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¿Ya ‘nació de nuevo’ usted?

¡No, pero la verdad es aún más inspiradora!

Muchos cristianos piensan o suponen que ya nacieron de nuevo. Ellos no lo están. ¡Pero la verdad es aún más inspiradora! Esta verdad es revelada a lo largo de toda la Biblia, pero en ninguna parte es más inspiradora que en las epístolas de Pedro.

Cuando el Apóstol Pedro escribió estas cartas, el pueblo de Dios estaba siendo perseguido y dispersado por todo el mundo. Aún estaban difundiendo el evangelio pero algunos de ellos estaban perdiendo la esperanza. Jerusalén estaba a punto de sufrir un holocausto, y Pedro mismo estaba a punto de ser martirizado.

Sin embargo en este periodo oscuro, Pedro no estaba deprimido. Las epístolas que él escribió en ese tiempo son las epístolas más llenas de esperanza en la Biblia. ¿Por qué estaba él tan esperanzado?

La esperanza viviente de Pedro

Pedro inició su primera epístola dirigiéndose a los “elegidos” que eran “escogidos y destinados por Dios el Padre” (1 Pedro 1:2; rsv ). Observe su enfoque en Dios el Padre. Esto es muy diferente de lo que uno escucha en la mayoría de iglesias “cristianas”, que se enfocan en “Jesús”.

Aquí hay un versículo crucial: “Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo [el Hijo], que según su grande misericordia nos ha engendrado de nuevo para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo, de entre los muertos” (versículo 3, versión KJ inglesa). En la tercera oración de su epístola, Pedro nos enfoca en una esperanza viva. La rsv lo traduce como “una esperanza viviente”.

¿Y de dónde viene esa esperanza viviente? Del hecho de que Dios el Padre nos ha “engendrado”.

La mayoría de los cristianos no entienden esto. Ellos creen que ya “nacieron de nuevo”. Piensan que este “nacimiento” es metafórico o en la mente. Como usted verá, esto no es lo que la Biblia enseña. Pedro entendió lo que la Palabra de Dios revela. Su esperanza no era en que él ya había “nacido de nuevo” por haber aceptado a Jesús. No era que se iría al cielo después de morir, y volverse como un ángel. Su esperanza viviente era que el Padre, nos ha engendrado.

la esperanza está en el engendramiento. ¡Esta esperanza trascendental es la única esperanza real que existe!

¿Qué significa el engendramiento? Herbert W. Armstrong a menudo usaba el ejemplo de la reproducción humana. Cada ser humano fue engendrado literalmente por su padre físico, creció en el vientre de su madre y nació en una familia. Es exactamente lo mismo con la salvación espiritual. Los verdaderos cristianos son literalmente engendrados por Dios el Padre cuando nos da Su Espíritu Santo. ¡Nos convertimos en hijos literales de Dios, y vamos a nacer literalmente en la Familia de Dios!

¡Los cristianos no se dan cuenta qué evento tan tremendo verdaderamente es “nacer de nuevo”! Esto significa llegar a ser Sus hijos, ¡seres literalmente divinos en la Familia Dios literal! ¡Esto comienza con ser engendrados espiritualmente en esta vida, y termina con nacer espiritualmente como un hijo en la gloriosa Familia de Dios!

Cuando uno le cree verdaderamente a Dios, se arrepiente, obedece y es bautizado en Su verdadera Iglesia, Dios le da una porción de Su Santo Espíritu, lo cual es Su poder, Su vida. Espiritualmente, uno se convierte como en un óvulo fertilizado: ¡No había vida allí antes, pero ahora la hay! Todo porque el Padre lo engendra.

Y si uno continúa creciendo espiritualmente, definitivamente nacerá espiritualmente en la Familia espiritual de Dios. ¡El Padre se asegurará de ello!

La enseñanza de Jesús sobre ‘Nacer de nuevo’

Así es como Jesucristo describió el nacer de nuevo: “El que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Juan 3:3). Muchos cristianos piensan que nacer de nuevo es figurativo, y muchos piensan que el Reino de Dios es figurativo. ¡No es verdad! ¡Ambos son reales!

“Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, ESPÍRITU ES (versículo 6). ¿Cree usted las palabras claras de Cristo? Cuando usted nace la primera vez, de la carne, usted es carne. Pero cuando una persona nace de nuevo del espíritu, ¡esa persona será espíritu! Estará compuesta realmente de espíritu. ¡Alguien que dice que ya “nació de nuevo” y aún es carne y sangre, contradice a Cristo!

De hecho, es imposible entrar al Reino de Dios sin nacer espiritual y literalmente, ¡en la Familia de Dios! Usted nunca verá ni experimentará el Reino de Dios, si no nace de nuevo. Y usted nunca nacerá de nuevo, a menos que primero sea engendrado espiritualmente por el Padre.

Cuando habló con Nicodemo, Cristo comparó al viento, al espíritu poderoso e invisible. “El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido, pero no sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu” (versículo 8). Los cristianos que creen que ya son “nacidos de nuevo” porque tienen nuevas creencias o una nueva actitud, no son como el viento. ¡No están compuestos de espíritu, ni están en el Reino de Dios, ni todavía han nacido en la Familia de Dios!

Nicodemo no entendió lo que significa “nacer de nuevo”. Los líderes religiosos a quienes Cristo les predicó, no lo entendieron. Las multitudes de personas que lo escucharon, no lo entendieron. Y aunque usted no lo crea, ¡cientos de miles de cristianos hoy no lo entienden!

El Apóstol Pablo estuvo de acuerdo con Cristo: “Cual el terrenal, tales también los terrenales; y cual el celestial, tales también los celestiales”, escribió. “Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial” (1 Corintios 15:48-49). Como seres humanos podemos ser engendrados espiritualmente, pero no podemos nacer espiritualmente (nacer de nuevo) sino hasta que seamos resucitados como seres espirituales en la verdadera Familia de Dios. Esto ya viene, y sucederá en un “abrir y cerrar de ojos” (versículos 50-52).

Es crítico entender el papel del Padre en este proceso. Cristo dijo: “Ningún hombre puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere…” (Juan 6:44). Sólo aquellos a quienes el Padre llame específicamente pueden llegar a ser verdaderos cristianos cuando Él los engendre. Jesucristo (previamente el Verbo) llegó a ser el Hijo de Dios cuando Él lo engendró (Lucas 1:35) y se convirtió en Su Hijo primogénito cuando fue resucitado (Colosenses 1:15; Romanos 1:4; 8:29).

Dios es el Padre de la Familia. Jesucristo es Su Hijo. Él es “el primogénito entre muchos hermanos” (Romanos 8:29). ¿Quiénes son esos hermanos, esos miembros hijos de Dios? ¡Los verdaderos cristianos!

Así como Jesucristo fue engendrado y resucitado como Su Hijo, usted y yo podemos ser engendrados de Dios y resucitados como Sus hijos: “... y yo le resucitaré en el día postrero” dijo Cristo (Juan 6:44).

¡Cuán inspirador! Cristo es la resurrección. Pero el engendramiento viene de incluso más alto: ¡de Dios el Padre mismo!

¡Pedro saturó su mente con esta asombrosa verdad! Así es como él pudo escribir estas epístolas llenas de esperanza, en un momento tan aterrador.

Los hijos de Dios

Como lo muestra 1 Pedro 1:5, Dios estaba inspirando a Pedro a escribir para “el tiempo postrero”. El Lange’s Commentary dice que: “Pedro pensó inmediatamente que el tiempo del fin era inminente”. En ese momento, él no se dio cuenta que este tiempo profetizado no ocurriría sino hasta nuestros tiempos.

Lo que le sucedió a Pedro y lo que le sucedió a los habitantes de Jerusalén poco después de que escribió sus epístolas, fue horrible. Pedro tuvo una muerte violenta. Miles de otros judíos fueron asesinados. Y esta violencia terrible justo después de la primera venida de Jesucristo, ¡es una advertencia y una profecía para nosotros antes de Su Segunda Venida! Nuestros pecados masivos están llevando a una destrucción masiva mucho peor que incluso la del holocausto del 70 d.C. en Jerusalén.

Además de esto, la vida de un verdadero cristiano está llena de dificultad. En los versículos 6-7, el apóstol escribe al pueblo de Dios: “En lo cual vosotros mucho os alegráis, aunque al presente por un poco de tiempo, si es necesario, estéis afligidos por diversas pruebas, para que la prueba de vuestra fe, mucho más preciosa que el oro que perece, aunque sea probado con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra, en la manifestación de Jesucristo”.

Los verdaderos cristianos luchan contra el pecado, contra Satanás y contra la sociedad. Sufren persecución. Sin embargo se alegran (versículo 6). ¿Por qué? Porque “... el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo (...) nos ha engendrado de nuevo para una esperanza [viviente]...” (versículo 3, versión KJ inglesa). Y si resistimos y crecemos a través de la prueba, ¡naceremos en la Familia de Dios al retorno de Jesucristo!

Cuando nazcamos de nuevo, ya no seremos seres humanos. Ni seremos como los ángeles. ¡Seremos hijos literales de Dios! Jesús fue hecho “un poco menor que los ángeles” para hacer posible que nosotros seamos perdonados de nuestros pecados (Hebreos 2:9). Él nos empodera para luchar y desarrollarnos espiritualmente y para vencer nuestros pecados y crecer. Entonces Jesucristo fue resucitado y se convirtió en el Hijo primogénito de Dios, muy por encima de los ángeles (Hebreos 1:5, 13). ¿Pero y nosotros, qué? Hebreos 2:5-8 nos dice que Dios nos ha hecho un poco menor que los ángeles, ¡pero que ha sujetado el universo, no bajo ellos, sino bajo nosotros! “Todo lo sujetaste bajo sus pies. Porque en cuanto le sujetó todas las cosas, nada dejó que no sea sujeto a Él; mas aún no vemos que todas las cosas le sean sujetas” (versículo 8).

Como seres humanos, ciertamente somos menores que los ángeles. Pero cuando seamos hechos espíritu, estaremos por encima de los ángeles. ¡Sí, aún esos seres espirituales resplandecientes estarán en sujeción a nosotros!

El versículo 10 dice que Dios está “llevando a muchos hijos a la gloria”. Los seres humanos nacerán, no como ángeles, sino como hijos literales en la Familia de Dios. ¡Entonces tendremos la apariencia, el poder, la gloria, los cuerpos y las mentes como la de Dios! Jesucristo cambiará nuestros cuerpos “para que sean semejantes al cuerpo de la gloria suya” (Filipenses 3:20-21; Salmos 17:15; 1 Juan 3:1-2; Apocalipsis 1:14-16). ¡Cuán glorioso! ¡Rostros que brillan como el sol en toda su fuerza! ¡Ojos como llamas de fuego! Cuando el apóstol Juan vio simplemente una visión del Hijo primogénito de Dios, ¡colapsó como si estuviera muerto! (Apocalipsis 1:12-17).

¡La verdad acerca de nacer de nuevo tiene toda la gloria y majestad que usted pudiera imaginar! Está llena de esperanza. ¡De esperanza viviente!

Aquellos que sean engendrados por Dios y permanezcan fieles a Él van a convertirse en seres espirituales; ¡en seres Dios! Esto va a suceder. Dios ya considera que se ha cumplido Su plan para Su pueblo (versículo 6). Por eso Dios creó a los seres humanos. Antes de crear a las primeras personas, Él declaró porqué: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza” (Génesis 1:26).

Una vez que uno es engendrado por Dios el Padre, tiene el Espíritu Santo. Uno sabe que está en camino de nacer. De nacer de nuevo. ¡Pero esta vez en la Familia de Dios!

Esto fue lo que Pedro vio. Por eso él estaba tan lleno de esperanza, porque realmente entendió esa esperanza. Por eso Dios lo inspiró a mostrarnos en qué se funda esa esperanza: ¡en ser engendrados por Dios el Padre, en crecer por el poder del Espíritu Santo y en nacer en la Familia Dios! 

RTG, AHD