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Una nación que vive aterrorizada
Stephen Ogilvie caminaba por Kinnaird Avenue, en el norte de Belfast, Irlanda, el 8 de junio, cuando fue derribado al suelo. Su agresor se sentó sobre él y, ante la mirada horrorizada de los presentes, lo apuñaló y acuchilló repetidamente, clavándole un pequeño cuchillo en la cara, el ojo izquierdo y la espalda, y cortándole el cuello. Los transeúntes gritaban que estaban decapitando a Ogilvie mientras el agresor gritaba “Wallahi” (“lo juro por Alá”). Todo el aterrador incidente quedó grabado en video.
El agresor era Hadi Alodid, de 30 años, de nacionalidad sudanesa.
El residente local Maitiu Mág Tighearnán ahuyentó a Alodid con el palo de hurling de madera de su hijo. La policía llegó y sometió al atacante a tiempo para salvarle la vida a Ogilvie, pero no su ojo izquierdo. Es posible que su ojo derecho y algunas funciones de su cerebro hayan sufrido daños permanentes.
Los principales medios de comunicación apenas cubrieron este ataque, pero estallaron disturbios cuando los indignados residentes locales se enteraron de la noticia Los reportajes de medios como la bbc, el Telegraph, el Guardian y el Irish Times dedicaron mucha más tinta y tiempo al aire a los disturbios que al brutal ataque que los provocó. Los enfrentamientos y los incendios son noticias importantes, pero no se pueden entender esas noticias sin entender la causa de los disturbios.
Alodid llegó al Reino Unido en febrero de 2023, y el Ministerio del Interior británico le concedió permiso de permanencia hasta 2028. Desde 2023, el Ministerio del Interior ha aprobado solicitudes de asilo a una tasa de aproximadamente el 60%, incluidos más de 9.000 solicitantes de asilo sudaneses bajo un controvertido esquema de “vía rápida” que a menudo omite entrevistas personales.
En los 40 meses transcurridos desde que Hadi Alodid llegó a Belfast, el Ministerio del Interior ha admitido entre 140.000 y 160.000 solicitantes de asilo en Gran Bretaña e Irlanda del Norte. La clara mayoría de ellos son musulmanes que actúan, a veces violentamente, motivados por su religión.
Es un sombrío ejemplo de un problema más amplio: los migrantes cometen crímenes escandalosos, y el gobierno y los medios los encubren.
Racismo policial
El 3 de diciembre de 2025, Henry Nowak, de 18 años, caminaba solo a casa cuando fue apuñalado cinco veces con una hoja ceremonial de 20 centímetros por Vikram Digwa, de 23 años. Mientras Henry yacía sangrando en la acera, el hermano de su atacante llamó a la policía, no para reportar la puñalada, sino para alegar que ellos eran víctimas de un insulto racial.
Cuando llegó la policía, creyó la acusación. Esposaron a Henry. Le dijo a un oficial: “Me apuñalaron”. El oficial respondió: “No lo creo, amigo”.
Henry Nowak murió en esa acera, esposado, mientras le leían sus derechos.
Para cualquier otra persona, portar una hoja de 20 centímetros habría sido ilegal. Pero los sijes están exentos por su religión.
La prioridad declarada de la policía de Hampshire es “ser antirracista, ética e inclusiva”. Así que esposaron de inmediato al muchacho blanco. Incluso después de descubrir la verdad —ya demasiado tarde y con Nowak muerto— y de arrestar a Digwa, el asesino, ni siquiera lo esposaron.
¿Dónde estuvo la indignación nacional? ¿Dónde estuvieron los miembros del Parlamento arrodillándose? ¿Dónde estuvo la declaración en video de Keir Starmer, del tipo que se apresuró a publicar tras la muerte de George Floyd? Nowak, al igual que Floyd, le dijo repetidamente a la policía: “No puedo respirar”. Pero él no estaba drogado. No había cometido ningún delito. El alcalde de Londres, Sadiq Khan, calificó el asesinato de Floyd como un momento que “con razón encendió la furia”. No dijo nada sobre Henry Nowak.
Gran Bretaña aterrorizada
Estos son sólo dos de los muchos ataques que han conmocionado a la nación. En mayo de 2025, el somalí Haybe Cabdiraxmaan Nur (a quien se le había negado el asilo, pero que seguía en el país) entró a un banco Lloyds en Derby y apuñaló al cliente Gurvinder Johal en el corazón, matándolo en un ataque aleatorio y no provocado. En octubre, el solicitante de asilo afgano Safi Dawood apuñaló hasta la muerte a Wayne Broadhurst, paseador de perros de 49 años, e hirió a otras dos personas en un triple apuñalamiento en Uxbridge, al oeste de Londres. En enero de 2025, el solicitante de asilo iraní Syed Barzegar llevó a cabo un frenético ataque con cuchillo contra otro residente en un hotel para solicitantes de asilo en Oxford, apuñalándolo 15 veces. En octubre de 2024, el solicitante de asilo sudanés Deng Chol Majek mató a la trabajadora de hotel Rhiannon Whyte, apuñalándola 23 veces cerca de un hotel para solicitantes de asilo en Walsall.
Ciudadanos de Afganistán, Eritrea, Irán, Somalia y Sudán figuran de manera desproporcionada en ataques de alto perfil con cuchillo y delitos con armas. En el Reino Unido no existen desgloses oficiales por nacionalidad para los delitos con arma blanca, pero los datos de solicitudes de libertad de información y las estadísticas de condenas muestran que estos grupos están sobrerrepresentados teniendo en cuenta que representan sólo el 0,6% de la población del Reino Unido.
Y esos son sólo los ataques con cuchillo. La reciente auditoría independiente de la baronesa Louise Casey sobre la explotación y el abuso sexual infantil en grupo ha vuelto a poner de manifiesto la magnitud de las bandas islamistas de captación de menores que operan en todo el Reino Unido. Este enorme escándalo involucra a decenas de miles de víctimas jóvenes, en su mayoría mujeres, que han sido violadas por redes de hombres islamistas.
En Rotherham, donde los musulmanes constituyen el 13% de la población, al menos 1.400 niñas fueron violadas a lo largo de tres décadas. Los datos étnicos sobre los perpetradores se registraron sólo en un tercio de los casos, y aun así las investigaciones oficiales encontraron que los hombres británico-paquistaníes estaban abrumadoramente sobrerrepresentados.
“No creo que haya habido nunca un momento en la historia británica, ni cuando yo crecía, ni tal vez jamás, en que se hayan dado varios de estos ataques de importancia nacional día tras día tras día”, dijo la comentarista de Talktv Julia Hartley-Brewer poco después del ataque en Belfast.
Hace falta valor para que la gente en la televisión exprese la realidad que millones de ciudadanos británicos comunes ya conocen: el país ha cambiado y está empeorando rápidamente. El mismo gobierno que invitó a estas poblaciones musulmanas radicales, que se niega a hacer cumplir sus propias fronteras, que no investiga la violación cuando el perpetrador es musulmán, y que envía a agentes de policía a formar una fila y mirar cómo se desarrolla la violencia callejera, o a enfrentarse con ciudadanos indignados, es el mismo gobierno que persigue voces como la de Hartley-Brewer.
Enfermedad nacional
Gran Bretaña está bajo el ataque de extremistas islámicos, y sin embargo su cultura se niega a poner nombre a la amenaza, sus medios llaman a un ataque terrorista un “apuñalamiento”, y su gobierno prefiere arrestar a británicos por publicaciones islamófobas en Facebook antes que arrestar a paquistaníes por violar niños.
Tres naciones hermanas comparten esta misma vulnerabilidad: Gran Bretaña, Estados Unidos e Israel. No nombrarán al enemigo; no terminarán la lucha; no defenderán al inocente.
Como mostró Herbert W. Armstrong en su libro gratuito Estados Unidos y Gran Bretaña en profecía, estas tres naciones tienen una historia de 4.000 años con Dios, y sin embargo, cada vez más desprecian esa historia y se vuelven hacia ideologías impías que las llevan a tolerar el asesinato y la violación en nombre de la diversidad, entre otras cosas.
Deuteronomio 28:43-44 es una profecía dirigida a estas tres naciones. Advierte que los extranjeros vendrían y “se [elevarán] sobre ti muy alto” y “él será por cabeza, y tú serás por cola”.
¿Cuál será el próximo suceso noticioso horrendo? ¿Será suficiente para algunos, para usted, admitir que estamos condenados a la destrucción si no nos arrepentimos ante Dios?
