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Yuri Kadobnov/AFP/Getty Images

Tema a este hombre

Aquellos que subestiman a Vladímir Putin de Rusia lo hacen bajo su propio riesgo.

En Occidente muchos ven al presidente ruso, Vladímir Putin más como un muchacho amedrentador en un patio de recreo que como un tirano despiadado. Él es malicioso y antipático, pero su comportamiento (nos decimos) es producto de su inseguridad; si lo ignoramos, se le pasará. Muchos se divierten e incluso admiran la personalidad y el comportamiento de Putin. Él es el John Wayne de la política mundial: decidido, inflexible y masculino. Es la antítesis del político occidental blando y políticamente correcto. Él es tradicional, conservador y pragmático en un mundo cada vez más liberal, secular y peligrosamente idealista.

Pero nosotros no debemos dejarnos engañar por Vladímir Putin.

Existe amplia evidencia de lo que este hombre está tramando y de lo que es capaz; lo cual es evidencia más que suficiente para socavar la ingenua perspectiva que muchos tienen de él. Muchos de quienes ignoran esta realidad van a sufrir por eso.

A menudo el mal tiene una forma de parecer atractivo y tentador, justo antes de destruirnos.

Recordando a Ryazan

En 1999, ocurrió un periodo de ataques terroristas en Moscú y otras ciudades rusas. Alguien puso explosivos en automóviles, en edificios de apartamentos y centros comerciales. Cientos de personas resultaron muertas y muchas más fueron heridas. El país estaba
dominado por el miedo y la ansiedad.

Se creía ampliamente que los ataques eran perpetrados por rebeldes chechenos. Chechenia es una pequeña franja de territorio en el Cáucaso, cerca del mar Caspio. Después de la disolución del Imperio soviético, los separatistas chechenos declararon la independencia. Desde entonces, han persistido la tensión y la guerra.

Boris Yeltsin, envejecido y con mala salud, era presidente de Rusia aquel verano y otoño cuando las explosiones estaban aterrorizando al país. En agosto, Vladímir Putin dejó de ser jefe del fsb (Servicio de Seguridad Exterior de Rusia, sucesor de la kgb) y se convirtió en primer ministro de Rusia, sirviendo bajo Yeltsin. En ese tiempo, Putin estaba posicionándose para postularse a las elecciones presidenciales del año 2000.

Para un candidato político buscando hacer historia, las explosiones devastadoras que remecieron a Rusia fueron una tremenda oportunidad. El país estaba en crisis, y Putin se presentaba a sí mismo como duro, decidido y capaz. El resto es historia. Hoy él es considerado como el hombre más poderoso sobre la Tierra.

Pero hasta la fecha muchos creen, y la evidencia lo indica, que esta oportunidad en realidad fue creada por el candidato presidencial y ex-agente de la kgb.

En The Man Without a Face —The Unlikely Rise of Vladimir Putin (El hombre sin rostro­, el improbable surgimiento de Vladímir Putin), la periodista rusa Masha Gessen documenta múltiples ejemplos de la rudeza y personalidad cruel de Putin. En una larga sección, Gessen investiga el bombardeo frustrado de un edificio de apartamentos el 22 de septiembre de 1999, en la ciudad rusa de Ryazan.

El ataque fue frustrado cuando un conductor de autobús local que regresaba a su apartamento aquella tarde, vio a dos individuos descargando sacos pesados de un vehículo y colocándolos en el hueco bajo las escaleras en el sótano del edificio de apartamentos. El hombre sospechó algo y llamó a la policía. La policía examinó dentro de los sacos etiquetados como “azúcar” y vieron unos cables y un reloj. Llamaron al escuadrón de bombas y rápidamente evacuaron el edificio. Cientos de residentes, algunos de los cuales eran discapacitados, pasaron horas esa noche parados en el frío.

A la mañana siguiente, toda la nación estaba hablando sobre el ataque frustrado. El Ministro del Interior llamó a una conferencia de prensa para el 24 de septiembre con el fin de revelar que se había evitado una explosión.

Pero entonces sucedió algo extraño. Media hora después que éste dio su conferencia de prensa, el jefe del fsb (un aliado cercano de Putin) explicó en otra conferencia de prensa que el ataque frustrado era realmente un ejercicio de entrenamiento del fsb. Aparentemente los individuos que colocaron los sacos eran oficiales del fsb, y no había explosivos adentro.

Aunque muchos se creyeron la historia, los datos no encajaban. La policía local en realidad había visto las bombas en los sacos. Tras tal descubrimiento, más de 1.200 oficiales de policía habían sido enviados para encontrar a los terroristas. ¿Por qué hacer eso si era un ejercicio de entrenamiento? El departamento local del fsb no tenía conocimiento del ejercicio de entrenamiento. ¿Por qué permitieron que el ministro del interior de Rusia pasara por tonto en la televisión hablando del ataque frustrado? Los relatos de los testigos indicaron que el vehículo desde el cual descargaron los sacos pertenecía a oficiales rusos. Ninguno de los ciudadanos evacuados de sus apartamentos creyó que esto fuera un ejercicio de entrenamiento.

En su libro, Gessen destruye poderosa y lógicamente el cuento del “ejercicio de entrenamiento”. ¿Pero por qué fabricaría el fsb tal historia? ¡Porque las autoridades locales que investigaban el ataque frustrado estaban siguiendo una pista que los llevaba directamente al fsb!

Es importante notar además que la brigada de bombas identificó la sustancia en los sacos como hexógeno, un poderoso material explosivo comúnmente usado en bombas desde la Segunda Guerra Mundial. Como lo afirma Gessen, el mismo explosivo había sido usado en algunos otros bombardeos en Moscú y otros lugares en las semanas previas a los atentados de Ryazan. Esto levantó una pregunta obvia: ¿fue el propio fsb de Rusia responsable de algunos de los otros ataques terroristas que mataron e hirieron a cientos de rusos? Muchos creen que sí.

Gessen explica cómo inicialmente ella no podía creer que el Kremlin hiciera tal cosa a su propio pueblo, pero después de ver la evidencia dijo que, “Ahora sí podía creer que el fsb muy probablemente había estado detrás de los mortíferos atentados que sacudieron a Rusia y ayudaron a convertir a Putin en su líder. (…) La cadena mortal de explosiones cesó al mismo tiempo”.

Que sorprendente coincidencia: después del frustrado ataque de Ryazan, los atentados aparentemente se detuvieron.

Gessen también relata las investigaciones de Boris Berezovsky, un hombre de negocios rico e influyente que ayudó a Putin a convertirse en presidente. Berezovsky se peleó con Putin poco después que asumió el cargo. La vida como opositor de Putin era peligrosa; por lo que, con el gobierno ruso buscando cargos criminales contra él, Berezovsky pidió asilo político en Reino Unido. Desde Londres, Berezovsky aumentó su esfuerzo por exponer y oponerse al presidente de Rusia.

Berezovsky inició su propia investigación sobre los atentados de Ryazan. “Le puedo decir con absoluta sinceridad que en ese tiempo yo estaba seguro que eran los chechenos”, le dijo a Gessen casi 10 años después del ataque. “Fue cuando vine aquí [a Londres] y comencé a mirar hacia atrás que finalmente llegué a la conclusión de que las explosiones fueron organizadas por el fsb. Y esta conclusión no se basó solamente en la lógica; no tanto en la lógica como en los hechos. Pero en aquel tiempo yo no vi esos hechos…”. Él dijo que el fsb tenía la intención de usar las explosiones “para unir a los rusos en temor y en un deseo desesperado de un líder nuevo, decisivo e incluso agresivo, que no perdonaría a ningún enemigo”.

El 23 de marzo de 2013, encontraron a Berezovsky colgado en su casa cerca de Ascot. Nadie sabe si se suicidó o si uno de los tantos atentados contra su vida finalmente tuvo éxito.

Lanzamiento de la carrera de Putin

La oleada de atentados en 1999 fue fundamental para la irrupción de Putin como presidente de Rusia. Durante su primera aparición en la televisión rusa, el día después del incidente en Ryazan, Putin le dijo a su pueblo: “Nosotros los vamos a capturar. Donde sea que los encontremos, los destruiremos. Aun si los encontramos en el cuarto de baño, los liquidaremos en el retrete”.

Esta fue la primera vez que Putin aparecía en televisión y su mensaje, tanto en la entrega como en el contenido, fue enérgico, inflexible y, para una nación en crisis, increíblemente interesante. “Este era el lenguaje de un líder que estaba planeando gobernar con su puño”, escribió Gessen. “Este tipo de declaraciones vulgares, a menudo condimentadas con humor insultante, se convertirían en el instrumento oratorio distintivo de Putin. Su popularidad comenzó a dispararse” (énfasis agregado).

El 31 de diciembre, con su salud debilitada y enfrentando enormes presiones de muchos oficiales rusos, Boris Yeltsin renunció inesperadamente. Vladímir Putin, el ex-agente de la kgb y en ese momento uno de los políticos de Rusia más populares y reconocidos (por la aparente solución a la guerra de Rusia contra los terroristas chechenos), se convirtió en presidente interino. Para el tiempo en que las elecciones se realizaron tres meses después, Putin, habiendo tenido acceso a las muchas palancas de influencia del Kremlin, se había garantizado la victoria. Tomó posesión de su cargo como presidente el 7 de mayo de 2000.

Quince años después, todavía está ahí.

La realidad

En 15 años, Putin ha retenido no solamente su poder, sino también su estrategia para la victoria. Hoy, muy similar a lo que hizo en 1999, Putin exagera o fabrica amenazas para levantar alarma y crear ansiedad. Luego busca explotar el temor y enojo de su pueblo presentándose a sí mismo (y sus políticas) como la solución. Él ha hecho esto en Crimea, Ucrania y ahora en Siria.

Así es como opera Vladímir Putin. Los líderes occidentales necesitan reconocer esta realidad.

Putin es un tirano cruel y desalmado con una intensa determinación de debilitar a Occidente, especialmente a Estados Unidos, para expandir el poder ruso, y establecer a Rusia como la nación líder del mundo. Él ha tomado Crimea y diezmado a Ucrania. Está construyendo alianzas con Oriente con el propósito de debilitar a Occidente. Ahora mismo se está forjando como la autoridad suprema y eje central en las políticas de Oriente Medio.

¡Este hombre quiere ser la autoridad mundial suprema!

Los líderes de Estados Unidos y Gran Bretaña parecen deliberadamente ciegos a la naturaleza de Vladímir Putin. Él no es el muchacho amedrentador en un patio de recreo, que tiende a crear problemas y ocasionalmente se pasa de la raya. Él es mucho más que el retrato de un hombre muy macho que se hace pasar como el defensor de los valores conservadores y tradicionales. Este hombre es un asesino y necesita ser temido, y tomado en serio. Él está cambiando el curso de la historia.  

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