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Ser una mamá es más importante que ser secretaria de prensa de la Casa Blanca

Chip Somodevilla/Getty Images

Ser una mamá es más importante que ser secretaria de prensa de la Casa Blanca

Desde el escritorio de Joel Hilliker:

¡Buenos días!

Ayer, la portavoz más visible del gobierno estadounidense se encontraba en el podio más prominente de la comunicación política, y se alejó de él para estar en casa con un niño de 2 años y una recién nacida.

  • Karoline Leavitt, de 28 años, anunció que dejará su puesto de secretaria de prensa de la Casa Blanca a finales de este mes.

  • Su razón: desde que regresó al trabajo tras el nacimiento de su hija, dijo, no puede dar al cargo todo lo que exige y “ser la mejor mamá que mis dos hijos pequeños merecen”.

Bien por ella. Leavitt no se está retirando de lo importante; está avanzando hacia ello. El cuarto del bebé no es un escenario menor que la sala de prensa: es mayor.

Durante varias generaciones, hemos sido progresivamente condicionados a pensar lo contrario. Hace un siglo, sólo alrededor de 1 mujer casada de cada 10 trabajaba fuera del hogar; hoy, son casi 3 de cada 4. Las estadísticas sobre madres trabajadoras ni siquiera existían antes de 1948.

  • A medida que las mujeres pasaron de ser madres a tiempo completo a ser trabajadoras, sus hijos quedaron a su suerte, y nos dijeron que esto era progreso.

No sólo los hijos se pierden algo: también las mamás. A pesar de los mensajes incesantes en los medios y el entretenimiento en sentido contrario, las encuestas de Gallup revelan que la mayoría de las madres empleadas preferirían estar en casa con sus hijos. Pew Research descubrió que el 74% de los estadounidenses dice que la incorporación de las mujeres a la fuerza laboral ha hecho que criar a los hijos sea más difícil; el 60% dice que los hijos están mejor cuando uno de los padres se queda en casa para dedicarse a ellos.

  • La inclinación natural que siguió Leavitt es casi universal, pero en gran medida está reprimida por la presión económica y una sociedad que trata el trabajo del hogar como talento desperdiciado.

Criar a un hijo no es algo que se maneje en los márgenes de una carrera. Exige todo el corazón. Una madre en casa está realizando la labor más trascendental que existe: formar seres humanos responsables.

Una de las mentes más grandes que estudió de manera integral la filosofía política, el comercio, el espíritu público y el patriotismo de Estados Unidos y los estadounidenses escribió unas 1.000 páginas en dos volúmenes sobre el tema. Su nombre era Alexis de Tocqueville, autor de La democracia en América (1840). Puede que le sorprenda algo de lo que escribió, pero a personas como Karoline Leavitt quizá no.

En cuanto a mí, no vacilo en confesar que, aunque las mujeres de Estados Unidos se hallan confinadas en el estrecho círculo de la vida doméstica, y su situación es en algunos aspectos de extrema dependencia, en ningún lugar he visto a la mujer ocupando una posición más elevada; y si se me preguntara, ahora que llego al final de esta obra, en la que he hablado de tantas cosas importantes hechas por los estadounidenses, a qué debe atribuirse principalmente la singular prosperidad y creciente fuerza de ese pueblo, respondería: a la superioridad de sus mujeres.

No subestime la importancia de las madres para la seguridad nacional y el éxito de Estados Unidos de Norteamérica.

Este es el patrón que Dios estableció en la familia. Él instruye a las mujeres mayores a enseñar a las jóvenes “a amar (...) a sus hijos” y a ser “cuidadosas de su casa” (Tito 2:4-5).

  • El colapso de ese llamado es la razón por la que Dios profetizó de una obra en nuestros días que “hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres” (Malaquías 4:5-6).

Para entender por qué la familia se encuentra en el centro del propósito de Dios y qué significa su restauración para usted, lea La dimensión desconocida de la sexualidad.

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