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JIJI PRESS/AFP/Getty Images

¿Vivimos en los últimos días?

Incluso para el observador casual, es evidente que este mundo ha sufrido una serie de profundas crisis en la última década.

En 2004 un terremoto devastador sacudió al Océano Índico, lo que provocó un enorme tsunami que acabó con 230.000 vidas. Aproximadamente un cuarto de millón de personas fueron arrastradas mar adentro. Una catástrofe similar ocurrió en marzo de 2011, cuando Japón fue golpeado por un terremoto, un tsunami y luego una crisis nuclear.

En julio de 2005 unos islamistas radicales bombardearon el sistema de metro subterráneo de Londres, matando a 56 personas e hiriendo a 700. Un mes después el huracán Katrina arremetió contra EE UU en su costa del Golfo de México, matando a más de 1.800 personas. Fue el huracán más devastador que haya golpeado al país en más de 75 años.

En agosto de 2006 Irán comenzó la Segunda Guerra del Líbano tras haber organizado el secuestro de unos soldados israelíes. Hamás tomó el control de Gaza en junio de 2007, lo cual ha probado ser una espina constante al costado de Israel, ya que cientos y a veces miles de cohetes disparados desde Gaza golpean suelo israelí cada año. En septiembre de 2007 Israel bombardeó las instalaciones nucleares de Siria. Algunos analistas dijeron que esa acción casi comenzó la Tercera Guerra Mundial.

En 2008 Rusia invadió Georgia, Irán conquistó el Líbano, Alemania conquistó Kosovo, Estados Unidos sacó del cargo al presidente Pervez Musharraf, añadiendo así a la inestabilidad en Pakistán, y la economía de EE UU estuvo a solo minutos de irse de picada.

En 2009 el nuevo liderazgo en Estados Unidos pasó el año cortejando a sus enemigos tradicionales y al mismo tiempo espoleando a sus aliados. Israel hizo guerra contra Hamás en Gaza, Irán aplastó un levantamiento democrático llamado la Revolución Verde, y el Tratado de Lisboa se convirtió en la nueva Constitución de Europa. Ese mismo año Europa fue golpeada por una crisis económica la cual abrió el camino para que Alemania surgiera al rescate.

En 2010, para todos los efectos y propósitos, Irak cayó ante Irán. El dólar norteamericano fue agredido. Los fuertes lazos tradicionales de EE UU con Israel se deshilaron. Gran Bretaña renunció a su soberanía militar. Y luego hubo desastres naturales: 2010 fue uno de los años más mortales registrados. La Prensa Asociada lo llamó “el año en que la Tierra contraatacó”.

¿Y qué de hoy?

Hoy el mundo enfrenta un movimiento islamista cada vez más radicalizado en Oriente Medio. El impulso de ese movimiento se aceleró considerablemente desde febrero de 2011 cuando EE UU ayudó a derrocar al presidente egipcio Hosni Mubarak. Justo ahora vemos un último intento de los militares de Egipto para eliminar el poder de la Hermandad pero el ejército secularista ya está operando en tiempo prestado. Esto es especialmente cierto ahora que ya ha perdido el financiamiento de EE UU que siempre le ayudó a contener a la Hermandad y a otros islamistas radicales de Egipto.

En Siria la guerra civil hace estragos, reclamando a más de 120.000 vidas hasta la fecha. Mientras tanto, la nación está llegando a ser el punto central de una línea divisora entre suníes y chiíes (a menudo islamistas radicales), y los aliados europeos.

El año pasado fuimos testigos del infame ataque al consulado de Estados Unidos en Bengasi, Libia. Pocas semanas después los estadounidenses reeligieron a Barack Obama, y con él la administración izquierdista más radical que este país haya visto alguna vez. A principios de este año vimos otro ataque terrorista mortal en suelo norteamericano en el atentado de Boston.

Varios escándalos políticos también han llegado a los titulares este año: revelaciones de un encubrimiento intencional después del ataque de Bengasi; el Departamento de Justicia admitiendo las escuchas telefónicas a periodistas de AP y Fox News; el Servicio de Impuestos Interno (IRS) fue expuesto por estrujar a conocidos grupos conservadores para influir en la elección de 2012; la filtración de la Agencia Nacional de Seguridad que muestra que por años el gobierno ha estado reuniendo grabaciones telefónicas y grandes cantidades de datos de la Internet de ciudadanos estadounidenses comunes y corrientes. En octubre tuvimos el cierre del gobierno, revelando una división paralizante en el sistema político de EE UU.

Teniendo en cuenta todos estos eventos extraordinarios, ¿no es asombroso que muchas personas ahora crean que estamos viviendo en los últimos días profetizados de esta era?

Tiempos peligrosos

En su folleto ¿Estamos en los Últimos Días?, Herbert W. Armstrong escribió: “Hubo un tiempo, cuando algún fanático de ojos desorbitados gritando una advertencia de ‘fin del mundo’ era ridiculizado como alguien ‘fuera de sus cabales’. Pero hoy serios líderes mundiales y científicos están diciendo cosas graves acerca de la tendencia actual en las condiciones mundiales”.

Además de eso, nunca antes en la historia, hasta esta generación, había sido posible para el hombre destruir toda vida sobre la Tierra. Esto, en sí mismo, hace posible que se cumpla la profecía de Mateo 24:22: “Y si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados”.

En 2 Timoteo 3:1 Pablo advirtió: “También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos”. En inglés la palabra peligrosos también se traduce como arriesgados. ¡Estos tiempos peligrosos están sobre nosotros ahora!

Comentando sobre esta profecía el Sr. Armstrong escribió: “Cuando yo era niño, hace 90 años, esas condiciones no eran reales ni estaban escalando como lo han estado haciendo en los últimos 20 ó 30 años. (…) Nunca en toda la historia habían existido armas que pudieran haber dejado a todas las ciudades reducidas a escombros hasta la creación de la bomba de hidrógeno de hace unos 30 años. Es muy significativo que esto llegó a ser posible solo durante el tiempo cuando el evangelio del Reino estaba yendo de nación en nación en todo el mundo como testimonio a todas las naciones”.

En 2 Timoteo 3:2 leemos la descripción de la naturaleza humana en toda su fealdad. Las personas hoy son “amadores de sí mismas”: No les importa las necesidades o deseos de otras personas. Por todas partes vemos amadores del dinero, del materialismo y el individualismo radical, gente que desdeña a Dios y Su ley y que promueve agresivamente las familias invertidas de las que habla Isaías 3. Pablo también dice que la gente es impía, ingrata, sin afecto natural y que amamos más los placeres de lo que amamos a Dios. Todo esto tiene una “apariencia de piedad”, pero es simplemente una fachada.

Perdiendo nuestra religión

Dios dice que por nuestras acciones rebeldes, ¡negamos Su autoridad! La Biblia ya no tiene ninguna autoridad directa sobre la vida de la gente. Los eventos milagrosos de la Biblia se explican como fábulas o cuentos de ancianas. Las personas pueden afirmar ser religiosas pero realmente no creen que Dios intervendrá y cambiará los eventos mundiales. Ellos niegan que Cristo vaya a regresar a gobernar esta Tierra con vara de hierro, aun cuando docenas y docenas de profecías describen esa realidad que pronto llegará.

En el mundo abundan las iglesias que envían cientos de “misioneros” a tierras extranjeras hablándole a la gente acerca de Cristo. Sin embargo niegan Su mensaje, las buenas nuevas del Reino de Dios. Se oponen al verdadero evangelio. El mundo entero ha sido engañado por un evangelio falsificado acerca de la persona de Cristo. Mientras Su mensaje real ha sido olvidado desde hace mucho tiempo.

“A éstos evita”, dice Pablo. Él describe a esta generación como una que siempre está aprendiendo, pero nunca puede llegar al conocimiento de la verdad (versículo 7). La palabra griega siempre en ese versículo significa en todo momento ó continuamente. En otras palabras, Pablo está describiendo una generación donde ha habido una explosión de conocimiento materialista. Y sin embargo, ¡estamos más lejos de la verdad que nunca antes! Esta es la “gran paradoja” de la que habló el Sr. Armstrong en tantas ocasiones. Los avances en la ciencia no le han puesto fin a la guerra y al sufrimiento; en lugar de eso hemos visto que las tragedias van en aumento.

Y sin embargo, muchas personas se engañan a sí mismas pensando que no hay ningún peligro especial en este tiempo y que el mundo siempre ha sido así. Por supuesto que esto es verdad en parte. Desde el mismo comienzo y bajo la influencia de Satanás, fue el hombre quien introdujo al mundo el egoísmo, la destrucción y la muerte. Pero 2 Timoteo 3 nos dice que en los postreros días, los eventos mundiales darán un giro dramático hacia lo peor.

Esto, junto con la cruda realidad de que nunca antes había sido posible la aniquilación humana como lo es hoy, ¡debería despertarnos!

La señal del retorno de Cristo

En Mateo 24, los discípulos vinieron a Cristo y le preguntaron cuál sería la señal de Su venida y del fin del mundo.

El enfoque del mensaje de Cristo estaba en este tiempo actual: el fin del mundo, o sea, el fin de esta era. No sólo describió Cristo las señales del fin del mundo, ¡sino que además dio señales del final del tiempo del fin! Él dio detalles específicos para tener en la mira cuando éstos surgieran.

Vea usted la primera y más importante advertencia que Cristo les dio: “Respondiendo Jesús les dijo: Mirad que nadie os engañe. Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán” (versículos 4-5).

¡Este engaño religioso es el primer jinete del Apocalipsis! (Apocalipsis 6). No se trata de solo el engaño de las religiones no cristianas falsas. Las personas van a ser engañadas acerca de Cristo y Su mensaje, acerca de lo que realmente es el verdadero cristianismo.

Cristo continuó diciendo: “Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin. Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares” (Mateo 24:6-7).

En el versículo 8 Él dice que todo esto es sólo el comienzo. Estos eventos del tiempo del fin, continuó Jesús, están conduciendo a una guerra mundial de una magnitud que la Tierra nunca ha visto (versículo 21). Sin la intervención de Dios, la humanidad literalmente se destruiría a sí misma (versículo 22).

“Muchas otras Escrituras demuestran que las condiciones serán las más terribles que nunca antes, y como nunca volverán a ser en la Tierra”, continuó el Sr. Armstrong en su folleto, ¿Estamos en los Últimos Días? “Tales condiciones se están intensificando rápidamente en este momento. Una persona está contra la otra, incluso dentro de una gran proporción de las familias. Hay grupos contra grupos. Nación contra nación. La violencia está escalando como nunca antes en la historia. El terrorismo está sumiendo en el miedo y la consternación a personas por todo el mundo”.

Pero podemos agradecerle a Dios que todas estas maldiciones auto-infligidas culminarán con el profetizado retorno de Jesucristo: “Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria” (versículo 30).

Por segunda vez, Jesucristo va a poner pie sobre la Tierra, llegando de la misma manera que cuando se fue la primera (Hechos 1:11). Sin embargo, esta vez Él no viene a sacrificar Su vida por los pecados de la humanidad rebelde. Esta vez, ¡por la fuerza, viene a ponerle fin al sufrimiento humano y la muerte, y a establecer el Reino de Dios, la Familia real de Dios que administrará el gobierno justo de Dios sobre toda la Tierra!