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‘Yo sirvo’

(CHIP SOMODEVILLA/GETTY IMAGES)

‘Yo sirvo’

Lo que se necesita para construir un gran imperio

La reina Isabel II reinó durante 70 años, más tiempo que cualquier otro monarca en la historia británica. Todo comenzó cuando una princesa de 25 años ascendió al trono y fue coronada en una profunda y conmovedora ceremonia presenciada por miles de personas en la Abadía de Westminster y con unas 38 millones de personas escuchando por radio y viendo por televisión.

La ceremonia de coronación estuvo llena de significado, y se centró en la Biblia. La nueva reina fue ungida con aceite, que representa al Espíritu Santo, y se le entregó el cetro con la paloma y el cetro de la cruz, así como el orbe con una cruz, que sirve para denotar el gobierno de Jesucristo sobre todos los seres humanos, incluidos los monarcas. La parte superior de la corona es una cruz, también para simbolizar la autoridad de Dios sobre los monarcas. El coro cantó acerca del sacerdote Sadoc, el profeta Natán y el rey Salomón. Tras la coronación, se gritó: “¡Dios salve a la Reina!”. La ceremonia, como tantas otras anteriores, tenía como intención enfatizar la sumisión a la autoridad de Dios y el papel del monarca bajo Dios: no de ser servido, sino de servir.

En un discurso pronunciado dos años después del final de la Segunda Guerra Mundial, la princesa Isabel dijo: “Si avanzamos todos juntos con una fe inquebrantable, un alto valor y un corazón tranquilo, podremos hacer de esta antigua mancomunidad, que todos amamos tanto, algo aún más grande, (más libre, más próspero, más feliz y una influencia más poderosa para el bien en el mundo) de lo que ha sido en los mejores días de nuestros antepasados. Para lograrlo, debemos dar nada menos que la totalidad de nosotros mismos. Hay un lema que han llevado muchos de mis antepasados, un lema noble: ‘Yo sirvo’. Esas palabras fueron una inspiración para muchos herederos del trono de antaño cuando hicieron su dedicación caballeresca al llegar a la edad adulta. (…) Me gustaría hacer esa dedicación ahora. Es muy simple”.

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“Declaro ante todos ustedes que toda mi vida, sea larga o corta, estará dedicada a su servicio y al servicio de nuestra gran familia imperial a la que todos pertenecemos”.

“Pero no tendré fuerzas para llevar a cabo esta resolución sola, a menos que ustedes se unan a ella conmigo, como ahora les invito a hacer: Sé que recibiré su apoyo infaliblemente. Que Dios me ayude a cumplir mi voto, y que Dios nos bendiga a todos los que estén dispuestos a compartirlo”.

Una de las insignias heráldicas del príncipe de Gales incluye la inscripción Ich Dien. No es ni galesa ni inglesa, sino alemana. Hace setecientos años, el príncipe Eduardo se encontró con un rey germano que había muerto en batalla. Se sintió conmovido por la experiencia, y por el lema del monarca, que se traduce como “Yo sirvo”.

La reina Isabel II era conocida por su estabilidad sólida y altruismo como servidora de su pueblo. Hace años, el Spectator escribió: “El propio patriotismo de la Reina (una fe en el valor y el carácter de sus súbditos) ha influenciado el enfoque de su reinado. (…) Su enfoque ha sido de servicio. Su agenda diaria alarmaría y agotaría a alguien de la mitad de su edad” (3 de septiembre de 2015).

Sin embargo, las admirables cualidades de la Reina no le permitieron hacer de Gran Bretaña algo más grande o una influencia más poderosa para el bien en el mundo. De hecho, fue durante su reinado cuando el Imperio encontró su caída, la Mancomunidad se tambaleó y Escocia comenzó a amenazar seriamente con separarse de la propia unión por la que existe Gran Bretaña.

“Yo sirvo” es un lema noble, pero debe ser más que un lema. Para que un imperio, una mancomunidad o incluso una familia prosperen, sus miembros deben vivir según el Libro que define los puestos de máxima autoridad como los de mayor servicio, el Libro al centro de una coronación inglesa.

Mateo 20 registra a Jesús enseñando a sus discípulos sobre el liderazgo. Ellos creían que más tarde Él gobernaría sobre la Tierra, y dos de ellos deseaban tener altos cargos de liderazgo bajo Su mando. Su respuesta fue que debían sufrir como Él, y que Dios Padre es quien designa a los hombres para el liderazgo. Los otros 10 se indignaron contra los dos porque también ambicionaban una alta autoridad.

“Entonces Jesús, llamándolos, dijo: Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos” (versículos 25-28).

La clave de la grandeza, y el propósito de recibir la autoridad de Dios, es servir (ministrar) a otros. La Strong’s Concordance afirma que “será vuestro siervo” significa un “esclavo (…) por lo tanto en un sentido calificado de sujeción o servidumbre”.

Jesucristo fue el mayor Siervo de todos los tiempos. En lugar de ser servido, sirvió a los demás hasta el punto de despojarse de Su divinidad, convertirse en un ser humano, soportar la persecución y morir por la humanidad. Él continuó sirviendo después de Su resurrección. Todos los motivos que Cristo tenía eran altruistas. No le preocupaba la reputación, la posición, el estatus, las personas ni tampoco el hacer Su propia voluntad. Su ejemplo nos enseña cómo ser líderes servidores. ¡Nos enseñó que el sacrificio es nuestra más alta vocación!

Tan grande como fue el ejemplo de servicio de la Reina, nada menos que el gobierno de Dios, dirigido por Dios el Padre y Jesucristo, puede hacer que una nación, una mancomunidad o un imperio sea verdaderamente libre, próspero, feliz y poderoso. Es un gobierno impulsado por el liderazgo de servicio completamente desinteresado de Cristo y de aquellos que sirven bajo Él. Viene pronto, y es mucho más grande que cualquier cosa que haya sido en los días más grandes de nuestros antepasados.

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EL GOBIERNO DE LA FAMILIA DE DIOS

La más grande tragedia en este tiempo del fin es la caída de la verdadera Iglesia de Dios, la Iglesia de Laodicea (Ap. 3:14-22). ¡A los discípulos de Dios que salgan de tal Iglesia les será dado el "trono" más exaltado que Dios pueda ofrecer! ¿Por qué? Debido a que responden a su Cabeza-Jesucristo-y escucharon sus "toquidos" (v. 20).