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¿Volverá Putin a encender los Balcanes?

Cómo la siguiente crisis en Europa podría surgir de lo que antes era Yugoslavia 

La península de los Balcanes ha sido llamada la encrucijada de Europa. Sin duda ésta se encuentra en el cruce de caminos de la crisis de Europa. Estas crisis han golpeado a los Balcanes más duro que a cualquier otro.

Desde la crisis del euro en 2008, las economías de las naciones en los Balcanes apenas han crecido. En cada país, la pobreza está más alta de lo que ha sido posible medir. Y esto es en una región donde los estándares de vida en algunos lugares se encontraban al nivel que uno esperaría encontrar en África; incluso antes que la crisis golpeara. En Bosnia, el 60 por ciento de las personas de 18 a 30 años se encuentran desempleados.

Esta es la región que también ha sido golpeada más duro por la crisis de migración. Cientos de miles de personas ahora cruzan por los Balcanes en búsqueda de una mejor vida al norte de Europa. La canciller de Alemania Angela Merkel incluso ha advertido que si Alemania cierra sus fronteras, el caos que resultaría más al sur podría encender otra guerra en los Balcanes. El primer ministro de Eslovenia, Miro Cerar dio la misma advertencia.

Ahora, gracias en parte a las acciones del presidente de Rusia, Vladimir Putin, los Balcanes enfrenta otra peligrosa crisis. Esta región por mucho tiempo ha sido un punto de inflamación entre Rusia y los imperios de Europa occidental; como muy famosamente lo fue en el período previo a la Primera Guerra Mundial.

Los rusos y los serbios tienen profundos lazos culturales e históricos, con su herencia compartida eslava y la religión ortodoxa. Quizás lo más importante es que Serbia se encuentra lejos al oeste de la frontera entre Rusia y Europa. Dado que Serbia no está firmemente aliada con la Unión Europea ni la otan, Rusia puede usar su relación con los serbios para proyectar su poder, cercano al corazón de Europa. Estas son fuertes razones geopolíticas para que Rusia intente comunicarse con los Serbios, razón por la cual Moscú ha perseguido esta relación repetidamente.

Ahora, Putin está acercándose a Serbia de nuevo. Europa se tambalea de crisis tras crisis, y la próxima podría estallar en los Balcanes.

El punto de inflamabilidad

Ambos los alemanes y los líderes de Eslovenia han advertido públicamente sobre el alto riesgo de una nueva guerra en los Balcanes. Aunque pueden tener razones políticas para exagerar la amenaza, la idea de una guerra aquí no es muy improbable. Y ellos no son los únicos sonando la alarma.

Tomando un vistazo más general, el ejecutivo gerente de Stratford, George Friedman dice que las mismas tensiones que surgieron en las guerras en los Balcanes en 1990 y aun antes, todavía existen. “La idea de que Yugoslavia abandonaría el derramamiento de sangre de 1912 y 1913 fue una ilusión”, él escribió en su libro Flash points (puntos de inflamabilidad). “Nada se ha resuelto dentro de la antigua Yugoslavia, y los incentivos para mantener la paz están desapareciendo”. Hablando de su experiencia visitando el área, él concluye que el círculo de violencia solo puede continuar: “Existe la creencia entre muchos, de que si tan solo fueran admitidos a la Unión Europea, todo esto terminaría. No está claro por qué piensan esto, pero algunos lo creen apasionadamente. Otros saben que otro round se aproxima. Los defensores de la Unión Europea estaban más entusiastas. Las personas con las cuales hablé quienes creen que la guerra va a suceder, estaban más inflexibles y determinadas. Los tomé más seriamente”.

En Octubre, la revista Fortune declaró que los “Pesimistas, realistas, y aun los optimistas están preocupados de que Bosnia, en el mejor de los casos es un país dividido donde antiguos combatientes viven vidas paralelas. Sin metas comunes, ni cosas en común; su gente y su futuro, justo en medio de Europa Central, se encuentran en terreno fértil para más guerra” (Oct. 6, 2015).

James Lyon, un experto en los Balcanes quien antes trabajaba para la Oficina del Alto Representante en Bosnia y Herzegovina, delineó una amenaza más específica. En octubre, él escribió un artículo para Foreign Policy llamado: “¿Está la guerra a punto de estallar en los Balcanes?” En éste, él advirtió que el acuerdo de paz firmado en 1995 (el cual terminó la violencia en Bosnia) está a punto de desmoronarse.

La independencia de Srpska

Ese acuerdo de paz, conocido como el Acuerdo de Dayton, dividió a Bosnia y Herzegovina en dos partes: la Federación de Bosnia-Herzegovina y Serb Republika Srpska de la mayoría.

Ahora los serbios se encuentran en camino de declarar la independencia. El presidente de Srpska, Milorad Dodik ha anunciado que el referéndum sobre la independencia será llevado a cabo en 2018. “Oficiales quienes entienden la fragilidad de Bosnia se encuentran preocupados; y con buena razón”, escribió Lyon.

El alto representante para Bosnia y Herzegovina, Valentin Inzko (quien es responsable de implementar el Acuerdo de Dayton) advirtió a las Naciones Unidas en septiembre que la nación está en riesgo de “resbalarse aún más hacia la desintegración”, lo cual tiene “significantes implicaciones internacionales de paz y seguridad”.

Fue exactamente la declaración de independencia de Croacia lo que disparó la guerra en los Balcanes en 1990. Excepto que cuando los Croatas declararon su independencia, ellos fueron considerados los buenos quienes ejercitaban su derecho de auto determinación. Lo mismo pasó con los albanos en Kosovo. Pero cuando los serbios son quienes quieren declarar su independencia, esto es de repente algo malo y cualquier guerra que resulte será, en Occidente por lo menos, culpa de ellos.

Sin importar de quién fuera la culpa, una nueva guerra en los Balcanes sería un desastre para Europa, aun peor que la euro-crisis, la crisis en Ucrania o la crisis de Siria. Alemania estima que el 40 por ciento de los emigrantes que han llegado a Alemania vienen de los Balcanes; solo un 30 por ciento vienen de Siria. Una nueva guerra en los Balcanes haría que la actual crisis de migración pareciera insignificante. Y eso es solo una de las muchas consecuencias que otra guerra traería.

Y detrás de esta potencialmente desastrosa situación, con su dedo en el gatillo, se encuentra el presidente ruso Vladimir Putin.

Detrás del telón: Rusia

Putin ha cultivado una fuerte relación con Dodik, con los serbios en general, y Srpska en particular. Mientras Crimea llevaba a cabo su referéndum de independencia, Sergei Lavrov (por mucho tiempo el ministro de Putin para el extranjero) se encontraba en una reunión con Dodik. En septiembre del año pasado, Dodik se reunió con Putin, diciéndole al líder Ruso: “Estoy muy agradecido contigo por la ayuda de Rusia, y el apoyo político en particular…”. Compañías claves de Rusia como Gazprom y Sberbank han sido invitadas a Srpska, bajo términos favorables.

“Ahora hasta existen algunas dudas sobre si Rusia apoya la soberanía y la integridad territorial de Bosnia”, escribió Lyon.

Directamente al oriente, en la misma Serbia, las reuniones con oficiales Rusos son aún más frecuentes. El verano pasado, npr [radio nacional pública, en EE UU] reportó que “Rusia está (…) llevando a cabo una campaña activa para ganarse los corazones y las mentes en Serbia, con estaciones de tv y estaciones de radio”. En octubre, Serbia llevo a cabo su primer desfile militar en décadas. ¿Y qué fue la ocasión? Que Vladimir Putin estaba visitando.

Putin tiene una gran cantidad de influencia en Serbia. El presidente Ruso puede usar esa influencia para disminuir la tensión, o encenderla. Él podría poner todo su apoyo detrás de Dodik y el movimiento de independencia de Srpska. Como lo hemos visto en Ucrania, este hombre no tiene miedo de mandar tropas Rusas no marcadas a tierras extranjeras y continuar manteniendo operaciones ahí. Por otro lado, si quiere que Srpska cambie de tono, él podría insinuar que quizás le quite algo de su apoyo. “Al apoyar a Dodik, Putin es capaz de crear problemas sustanciales para Occidente sin necesidad de invertir recursos o energía diplomática”, advirtió Lyon.

¿Qué obtendría Putin? El caos que una guerra tal causaría a Europa lo hace una potente amenaza. Más allá de eso, si Rusia pudiera unir a los serbios por toda la región en un solo estado, él crearía un nuevo poder importante cerca del corazón de Europa; y por ende, dándoles marcha atrás a muchos de los avances estratégicos que Europa obtuvo cuando dividió a Yugoslavia. Actualmente, Croacia, con su costa al Adriático, es parte de la UE y Putin estaría increíblemente muy presionado a arrancarlo de las manos de Europa de nuevo. El principal objetivo de Alemania en los Balcanes ha sido logrado. Pero un nuevo poder Serbio unido haría mucho para poner en reversa las pérdidas de Rusia.

A la larga, al apoyar un movimiento de independencia en los Balcanes, Putin presenta una amenaza más dañina y potencialmente mortal.

Guerras de las fronteras

Las fronteras de Europa han fluido por milenios, pero el capítulo moderno en su historia comenzó con el final de la Segunda Guerra Mundial. Los grandes imperios internos de Europa, el Imperio Austro-Húngaro, el Imperio Alemán, el Imperio Otomán y el Imperio Ruso todos han sido vencidos y divididos. ¿Pero qué los debería remplazar?

La solución fue el nacionalismo y la auto-determinación nacional. El derecho de cada grupo étnico de decidir su propio destino era una de las reglas fundamentales detrás del Tratado de Versalles. Este principio suena maravilloso. Pero en la realidad de Europa, eso fue un desastre.

“El nacionalismo étnico violento (…) dictó la naturaleza del acorde de Versalles, y a la vez aseguró de que no funcionara”, escribe el historiador Paul Johnson en su libro Modern Times. “Fue en Europa Central y Oriental donde la violencia y el antagonismo racial que provocó se encontraban más agudos, muy difundidos y prolongados. Una veintena o más guerras de menor importancia surgieron allí en los años de 1919 a 1922. Se encuentran pobremente registradas en la historia Occidental, pero dejaron terribles cicatrices (…) las cuales contribuyeron directamente a la inestabilidad crónica en Europa entre las guerras. El Tratado de Versalles, al buscar incorporar los principios de auto-determinación, de hecho creó más, no menos, minorías, y algunas más enojadas (muchas eran Alemanas y Húngaras) y armadas con más injusticias genuinas (…). Cada país terminó con, ya sea una atormentante injusticia o con un problema interno insuperable”.

Estos problemas e injusticias provocaron lo que Johnson y su compañero historiador Fritz Stern llaman la “Guerra de Treinta Años”, comenzando en 1914 y terminando en el choque más violento que el mundo jamás había visto.

Con razón después de la Segunda Guerra Mundial, la auto-determinación fue considerada como una pobre fundación para la Europa moderna. Entonces, se estableció un nuevo convenio. Que las fronteras quedaran fijas, y luego, que se dejaran en paz. No serían modificadas excepto por consentimiento mutuo. Esto dejó a muchas minorías étnicas en otros países. Pero nadie apoyaría sus reclamos de independencia o de separación, por temor de que el sistema entero colapsara encima de todos.

El hecho de que muchas de las minorías vivían en países dominados por el comunismo, los obligó a mantener guardados los diseños que ellos quizás habrían tenido para la insurrección.

Y así es como Europa ha continuado por 70 años. A lo largo del Continente existen fronteras que no tienen sentido; poblaciones de cierta nacionalidad encajados en otra nación. La auto-determinación bien pudo quedar consagrada en la cédula de la ONU y aplicada alrededor del mundo después de la disolución del colonialismo, pero el nacionalismo étnico que ésta incita ha sido considerado muy peligroso para Europa.

Pero esto es exactamente lo que Alemania desató en los Balcanes. Y es exactamente a lo que Putin apeló, tanto en Crimea como en Georgia, y ahora en Srpska. Al construir sobre este antecedente y apelando al nacionalismo étnico, Putin está atacando a un pilar central de la Europa moderna.

Otros ven la amenaza. Rumania, por ejemplo, se ha reusado reconocer a Kosovo. Uno de los punto débiles que estalló durante los años de entreguerras fue Transilvania, donde hay una fuerte minoría Húngara pero en otras zonas una mayoría Húngara.

Hasta el presidente húngaro, Viktor Orbán ha tomado algunos consejos del libro de jugadas de Putin al apoyar a los húngaros en Romania. A los húngaros que viven en el extranjero, él les ha facilitado el obtener pasaportes de Hungría. Rusia hace lo mismo, poco antes de invadir “para poder proteger a los ciudadanos Rusos”. A pesar de la fuerte presión de Alemania, Chipre, Grecia, España y Eslovaquia se han reusado reconocer a Kosovo como un país, en gran parte por el temor de alimentar a otros movimientos separatistas o de independencia.

La amenaza de Putin

Al alimentar el nacionalismo étnico en Europa, Putin está jugando con fuego, y él lo sabe.

El poder de Putin en Srpska es una amenaza potente. Y Srpska no es la única región inestable en los Balcanes. Macedonia está gobernada por un gobierno corrupto pero pro-Occidental, y el descontento ahí está creciendo.

Cada nuevo empuje por independencia socava esta fundación de la Europa moderna. Hasta ahora no ha sido fatalmente socavada. Pero ¿cuantas declaraciones de independencia van a ser necesarias para hacer que los dominós caigan por toda Europa? Nadie quiere arriesgarse a averiguarlo.

“Desde el fin de la Guerra Fría, la norma de la inviolabilidad de las fronteras, ha sido violada repetidamente con la creación de nuevas fronteras, con la creación de nuevas naciones-estados recién liberados, a través de la división pacífica y con guerra violenta”, escribió Stratfor en Junio 23. “El principio de fronteras estables funcionó en su mayor parte hasta 1991, antes de ser sometido a una serie de cambios radicales que a veces resolvían el problema, y a veces no. Los europeos le daban la bienvenida a la mayoría de estos ajustes en las fronteras, y en el caso de Kosovo, los mismos Europeos planearon el cambio”.

“Las fronteras de Europa han estado variantes desde hace tiempo”, advirtió Stratfor. “Esto es de hecho un motivo de preocupación; históricamente, las fronteras sin resolver en Europa son precursores de la guerra, como lo hemos visto en Yugoslavia, el Cáucaso y ahora en Ucrania” (ibíd.).

La amenaza que Putin representa a Europa en los Balcanes es tan poderosa, que probablemente nunca será usada. Quizás eso sea parte de la razón de por qué existe una creciente buena disposición en Europa, especialmente en Alemania, para jugar amistosamente con Rusia. El vice canciller y ministro de economía, Sigmar Gabriel visitó a Putin a finales de octubre, como lo recalcó Stratfor en su artículo titulado, “Alemania prueba las aguas con Rusia”. “La reunión sugiere que Berlín está buscando las maneras de ya sea modificar o hasta remover las medidas de castigo actuales en contra de Moscú”, Stratfor escribió (Oct. 29, 2015). Durante los pasados meses hemos sido testigos de crecientes lazos entre compañías de Rusia y Alemania, especialmente en la industria de la energía.

Los Balcanes ilustran perfectamente las relaciones entre Rusia y Europa. Los europeos tienen muchas razones para temerle a Putin. Él puede causarles una gigantesca cantidad de daño. Pero también tienen muchas razones para cooperar con él.

Los intereses de Alemania y Rusia están entrelazados en muchas áreas en energía y en economía; tales como los Balcanes, Siria, Grecia y Chipre. Alemania tiene fuertes incentivos para trabajar con Rusia. Pero también tiene una excelente razón para temerle a Rusia, y para elevar sus defensas al mismo tiempo.

El editor en jefe de La Trompeta, Gerald Flurry, escribió que la “antigua Yugoslavia es de hecho la primera víctima de la Tercera Guerra Mundial” (Junio 2002). Rusia se encontraba débil y dividida. Ahora que está creciendo fuerte, el juego de poder entre Europa y Rusia podría de nuevo regresar a los Balcanes.

Incluso si Alemania retrocede del conflicto con Rusia por temor de lo que podría pasar en los Balcanes (como probablemente lo hará), los alemanes de todas maneras trabajarán para reducir la influencia de Rusia en la región y remover esta carta de la mano de Putin.  

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