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Pixabay/ArmyAmber

Edición especial: ¡Él tenía razón! (decimonovena parte)

¡Él tenía razón!: Estados Unidos ha ganado su última guerra

Continuación de Edición especial: ¡Él tenía razón! (decimoctava parte)

Era de aversión a la guerra

Si la Guerra de Corea marcó el inicio de la estrategia de guerra limitada, la derrota ignominiosa de eeuu en Vietnam marcó el comienzo de la estrategia de anti-guerra. Nada ilustra esta aversión al peligro como la crisis de rehenes en Irán.

En noviembre de 1978, una banda de revolucionarios iraníes tomó por asalto la embajada norteamericana en Teherán y capturó a 52 miembros del equipo diplomático. El presidente Carter hizo repetidas demandas para que Teherán devolviera los rehenes, pero Ayatolá Jomeini le dijo que estaba ladrando en vano. “Carter no tiene las agallas para comprometerse en una operación militar”, se burló Jomeini. La única demostración de “fuerza” hecha por Carter fue un intento de rescate en abril de 1979 que dejó los cuerpos de ocho soldados estadounidenses quemándose en el desierto iraní. Las cámaras de televisión capturaron las imágenes para que todos vieran. Fue otra humillante derrota. Irán mantuvo a raya a la nación militar más grande durante ocho meses después de la fallida misión de rescate. Uno se pregunta cómo lo habría manejado Teodoro Roosevelt.

Con un liderazgo más conservador durante los años de 1980, algunos podían argumentar que eeuu recuperó algo del orgullo de su poderío. El presidente Ronald Reagan envió tropas a Granada en 1983 para extirpar el comunismo de las Indias Occidentales. En 1986, bombardeó la sede militar del coronel Gaddafi en Libia como respuesta a un acto terrorista. Estas pequeñas confrontaciones, sin embargo, apenas se clasifican como decisivas victorias militares para Estados Unidos (después de todo, la población de Granada es ligeramente más grande que la ciudad de Fargo, Dakota del Norte). Si revelaron algo, fue la creciente falta de voluntad por parte de eeuu para usar su poderío militar excepto en conflictos pequeños y relativamente libres de riesgos.

Considere el Líbano. En octubre de 1983, un terrorista islámico llenó un camión de explosivos y lo incrustó en el cuartel de la marina estadounidense en Beirut, matando a 241 soldados. Cuatro meses después, el presidente Reagan retiró todas las tropas estadounidenses, con lo cual el apoyo a los cristianos libaneses fue prácticamente disuelto.

Después de otra retirada vergonzosa de eeuu, La Pura Verdad fue rápida en recordarles a sus lectores lo que había estado diciendo durante décadas. La edición de noviembre/diciembre de 1983 publicó un artículo titulado “Por qué Estados Unidos ha ganado su última batalla”. En este artículo, el folleto del Sr. Armstrong titulado Estados Unidos y Gran Bretaña en Profecía fue citado con lo siguiente: “Estados Unidos, aun en posesión de un poder incomparable, está asustado (tiene miedo de usarlo) tal como Dios dijo que ocurriría”.

La “victoria” de la Guerra del Golfo

Si alguna vez hubo un conflicto que podría haber probado que la predicción del Sr. Armstrong era errónea, fue la Guerra del Golfo Pérsico en 1991. Incluso la propia iglesia del Sr. Armstrong, varios años después que él había muerto, se apartó de la predicción: “Estados Unidos ha ganado su última batalla”. “Nosotros nos equivocamos”, escribió el sucesor del Sr. Armstrong, Joseph Tkach, en 1991.

La novata revista Trompeta, sin embargo, no estuvo de acuerdo con el nuevo mensaje tibio de La Pura Verdad. “Estados Unidos ha ganado su última batalla”, declaramos en la portada de la revista Trompeta de mayo de 1991, poco después de que terminara la Guerra del Golfo.

Es cierto que el mundo nunca había presenciado, hasta 1991, un despliegue tan imponente de tecnología bélica altamente avanzada. Pero a pesar de esta manifestación de fuerza, la Guerra del Golfo Pérsico no fue una guerra “que probara la fuerza de voluntad de eeuu” (escribimos en Trompeta) sino “hasta que se ‘terminó’, y la pesadilla acerca de los refugiados surgió”. Puede que eeuu sólo haya perdido 147 de sus soldados en la guerra, pero fue responsable de la muerte de miles de otras personas. La “victoria” de eeuu dejó a Sadam Husein en el poder, de donde él masacró a cientos de miles de refugiados kurdos y chiíes, a quienes eeuu les había motivado a rebelarse. Cientos de miles más cruzaron las fronteras de Irak hacia Turquía, Jordania e Irán. Fue una de las peores crisis de refugiados en la historia.

Estados Unidos, escribió el Sr. Gerald Flurry en aquella edición de Trompeta, de hecho ayudó a crear el genocidio kurdo. El Sr. Flurry citó a Mary MacGrory del Washington Post: “La visión de esas desdichadas almas saliendo en tropel hacia Turquía … abandonados por Bush, mientras él hace el hoyo número 18 en un campo de golf en Florida, le hace a uno preguntarse si es la paz en este caso, en vez de la guerra, la que es el infierno”. A.M. Rosenthal del New York Times dijo del cese al fuego: “Es una mentira. La guerra continúa”. Después, él escribió: “La guerra no ha terminado para los rebeldes que creyeron en la palabra de eeuu”. Luego le preguntó directamente a Bush: “¿Por qué desprestigia usted su nombre y el de nuestro país, al permitir deliberadamente que Sadam Husein masacre a la gente que usted incitó a levantarse contra él? … eeuu todavía teme verse envuelto en una guerra tipo Vietnam en Irak”, continuó Trompeta “¡Aun después que les tuvimos en la mano! Eso es porque Dios ha quebrantado el orgullo de nuestro poder; ¡nuestra voluntad de ganar! … eeuu debe llegar a ver que está bajo una maldición de Dios y arrepentirse de sus pecados”.

El hecho de que la Guerra del Golfo de 1991 traicionó a los kurdos y chiíes y dejó a Sadam Husein en el poder muestra que fue, en el mejor de los casos, un estancamiento para Estados Unidos. Sin embargo, los años siguientes demostraron aún más poderosamente la magnitud de la maldición expuesta en ese conflicto.

A través de la década de 1990, fue cada vez más claro que la más grande amenaza en el Oriente Medio no era Sadam Husein, sino el más grande enemigo de Sadam: Irán. George W. Bush, el hijo del expresidente Bush que emprendió en 1991 la Guerra del Golfo, desató la Segunda Guerra del Golfo en 2003, derribando rápidamente al gobierno y capturando al hombre que había eludido a Estados Unidos 12 años antes, en un despliegue muy impresionante del poderío militar norteamericano. Pero el real adversario era el terrorismo islámico, y la decisión de eeuu por atacar a Irak en vez de su mucho más poderoso y peligroso vecino Irán, en lugar de ser visto como una victoria norteamericana , realmente le favoreció a la república islámica, la principal nación patrocinadora del terrorismo. Hoy, el orgullo quebrantado del poder de eeuu es visible en su trato extremadamente débil del cada vez más agresivo y predominante, Irán.

Los vergonzosos años de 1990

Durante la década pasada, ha habido muchas otras derrotas estadounidenses, política y militarmente. Siguiendo donde La Pura Verdad dejó, Trompeta ha escrito sobre muchas de esas derrotas. Vimos el esfuerzo estadounidense por “levantar una nación” en Somalia en 1993. Sólo se necesitaron 29 muertes estadounidenses para abandonar esa misión. El atentado con bomba contra las Torres Khobar en Dhahran, Arabia Saudí, en 1996, impulsó una retirada a más allá del desierto saudita, que costó $353 millones de dólares. Cuando los terroristas volaron las embajadas norteamericanas en Dar es Salaam y en Nairobi en 1998, el presidente Clinton respondió con una palmada; un ataque con misil crucero contra una supuesta instalación terrorista.

Estados Unidos incluso evitó un conflicto con Haití, una de las naciones más pobres del mundo. Una nave estadounidense de asalto, de hecho fue detenida en la bahía por una pequeña turba de haitianos en Puerto Príncipe en 1993; eeuu abortó la misión porque temían sufrir bajas. 

Continúa en Edición especial: ¡Él tenía razón! (vigésima parte)

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