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Trump le dice a Alemania: '¡Tomen el control!'

La presión acumulada ante Alemania la forzará a perseguir agresivamente sus propios intereses por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial. 

¿Es ahora Estados Unidos enemigo de Alemania? Con la elección de Donald Trump, el gobierno alemán y los medios de comunicación así lo creen.

Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, Alemania ha estado bajo la sombra de Estados Unidos. Aquella nación no ha promovido agresivamente sus propios intereses, ni ha tenido que hacerlo.

Estados Unidos ha cuidado de ellos.

Pero ese tiempo ya se acabó. El presidente Trump está introduciendo el mayor cambio en el orden mundial desde la caída del muro de Berlín.

Durante la Guerra Fría, los intereses de Alemania y Estados Unidos eran los mismos. Si Rusia hubiera invadido a Europa occidental, la amenaza soviética para Estados Unidos habría explotado, así que Estados Unidos defendió a Alemania, al grado de reunificar al mismo país que éste había ayudado a dividir después de la guerra. Y desde la Guerra Fría Estados Unidos y Alemania han enfrentado una amenaza común, ante el islam radical.

Estados Unidos también ha cuidado de los intereses económicos de Alemania. Ambos países querían un comercio mundial libre y estable, con océanos abiertos y rutas comerciales.

Mientras tanto, Alemania tenía buenas razones para mantener su cabeza agachada. La destrucción causada por los nazis permanece en la memoria en vida. Si Berlín buscara imponerse, otras naciones rápidamente se le opondrían.

Entonces, la política alemana ha sido simple: Estados Unidos cuida de los intereses generales de Alemania, mientras Berlín se enfoca en construir un poder económico, no político.

Por supuesto hubo desacuerdos. Unas veces, Alemania promovió su propia agenda. Los Balcanes son un buen ejemplo: Alemania reconoció la independencia de Croacia de Yugoslavia contra una oposición mayoritaria. Pero apenas llegó Estados Unidos, Berlín complacido dejó que Washington hiciera el trabajo pesado.

Sin embargo, ahora los tiempos son diferentes. En un mundo cada vez más peligroso y caótico, Alemania tiene que hacer valer agresivamente sus intereses, por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial.

La amenaza no se deriva de unos pocos comentarios improvisados del nuevo presidente, sino de toda su visión del mundo. El Sr. Trump promete una política exterior revolucionaria. Más que perseguir los intereses de largo plazo de Estados Unidos, él pretende maximizar las ganancias de corto plazo. A él le importa el balance contable, no el balance de poderes.

Esto ha desencadenado una respuesta casi frenética en Alemania. “La inauguración de Donald Trump anuncia la llegada de un nuevo orden mundial”, escribió Spiegel online. “Trump es el fin del mundo tal y como lo conocemos”.

“¿Puede ahora la Europa de Merkel permanecer junta?, preguntó ese artículo. “¿Puede ella convertirse en un digno adversario de Trump en los conflictos que se avecinan sobre las regulaciones comerciales, acuerdos internacionales, y el orden económico y jurídico liberal que han sido tan importantes para Estados Unidos por las últimas seis décadas? (20 de enero; énfasis añadido en todo). Uno de los diarios más populares e influyentes en Europa ve a Estados Unidos como el enemigo, y se pregunta si su líder es lo suficientemente agresivo.

En una entrevista en 1990 el Sr. Trump señaló a Alemania y a Japón como los dos mayores enemigos de Estados Unidos porque, dijo él, los dos “están ganando miles de millones exprimiéndonos”.

“El personal de Merkel está convencido de que sus opiniones no han cambiado”, escribió Spiegel online (op. cit.). Los líderes de Alemania creen sinceramente que Estados Unidos los tiene en la mira.

Alemania bajo ataque

¿Qué podría causar que Alemania estuviera tan desesperada? Aparentemente, la nación va muy bien. La economía creció más rápido de lo pronosticado en 2016. En vez de tomar prestado, en realidad el gobierno está pagando sus deudas. La nación está creciendo en poder rápidamente.

Pero Alemania es vulnerable. Su orden político se está fragmentando. El partido neófito, Alternativa por Alemania (AfD por sus siglas en alemán) y el partido de izquierda (los excomunistas de Alemania oriental) están ganando popularidad, amenazando con desestabilizar a todo el sistema político del país. En general a ambos se les considera demasiado extremos como para trabajar con los partidos convencionales. El terrorismo y la inmigración, en sí las principales amenazas, no hacen más que empujar a más votantes hacia estos partidos.

Menos apreciado es el peligro económico de Alemania. De todas las grandes economías, Alemania es la más dependiente de las exportaciones, las cuales representan casi la mitad de su producción económica, comparada con solo una quinta parte para Estados Unidos. Una caída en las exportaciones tendría consecuencias importantes inmediatas.

En esto, la perspectiva del Sr. Trump amenaza directamente a Alemania. Él cree que libre comercio significa que otras naciones se aprovechan de Estados Unidos. Él quiere reevaluar completamente la política de comercio mundial. Aparte de Alemania, ninguna otra nación tiene más que perder por esta reevaluación.

Dado el actual problema político de Alemania, la agitación económica desencadenaría una crisis política sin precedentes en su historia de posguerra. Si el AfD y los comunistas actualmente tienen entre 10 y 15 por ciento de los votos cada uno, ¿cuánto más no aumentaría su popularidad después de una crisis económica? Entre los dos podrían ganar la mayoría de los votos, lo cual significaría que ninguna coalición del gobierno sería posible sin uno de estos grupos. Los peligros planteados por una crisis en las exportaciones en Alemania son mucho mayores que un ligero incremento en el desempleo. Esto podría destruir el sistema político de Alemania.

Y esta, es exactamente la clase de agitación económica que Donald Trump amenaza con iniciar.

‘Nuestra prosperidad está en riesgo’

En su entrevista con Bild y el Times, publicada el 15 de enero, el Sr. Trump amenazó a bmw con tarifas del 35 por ciento. Estados Unidos es el destino principal de las exportaciones alemanas. Para que la economía de Alemania crezca, ésta debe aumentar las exportaciones. Con la mayoría de los mercados de exportación de Alemania en problemas, Estados Unidos es uno de los pocos lugares con el potencial para crecer. Cualquier cosa que amenace con frenar ese aumento es un peligro para Alemania. Pero el Sr. Trump quiere ir mucho más lejos y reducir drásticamente las ventas alemanas a EE UU.

Manipulando los aranceles, el Sr. Trump amenaza con destruir la economía de Alemania.

A Alemania le preocupa que el Sr. Trump pueda usar la Ley de comercio de 1974 para imponer aranceles de hasta un 15% a los productos alemanes durante 150 días, sin necesidad de consultar al Congreso.

Mucho en el análisis del presidente Trump es correcto. El milagro de las exportaciones de Alemania se debe en gran parte al euro. El euro es un subsidio de facto para los bienes alemanes. Las economías débiles en el sur de Europa mantienen al euro débil, y barato. Euros más baratos significan productos alemanes más baratos, lo cual significa más exportaciones desde Alemania. Si Alemania no fuera parte del euro, sus bmw serían más caros. El Sr. Trump está perfectamente justificado en gravarlos.

Sin embargo, un interés central alemán está en peligro. Alemania debe persuadir a Estados Unidos a que no imponga aranceles; debe encontrar una manera de que éste tenga comercio libre con Alemania, en la modalidad de corto plazo de Trump. En otras palabras, Alemania necesita poder e influencia; un regreso a la política de poder y una búsqueda agresiva del interés propio.

“Nuestra prosperidad está en riesgo más que en ningún otro momento en los últimos 60 años”, advirtió Markus Kerber, director general de la Federación de Industrias alemanas. Si el Sr. Trump continúa con su retórica sobre el libre comercio, “el modelo de prosperidad alemana fracasaría”.

Pero la amenaza que el presidente Trump plantea para la economía alemana va más allá del comercio directo.

Trump vs. la UE

La dependencia alemana en sus exportaciones hace de la unidad europea, un interés fundamental. Siete de los 10 principales destinos de exportación de Alemania se encuentran en la Unión Europea. Que la UE se deshaga o que el euro fracase, implica una depresión económica para Alemania.

Desafortunadamente para Berlín, el presidente Trump quiere exactamente eso. La UE, dijo él en su entrevista del 15 de enero, es “básicamente un vehículo para Alemania”. Él alabó la decisión de Gran Bretaña de salirse y añadió: “Creo que otros también se saldrán”.

Spiegel online escribió: “A los funcionarios en Bruselas les preocupa que uno de los objetivos de la política exterior de Trump sea dividir a la UE; por ejemplo, en áreas como la política medioambiental y energética, pero particularmente en su relación con Rusia” (op cit).

Durante 60 años los estadounidenses han estado animando la unificación europea. Ahora, ellos tienen un presidente que ideológicamente se opone.

La simpatía del Sr. Trump por Gran Bretaña puede que esté concebida para dañar a la UE. La primera ministra británica Theresa May fue la primera líder mundial en visitar al presidente Trump en la Casa Blanca. Su administración está prometiendo acuerdos comerciales lucrativos para Gran Bretaña después del Brexit, lo cual es un marcado cambio de su predecesor quien había dicho que, si Gran Bretaña dejaba la UE, él la pondría “al final de la cola”.

Tales acuerdos entre Gran Bretaña y Estados Unidos socavarían la posición de Europa en cualquier negociación del Brexit. Gran Bretaña entraría en conversaciones teniendo a su favor la economía más poderosa del mundo.

Más importante aún, cualquier acuerdo comercial efectivamente representaría una invitación del presidente Trump a cualquier otra nación que pensara seguir a Gran Bretaña. Dejar a Europa no es dar un salto en la oscuridad, estaría diciendo él. Abandone a Europa y nosotros le recibiremos con los brazos abiertos y con grandes acuerdos. Con razón los oficiales en Bruselas están preocupados.

El aislacionismo de Trump plantea una amenaza adicional, aunque menos directa, a la unidad europea. Por años el liderazgo estadounidense había impedido que la UE se enfrentara al tipo de tensión que ahora amenaza con destrozar al Continente. Aunque aquel liderazgo no podía proteger a Europa de problemas económicos como la crisis del euro, Europa no tenía que enfrentar preguntas como ¿qué hacemos con Rusia?, ¿cómo enfrentamos el terrorismo? Las preguntas estaban ahí, pero las respuestas no importaban mucho; Estados Unidos establecía la dirección para Occidente, y Europa solamente decidía si subir a bordo o no. Estados Unidos hizo todo el trabajo duro, persuadiendo o engatusando a las naciones para que siguieran el liderazgo estadounidense.

Incluso antes de la elección del Sr. Trump, las respuestas de Europa comenzaron a importar. Pero ¿cómo se llega a una respuesta común para un bloque con una gama de puntos de vista tan diversos? En un extremo se encuentra Estonia, donde todos los hombres jóvenes son conscriptos en las fuerzas armadas y uno de cada 20 de sus adultos en edad de trabajar sirve en el ejército o es voluntario en la guardia nacional. El temor a Rusia ha llevado a la nación a aproximarse al modelo israelí en términos del nivel de participación de sus ciudadanos en el ejército. Pero en el mismo bloque hay naciones como Austria e Italia que se burlan de las sanciones contra Rusia.

Antes, Estados Unidos proveía el liderazgo necesario para mantener a dicho grupo en la misma página. Ahora alguien debe reemplazar ese liderazgo. Alguien debe pelear contra los intentos del Sr. Trump de dividir la UE. Porque si nadie lo hace, el euro, la UE y la prosperidad de Alemania se derrumbarán.

Presión desde Rusia

Mientras tanto, Alemania también podría enfrentar peligro de Rusia. El Sr. Trump promete una revolución en las relaciones con Moscú. Casi todos los presidentes de EE UU desde la década de 1990 han iniciado prometiendo vínculos más estrechos con Rusia, solo para quedarse desilusionados. Pero esta vez, Rusia parece interesada en seguir la corriente, al menos por un tiempo. Además, el particular rechazo del Sr. Trump a los intereses de largo plazo de Estados Unidos podría llevarlo a tolerar una expansión rusa a la que se opusieron todos los anteriores presidentes de EE UU.

Ahora, Europa debe confrontar esta amenaza; pero sola.

Para Alemania, la situación podría volverse peor. Jochen Bitter, editor del semanario alemán Die Zeit, escribió en el New York Times que la elección del Sr. Trump deja al presidente ruso Vladimir Putin sin un “ogro vigilando”. Si el presidente de EE UU ya no es la fuente de todo el mal en el mundo, entonces ¿a quién más puede Putin culpar y atacar? “¿Adivine quién califica mejor como ese nuevo ‘ogro’?” Preguntó Bitter. Pues, “Angela Merkel” (1 de enero).

“La canciller alemana es un blanco perfecto”, continuó él. “Alemania tendrá elecciones generales el próximo otoño, y con el auge de políticos que simpatizan con Moscú, ella bien podría estar compitiendo por su cuarto mandato como el único líder europeo dispuesto a enfrentarse a una Rusia recientemente imperiosa”.

Durante la administración de Obama, Merkel trabajó duro para mantener unida a Europa en sus sanciones a Rusia. Si Trump les da reversa a esas sanciones y Alemania no, Merkel quedaría como el oponente ruso más prominente del mundo, y sometida a toda la fuerza de la ira y del genio geopolítico de Putin. Eso no es algo a lo que ella esté acostumbrada.

Una Rusia con el apoyo de Estados Unidos sería poderosa. “Si Trump mantiene su posición, la opinión de la canciller es que Europa podría estar enfrentando una gran amenaza”, escribió Spiegel Online (op cit). Elmar Brok, un miembro del Comité de Asuntos Exteriores en el parlamento de la UE, advirtió que Putin podría aprovechar la oportunidad para apropiarse de uno de los estados del Báltico: “Los mensajes de Trump acerca de la otan podrían llevar a una situación en la cual Putin dijera, ‘¡vamos a intentarlo!’”.

Paul D. Millar, profesor asistente de estudios de seguridad internacional en la Universidad de Defensa Nacional, escribió en Foreing Policy: “Ahora Putin tiene el ambiente internacional más favorable desde el fin de la Guerra Fría para continuar la expansión rusa”
(16 de noviembre).

Rusia podría tomar ventaja del favor de Trump para tratar de dividir y gobernar a Europa; mientras que Trump mismo está haciendo la misma cosa.

Bajo toda esta presión, Alemania tendría que afirmarse agresivamente en contra de ambos poderes juntamente, y mantener unida a Europa al mismo tiempo.

‘La brutal búsqueda del interés propio’

Pensadores alrededor del mundo ven venir este cambio en Europa. “El Brexit, una conmoción en todos los aspectos, se combinará con una presidencia de Trump para forzar a la UE a dejar de lado las cosas pueriles, y hacerse preguntas difíciles a sí misma”, escribió John Lloyd en un artículo publicado por Reuters. “La infancia podría estar terminando: [lo cual es] siempre una transición difícil” (13 de enero).

Sí, esa transición será difícil, pero en los próximos meses el mundo va a ver a Alemania y a Europa madurar.

Así que Alemania enfrenta una presión creciente desde todos lados y ya no puede confiar en Estados Unidos; incluso lo ve como un enemigo. ¿Qué es el resultado? Que la nación debe defenderse por sí misma. Si Estados Unidos sigue una política estrechamente definida como “Estados Unidos primero”, entonces Alemania no tiene más opción que responder con una política de “Alemania primero”.

Alemania no ha tenido que hacer esto en 70 años. Como George Friedman lo escribe en su libro Flashpoints, después de la Segunda Guerra Mundial Alemania y Japón “trataron de convertirse en gigantes económicos sin volverse poderosos militarmente. Ambos ejercen menos poder internacional de lo que podrían”.

“Las intenciones alemanas son tener una política económica sin consecuencias políticas, y positivamente sin consecuencias militares”, escribe él. “Ellos pretenden ser el poder dominante en Europa sin imponer su voluntad a ninguno. Su intención es solo ejercer un elemento de poder nacional, el económico, y ejercerlo sin la brutal búsqueda del interés propio. (…) Este es un impulso entendible. Mas no está claro que sea práctico”.

Ciertamente ha habido líderes que quisieron una Alemania más fuerte. Pero Friedman da una buena descripción de la visión del mundo de
cancilleres tales como Angela Merkel.

Como Friedman lo señala, Alemania está siendo forzada a una “búsqueda más brutal del interés propio” por la crisis del euro. Ésta tiene que imponer su voluntad en el sur de Europa, o si no enfrentará mayores crisis políticas y económicas. Ahora bien, el cambio del paradigma en la visión mundial de Estados Unidos añade otra gran presión.

Durante los últimos 70 años Europa ha vivido en una burbuja, donde Estados Unidos ha contenido las presiones de la política global. Con la retirada de Estados Unidos, la realidad se está estableciendo; una realidad donde, como uno de los primeros pensadores de las relaciones internacionales, Tucídides, lo puso, “los fuertes hacen cuanto pueden y los débiles sufren cuanto deben”.

Alemania se verá obligada a volverse fuerte de muchas maneras.

Debe volverse fuerte en su respuesta a Rusia. Debe reunir la fuerza para unir a Europa a su alrededor. Tendrá que persuadir, rogar o forzar a Francia e Italia para que acepten la ampliación de sanciones, o hacer lo mismo con los países bálticos para mantenerlos en la senda del acercamiento.

Oriente Medio no puede dejarse más en manos de Estados Unidos; Europa ya ve esto. Alemania debe fortalecer su política exterior, o la inundación de migrantes y ataques terroristas destruirán su sistema político.

Alemania debe preservar y fortalecer su comercio internacional. Esto puede significar luchar contra Estados Unidos para ganar influencias, enfrentando fuerza con fuerza a fin de prevenir los gravámenes del Sr. Trump. De nuevo, esto probablemente significará una búsqueda agresiva de sus propios intereses en Europa. Significará mantener al menos un núcleo de naciones juntas mientras Estados Unidos trabaja para separarlas.

Brad Macdonald, columnista de Trompeta, después del ataque terrorista en Alemania de diciembre pasado, escribió: “Los berlineses, el pueblo alemán e incluso los europeos en general, cada vez más enfrentarán la disyuntiva de elegir entre quienes quieren ser y quienes necesitan ser. Ellos deben querer ser progresistas, de mente abierta y tolerantes, pero el mensaje desde Berlín y todos los otros ataques es que ellos necesitan ser más cínicos, más implacables y más beligerantes. Esto, [el lector] puede estar seguro, es una tendencia que nos afectará a todos”.

Los alemanes y los europeos enfrentan exactamente la misma opción en la política exterior. El lujo que han disfrutado por décadas de poder renunciar a la búsqueda brutal de su propio interés porque Estados Unidos se hacía cargo, está terminando. Ahora bien, si ellos no buscan agresivamente sus propios intereses en los próximos años, enfrentarán la calamidad. Ellos no dejarán que eso suceda. Pronto veremos una nueva Alemania, una que esté dispuesta a presionar a otras naciones alrededor.

Retornando a su historia

Europa es pacífica ahora. La historia muestra que esto es anormal. Esta paz ha existido solo porque Estados Unidos eliminó la necesidad inmediata de las naciones europeas de ser fuertes y defenderse por sí mismas. Con esto acabado, Europa volverá a su carácter histórico.

El presidente Trump está impulsando una política aislacionista; una que se opone a la UE; pero, aparte del comercio, no directamente anti-alemana. Él probablemente no se da cuenta de la presión que está poniendo sobre Alemania. Los alemanes pueden creer que el Sr. Trump es un enemigo, pero hay poca evidencia de que él mismo piense así. Él se opone a Alemania de maneras importantes, pero en otras áreas, él está completamente a favor. ¿Más gasto militar alemán? ¡Excelente! ¿Más tropas alemanas en Oriente Medio? ¡Maravilloso! ¿Un ejército de la UE? ¡Es tiempo de defenderse ustedes mismos!

Al mismo tiempo que Estados Unidos se aleja del mundo, está forzando a Alemania a regresar a la política del poder. Esto pone el escenario perfecto para que Alemania resurja como una potencia mayor.

Esto es exactamente lo que Trompeta ha pronosticado por años.

Estos pronósticos se están volviendo realidad rápidamente. En enero de 1963, Herbert W. Armstrong, jefe de redacción de La Pura Verdad, predecesora de Trompeta, escribió: “Una Europa unida, la asombrosa resurrección del ‘Sacro Imperio Romano’, una gigantesca potencia mundial nueva igual a Rusia o Estados Unidos, tal vez incluso más fuerte. Luego ésta sostendrá el balance del poder entre Oriente y Occidente”.

Es fácil ver cómo la política exterior del presidente Trump llevará al surgimiento de esta nueva potencia en Europa, una potencia que, como el Sr. Armstrong profetizó, no se sienta simplemente a la sombra de Estados Unidos, sino que mantiene su propia base de poder, desarrolla sus recursos propios y afirma su propia política exterior.

Pero el surgimiento de este nuevo poder europeo realmente es “la llegada de un nuevo orden mundial” como lo expresó Spiegel Online. Es un mundo que pocos vivos hoy han visto jamás; uno con un asertivo poder en Europa, un poder que está listo para retar a Estados Unidos y a Rusia.

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