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Cómo 67.000 socialistas se apoderaron del Partido Demócrata

Grupos políticos de la extrema izquierda radical han ganado un poder político descomunal.

Alexandria Ocasio-Cortez podría ser la persona más famosa en el Congreso. En una encuesta realizada por Gallup el 15 de marzo, 7 de cada 10 personas habían oído hablar de la miembro más joven en la historia del Congreso, de 29 años. Eso es un reconocimiento notable para una representante novata de un distrito pequeño, que hace apenas un año era mesera. A pesar de su inexperiencia política, Ocasio-Cortez aparece en los titulares en repetidas ocasiones pidiendo fronteras abiertas, atención médica gratuita, universidad gratuita, una garantía federal de empleo, una tasa de impuesto del 70% para ingresos superiores a 10 millones de dólares y un “ Green New Deal ” (Nuevo Tratado Verde), que elimina la electricidad alimentada por combustibles fósiles y requiere la modificación de “todos los edificios existentes en EE UU”.

Hace algunos años, tales propuestas radicales de una auto-proclamada socialista habrían hecho que el candidato no fuera elegible. Pero Ocasio-Cortez se destacó con el apoyo de una organización que trabaja para apoderarse del Partido Demócrata.

En 2016, un comité de acción política llamado Justice Democrats, realizó audiciones para los candidatos que desearan respaldar su plataforma de extrema izquierda. Recibió más de 10.000 candidaturas. El hermano de Ocasio-Cortez presentó su nombre para el puesto mientras ella trabajaba en Flats Fix, un restaurante de tacos en Manhattan. Justice Democrats seleccionó a Ocasio-Cortez y a otros 78 candidatos para postularse contra los demócratas moderados en ejercicio.

De estos candidatos, siete obtuvieron escaños en la Cámara de Representantes: Alexandria Ocasio-Cortez para el 14avo Distrito de Nueva York, Ayanna Pressley para el 7° Distrito de Massachusetts, Ilhan Omar para el 5° Distrito de Minnesota, Pramila Jayapal para el 7° Distrito de Washington, Rashida Tlaib para el 13er Distrito de Michigan, Raúl Grinalva para el 3er Distrito de Arizona, y Ro Khanna para el 17° Distrito de California.

Oposición organizada

No es inusual que los comités de acción política hagan una prueba a los candidatos. Lo que hace inusual a Justice Democrats es que se ha asociado con ‘Nuestra Revolución’, el grupo más grande de marxistas en EE UU. Nuestra Revolución, que cuenta con más de 100.000 miembros, actúa como un frente para las tres organizaciones marxistas más influyentes en EE UU: los Socialistas Demócratas de EE UU, el Partido Comunista de EE UU y la Organización Socialista del Camino de la Libertad.

La mayor parte del liderazgo de Nuestra Revolución proviene de los Socialistas Demócratas de EE UU. Algunos son miembros de la Organización Socialista del Camino de la Libertad o del Partido Comunista de EE UU. El líder del Partido Comunista de EE UU, John Bachtell, explicó su estrategia para apoderarse del Partido Demócrata en un seminario online el 23 de mayo de 2018, cuando le dijo a una audiencia de activistas que debían hacer campaña para que los candidatos abiertamente socialistas dentro del Partido Demócrata desafiaran al presidente Donald Trump.

En conjunto, estos tres grupos marxistas tienen solo alrededor de 67.000 miembros. La mayoría de ellos no son el tipo de personas que podrían ser elegidas. Pero al usar grupos como Justice Democrats y Nuestra Revolución, estos 67.000 socialistas pueden reclutar personalidades más carismáticas y elegibles como Ocasio-Cortez para defender sus ideales. En gran parte, como resultado del trabajo realizado por Justice Democrats y Nuestra Revolución, la Junta Progresista del Congreso creció de 78 a 96 miembros. Eso significa que la izquierda radical controla el 22% de la Cámara de Representantes y el 41% de toda la Junta Demócrata.

Infiltración comunista

Esta transformación política no sucedió de la noche a la mañana. Hace décadas, el jefe editor de La Pura Verdad, Herbert W. Armstrong, advirtió que el comunismo despojaría a EE UU de sus bendiciones—las mayores bendiciones que se hayan otorgado a cualquier pueblo—no porque los socialistas superarían a los conservadores, sino porque el pueblo estadounidense en su conjunto se ha apartado de la ley de Dios. Él advirtió que el comunismo pervertiría la moral de EE UU, sabotearía su sistema educativo, destrozaría su estructura social, destruiría su vida espiritual y debilitaría su poder económico.

En particular, el Sr. Armstrong señaló al movimiento de la Nueva Izquierda, que se extendió por los campus universitarios de EE UU en la década de 1960. Este movimiento comunista buscaba cambiar la superestructura cultural de la sociedad moderna implementando una amplia gama de reformas en temas como los derechos de aborto, los derechos de los homosexuales, los roles de género y la legalización de las drogas. “La mano que guía la revuelta estudiantil es el Partido Comunista”, escribió el Sr. Armstrong en su Personal de La Pura Verdad de marzo de 1969. “Teniendo sus emociones agitadas y enfurecidas por la violencia, muchos estudiantes no se dan cuenta de esto. Sin embargo, en realidad, estos jóvenes líderes del movimiento ‘Nueva Izquierda’, van más allá del Partido Comunista. Su plan es incitar a los estudiantes universitarios y a los adolescentes de secundaria a rebelarse primero. Si ellos pueden corromper y/o ganarse a los estudiantes de mañana, obtendrán el control”.

El ascenso de la izquierda radical es el resultado directo de la tolerancia de EE UU al comunismo durante muchas décadas. Más específicamente, es el resultado de la desviación de EE UU hacia la ilegalidad y el secularismo. A medida que las personas rechazan a Dios y la Biblia, van ideando sus propias soluciones hechas por el hombre a problemas como el racismo, la pobreza, el analfabetismo, la enfermedad y la contaminación, “soluciones” que contradicen a la Biblia y desafían a su Autor. En lugar de arrepentirse individualmente de los pecados que causan tales problemas sociales, la gente ha recurrido al gobierno de EE UU para tratar el efecto. Pero tanto la historia como la profecía bíblica revelan que rechazar a Dios y abrazar el desafuero, llevará a EE UU por un camino hacia la bancarrota, las contiendas y la anarquía.

Boletín, AD