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Una casa dividida

‘Toda ciudad o casa dividida contra sí misma no permanecerá’.

El día después que Donald Trump fue elegido como el 45 o presidente de Estados Unidos, decenas de miles de manifestantes salieron a las calles en protesta. En las semanas que siguieron, ellos quemaron una bandera estadounidense en Salt Lake City y una efigie de papel maché del presidente electo en Los Angeles, lanzaron piedras a la policía en Indianápolis y bloquearon el tráfico en Miami.

Estas protestas y disturbios resaltan la seria división ideológica de Estados Unidos. Aunque el Sr. Trump ganó suficientes victorias estatales para conseguir la victoria en el colegio electoral de EE UU [los votos del Estado entero se ganan para quien consiga la mayoría del voto en ese Estado], una encuesta de Washington Post-abc conducida justo después de la elección mostró que uno de cada tres partidarios de Hilary Clinton ve la victoria como ilegítima debido a que él perdió el voto popular.

El senador de Vermont Bernie Sanders y el ex fiscal general de EE UU Eric Holder habían sugerido que para unir a Estados Unidos, se debería abolir el colegio electoral. Pero el colegio electoral fue diseñado para evitar que algunos condados [departamentos, o Estados] densamente poblados gobernaran al resto de Estados Unidos. La abolición del colegio electoral podría inclinar el balance de poder hacia los centros de población urbana controlados por el partido demócrata, pero no haría nada para sanar la peligrosa división ideológica que aflige a la nación.

Esta división ideológica es ahora más amplia que en cualquier momento de la historia de EE UU desde que la era de reconstrucción posterior a la Guerra Civil terminó en 1877.

James Lo, profesor asistente de ciencias políticas en la Universidad del Sur de California, dice que la división ideológica entre legisladores republicanos y demócratas comenzó a reducirse después del fin de la era de reconstrucción. Para la década de 1960, existía un significativo consenso bipartidista entre los dos partidos. Los republicanos y los demócratas trabajaban juntos para reducir impuestos, luchar contra el comunismo y ampliar los derechos civiles.

Sin embargo, a partir de la década de 1970 la división empezó a otra vez ampliarse cuando la facción de la Nueva Izquierda del partido demócrata buscó cambiar fundamentalmente a Estados Unidos a través de reformas culturales sobre temas como la redistribución de ingresos, derechos al aborto, derechos de homosexuales, rol de géneros y legalización de las drogas.

Hoy prácticamente no hay coincidencias entre las posiciones políticas de republicanos y demócratas en el Congreso. La reciente elección presidencial en Estados Unidos resalta este hecho tal vez más que cualquier evento en el siglo pasado. Los republicanos están convencidos de que una victoria de Hillary Clinton habría significado el final de la república constitucional de Estados Unidos, mientras que los demócratas acusan a Donald Trump de racista, misógino, demagogo xenófobo al nivel de Adolfo Hitler.

¿Qué tan atrás en la historia de Estados Unidos hay que ir para encontrar un tiempo donde estuviéramos tan divididos? En la Guerra Civil. A mediados de los años de 1800 los estadounidenses estaban tan en desacuerdo que recurrieron a la guerra, costando más vidas de nacionales que todas las otras guerras de Estados Unidos combinadas.

A diferencia de lo que llevó a la Guerra Civil, sin embargo, hoy la división en Estados Unidos no es entre un norte republicano y un sur demócrata. En vez de eso, la división es entre las áreas urbanas y las rurales. El partido republicano representa geográficamente al Estados Unidos rural. El partido demócrata representa demográficamente al Estados Unidos urbano.

Esta división ideológica urbana-rural es más peligrosa que la división norte-sur que condujo a la guerra entre los Estados. Las áreas metropolitanas de Estados Unidos no pueden separarse de la unión como lo puede hacer un Estado. Esto significa que a menos que se haga algo para sanar las profundas diferencias ideológicas en el país, las protestas y disturbios que actualmente envuelven a las ciudades de Estados Unidos solo se intensificarán. ¡Parece cada vez más probable que este descontento se convierta en una revolución a gran escala y en una guerra urbana!

El presidente Abraham Lincoln citó a Jesucristo cuando dijo: “Una casa dividida contra sí misma no puede permanecer”. La historia muestra que cuando una nación cae en división y luchas internas, rápidamente viene a ser consumida por crisis internas que la dejan vulnerable al ataque de enemigos foráneos. Esto es exactamente lo que Dios profetiza que le pasará a Estados Unidos en el futuro cercano. ¿Por qué? Porque los estadounidenses se han revelado contra Su ley. En Ezequiel 5, Dios revela que habrá un tiempo de disturbios violentos en las ciudades de Estados Unidos (así como en Gran Bretaña) justo antes de que sufran una invasión extranjera. El peligroso nivel de división ideológica en el Estados Unidos moderno está llevando al cumplimiento definitivo de esta profecía.

La gran lección de toda la historia es que la ley de Dios es la única ley que conduce a la gente a la paz, unidad y prosperidad. Cuando las personas buscan unidad con Dios, también alcanzan unidad entre sí. A medida que la división política y el descontento civil se apodera de Estados Unidos, y al tiempo que surgen potencias extranjeras hostiles, es la hora de asomarse a la misma Biblia que Abraham Lincoln citó y buscar al Eterno mientras pueda ser hallado, y llamarlo en tanto que está cercano (Isaías 55:6). 

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