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Menahem Kahana/afp/Getty Images

Un resurgimiento profetizado en Israel

El Estado judío está seguro y fuerte, por una buena razón. ¿Cuánto pueden durar los buenos tiempos?

JERUSALÉN

La economía de Israel es sólida y está creciendo fuertemente. En la última década, el producto interno bruto per cápita de la nación ha crecido un 45%, significativamente mejor que la mayoría de las naciones occidentales. La inversión extranjera directa en el primer trimestre de 2019 se incrementó en más de 45 mil millones de dólares, y actualmente está en su máximo histórico. Israel es un líder mundial en investigación científica, innovación tecnológica y desarrollo.

Militarmente, Israel es más fuerte que nunca. Aunque no es el ejército más grande en Oriente Medio, la Fuerza de Defensa de Israel es superior tecnológicamente, altamente entrenada y mejor equipada que todos los otros. Esto le da a Israel una tremenda confianza en su ejército, sistemas de inteligencia y seguridad.

Israel también está confiado estratégica y políticamente. La violencia terrorista siempre está presente, y la nación permanece rodeada de enemigos, algunos de los cuales regularmente disparan misiles hacia los pueblos y ciudades de Israel. Pero aquellos que buscan la destrucción de Israel o son debilitados por la disfunción política (por ej., la Autoridad Palestina) o son relativamente ineficaces ante la fuerza superior de Israel. Los israelíes creen que mientras se mantengan fuertes y alertas, ellos estarán salvos y seguros.

Dadas estas condiciones, es fácil entender por qué el Estado judío hoy se siente confiado y optimista.

Simultáneamente, está disfrutando de un resurgimiento en su relación con Estados Unidos. El punto de vista de Donald Trump hacia el Estado judío es básicamente el polo opuesto de su predecesor, quien practicó una política extranjera de confrontación que buscaba debilitar a Israel, y envalentonar a sus enemigos. Desde que el presidente Trump fue investido en enero de 2017, su enfoque básico hacia Israel ha sido mirar lo que hizo Barack Obama, y entonces hacer lo contrario.

Estados Unidos y su presidente son una parte importante del éxito de Israel, y de su confianza y optimismo. En un tiempo cuando el antisemitismo está aumentando globalmente e Israel está siendo difamado y aislado, tener el apoyo del presidente de EE UU ha sido extraordinario e indispensable. Caroline Glick llamó al Sr. Trump “el presidente más pro-israelí en la historia de EE UU. Ningún otro presidente se le acerca”. Él también ha sido llamado “el primer presidente judío de Estados Unidos”.

Shmuely Boteach, un popular rabino estadounidense, describió el sentimiento que muchos judíos tienen hacia Donald Trump en un artículo del Jerusalem Post en abril. “Escuchar al hombre más poderoso en la Tierra reconocer el incremento del odio hacia los judíos por todo el mundo, y su declaración de guerra contra ese odio, ayudó grandemente a calmar el sentimiento judío de aislamiento y abandono”, escribió él. “Donald Trump, el presidente de EE UU, nos dijo que no estamos solos en esta lucha. No habrá una Masada moderna. No hay una Fortaleza Israel. La nación más poderosa de la Tierra está con Israel” (énfasis añadido).

Uno puede apreciar el sentido de esperanza de este hombre, y la confianza y optimismo general en Israel hoy día.

Pero ¿cuánto pueden durar los buenos tiempos? Hay razones para creer que Israel tiene demasiada confianza y mucha esperanza, ambos en sí mismo y en el presidente Trump.

Presidente pro israelí

Primeramente considere lo que Donald Trump ha hecho por Israel.

El 22 de mayo de 2017, sólo cuatro meses después de tomar el cargo, Donald Trump se convirtió en el primer presidente de EE UU en funciones en visitar el Muro de las Lamentaciones, uno de los sitios más venerados de los judíos. Este fue un gesto muy público dado a comienzos de su presidencia, y profundamente impopular con la comunidad internacional, además de ser una señal clara de dónde estaba el apoyo del presidente de EE UU.

Seis meses después, el 6 de diciembre de 2017, el Sr. Trump de nuevo hizo historia convirtiéndose en el primer presidente de EE UU en reconocer a Jerusalén como la capital de Israel. Luego el 14 de mayo de 2018, en el aniversario número 51 de la Guerra de los Seis Días y la unificación de Jerusalén, EE UU abrió su embajada en Jerusalén. Esta decisión también fue sumamente impopular en la comunidad internacional y con el sistema político de su país. Eso no perturbó al Sr. Trump. EE UU por décadas ha prometido trasladar su embajada a Jerusalén, y él estuvo determinado a realizarlo. Israel estaba emocionado y agradecido. Cuando la embajada abrió, el presidente israelí Reuven Rivlin dijo: “Finalmente tenemos un líder que lo prometió, y también cumplió su promesa”.

Este no fue el único gran acontecimiento en mayo de 2018. La semana anterior, el 8 de mayo, el presidente Trump anunció el retiro de EE UU del Plan de Acción Integral Conjunto, el acuerdo nuclear con Irán. “Este fue un horrible acuerdo unilateral que nunca debería haberse realizado”, dijo él. “No brinda calma, no brinda paz, ni nunca lo hará”.

Esa decisión también fue extremadamente impopular. Eso enfureció a Barack Obama y virtualmente a todo el sistema político, así como a Rusia, China, Europa, Gran Bretaña y a la mayoría de la comunidad internacional. Pero nada de esto preocupó al presidente estadounidense. Mientras tanto, el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu y toda la nación de Israel estaban enfervorizados.

El 21 de marzo de este año, el presidente de EE UU hizo otros anuncios pro-israelí. Con un tuit, reparó una importante política estadounidense sobre Israel: “¡Después de 52 años es tiempo de que EE UU reconozca totalmente la soberanía de Israel sobre los Altos del Golán, los que son de importancia estratégica y de seguridad crítica para el Estado de Israel y la estabilidad regional!” Unos pocos días después, la Casa Blanca lo hizo oficial. De nuevo, esta decisión exasperó a los políticos en EE UU y en la comunidad internacional. Pero esto no disuadió al Sr. Trump; ¡Israel vino primero!

Desde enero de 2017, dentro de las Naciones Unidas que son notoriamente anti Israel, EE UU ha defendido fuertemente a Israel. Nikki Haley fue nombrada por Donald Trump como la embajadora de EE UU para la ONU. Hasta que ella renunció en diciembre pasado, fue una absoluta guerrera a favor de Israel. Ella introdujo resoluciones en el Consejo de Seguridad condenando a Hamas y retirando el apoyo de EE UU a la unesco, unrwa y el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, todo ésto favoreciendo a Israel.

El presidente de EE UU ha iniciado muchos otros cambios significativos, que incluyen: cesar la ayuda a la Autoridad Palestina (la cual, entre otros comportamientos corruptos, usa los fondos para pagar a familias de miembros terroristas); señalar oficialmente al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán como una entidad terrorista; y defender a Israel y promover sus intereses, habitual y públicamente, tanto interna como globalmente.

Bajo el presidente Trump, EE UU ha cumplido promesas que han sido hechas por décadas. Muchas de las acciones del Presidente han sido valiosas, significativas e incluso históricas.

Considerando todas esas decisiones, es fácil entender el afecto de Israel por el Sr. Trump y por qué muchos israelíes y judíos están tan esperanzados. Hay una cierta confianza y comodidad que viene al saber que el líder de la nación más poderosa del mundo le respalda. Si le añade la fortaleza económica y militar de Israel, se puede entender el optimismo de la nación.

¿Pero es Israel demasiado confiado? Tanto Israel como EE UU deben recordar las palabras del sabio rey Salomón: “Antes del quebrantamiento es la soberbia, y antes de la caída la altivez de espíritu” (Proverbios 16:18).

Para entender el porqué, necesitamos examinar lo que la profecía bíblica dice acerca de la situación presente.

Paralelo profético en la historia

Gerald Flurry, jefe editor de la Trompeta, ha explicado la profecía de Amós 7, la cual identifica a Donald Trump como un tipo moderno del rey Jeroboam ii de Israel.

Este rey Jeroboam presidió un renacimiento espectacular en el reino de Israel en la primera mitad del siglo viii a.C. (2 Reyes 14:23-29). Israel alcanzó un nivel de prosperidad material, poder y seguridad nacional que no había experimentado desde tiempos del rey Salomón. Actualmente, EE UU y Gran Bretaña son los descendientes modernos del antiguo Israel, y estas naciones están disfrutando de un resurgimiento obvio. (Lea en esta revista el artículo: Por qué EE UU necesita tener cuidado con la Asiria moderna).

¿Básicamente quién es responsable por este resurgimiento? El versículo 27 dice que fue Dios quien “los salvó [a Israel] por mano de Jeroboam”. El Sr. Flurry explicó este punto crucial en un artículo de la Trompeta de Filadelfia de julio-agosto de 2018: “Este resurgimiento no fue debido a ninguna grandeza personal o habilidad de liderazgo de Jeroboam. Fue porque Dios se compadeció de Israel en su aflicción. Fue porque Dios no deseaba que el nombre de Israel fuera borrado. ¡El resurgimiento fue porque Dios salvó a Israel!

Hoy es lo mismo: ¡Dios está detrás del resurgimiento de ambos EE UU y el Estado judío!

Los judíos de hoy son los descendientes de la antigua Judá. La nación de Israel cubre virtualmente todo el territorio incluido en aquel reino. Antiguamente, tanto Israel como Judá experimentaron un resurgimiento nacional precisamente al mismo tiempo. Usted puede estudiar el resurgimiento de Israel en 2 Reyes 14 y el resurgimiento de Judá en 2 Reyes 15 y 2 Crónicas 26.

La Biblia King James de estudio dice que durante la primera mitad del siglo viii a.C., “ambos reinos disfrutaron de gran prosperidad y habían alcanzado nuevas alturas política y militarmente”.

Como es tan común con la naturaleza humana, la prosperidad material y el poder causaron que tanto el pueblo de Israel como el de Judá se volvieran demasiado confiados y arrogantes. En 2 Crónicas 26:16 dice: “Pero cuando Uzías [rey de Judá] se volvió fuerte, se volvió tan altivo (de él mismo y de sus logros) que actuó corruptamente, y fue infiel y pecó contra el Eterno su Dios…” (versión Amplificada).

Tanto Israel como Judá se volvieron demasiado confiados. Se enfocaron en la riqueza material y en perseguir y satisfacer las pasiones carnales. “Éste también fue un tiempo de idolatría, indulgencia extravagante en la vida lujosa, inmoralidad, corrupción de los procedimientos judiciales y opresión del pobre” (ibíd.). Muchos estaban tan engañados, que realmente creían que Dios estaba bendiciendo sus naciones por su justicia.

Antiguamente, los resurgimientos tanto en Israel como en Judá fueron de corta duración. Como el Sr. Flurry escribió: “Pero éste [resurgimiento] sólo fue temporal. No mucho después, Israel fue conquistado y su pueblo dispersado en cautiverio por los asirios”. La prosperidad en el reino de Judá duró un poco más, pero también terminó: Judá pronto fue conquistada y esclavizada por los babilonios.

Esta historia sería tan positiva e inspiradora si solo EE UU, Gran Bretaña y el Estado judío le dieran el tiempo, y la atención que ésta merece. Dios está usando esta historia y su paralelo presente para advertir a estas naciones. Él le está dando a estas naciones un resurgimiento para entregarles una advertencia final. ¡Él está tratando de comunicarse con nosotros!

¿Escuchará usted lo que Dios está diciendo?

Israel no debería permitir que el ferviente apoyo del presidente Trump lo haga caer en la trampa del exceso de confianza. No debe exagerar como algo a largo plazo, el compromiso de EE UU y su habilidad de apoyar y defender al Estado judío. No debe permitir que su fuerza militar y económica albergue un falso sentido de seguridad. Después de todo, ¿qué sucede si el presidente de EE UU repentinamente cambia su enfoque? ¿O qué viene después de Donald Trump? La postura actual de él con Israel es una excepción entre los líderes mundiales. En algún punto, esta anomalía terminará. ¿Y luego qué? Israel está confiado y optimista, pero debe ser realista. Y éste comete un grave error si deja a Dios fuera del cuadro.

Por ahora, Israel tiene a Donald Trump de su lado. Gracias a la aprobación de Dios, el presidente de EE UU es una fuerza poderosa con la cual alinearse. Pero la profecía bíblica dice que el Sr. Trump y el resurgimiento tanto en EE UU como en Israel, es un fenómeno temporal.

El tiempo, la geografía, las tendencias globales y la profecía bíblica están del lado de los enemigos de Israel.

Boletín, AD