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Una razón para todo
¿Se ha puesto a pensar alguna vez en qué está pensando El Pensador ? Esta famosa estatua está simplemente sentada y reflexionando. Pero, ¿ cuál es la fuente de su pensamiento? El Pensador simboliza el pensamiento profundo y la contemplación arraigada en la filosofía.
¿Qué hay de usted? ¿De qué fuente provienen sus pensamientos? ¿En qué se basa para formar opiniones, tomar decisiones y resolver problemas? Quizá utilice una mezcla de ideologías, incluyendo su propio razonamiento. Pero, ¿hasta qué punto es fiable? ¿Existe alguna base sólida sobre la que usted pueda anclar sus pensamientos?
La hay.
Puede que ya crea en ella, incluso que la conozca bastante bien, pero ¿es la Biblia su fuente de pensamiento?
Herbert W. Armstrong, el gran teólogo y educador del siglo xx, dijo una vez: “La Biblia es la fuente de la que prefiero extraer mi entendimiento”. Él empleó la Biblia como fundamento de su pensamiento. Más allá de esto, era diligente para asegurarse de que tenía una razón bíblica para todo lo que hacía.
Por ejemplo, hasta 1927, el Sr. Armstrong fumó. “Entonces, inmediatamente después de que fui bautizado, tuve que resolver el asunto de fumar”, escribió en su autobiografía. “Por supuesto, la Iglesia cuáquera, en la que me había criado de niño, enseñaba que fumar era pecado. Pero me había desilusionado amargamente al ver que en tantos puntos básicos la enseñanza bíblica es todo lo contrario de lo que había aprendido en la escuela dominical. ‘¡Tengo que encontrar la respuesta a la cuestión de fumar en la Biblia! me dije”. El Sr. Armstrong encontró la respuesta, aplicó los principios bíblicos y dejó de fumar.
En 1930, mientras se enfrentaba a una serie de pruebas familiares, el Sr. Armstrong le suplicó a Dios por primera vez en ayuno y oración. “No sabiendo cómo se debe hacer para ayunar y orar, primero oré y le pedí a Dios que me mostrara el camino, que abriera mi entendimiento. Entonces, como Dios nos habla a través de su Palabra escrita, empecé a buscar en la Biblia instrucciones sobre el ayuno” (ibíd.).
Cuando dirigió su primer servicio funerario en 1931, consultó la Biblia. “Había asistido a muy pocos funerales. No sabía cómo eran los sermones funerarios de costumbre. No quería saberlo. Sentí que sólo sería una ceremonia pagana. Me limité a orar y a pedir a Dios que me dirigiera a través de Su Palabra. Pronto tuve un breve sermón elaborado a partir de las Escrituras, leyendo ciertas escrituras básicas sobre el tema de la muerte y la resurrección, con unos breves comentarios que las ampliaban” (ibíd.).
Durante los primeros años del viaje cristiano de los Armstrong, recibieron muchas respuestas milagrosas a sus oraciones de sanación. Pero cuando el padre del Sr. Armstrong murió en 1933 tras reclamar la promesa de sanación, el Sr. Armstrong se sintió confundido. ¿Por qué no se le devolvió a su padre la salud y la fuerza plenas en ese mismo momento? “A través de Santiago, Dios nos instruye que si a alguien le falta sabiduría, se lo pida a Dios, pidiendo con fe, sin vacilar ni dudar, y Dios promete que se le dará sabiduría. Oré con fervor. Le pedí entendimiento a Dios. Y busqué la explicación en las Escrituras” (ibíd.). Y él la encontró.
Cuando le pidieron que dirigiera una ceremonia matrimonial en 1934, no estaba preparado en lo más mínimo. “Mi primer pensamiento fue ir al pastor de alguna iglesia de Eugene (Estado de Oregón) y preguntarle por su forma de ceremonia matrimonial. Pero tras ese pensamiento relampagueó en un segundo siguiente la idea de que había encontrado la Biblia totalmente diferente a las creencias, formas y ceremonias religiosas de hoy en día. Entonces me di cuenta de que, en lugar de acudir a los hombres para aprender cómo llevar a cabo una ceremonia matrimonial, debía ir directamente a la Biblia. En lugar de aprender de los hombres, debía aprender de Dios” (ibíd.).
Ya usted entiende la idea. El Sr. Armstrong buscaba una razón bíblica para todo lo que hacía. ¿Y usted?
Si no lo hace, se somete a su propio y defectuoso razonamiento humano. Esa fuente propia ignorará rápidamente la verdad, marginará la Biblia y promoverá sus propias ideas. Vivimos en un mundo que funciona de esta manera. Y no funciona.
Lo que sí funciona es el Libro de Instrucciones que nos dio nuestro Creador. Ahora bien, la Biblia no contiene todo el conocimiento, pero es el único fundamento correcto en el que debe basarse toda adquisición de conocimiento. La Biblia debe ser la base de la religión, la familia, la educación, la ciencia, la salud, las finanzas, la agricultura, etcétera. Esto es cierto en el sentido más amplio del mundo en general, pero también a un nivel muy personal.
Es fácil pensar que uno sabe lo que dice la Biblia, pero a menos que desempolve ese libro y lo vea por sí mismo, sus suposiciones son invariablemente erróneas. “Pero, ¿acaso no deberá el pueblo pedirle a Dios que lo guíe? ¿Deberían los vivos buscar orientación de los muertos? ¡Busquen las instrucciones y las enseñanzas de Dios! Quienes contradicen su palabra están en completa oscuridad” (Isaías 8:19-20; Nueva Traducción Viviente).
Entonces, ¿cómo se evitan las trampas del prejuicio inherente a la naturaleza humana? ¿Cómo calibra su mente para distinguir el bien del mal? ¿Cuál es la norma que debe guiar su conducta diaria? Lea el libro. Y encuentre una razón bíblica para todo lo que haga.
