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¡Usted puede vencer el desánimo!

¡Usted puede vencer el desánimo!

Dios nos da los medios.

A menudo se dice que la vida está llena de cimas y valles. El profeta Elías se encontró en la más alta de las cimas espirituales en 1 Reyes 18, cuando, con el respaldo de Dios, acabó con todo el sacerdocio de Baal de un solo golpe milagroso. Después de hacer descender fuego del cielo, Elías hizo que los falsos profetas fueran destruidos, aplastando el sistema religioso pagano de Acab y Jezabel.

Inmediatamente después, Elías corrió entre 24 a 32 kilómetros por el valle de Jezreel (versículos 45-46). Aquí nuevamente, con la ayuda milagrosa de Dios, superó al carro de Acab.

Tan emocionante como esto debe haber sido, Elías debe haber estado físicamente agotado. Y después de luchar contra todo el sacerdocio de Baal, seguramente estaba agotado mental y emocionalmente.

Cuando Acab regresó a casa, le contó a su esposa Jezabel todo lo que había ocurrido. Hirviendo de rabia, ella sentenció a Elías a ser ejecutado dentro de 24 horas (1 Reyes 19:1-2).

Observe cómo respondió este gran profeta: “Viendo, pues, el peligro, se levantó y se fue para salvar su vida, y vino a Beerseba, que está en Judá, y dejó allí a su criado. Y él se fue por el desierto un día de camino, y vino y se sentó debajo de un enebro; y deseando morirse, dijo: Basta ya, oh [Eterno], quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres” (versículos 3-4).

¡Elías se desanimó tanto que quería morir! Es sorprendente que el poderoso profeta de 1 Reyes 17 y 18 sea el mismo hombre del capítulo 19, revolcándose en el cansancio y la autocompasión.

¿Qué sucedió? Se había desgastado, sí. Pero el gran problema fue que dejó de pensar en la obra y se concentró en la licencia de Jezabel para matar. Tan pronto como Elías perdió su enfoque espiritual, ¡todo se vino abajo rápidamente!

¡Qué lección para nosotros! Podemos ganar varias batallas, pero hasta que ganemos la guerra, debemos seguir luchando todos los días. Debemos mantener nuestro enfoque en la pronta venida del Reino de Dios.

Jesús dijo: “Porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan” (Mateo 7:14). El camino de un cristiano no es el “camino fácil”, el camino popular y ancho. Ese camino, dijo Jesús, en realidad conduce a la destrucción. El camino que nosotros recorremos es a menudo estrecho, accidentado, lleno de baches y difícil. Pocos han estado dispuestos a recorrerlo, pero conduce al éxito, a la utilidad, a la felicidad y a la vida eterna.

Dios, misericordiosamente, con amor empujó a Elías a realinear su enfoque espiritual. Envió a un ángel para que le proporcionara sobrenaturalmente el sustento físico (1 Reyes 19:5-8). Después de dos comidas, Elías comenzó un ayuno de 40 días, durante el cual Dios lo dirigió de vuelta al Monte Horeb, donde comenzó la historia de Israel con Dios.

Llegó a una cueva, y allí Dios le habló, diciendo: ¿Cuál es la causa de tu problema? ¿Qué es lo que te molesta? (versículo 9). Dios dejó que Elías se expresara y explicara por qué estaba desanimado. Dios escuchó a Elías, igual que nos escucha a nosotros.

Elías seguía luchando con su actitud de ay de mí (versículo 10). Sin duda, Jezabel había matado a los restantes profetas de Dios, lo que debió aumentar su preocupación. Dios acababa de utilizar a Elías para acabar también con la religión pagana de Jezabel, pero Elías prácticamente lo había olvidado. Se concentró en sí mismo y cayó en la falta de fe. Qué fácil es, incluso después de obtener nuestras mayores victorias, que nos enfoquemos en lo negativo.

Y así Dios procedió a ayudar a Elías a regresar su mente al poder y la fuerza de Dios (versículo 11). Dios se revela de diversas maneras. Él usará Su asombroso poder cuando sea necesario, pero generalmente se presenta con un “silbo apacible y delicado” (versículo 12).

Incluso cuando no hay milagros obvios y visibles, ¡Dios sigue siendo Dios! Eso es lo que Dios quería que Elías comprendiera. Debes recuperar tu relación conmigo como debe ser, le dijo Dios. ¡Deja de pensar en la prueba y vuelve a pensar en mí!

Cuando usted esté desanimado, no deje que su mente se detenga en el obstáculo de Jezabel que tiene por delante. Piense en Dios y en Su obra.

Cuando Elías cayó en el peor desánimo de su vida, Dios lo fortaleció con comida, bebida y descanso. Dejó que Elías expresara por qué estaba desanimado. Aunque la forma de pensar de Elías estaba equivocada, Dios le escuchó y empatizó con él. Elías también hizo su parte: Inició un ayuno. Incluso mientras se desahogaba, tuvo que saber que su actitud era negativa y egoísta. Se dirigió a Dios en busca de ayuda.

Y después de toda esta interacción con Dios, ¿qué le ordenó Dios que hiciera? Volver a trabajar. A partir de aquí, Elías fue a ordenar a Eliseo, a quien Dios utilizaría para terminar la obra que Elías había comenzado (versículos 15-17).

La clave para superar el desánimo es dejar de pensar en nosotros mismos y enfocarnos en el poder y la fuerza de Dios. Diríjase a Dios con humildad, con oración y ayuno. Luego, vuelva a trabajar. Concéntrese en servir a Dios y hacer Su obra.

Proverbios 24:16 dice: “Porque siete veces cae el justo, y vuelve a levantarse…”. Es fácil pensar que solamente los injustos o malvados tropiezan, se vuelven negativos y se desaniman. ¡Aquí Dios dice que el justo cae siete veces!

Pero él también se levanta—no se rinde ante Satanás. ¡Sigue luchando! ¡Nunca se da por vencido!

La capacidad de superar la negatividad y el desánimo es algo que Dios quiere que dominemos. La vida está llena de problemas. ¡Es así porque esta vida es un campo de entrenamiento! ¡Dios nos está preparando para la vida eterna en Su Familia real en constante expansión!

“Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente”, escribió Pablo, “no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse” (Romanos 8:18).

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