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(GETTY IMAGES, JUAN MABROMATA/AFP VIA GETTY IMAGES, MARKUS SCHREIBER/POOL/AFP VIA GETTY IMAGES)

Se necesitan nuevos líderes

Ahora nuestra generación se enfrenta a la lección eterna de toda la historia de la humanidad. ¿La aprenderá usted?

La ilusión de un “mundo libre” se está evaporando. Los gobiernos de todo el mundo están aboliendo las libertades, oportunidades y derechos básicos, y están estableciendo nuevos sistemas de vigilancia, control y opresión. El siglo en que los gobiernos reconocían los derechos individuales ha terminado.

Muy de repente, hoy vivimos en un mundo diferente. De manera involuntaria —e intencional— aquellos que tienen el poder gubernamental han dejado incluso de fingir que se someten a la ley. Están ejerciendo su poder como mejor les parece. Y como resultado, ¡la libertad misma ha sido confinada!

Hay una lección que aprender en esto. Es la lección enseñada por toda la historia a todas las generaciones. Es la lección del liderazgo, de la civilización, de la fragilidad de la libertad. Es la lección del gobierno humano.

La lección en los noticieros vespertinos

El Critic [thecritic.co.uk] entrevistó a varios expertos que muestran cómo las acciones gubernamentales han superado al Estado de Derecho. Citó a Lord Sumption, un exjuez de la Corte Suprema del Reino Unido, señalando que la policía “no tenía nada que hacer en una crisis nacional excepto hacer cumplir la ley. No están allí para darle efecto a sus propias opiniones sobre lo que podría requerir una crisis nacional, ni para hacer efectivas las opiniones que un primer ministro podría requerir en una crisis. Son ciudadanos uniformados que deben aplicar la ley y nada más” (septiembre de 2020).

Eso, en general, es lo que solían hacer los oficiales de policía en el mundo libre, hace ya tantos meses. La policía y el personal policial en nuestras naciones en general (aunque vagamente) entendían que los derechos no son algo que las personas en el poder le otorguen, sino algo con lo que usted nace. Entendían que las leyes deberían proteger esos derechos. Comprendían que incluso los que gobiernan deben regirse por esas leyes.

Pero, con qué rapidez cambió todo esto. “El estado de derecho está tan desvirtuado que cuando realmente lo necesite, encontrará que ya no existe”, dijo la abogada Kirsty Brimelow al Critic. “Eso lleva a decisiones arbitrarias, extralimitaciones y uso [de la ley] contra los ciudadanos. Nos hemos acostumbrado demasiado a ser un país democrático liberal y nuestros derechos están siendo despojados sigilosamente. Si no tenemos un marco legal sólido, entonces avanzaremos hacia la ley por el gobierno y no hacia la ley a través del Parlamento, y el corazón de la democracia desaparecerá”.

Silkie Carlo, el director del grupo Big Brother Watch, dijo: “La idea de que una de las democracias más antiguas del mundo pueda ceder bajo un coronavirus es escalofriante. La cuestión del confinamiento nunca se planteó democráticamente. (…) Nuestros instintos sobre la libertad corren el riesgo de desviarse”.

“El Estado decidió sin debate, restringir nuestros derechos y libertades en formas que son inimaginables en un sistema democrático”, dijo Francis Hoar, otro abogado. “Esta no es la forma en que opera una sociedad liberal normal. Lo aterrador es que esto no sólo fue impuesto por los gobiernos. La gente lo quería. Por supuesto que las personas pueden optar por quedarse en sus casas, pero querían que fuera ley imponer estas restricciones a los demás. (…) Este es un momento histórico; se siente como si una barrera se hubiera roto. Una cosa que es preocupante es que las personas experimentan el levantamiento de las restricciones y hablan de que se les “permita” ir al pub o visitar a su familia. ¿Se imagina haber dicho decir eso antes?”.

Esto es ahora la realidad en el “mundo libre”. Los gobernadores (y los gobernados) piensan que los derechos y responsabilidades más básicos de un ser humano no los determina Dios, sino quienquiera que esté en el poder.

Durante una conferencia de prensa el 3 de septiembre, el gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, habló sobre sus deseos con respecto a las comidas bajo techo en la ciudad de Nueva York: “Me gustaría ver los restaurantes abiertos. Sin embargo, existe un pero: P-E-R-O. El ‘pero’ es que nuestras reglas y orientación sobre la reapertura [son] tan buenas como el cumplimiento y la aplicación”. Continuó haciendo un llamado al portavoz del Concejo de la Ciudad de Nueva York, diciendo: “[R]eúna un grupo de trabajo de la policía de Nueva York, portavoz Johnson, y diga que habrá 4.000 policías que van a estar haciendo efectivo el cumplimiento en los restaurantes”.

¡Necesitamos 4.000 policías para asegurarnos de que los comensales obedezcan las nuevas reglas sobre mascarillas y distanciamiento social antes de que podamos reabrir restaurantes! En opinión de este gobernador, los funcionarios del gobierno estatal y local no tienen suficiente poder sobre la vida de los ciudadanos. Es necesario eliminar el sistema de control entre los poderes [del Estado]. Es necesario borrar el principio de gobierno limitado. El gobierno debe volverse aún más ilimitado.

En el “mundo libre” la gente ahora cree que los derechos más básicos de un ser humano no los determina Dios, sino quienquiera que esté en el poder.

Sin embargo, considere este reciente titular del New York Times: “Continúan las acusaciones mientras Nueva York ve otro mes de crímenes violentos”. Este artículo informa: “El fuerte aumento de la violencia armada que ha sacudido a la ciudad de Nueva York e intensificado el debate sobre la vigilancia continuó a un ritmo alarmante en agosto, ya que los tiroteos se duplicaron con respecto al mismo período del año pasado y los asesinatos aumentaron casi un 50%, según la policía” (3 de septiembre).

Incluso mientras los funcionarios de gobierno tratan de controlar el comportamiento rutinario de los ciudadanos respetuosos de la ley, estos mismos funcionarios de gobierno están trabajando para desfinanciar y reducir la aplicación de la ley contra los delitos reales. ¡Y el crimen, la violencia y la anarquía se están disparando en nuestras ciudades!

Lea atentamente la siguiente declaración. Este es el alcalde de la ciudad de Nueva York, Bill De Blasio, quien comentó sobre la ciudad más grande de EE UU: “Mire, hemos tenido una tormenta perfecta aquí. Un millón de puestos de trabajo perdidos en la ciudad. Personas sin empleo y niños que no van a la escuela, lugares de culto cerrados, etc. y luego nuestro sistema judicial que no ha estado funcionando sino hasta hace poco, todo a causa del coronavirus. Seamos claros. Durante los últimos seis años, la delincuencia ha disminuido constantemente en la ciudad de Nueva York; era la ciudad más segura de EE UU. ¿Qué lo cambió? Una pandemia que acabó con gran parte de la vida de esta ciudad y creó crisis tras crisis” (3 de septiembre).

¡Este alcalde está culpando la anarquía de su ciudad a los confinamientos que él impuso tras la pandemia! Ese “culpar a otros” ahora es rutinario. Muchos de los problemas reales que enfrentamos no fueron causados por el virus en sí, sino por la respuesta de los gobiernos frente al virus. Sin embargo, prácticamente nadie en una posición de poder reconocerá su propia responsabilidad por lo sucedido, y mucho menos hará correcciones dirigidas a deshacer el daño que ha causado.

Estos son sólo algunos ejemplos de muchos fracasos evidentes en el liderazgo dentro de EE UU. Y ésta es la nación que se ha erigido como ejemplo de libertad, igualdad y prosperidad para todas las naciones. Estos fracasos revelan que incluso el “mundo libre” está sucumbiendo a los problemas de gobernanza que han plagado a los seres humanos a lo largo de toda la historia.

Un nuevo liderazgo profetizado

El catálogo de la historia es uno con miles de años de gobiernos opresivos y corruptos. Como lo escribimos en nuestra edición de febrero: “Por milenios, reyes, príncipes, emperadores, césares, sultanes, zares y káiseres han desfilado y se han pavoneado abusando de su poder; la población ha sufrido la corrupción, el engaño, el fraude, el nepotismo, la codicia, la maldad y la injusticia. La humanidad ha sido testigo de dictadura, despotismo, tiranía, opresión, persecución, genocidio, disturbios, levantamientos, golpes de Estado, asesinato, motín, revuelta, rebelión y revolución, gobierno tras gobierno, generación tras generación” (“El enigma del gobernar”, laTrompeta.es).

Históricamente, la verdadera libertad bajo el imperio de la ley ha sido un privilegio extremadamente raro. Su establecimiento moderno en el mundo angloamericano ha sido notable por su relativa universalidad y longevidad. Pero como hemos visto, incluso esto se está desvaneciendo rápidamente. Nuestros gobiernos “libres” están cayendo en el caos y abrazando la opresión.

Lo que está sucediendo hoy subraya una lección que la humanidad ha estado escribiendo durante unos 6.000 años, principalmente a través del sufrimiento: que los seres humanos, aislados de Dios, son incapaces de gobernar a otros seres humanos con justicia.

¡Esta conclusión ineludible le apunta directamente a Jesucristo y Su mensaje de evangelio! Lea el libro de Mateo, lea los Evangelios, lea lo que dijo Jesucristo. ¡Él estaba enfocado en el gobierno!

La única solución a nuestros peores problemas, para nuestra generación y para todas las generaciones humanas, pasadas y futuras, es el gobierno correcto.

Hemos estado escribiendo esta lección durante unos 6.000 años: los seres humanos, aislados de Dios, son incapaces de gobernar con justicia a otros seres humanos.

¡Y los únicos individuos capaces de un gobierno correcto son los seres Dios!

Es por eso que Jesucristo habló reiteradamente sobre el Reino de Dios, que es el gobierno de Dios administrado por la Familia Dios. Por eso habló de los verdaderos cristianos que gobiernan ciudades (por ejemplo, Lucas 19:16-19). Esto no fue sólo una metáfora, ¡es la única solución a la condición humana!

En Apocalipsis 2:26-27, Cristo promete: “Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones; y las regirá con vara de hierro, y serán quebradas como vaso de alfarero; como yo también la he recibido de mi Padre”. En Apocalipsis 3:21 Él dice, además: “Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono”.

Desde el principio del registro bíblico hasta el final, ¡Dios y Jesucristo se han centrado en la ley, el gobierno y en regir!

Los verdaderos seguidores de Jesucristo se someten al gobierno de Dios y a Su ley. Así es como califican para administrar ese gobierno ellos mismos.

¡La mayoría de los cristianos no comprenden ni creen esta verdad! De hecho, no saben cuál era el Evangelio de Jesucristo. Muchos creen que fue para decirle a la gente que Él moriría para pagar la pena por sus pecados. Pero la cruda verdad es que los cristianos que no entienden a Jesucristo y no comprenden Su evangelio, ¡no son verdaderos cristianos!

A lo largo de los siglos, Dios el Padre ha reclutado a un pequeño grupo de personas en Su verdadera Iglesia, liderada por Jesucristo. Ellos entonces tienen la opción de someterse o no, a Su gobierno y guardar Su ley. Sólo aquellos que sometan sus creencias, sus actitudes y sus acciones a Dios pueden verdaderamente convertirse en cristianos, pueden comprender verdaderamente el Evangelio de Cristo y pueden cumplir verdaderamente el propósito de Dios para sus vidas. Sólo entonces alguien puede ser entrenado para gobernar como Dios manda, para gobernar una ciudad o una nación con Cristo y traerle orden, seguridad, paz, abundancia y la realización del increíble potencial humano de cada persona.

Cuando los verdaderos cristianos leen la Biblia, este tema del gobierno salta de sus páginas una y otra vez. El último libro de la Biblia, el Apocalipsis, describe el futuro y se centra reiteradamente en el tema del gobierno: ¡el gobierno literal, real, que gobierna el mundo! Apocalipsis 5:10 describe al pueblo de Dios como “reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra”. Apocalipsis 20:4 y 6 dice: “Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años. (…) Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años”.

(Créditos: iStock.com/m-gucci)

“Y al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones, y las regirá con vara de hierro”.

— APOCALIPSIS 2:26-27

Este tema del gobierno correcto, el gobierno de Dios, aparece repetidas veces a través del ministerio de Jesucristo y por todo el Nuevo como el Antiguo Testamento.

La visión de Daniel 7 describe esta misma realidad futura: “Hasta que vino el Anciano de días, y se dio el juicio a los santos del Altísimo; y llegó el tiempo, y los santos recibieron el reino. (…) Y que el reino, y el dominio, y la majestad de los reinos debajo de todo el cielo, sea dado al pueblo de los santos del Altísimo, cuyo reino es reino eterno, y todos los dominios le servirán y obedecerán” (versículos 22, 27).

Necesitamos reconocer la lección que tenemos frente a la cara en Portland, Seattle, Chicago, Nueva York y en todo EE UU: Nada puede reemplazar a un buen gobierno. Y los seres humanos nunca han administrado un buen gobierno. Siempre ha tenido fallas por incapacidad, corrupción, maldad. Siempre ha sido fatalmente defectuoso.

¡Necesitamos el Reino de Dios! ¡Necesitamos el gobierno del Altísimo! ¡Necesitamos el gobierno de nuestro Creador! ¡Necesitamos el gobierno de Dios! Sólo el gobierno de Dios, administrando la ley de Dios, puede finalmente terminar con la locura farisaica y autodestructiva del mal gobierno humano.

Jesucristo va a regresar. Y regresará con el propósito que declaró en el mensaje de Su Evangelio: implementar el gobierno. Él gobernará, y gobernará en beneficio de los gobernados. La humanidad simplemente no sabe cómo hacerlo de manera justa y beneficiosa, incluso cuando se nos permite gobernarnos a nosotros mismos. Necesitamos personas en el gobierno que hayan sido preparadas para gobernar no para su propio beneficio, ni para su propia gloria, ni en los intereses de cierto grupo, sino con el propósito de poner a todo hombre, mujer y niño bajo la amorosa autoridad de Dios el Padre, ayudándolos a apartarse de sus propios pecados auto destructivos y educándolos para que comprendan las leyes de causa y efecto que gobiernan la vida humana, para que comprendan las causas del bien, las fuentes del mal, para que aprendan su propósito de existir, ¡y para que amen el estilo de vida alegre, abundante y deslumbrante de Dios!

Cuando vea informes sobre el gobierno humano, piense en eso. El gobierno era la misión de Jesucristo. Y el gobierno es la misión de Jesucristo. Y ese gobierno es la misión de los verdaderos cristianos. Ésta es la lección de nuestra generación y de todas las generaciones: El gobierno de Dios es la única forma de establecer un verdadero “mundo libre”. 


EL GOBIERNO DE LA FAMILIA DE DIOS

La más grande tragedia en este tiempo del fin es la caída de la verdadera Iglesia de Dios, la Iglesia de Laodicea (Ap. 3:14-22). ¡A los discípulos de Dios que salgan de tal Iglesia les será dado el "trono" más exaltado que Dios pueda ofrecer! ¿Por qué? Debido a que responden a su Cabeza-Jesucristo-y escucharon sus "toquidos" (v. 20).