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Filippo Monteforte/AFP/Getty Images

Un dolor de cabeza para el papa Francisco

Estados Unidos ha elegido un presidente que se opone a la visión política del Vaticano. ¿Cómo va a responder la Iglesia Católica Romana? 

Dos días después que Donald Trump fuera elegido como el presidente número 45 de Estados Unidos, el arzobispo católico romano José Horacio Gómez impartió una homilía emocional en la Catedral de Nuestra Señora de los Ángeles en Los Angeles, California.

“En los últimos dos días desde la elección, tenemos niños en la escuelas que están asustados”, dijo él. “Ellos piensan que el gobierno va a venir a deportar a sus padres cualquier día. Ahora mismo, en toda esta ciudad, y en ciudades en todo este país, hay niños que están yendo a la cama asustados. Hay hombres y mujeres que no pueden dormir porque están tratando de resolver qué hacer. Tratando de encontrar qué hacer cuando el gobierno venga y los separe de sus hijos y de sus seres queridos”.

Esta homilía fue una respuesta a la promesa del presidente electo Trump de revertir las acciones ejecutivas del presidente Barack Obama en cuanto a la inmigración y de continuar con el fortalecimiento de las leyes ya existentes de inmigración aprobadas por el Congreso.

El arzobispo Gómez ignoró los detalles del plan de deportación del Sr. Trump (tal como el compromiso de mantener las familias intactas) e insistió que el gobierno venía a “separar a los padres de sus hijos”. Él concluyó su homilía con la promesa de un apoyo incondicional para los inmigrantes ilegales en Estados Unidos.

“Esta noche, prometemos a nuestros hermanos y hermanas indocumentados que nunca los dejaremos solos”, dijo él. “En tiempos buenos y malos, estamos con ustedes. Ustedes son familia. Somos hermanos y hermanas”.

Este compromiso fue bien recibido por obispos en todo Estados Unidos, a juzgar por el hecho de que ellos eligieron al Arzobispo Gómez para ser vicepresidente de la Conferencia de Obispos católicos de Estados Unidos solo cinco días después.

En una entrevista con la revista Crux el arzobispo Gómez, un hispano mexicano de nacimiento, dijo que su elección era una declaración sobre el estado del ministerio hispano en Estados Unidos. “Cada vez es más claro cuán importantes son los hispanos”, dijo él. “Ya alrededor del 40 por ciento de los católicos en el país son hispanos, y son el 50 por ciento de nuestra juventud” (15 de noviembre de 2016).

El arzobispo prometió hacer uso de su nueva posición para abogar por los derechos de los inmigrantes ilegales. Sus homilías están llenas de retórica que suena llena de amor, pero al mismo tiempo, él está animando incluso a más latinoamericanos a quebrantar la ley de EE UU e ingresar ilegalmente al país con la esperanza de recibir santuario en una catedral católica.

La Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos escribió una carta al Sr. Trump, haciéndole saber que la Iglesia católica está comprometida a reubicar a los inmigrantes a lo largo de la nación. La elección de Gómez es una señal de que los obispos católicos están preparándose para confrontar a la administración Trump y sostener el flujo de inmigrantes ilegales al país.

¿Por qué la Iglesia católica apoya la inmigración ilegal hacia Estados Unidos? ¿Y qué pasará cuando la jerarquía del Vaticano discrepe con el Presidente? Notablemente, la Biblia revela las respuestas a estas preguntas.

Inmigración hispana

El arzobispo Gómez y los miembros de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos no son los únicos líderes católicos preocupados por la elección de Donald Trump.

El líder de la Iglesia católica, el papa Francisco, trató de influenciar en los resultados de la elección presidencial el pasado febrero, cuando los reporteros preguntaron su opinión de la propuesta de Trump de detener la inmigración ilegal. “Una persona que piensa solo en construir muros, donde sea que estén, y no en construir puentes, no es cristiana”, dijo el Papa. “Esto no está en el evangelio. En cuanto a lo que dijo de si yo les aconsejaría votar o no votar, no voy a involucrarme en eso. Yo solo digo que este hombre no es cristiano si dijo cosas como esa”.

Puede que el Papa no les haya dicho explícitamente a los católicos cuál nombre poner en su papeleta, pero él no dijo nada acerca de uno de los candidatos mientras rechazaba al otro como alguien no-cristiano. Él también reveló su política preferida para la frontera estadounidense: mantenerla abierta.

¿Por qué un papa que supuestamente evita dar consejos políticos está tan interesado en la política de fronteras de Estados Unidos?

Después de la elección del Sr. Trump, el papa brindó más comentarios. “Yo no juzgo a personas ni a políticos”, le dijo él a un reportero italiano en una entrevista publicada el 11 de noviembre de 2016. “Yo solo quiero entender el sufrimiento que sus formas de proceder causan a los pobres y excluidos”.

A decir verdad, el papa Francisco no es reacio a la política en absoluto. El Vaticano jamás lo ha sido. ¡El entrometerse en la política nacional es considerado un deber religioso católico!

El observador del Vaticano, Austen Ivereigh escribió en la revista Crux el 15 de noviembre: “El estrecho de Florida y la frontera de Estados Unidos con México son para Francisco lo que la Cortina de Hierro y el Muro de Berlín eran para [el papa] Juan Pablo II”.

De acuerdo al periódico italiano Corriere della Sera, la mayoría de los oficiales católicos residiendo con Francisco detrás del muro de 11,8 metros que rodea al Vaticano apoyaron a la candidata demócrata Hillary Clinton como la “menos peor”. Aunque estos oficiales estaban de acuerdo en que una presidencia de Clinton habría sido un revés significativo para la posición católica en cuanto al aborto y el “matrimonio” homosexual, ellos consideraron “inelegible” a Trump debido a su “chauvinismo agresivo”.

Estos líderes católicos vieron al candidato republicano como un bastión “blanco” en contra de una invasión demográfica de inmigrantes latinoamericanos, de los cuales el papa Francisco de Argentina es el supremo protector.

El obispo de San Diego, Robert McElroy dijo que esas deportaciones masivas de inmigrantes ilegales podrían remover al 10 por ciento de los feligreses católicos de las iglesias de EE UU. Esta cifra se basa probablemente en la situación hipotética de que todos los 11 millones de inmigrantes en el país serán deportados, en vez de 2 a 3 millones que el Sr. Trump se comprometió a deportar. Esto muestra cuán importante es la afluencia de migrantes católicos para el futuro de la Iglesia católica de Estados Unidos.

¿Por qué se preocupa tanto la Iglesia católica por la penetrabilidad de la frontera de Estados Unidos? No es tanto porque los migrantes son pobres, sino porque son católicos.

Datos de las encuestas de Pew muestran que en EE UU hay 67 millones de católicos declarados, como un 21 por ciento de la población. Muchos de ellos probablemente no han asistido a misa ya por un buen tiempo. Y por cada nuevo católico convertido, seis católicos dejan la iglesia. Cerca de la mitad de estos ex católicos desisten de la religión por completo, mientras que la otra mitad se unen a alguna denominación protestante. La razón por la que los católicos no están cayendo en picada como un porcentaje de la población estadounidense, es que los católicos extranjeros están reemplazando a católicos nativos.

Sin la inmigración ilegal, la Iglesia Católica Romana sería una organización envejecida y cada vez más encogida con una influencia decreciente en Estados Unidos. El que los inmigrantes vengan a vivir en el país otorga a los líderes católicos una enorme influencia que no tendrían de otra manera.

De acuerdo a un documento por el Instituto Viena de Demografía, el catolicismo superaría al protestantismo al convertirse en la religión más grande en Estados Unidos para mediados del siglo, si la inmigración se duplicara. Esto explica por qué muchísimos obispos están dispuestos a apoyar a un partido político que aboga por el asesinato de bebés nonatos, en su intento de evitar que Donald Trump endurezca el control de las fronteras.

Iglesia americanista

A pesar de la oposición del papa Francisco y de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, Trump se las arregló para obtener el 52 por ciento del voto católico. En particular, él ganó el apoyo de la mayoría de católicos irlandeses en el oeste medio, incluso mientras perdía a los católicos hispanos en el suroeste. Esta división eclesiástica resalta un desafío para el papa Francisco: él tiene un problema con los católicos estadounidenses del oeste medio.

Muchos de los seguidores católicos de Trump votaron por él por sus promesas de campaña de apoyar la libertad religiosa y designar a la Corte Suprema jueces en pro de la vida. Sin embargo, de acuerdo a Corriere della Sera, muchos dentro del Vaticano ven la victoria de Trump como evidencia de que Estados Unidos se ha vuelto “enojado y radicalizado”. Ellos parecen estar de acuerdo con el Obispo Daniel Flores de Brownsville, Texas, quien considera las políticas de deportación de la administración Trump como “la cooperación formal con un mal intrínseco; nada distinto de llevar a alguien a una clínica de aborto” (Crux, 26 de julio de 2016).

El hecho de que muchos católicos estadounidenses estuvieron dispuestos a votar por Trump llevó a Massino Faggioli, un profesor de estudios religiosos en la Universidad de Villanova, a escribir acerca del surgimiento de la iglesia católica americanista. “Estamos siendo testigos del retorno de lo que los estudiantes de historia religiosa recordarán como ‘americanismo’ cuando en 1899 el papa Leo XIII acusó a la iglesia de Estados Unidos de ser demasiado adaptable a la cultura política estadounidense”, escribió él.

“El asunto de un balance entre una interpretación (católica) universal de Catolicismo, y su necesaria conformación local-nacional, es una cuestión que todo católico en el mundo tiene que enfrentar, ya sea consciente o inconscientemente. Pero en este momento histórico, a la luz de la elección de Donald Trump a la presidencia de EE UU, me parece a mí, que profundo en el corazón del futuro de la Iglesia en Estados Unidos, está la decisión fundamental entre ser una Iglesia Católica Apostólica Romana en Estados Unidos, o ser una Iglesia católica americanista” (La Croix Internacional, 14 de noviembre de 2016; énfasis agregado).

Después del surgimiento del movimiento contracultural en la década de 1960, muchos católicos socialmente conservadores y protestantes hicieron a un lado sus diferencias para formar una “mayoría moral” capaz de dar un golpe contra la izquierda radical. Ahora, después de 50 años de cooperación, muchos católicos socialmente conservadores se encuentran más de acuerdo con republicanos en asuntos políticos que con la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos.

Si esta coalición evangélica-católica conservadora se pudiera manifestar en la forma de un ser humano viviente, esa sería la de Mike Pence, el compañero de carrera de Donald Trump. Pence se identifica como un “católico evangélico, nacido de nuevo”, quien empezó a mezclar su catolicismo con el protestantismo evangélico desde cuando estaba en la universidad.

Así que mientras el Sr. Trump promete frenar el flujo de inmigrantes ilegales en la nación, su vicepresidente está trayendo a los católicos nativos a una coalición política opuesta a muchos preceptos de la visión política del Vaticano.

¡Todo esto representa un enorme dolor de cabeza para el papa Francisco, quien se considera a sí mismo pastor de la iglesia universal!

“Donald Trump es un extranjero, sino un enemigo para la Roma papal”, escribió el columnista Massimo Franco en el Globalist. “Sus valores y visión geopolítica son opuestas a las de Jorge Mario Bergoglio [el papa Francisco]. En cierta forma, [Trump] es considerado un tipo de antipapa. Lo que preocupa, como lo ve la Santa Sede, es que el nuevo presidente de Estados Unidos podría convertirse en un modelo de conservadurismo, quizás incluso de un temperamento reaccionario dentro del propio mundo católico. Él podría empeorar la dificultad creciente de la iglesia de Francisco de ser escuchada en la opinión publica occidental” (17 de noviembre de 2016).

Iglesia sin fronteras

Entre otros desacuerdos entre Donald Trump y el papa Francisco están: el rechazo de Trump del calentamiento global como una teoría de conspiración China; su promesa de incrementar las tarifas sobre las importaciones; su condenación al Tratado de Libre Comercio Norteamericano; y su hostilidad al régimen de Castro en Cuba. En las palabras del reportero Austen Ivereigh de la Iglesia Católica en London: “Asumiendo que lleve a cabo estas promesas, Trump estrellará un camión directamente contra los objetivos geopolíticos del papa Francisco en las Américas el próximo año, y va a redefinir las prioridades públicas de la Iglesia en Estados Unidos por una generación” (Crux, 15 de Nov. de 2016).

Para defender sus “objetivos geopolíticos” el Papa elevó a tres arzobispos de Estados Unidos a la posición de cardenal el 19 de noviembre. Muchos esperaban el nombramiento del Arzobispo Charles Chaput como cardenal después de apoyar a Kim Davis el secretario del condado de Kentucky, quien se opuso a otorgar licencias de matrimonio a parejas del mismo sexo aun después que la Corte Suprema dictara la legalidad de tales matrimonios. No obstante, el papa Francisco dejó de lado a Chaput en favor de tres prelados anti-Republicanos y pro-inmigración: Blase Cupich de Chicago, Kevin Farrell de Dallas y Joseph Tobin de Indianapolis.

Pero el nombramiento más inesperado fue el del Arzobispo Tobin. Este hombre surgió a la prominencia nacional debido a su rol oponiéndose a Mike Pence acerca de una medida para prohibir refugiados Sirios de Indiana en 2015, cuando Pence era el gobernador del estado. Apoyado por la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, Tobin reubicó a una familia Siria en su diócesis en desafío directo a la instrucción del Gobernador Pence, de detener la reubicación de refugiados sirios en Indiana en la secuela del ataque
terrorista de Paris.

“De un solo golpe, por lo tanto, Francisco ha reformado el carácter del nivel más alto de la jerarquía estadounidense”, escribió el experto en asuntos del Vaticano John Allen Junior acerca del anuncio de estos nombramientos en octubre. “La perspectiva, mientras ciertamente se defiende la enseñanza de la iglesia en asuntos tales como el aborto y la eutanasia, está más inclinada a verlas como parte de una gama que también incluye la inmigración, la pena de muerte, el medio ambiente, la preocupación por los pobres, etc”. (ibíd. 9 de Oct. de 2016).

Otra forma en la que el papa Francisco busca contrarrestar la agenda de Trump, es animando un mayor acercamiento entre la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos y el Consejo Episcopal Latinoamericano.

Los lazos entre estos dos consejos han estado continuamente creciendo desde los días de Juan Pablo II, cuya exhortación en “Ecclesia en América” en 1999, puso alta prioridad en la integración política interamericana. Una reunión reciente convocada por el papa Francisco en Bogotá, Colombia, reunió a 15 cardenales y 120 obispos para celebrar el Extraordinario Jubileo de Gracia del Papa en el Continente Americano. Lo interesante acerca de este sínodo fue la inusual gran delegación de cardenales norteamericanos y obispos que asistieron.

Los observadores del Vaticano están pronosticando que Francisco podría comenzar a invitar prelados de Estados Unidos a convocatorias latinoamericanas más a menudo, en un esfuerzo de combatir el aislacionismo de esa administración, por medio de tratar a todo el continente de América como una entidad singular, como una sola tela sin costura.

Por siglos el Vaticano ha sido un defensor incansable de la unidad política de ambas Europa y Latinoamérica. Los sentimientos del actual Papa acerca de las fronteras nacionales fueron revelados en su exhortación apostólica de 2013.

“Los migrantes presentan un desafío especial para mí, ya que soy el pastor de una iglesia sin fronteras, una iglesia la cual se considera a sí misma madre de todos”, escribió Francisco en Evangelii Gaudium (Gozo del Evangelio). “Por esta razón, exhorto a todos los países a tener una franqueza generosa la cual, en vez de temer la pérdida de su identidad local, serán capaces de crear nuevas formas de síntesis cultural”.

Sanciones económicas

De muchas formas Donald Trump y Jorge Bergoglio están emergiendo como líderes de bloques de poder rivales. El Sr. Trump se está posicionando como líder de una rebelión en contra de elites transnacionales. El papa Francisco está haciendo el llamado a una nueva institución global, con la autoridad política de terminar ambas la pobreza y el cambio climático.

“El siglo XXI, a la vez que mantiene los sistemas de gobierno heredados del pasado, está siendo testigo de un debilitamiento de poder de naciones estado, principalmente debido a los sectores económicos y financieros, que son transnacionales y tienden a prevalecer sobre lo político”, escribió el Papa en su encíclica Laudato Si (Alabado Seas). “Dada esta situación, es esencial idear instituciones internacionales más
fuertes y organizadas más eficientemente, con funcionarios quienes sean nominados justamente y de común acuerdo entre los gobiernos nacionales, y con la facultad de imponer sanciones”.

A medida que Estados Unidos y Gran Bretaña comiencen a rebelarse contra la noción de tal autoridad política globalista, las organizaciones transnacionales como la Unión Europea y la Unión de Naciones Suramericanas están mirando hacia el Vaticano para el liderazgo. ¿Vendrá el día cuando el pueblo Anglo-Americano tenga sanciones económicas impuestas contra ellos, debido a rehusarse a someterse a las órdenes de un bloque de poder dominado por el Vaticano?

La Biblia de hecho tiene cosas fuertes que decir acerca de una iglesia falsa que ejerce gran poder político y económico, en el tiempo antes del regreso de Jesucristo. En Apocalipsis 13 esa iglesia es descrita como una que aparenta ser un cordero, pero que habla como un dragón. En Apocalipsis 17 y 18 esa iglesia tiene el nombre de “Babilonia la Grande” y se profetiza que reinará sobre un vasto imperio desde una ciudad con siete colinas. En cuanto a las profecías del Antiguo Testamento en Isaías 23 y Ezequiel 27, este imperio es llamado Tiro, el más poderoso centro de comercio en el mundo Mediterráneo antiguo.

Basado en estas escrituras, el educador Herbert W. Armstrong predijo que la Iglesia Católica Romana tendría otra vez influencia sobre una vasta alianza transcontinental, incluyendo a 10 reyes Europeos y una red de estados Latinoamericanos vasallos. Con su brazo izquierdo, este conglomerado dominado por el Vaticano alcanzará hacia el Sur y hacia el este, hasta el Oriente Medio para conquistar la Ciudad Santa, Jerusalén. Luego, con su brazo derecho, este “Sacro” Imperio Romano se extenderá hacia el sur y hacia el oeste, cruzando el Atlántico para tomar el control de Latinoamérica y sitiar a Estados Unidos.

Estas profecías podrían o no podrían ser cumplidas durante el papado de Jorge Bergoglio, quien ha expresado sentir que su pontificado podría ser breve. Sin embargo, este papa ha sido influyente en transformar el Colegio de Cardenales en un cuerpo gobernante, opuesto a principios de soberanía nacional y capitalismo de libre mercado.

Mientras la mayoría de católicos estadounidenses son más leales a EE UU que a la Ciudad del Vaticano, el hecho permanece que Dios está permitiendo muchas maldiciones destructoras de naciones para afligir a Estados Unidos, debido a que este pueblo se ha rebelado contra Su ley.

Políticas Imperiales

Incluso muchos católicos no captan que el Vaticano es más que la sede de un religión; es una nación-estado participante en maquinaciones políticas que involucran a imperios.

Tal como le escribió el economista político inglés, Rodney Atkinson al fallecido escritor de Trumpet, Ron Fraser en 2013: “Las políticas imperiales, en vez de la religión de la Iglesia Católica Romana, ha sido su
característica más importante”.

En 1898, el papa Leo XIII escribió una encíclica, Testem Benevolentiae Nostrae (Testigo de Nuestra Buena Voluntad), donde él declaró que el “americanismo” es una herejía. En particular, él condenó de ser falacias heréticas los ideales estadounidenses del individualismo, y la separación de la iglesia del estado.

Mientras muchos piensan que la Iglesia Católica Romana ha abandonado estas creencias, en 2014 el presidente del Consejo de Cardenales Consejeros del Papa impartió una conferencia en Washington, D.C., reafirmando que los conceptos estadounidenses de individualismo y libertarismo siguen siendo completamente incompatibles con la doctrina social católica. En su conferencia titulada “Autoridad errónea: el caso católico en contra del libertarismo”, el cardenal hondureño Oscar Rodríguez Maradiaga declaró que la “mano invisible” del libre mercado descrito por Adam Smith, el filósofo económico del siglo XVIII, fue una trampa cruel para explotar al pobre. Él hizo a un lado las críticas de las políticas económicas del papa Francisco de parte de católicos “libertarios”, tachándolas de ser falacias promovidas por aquellos quienes “no leen la doctrina social de la iglesia”.

Después de la conferencia de Maradiaga, un profesor asistente de teología en la Universidad de St. Johns habló de cómo los católicos verdaderos no se ven a sí mismos como individuos, sino como miembros de una comunidad, tanto como ellos ven a Dios como una ser trinitario.

Cuando tales afirmaciones son analizadas ante la profecía en la Biblia, se vuelve cada vez más claro por qué estos desarrollos deberían preocuparles profundamente a todos en Estados Unidos, sin importar su religión. La mayoría de personas están dormidas ante el peligro, pero un choque de civilizaciones está próximo entre Anglo-América y un imperio dominado por el Vaticano. Las políticas adoptadas por la administración de Trump, y los principios profundamente norteamericanos mucho más antiguos, están en total desacuerdo con la visión globalista de la Iglesia Católica Apostólica Romana.

Es importante reconocer que el papa Francisco y el Colegio de Cardenales están trabajando activamente para establecer un nuevo sistema de gobierno mundial. La Iglesia Católica Romana no cree que el Reino de Dios sea un gobierno literal que será establecido en la Tierra por Jesucristo en Su Segunda Venida. La posición de la Iglesia Católica Romana es que el Reino de Dios es una iglesia de los días modernos gobernada por el vicario de Cristo.

La profecía en la Biblia describe a una iglesia que existe en el tiempo del fin y que posee una influencia política significativa con “los reyes de la tierra”. Tendrá un poder particular sobre una unión político-militar de naciones descritas en terminología simbólica como una “bestia” (Apocalipsis 17). Esta descripción puede aplicar solamente a una iglesia en la historia moderna, una iglesia que se entromete en los asuntos de naciones y que se considera a sí misma como la madres de todos; una iglesia que se ha alineado con un imperio político repetidamente para poder ejercer su poder.

Muchas profecías revelan lo que esta iglesia hará en el tiempo que esta ante nosotros. En Isaías 47, por ejemplo, Dios llama a esa iglesia la “hija de la Babilonia” y la “señora de reinos”. Hablando de las naciones modernas descendientes de Israel antigua, el versículo 6 de ese capítulo profetiza que Dios le dará en cautiverio a esta “señora de reinos”, a Su pueblo por sus muchos pecados.

El actual antagonismo entre la entrante administración de Trump y el Vaticano es una señal que advierte que Estados Unidos pronto será atacado por una alianza transnacional dominada por Alemania y el Vaticano.

Estas mismas profecías revelan lo devastador que será este ataque. De hecho, la Escritura revela que debido a que esta “hija de Babilonia” no muestra misericordia hacia el pueblo bajo su dominio, Dios dice que Él personalmente se vengará de ella, echándola en el polvo.

Basado en estas escrituras, Herbert W. Armstrong escribió en La Pura Verdad de octubre 1951: “Aunque usted no lo crea, los Estados Unidos de Europa, lo cual fue un sueño de Winston Churchill, y una idea patrocinada, apoyada, impulsada y financiada por Estados Unidos [de Norteamérica], es la misma idea que el papa aprovechará y que ya está formada, empacada y marcada ‘hecho en U.S.A.’ ¡y lista para que le sea entregada! Y al promover esta idea utópica, los ingenuos y confiados Estados Unidos y Gran Bretaña ¡están creando el Frankenstein que los destruirá!”

Dios nos dice cómo podemos ser protegidos de este desastre sin igual. El libro de Ezequiel fue escrito específicamente para este tiempo del fin. (Solicite su copia gratuita de nuestro folleto Ezequiel).

“Tú, pues, hijo de hombre, di a la casa de Israel: Vosotros habéis hablado así, diciendo: Nuestras rebeliones y nuestros pecados están sobre nosotros, y a causa de ellos somos consumidos; ¿cómo, pues, viviremos? Diles: Vivo yo, dice [el Eterno] el Señor, que no quiero la muerte del impío, sino que se vuelva el impío de su camino, y que viva. Volveos, volveos de vuestros malos caminos; ¿por qué moriréis, oh casa de Israel?” (Ezequiel 33:10-11). Hay solo una forma en que Dios nos protegerá. Nuestro pueblo debe volverse, volverse, volverse de sus malos caminos.

Dios no se complace en la muerte del impío. ¿Por qué moriréis, oh casa de Israel? ¡Qué pregunta tan aterradora!

Incluso si las naciones de Israel rechazan la advertencia de Dios, Él los hará de todos modos las naciones principales en el maravilloso Mundo de Mañana. Eso pasará después que ellos hayan vivido por el peor sufrimiento jamás.

Es cuestión de grave importancia (de vida o muerte), que todo quien escuche este mensaje ponga atención y tome nota de la seriedad de los tiempos actuales.

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