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Su peregrinación diaria

Su peregrinación diaria

Los inicios del ministerio de Herbert W. Armstrong destacan la importancia de establecer una base sólida de oración. Descubra cómo realizar una peregrinación diaria al trono de Dios a través de su vida de oración personal.

Transcripción de La Llave de David

Herbert W. Armstrong:

Todos los apóstoles y evangelistas de la verdadera Iglesia de Dios del primer siglo realizaban milagros, incluso mayores que los de Jesús, al punto que, cuando la sombra de Pedro pasaba sobre la gente, los enfermos quedaban sanados. Los enfermos y los afligidos se sanaban con sólo que la sombra de Pedro pasara sobre ellos. Ahora bien, Pedro, Esteban, Felipe y Pablo (todos ellos hombres comunes y corrientes, discípulos de Jesucristo) todos ellos poseían ese poder, amigos míos, el mismo poder que tenía Jesús, porque vivían y caminaban cerca de Dios y estaban llenos del Espíritu Santo de Dios, el poder de Dios.

Y parece que hoy carecemos de ese poder, no porque Dios nos lo niegue, sino porque estamos tan inmersos en un mundo moderno y materialista; nuestras mentes están tan ocupadas con los intereses materiales de esta vida, porque nos hemos alejado tanto de Dios y porque no estamos en contacto con Él. Dios dice: “Acérquense a mí y yo me acercaré a ustedes”. Pero no nos acercamos a Dios, sino a los intereses materialistas, a los placeres y a los pasatiempos del mundo. Y, al no orar lo suficiente y bien, con entrega, sumisión, sinceridad y verdaderamente conmovidos, nos hemos alejado de Dios. En consecuencia, como no estamos llenos del Espíritu Santo, no tenemos la fe necesaria para obtener respuesta a nuestras oraciones.

Stephen Flurry:

Ese es Herbert Armstrong en uno de sus antiguos programas de radio, hablando de por qué no obtenemos respuesta a nuestras oraciones. El caso es que no estamos lo suficientemente cerca de Dios. El apóstol Pablo habló de avivar el Espíritu de Dios. Y lo hacemos acercándonos más a Él a través de la oración y el estudio de la Biblia. Y el Sr. Armstrong dio un magnífico ejemplo de eso.

En el programa de hoy destacaremos dos libros: El nuevo trono de David, escrito por mi padre, con una magnífica sección sobre la roca de la oración (de la que hablaré en un momento) y también sobre la vida de oración del Sr. Armstrong. Y el otro es el folleto sobre Santiago. En nuestro estudio de hoy analizaremos algunas Escrituras de Santiago capítulo 5. Y si no tiene su Biblia a mano, vaya por ella para que pueda leerla y examinarlo todo, como solía decir el Sr. Armstrong.

Hace apenas unas semanas tuvimos un programa de La vida y enseñanzas dedicado al tema de la oración, en el que destacamos el ejemplo de Jesucristo. Él nos dio ejemplo. En breve hablaré del Sr. Armstrong como ejemplo.

Pero antes, para reiterar algunos de esos puntos de La vida y enseñanzas, Cristo es el camino. Eso está en Juan 14:6, donde dice: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”. Y si ven la palabra para “camino”, es similar a puerta, sendero o carretera. Por tanto, necesitamos saberlo. Si tenemos un destino, necesitamos saber adónde vamos y cómo llegar hasta allí, y Jesucristo nos lo mostró. Hay muchos pasajes de las Escrituras que hablan de cómo Él se alejaba de las multitudes para ir a un lugar apartado y estar en comunión con Dios, hablar con Él y recibir poder de Él. Él es nuestro ejemplo perfecto.

También tenemos otros ejemplos en las Escrituras y en nuestro tiempo. Herbert Armstrong fue uno de ellos. Y Zacarías 4 describe la Obra que Dios inició a través de él. Tuvo un comienzo muy modesto. Fue algo muy milagroso, y contó con el respaldo del Espíritu de Dios.

Les voy a leer Zacarías 4:9. Dice: “Las manos de Zorobabel echarán el cimiento de esta casa, y sus manos la acabarán; y conocerás que [el Eterno] de los ejércitos me envió a vosotros”. En realidad, se trata de una profecía que habla de un Zorobabel del tiempo del fin que construiría toda una era de la Iglesia de Dios —Dios, por supuesto, lo haría a través de él—.

El versículo 6 dice: “No con ejército”, es decir, con poder humano, “ni con fuerza [humana], sino con mi Espíritu, ha dicho [el Eterno] de los ejércitos”. Fue con el Espíritu de Dios. Comenzó de forma muy sencilla. Hablaremos de ello en el programa de hoy. Pero fue con el Espíritu de Dios. Con el respaldo del Espíritu de Dios. Por eso tuvo un crecimiento tan milagroso y se abrieron tantas puertas milagrosas en todo el camino.

En el versículo 10, dice que no debemos menospreciar el día de los pequeños comienzos. Y eso es justo lo inspirador de visitar esta zona de los alrededores de Eugene, en Oregón, donde estamos grabando hoy. Hay una historia inspiradora detrás de mí y frente a mí. Y todo se remonta al inicio de la sexta era de la Iglesia de Dios, que comenzó en 1933. Eso es lo que afirma Herbert Armstrong en su autobiografía. Han pasado casi cien años desde aquel inspirador comienzo. Todo comenzó con “Zorobabel”. Él inició el proyecto de construcción y lo terminó. Falleció en enero de 1986. Y a partir de ahí, la historia tomó un rumbo equivocado muy rápidamente. No tenemos tiempo para profundizar en ello en este programa en particular, pero lo haremos en otra ocasión.

Pero volviendo al inicio de la Era de Filadelfia y al comienzo de la Iglesia de Dios Universal. Antes de eso, el Sr. Armstrong mantuvo cierto contacto con algunos miembros de la Iglesia de Dios de la Era de Sardis, la quinta era. Y esa era estaba llegando a su fin. Y Dios estaba a punto de dar vida a Su Iglesia a través del Sr. Armstrong. Había organizado algunas campañas bíblicas con algunos de estos ministros de Sardis y enseguida se dio cuenta de que dichas campañas no daban ningún fruto. Y entonces, cuando rompió todo vínculo con la Conferencia de Oregón en el otoño de 1933, marchó por su cuenta y organizó sus propias campañas bíblicas públicas. Y, con el tiempo, formó congregaciones en la Iglesia y, a partir de ese momento, todo comenzó a crecer.

Esto es lo que relata en la Autobiografía. Dice: “Aunque pequeño, comenzó con una explosión de energía e inspiración. Primero, todo comenzó con una oración privada intensa y sincera. Detrás de la casa de la granja de los Fisher había una colina de buen tamaño. Corriendo por esta cima para hacer ejercicio, descubrí una roca de unos 35 centímetros de alto. Estaba en un lugar apartado. Recordé cómo Jesús había despedido a la multitud y subió a una montaña para orar a solas con Dios. Me arrodillé ante la roca, que me pareció de la altura justa, y comencé a orar con fervor por el éxito de las reuniones”, de la campaña bíblica. Dijo: “Durante mi estancia en casa de los Fisher, se convirtió en una especie de peregrinación diaria a este lugar, que se convirtió en mi ‘roca de la oración”. Afirma: “Estoy seguro de que absorbí mucha energía, fuerza espiritual e inspiración en esa roca de oración”.

Detrás de mí se ve una colina. Y más allá de esa colina se encuentra la Casa Fisher, o la Granja Fisher, donde se alojó. En 1931, Margaret Fisher, la esposa del Sr. Fisher, se convirtió en la primera miembro de la Iglesia de Dios Universal. Y así, estuvieron apoyando al Sr. Armstrong y su labor desde el principio. Se quedó en la granja Fisher y, luego, básicamente subió corriendo esa colina que hay detrás de mí. Y justo al otro lado de esa línea de árboles que se ve en esa colina es donde estaba aquella roca de oración. Y se convirtió, como él dijo, en una especie de peregrinación diaria. Lo hacía todos los días y se llenaba del Espíritu de Dios. Recibió mucha energía y poder en esas sesiones de oración.

Como anécdota, nosotros también hicimos nuestra propia peregrinación en 2002, cuando conseguimos esa roca. El dueño nos concedió los derechos y le preguntamos si podíamos llevárnosla a nuestra sede en Edmond, Oklahoma. Y esa es la roca de oración que está en el Armstrong Auditorium. Lleva ahí ya más de 20 años. Así que tiene una historia fascinante de la que estamos orgullosos. Consultamos la Autobiografía. Localizamos la roca tras recorrer minuciosamente el terreno para averiguar dónde se encontraba. Y cuando la encontramos, fue muy importante. Era importante para nosotros, quizás no tanto para muchos otros. Pero para nosotros, era esa roca de oración. Y fue en esa roca de oración donde todo comenzó. Incluso antes de la campaña, o de las reuniones en la escuela Firbutte, o en la Jean, que está a pocos kilómetros de aquí, antes de todo eso, había un hombre, Herbert Armstrong, que venía en el espíritu y el poder de Elías, y acudía cada día a esa roca de oración para absorber esa energía espiritual, como él explicó en la cita que acabo de darles. Y así fue como Dios levantó esta Obra mundial.

Al final del ministerio del Sr. Armstrong, había frutos por todas partes. Había frutos en todo el mundo que comenzaron en este mismo lugar, en la Granja Fisher, que comenzaron en esa peregrinación diaria.

Aquí, en El nuevo trono de David, el libro de mi padre, dice: “La roca de oración es un símbolo maravilloso de un hombre arrodillándose ante el Padre, luego poniéndose de pie y defendiendo a Dios, a Su ley y a Su gobierno”. Dice: “El Sr. Armstrong fue un defensor espiritual grandioso”. Es decir, si le interesa defender la ley, apoyar el gobierno de Dios y respaldar la Obra de Dios, ¡así es como debe hacerlo! Debe realizar su peregrinación diaria. Debe buscar a Dios. Debe dedicarse a su relación más importante, que no es otra que la que la relación con Dios.

Mi padre escribe: “Qué gran ejemplo nos dejó el Sr. Armstrong. Aquí estaba él hablando a un grupo diminuto de personas, en ese entonces no teniendo impacto en el mundo”. Dice: “¿Qué diferencia hizo que él fuera o no, a su roca de oración? A primera vista uno podría decir que prácticamente nada; sólo impactó directamente a aquellas pocas personas. ¡Pero Dios usó y usará al Sr. Armstrong para enseñar al mundo entero sobre la ley y el gobierno de Dios! El Sr. Armstrong pasó de este pequeño comienzo, ¡a hacer un impacto mundial!”. Y eso es lo que queremos hacer. Aunque tengamos que empezar poco a poco, queremos dejar huella, nuestra huella. Y la forma de hacerlo es con Dios, no con los hombres, sino uniéndonos a Dios y a Su Obra. Eso es lo más importante para él.

Ahora, como mencioné, les explicaré estos versículos de Santiago 5. Mi padre profundiza más en este tema en el folleto de Santiago; y puede llamar a nuestros operadores y solicitar un ejemplar gratuito.

Pero en Santiago 5:16 dice: “Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados”. Dice: “La oración eficaz del justo puede mucho”. La oración eficaz del justo: por lo tanto, debemos llevar una vida recta. Debemos esforzarnos por obedecer, y luego arrodillarnos, tal como hizo el Sr. Armstrong en esta colina que tenemos detrás, y orar con fervor, orar con energía, ¡orar con sinceridad! Queremos conocer a Dios. No vamos por inercia con repeticiones sin sentido; sino poniendo todo nuestro corazón en esta peregrinación diaria. Y da frutos. Puede mucho, tal y como se dice en ese versículo.

Y justo después, en el versículo 17, dice: “Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras, y oró fervientemente para que no lloviese, y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses”. Ahora bien, el significado de esta oración en particular se explica en el folleto de Santiago, y dejaré que lo estudien por su cuenta. Pero la referencia a “Elías” es significativa. Esto se refiere a lo que se menciona en Mateo 17 y en otros pasajes, así como en Malaquías 4: la aparición de un “Elías del tiempo del fin”, o de alguien que vendrá “en el espíritu y el poder de Elías”. Incluso se refiere específicamente a una oración que hizo ese hombre. La oración eficaz del justo puede mucho.

Mi padre dice en el folleto de Santiago: “Aquí Santiago aboga por la oración energética. ¡Es decir, la oración eficaz que da resultados! ¿Se da usted cuenta que la clase correcta de oración lo energiza? ¡Si usted está sin energía, pídale a Dios, y Él lo energizará!”. Todos somos seres físicos. Todos estamos sujetos a los deseos carnales. Y todos envejecemos. ¡Y necesitamos ser energizados y fortalecidos con poder! Fortalecidos con el Espíritu de Dios, como oímos en el clip al inicio. Fortalecidos por el Espíritu de Dios. ¡Dios lo hará! Lean los últimos versículos de Isaías 40; son muy alentadores e inspiradores sobre lo que el Espíritu de Dios hará por aquellos que están cansados y débiles. El Sr. Armstrong no era más que un hombre; sin embargo, quienes conocían con su ministerio, quienes sabían cómo era su vida al final —su vida física—, sabían que algo milagroso pasaba allí. Era el Espíritu de Dios, como leemos en Zacarías capítulo 4.

Esto lo escribió el Sr. Armstrong en 1978. Dice: “Dios, con Su misericordia y milagros asombrosos, me ha concedido muchas respuestas a mis oraciones. Pero nunca he recibido una respuesta de Dios, salvo cuando he orado con fervor y de corazón”. Dice: “Nunca he sabido de alguna respuesta auténtica de Dios a una oración superficial o rutinaria. Pero ¿acaso la mayoría de la gente no ora de forma casual, tal vez por obligación, sin sentimiento ni emoción? Quizás esto explique por qué la mayoría de la gente nunca han recibido [respuestas] a sus oraciones”. Él se entregaba a ello. Se empapaba del Espíritu de Dios. Oraba con eficacia, ¡y dio mucho fruto! Hizo mucho por él, por su vida, su matrimonio, su familia, su trabajo… la Obra de DIOS, debería decir. La Obra creció.

La Autobiografía menciona la palabra “oración” unas 200 veces. Es un hilo conductor fundamental de la historia de su vida. El Sr. Armstrong era un hombre de Dios. Era un hombre de oración, en contacto constante con Dios. Y hay tantos ejemplos en la Autobiografía y en otros escritos suyos que sólo es posible abordar unos pocos en un programa o segmento breve como este.

Pero otro que viene a mi mente es el doble desafío que enfrentó, incluso antes de que comenzara la era de Filadelfia de la Iglesia en 1933. La mente del Sr. Armstrong fue abierta a la verdad de Dios en 1926, se convirtió y se bautizó en 1927. Y fue durante ese doble desafío —no voy a detenerme en los detalles—, cuando conoció la verdad. ¡Y cuando clamaba a Dios en oración y cuando tuvo que tragar un trago amargo, porque tuvo que arrepentirse de vivir contra la ley de Dios! Y eso, como él mismo explicó, fue como un trago amargo.

Pero también le abrió el camino hacia esa gloriosa relación con su Padre celestial. Y esa relación se desarrolla a través de un diálogo recíproco, tal y como se haría en una relación con otra persona, sólo que principalmente a través del estudio de la Biblia y la oración. Dios nos da otras herramientas espirituales. Pero el estudio de la Biblia y la oración: ese es el diálogo recíproco.

Así escribió el Sr. Armstrong al respecto, sobre sus primeros años como miembro convertido de la Iglesia de Dios. Dice: “Empecé a ver todo desde una perspectiva nueva y diferente. ¿Por qué tendría que haber sido una experiencia difícil y dolorosa rendirme a mi Creador y mi Dios?”. Se refiere a su arrepentimiento en los primeros momentos, cuando se convirtió a la verdad.

Aquí dice: “Ahora, mi perspectiva de la vida cambió. De algún modo, empecé a darme cuenta de que una nueva comunión y amistad habían llegado a mi vida. Empecé a ser consciente de un contacto y una comunión con Cristo y con Dios el Padre”. Y luego añade: “Cuando leía y estudiaba la Biblia, Dios me hablaba, ¡y ahora me encantaba escuchar! Empecé a orar y supe que, al orar, estaba hablando con Dios. Aún no conocía muy bien a Dios. Pero uno llega a conocer mejor a otro con el contacto constante y la conversación continua”. Así pues, este fue un caso inicial en el que él aún no conocía bien a Dios, pero había empezado bien. Fue un comienzo pequeño como un grano de mostaza, si miramos su historia, pero fue creciendo conforme su vida de oración y su conversación con Dios también crecían con los años.

Contacto continuo con Dios. Y si avanzamos unos 50 años podemos ver cómo era la Obra al final de su ministerio. Es una historia realmente increíble que se narra en su Autobiografía, y también en Raising the Ruins [Levantando las ruinas], que publicamos hace muchos años. Tenemos bastante literatura que podríamos proporcionarle si desea profundizar en este tema.

Pero quiero volver con ustedes al libro El nuevo trono de David, donde mi padre dice: “La vida del Sr. Armstrong es uno de los hitos de la historia del hombre”. Sin duda es uno de los hitos de la historia del hombre.

Al recorrer esta zona, se ve preciosa. Pero, mientras filmábamos la gente nos preguntaba, ¿qué están filmando aquí? Y simplemente hablamos de historia y de todo lo relacionado con el Sr. Armstrong por aquí. De verdad que aquí debería haber museos. En cambio, bueno, muchos de los lugares donde tuvo reuniones en esas primeras campañas bíblicas ya no existen o sólo quedan fragmentos. No hay mucho que se pueda ver a simple vista, pero fue aquí donde todo comenzó. Fue aquí donde se plantó la “semilla de mostaza” allá por 1933, o incluso antes, remontándonos a su conversión; no fue sólo en Eugene (Oregón), sino también en Salem, en Portland y otros lugares. Ahí fue donde comenzó la Obra.

Pero mi padre dice que la vida del Sr. Armstrong es “uno de los hitos de la historia del hombre”. Es una afirmación magnífica. Luego dijo: “Realmente, Dios estaba conmovido por la forma en que él entregó Su mensaje; Él estaba conmovido por la forma en que él usó la roca de oración ¡para mantenerse ferviente y energizado para hacer la voluntad de Dios! Así que ahora, ¡el Sr. Armstrong va a ser honrado para siempre a través de la roca de oración!”. Por eso hicimos todo lo posible por conseguir la roca y trasladarla a Edmond, Oklahoma, y ahora está en el Armstrong Auditorium, como ya he dicho.

Pero el Sr. Armstrong tenía una vida de oración tan intensa y, como ya he dicho, hay varios ejemplos además de Cristo y del Sr. Armstrong. Aparecen por toda la Biblia. Pero siempre que se tenga este tipo de relación con Dios, sucederán cosas buenas.

Ahora bien, la Biblia también habla de abandonar los caminos de este mundo, de negarse a uno mismo, de tomar la cruz y de seguir los pasos de Cristo, así que no es fácil. De hecho, no es fácil tener una vida de oración ferviente. ¡Hay que esforzarse! Poner todo su empeño. Dedicarse cada día, como lo hacía Jesús, levantándose mucho antes de que el día comenzara para asegurarse de cultivar esa relación tan importante.

En la Autobiografía hay otro ejemplo que habla de la importancia fundamental de la oración para el éxito de esta labor. Se trataba de una campaña de conferencias bíblicas en Harrisburg, que creo que está a unos 30 o 50 kilómetros al norte de aquí. Allí realizaron esta campaña bíblica. Y el Sr. Armstrong colaboraba con los miembros de Sardis en aquel entonces, por lo que había muchas opiniones divergentes y demás, e incluso, creo, discusiones dentro de la congregación.

Y esto es lo que relata en la Autobiografía. Dice: “Cada vez más, me sentía atraído al ministerio por una fuerza superior a mí. Aunque aún carecía de experiencia en el ámbito del Evangelio, me di cuenta de que el éxito de cualquier campaña dependía más de la cantidad y la sinceridad de la oración que la sustentaba que de la oratoria o la elocuencia del orador”. Y fue entonces cuando participó en esas campañas con el pastor de Sardis; muchas veces pensaban que era más cuestión de elocuencia y la oratoria. Y en aquellos primeros años él fue aprendiendo que todo dependía de la relación con Dios. Todo dependía de la oración: la oración que sustentaba la campaña.

Él dice: “Una cosa que sabía era que si Dios estaba involucrado, si yo era simplemente un instrumento y Dios era quien realmente dirigía la campaña, sin duda daría fruto”. Hay tantas lecciones valiosas aquí. Si Dios no está presente, no dará fruto. Y así, hizo esta interesante comparación de la que aprendió. Bueno, veamos: cuando trabajo con quienes no tienen el corazón puesto en la Obra, no da fruto. Pero cuando lo hago con todo mi corazón, y los hermanos hacen lo mismo, ¡entonces da sus frutos! De verdad da frutos.

Más adelante, dice aquí, bueno, aquí es donde desafió a los hermanos en Harrisburg y dijo, bueno, si vamos a tener esta campaña, y si quieren que yo la haga, bien, pero todos vamos a orar. Vamos a orar una hora al día , si pueden creerlo.

Esto es lo que dijo: “Si cada uno de ustedes aquí presentes se compromete ahora mismo a dedicar no menos de una hora diaria a la oración sincera, ferviente y llena de fe por el éxito de estas reuniones, para que Dios me ayude y hable a través de mí, para que Dios cause que aquellos a quienes Él está llamando y trayendo atiendan, y para que Dios convenza a los que Él está llamando, si ustedes solemnemente se comprometen a mantener esta hora o más al día de oración, comenzando ahora, y seguir hasta la última noche de las reuniones, entonces yo emprenderé la campaña”. Lo haré. Y así, aceptaron. Y tendré que resumir un poco la historia, pero aceptaron hacerlo. Y la campaña tuvo éxito. Además, empezaron a llevarse mucho mejor entre ellos. ¡Imagínenlo!

Esta es la conclusión que voy a leer de esa historia: “No tuvimos multitudes de cientos o miles de ‘conversos fervientes’, pero Dios sí nos dio a cuatro personas que se convirtieron en las reuniones”. Así pues, pequeños comienzos: sólo cuatro conversos. “Sin embargo, sabíamos que el mayor bien logrado, ¡era el reavivamiento espiritual que tomó lugar en los hermanos de la Iglesia por esa hora diaria de sólida oración! ¡Habían cambiado! Estaban felices, más cerca de Dios, ¡y esto era evidente por cómo se comportaban, por sus conversaciones y sus vidas!”. La oración eficaz le transforma para mejor. Contribuye a la Obra de Dios. ¡Sirve para todo! ¡Trae a Dios a tu vida! Le garantiza que será bendecido y que será más feliz. Estos son ejemplos que Dios quiere que sigamos.

El programa El Mundo de Mañana se puso en marcha en 1933, e inició oficialmente en enero de 1934, cuando el Sr. Armstrong comenzó a emitir cada semana durante 30 minutos en la emisora k. o. r. e. de Eugene, que está a unos ocho o nueve kilómetros detrás de mí. Pero antes de eso, unos tres o cuatro meses antes, se abrió un espacio para que cualquier predicador pudiera intervenir. Creo que era a las 7:45 de la mañana de un domingo. Y la emisora de radio dijo: Está disponible, está abierto a quien quiera. Por orden de llegada. Y nadie lo quería, porque era demasiado temprano, como dijo el Sr. Armstrong. Y él pensó: bueno, ¿a las 7:45? Si es gratis, lo aprovecho sin dudarlo.

Esta fue su primera experiencia en la radiodifusión. Y en cuanto este hombre de oración tomo la oportunidad, ¡fue bendecida de inmediato! ¡Y el director de la emisora ​​no podía creer la gran acogida que tuvo! Por eso le propusieron al Sr. Armstrong un programa oficial. Él aceptó. En 1934, como he dicho, La Pura Verdad comenzó a publicarse en la granja Fisher, por cierto. El viejo mimeógrafo donde copió el primer número de La Pura Verdad estaba en la casa de la granja de los Fisher, justo al otro lado de la colina, detrás de mí.

Todo comenzó como una “semilla de mostaza”. Todo comenzó y fue bendecido de forma milagrosa.

Un último pasaje. Podemos concluir con 1 Pedro 4:1: “Puesto que Cristo ha padecido por nosotros en la carne, vosotros también armaos del mismo pensamiento; pues quien ha padecido en la carne, terminó con el pecado”. Debemos armarnos con la misma mentalidad, con el mismo espíritu que tuvo Jesús. Ya mencionamos el ejemplo de Marcos 1, donde se levantó mucho antes del amanecer. El Sr. Armstrong se refirió a ello como su “peregrinación diaria”. Debe ser diario.

Una cita del libro Las epístolas de Pedro. Dice: “El hecho es que el regreso de Jesucristo está tan cerca debería cambiar nuestro comportamiento. Dado que Jesucristo ya está casi aquí, debemos estar muy preocupados por nuestra vida de oración. Considere cuidadosamente su vida de oración y mantenga en mente el regreso de Jesucristo”. Y concluye: “Asegúrese de hacer tiempo para oración (…) de que usted le está hablando a Dios, que consiga comunicarse con Él, todos los días. ¡Ore hasta que tenga una esperanza viviente! Ore y ore hasta llegar a tener esa esperanza viviente, ¡día tras día!”. Trabaje en ello cada día.

Solicite esos libros gratuitos que ofrecimos al principio: El nuevo trono de David, escrito por mi padre, y también el que escribió sobre La epístola de Santiago.

Gracias por acompañarnos en el programa de hoy, y nos vemos la próxima vez.