lo aceptamos. Él ordena que el sexo se confine al matrimonio; la sociedad se mofa. Jesucristo dijo que simplemente mirar a una mujer con lujuria es cometer adulterio en el corazón (Mateo 5:28). Pero vivimos en un patio de recreo pornográfico y lo celebramos.

Hasta que de repente, decidimos que no nos gustan algunas de las consecuencias.

Y eso es exactamente lo que estamos viendo en todos estos escándalos de acoso: las consecuencias (los efectos inevitables), de las elecciones que hemos hecho. Toda la fealdad de la “masculinidad tóxica” resulta de apartar a Dios y hacer lo que parece correcto a nuestros propios ojos.

La sociedad ve los roles que Dios diseñó para los hombres y las mujeres con desprecio. Y ahora, no tiene ni idea de lo que es la masculinidad según Dios, ni la femineidad. La gente en general lamentablemente ignora lo que Dios quiere que sean los hombres y las mujeres. Y estamos sufriendo inmensamente por ello.

Por ejemplo, para nuestra gran vergüenza, la sociedad ya no enseña a los hombres a honrar y proteger a las mujeres. La sociedad moderna ahora condena una parte básica e intrínseca de la masculinidad diseñada por Dios y aceptada por la mayoría de los seres humanos durante la mayor parte de la historia. Los feministas consideran degradante que un hombre piense de sí mismo ser un protector; es más iluminado permitir que las mujeres se defiendan por sí mismas. Ahora mire los desastres que ocurren cuando los hombres abdican de su papel.

Para tomar otro ejemplo, Dios ordena modestia (1 Timoteo 2:9). Él dice que las mujeres deberían vestirse y comportarse modestamente; no con hiyabs o burkas, sino con atuendos de buen gusto y con gestos que no hagan uso indebido del innegable poder de su sexualidad. Pero la sociedad está convencida de que las mujeres deberían poder vestirse y actuar como ellas quieran, y esperar que los hombres las traten con el más alto honor.

Esto es lo que Samantha Field escribió para Relevant: “Podría parecer contradictorio, pero nuestro concepto de modestia se basa en la idea de que las mujeres son objetos sexuales. Cuando vemos a una mujer y condenamos sus elecciones de ropa, hemos aceptado la idea de que el cuerpo de una mujer es principalmente sexual. Tobillos, clavícula, hombros, escote, rodillas, muslos son tratados no como parte de una persona, sino como objetos que pueden tentar a los hombres a la lujuria. (…) Culpar a la víctima es una piedra angular de las enseñanzas cristianas sobre pureza sexual. (…) En esta cultura puritana, las mujeres tienen la culpa de lo que los abusadores les hacen” (11 de octubre de 2017).

Esos son disparates. La verdad es que, a los ojos de Dios, todos tenemos nuestro papel que desempeñar en la preservación de la santidad del sexo.

Estando ahora en una cloaca moral creada por nosotros, ¿no podemos finalmente ser honestos y reconocer las consecuencias podridas de nuestras propias elecciones?

En vez de achacar todos esos problemas a algún tipo de falla de diseño en los hombres, necesitamos reconocer que esto es lo que sucede cuando se desecha el Manual de instrucciones del Fabricante.

Si los hombres y mujeres en Hollywood y otros lugares guardaran las leyes de Dios con respecto al sexo, nada de esto estaría sucediendo. Estos escándalos prueban que Dios es real, que Él sabe de lo que está hablando, que Su ley todavía está vigente y es obligatoria para nosotros hoy, y que cuando la quebrantamos, somos nosotros los que terminamos quebrantados.

Dimensión espiritual

Dios diseñó a los hombres, las mujeres y la familia. La familia de hecho es el corazón de Su plan para la humanidad (solicite nuestro folleto gratuito Dios es una familia, disponible en inglés).

Por esta razón la familia es un blanco de ataque en un mundo gobernado por el adversario de Dios, el diablo. Satanás odia la familia y está socavándola y destruyéndola. Si él puede evitar que los hombres cumplan sus responsabilidades para con sus familias, él puede destruir a las familias. Él ya ha tenido un éxito salvaje rebajando el liderazgo masculino y poniendo a las mujeres a la cabeza de las familias y la sociedad (Isaías 3:1-5, 12). La explotación de estos escándalos sexuales con el fin de redefinir la masculinidad es parte de un esfuerzo coordinado mucho mayor y de más largo plazo.

Usted puede hacer su parte para combatir esa tendencia acogiendo la visión de Dios para la familia, y aplicándose a vencer su propia naturaleza humana. Si este lector es un hombre, ¡usted puede lograr ambos objetivos embarcándose en una campaña infundida y guiada por el Espíritu para desarrollar la masculinidad bíblica! 

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