Reciba nuestro Boletín de avisos gratuitamente una vez por semana.

Rusia y Alemania: Socios en el delito

JULIA GODDARD/LA TROMPETA, ALEXEI DRUZHININ\TASS VIA GETTY IMAGES, BROOKS KRAFT/CORBIS/CORBIS VIA GETTY IMAGES

Rusia y Alemania: Socios en el delito

La historia y la profecía bíblica advierten qué esperar cuando estas dos naciones se unen.

Alemania y Rusia están renovando una alianza que está sacudiendo al mundo. El proyecto conjunto más reciente de estos dos países, el gasoducto Nord Stream 2, parece un simple negocio. Pero no lo es. De hecho, analistas y funcionarios lo han calificado informalmente como el “gasoducto Molotov-Ribbentrop”, por el pacto entre Adolfo Hitler y Joseph Stalin que propició la Segunda Guerra Mundial.

Terminado, pero aún no operativo, el Nord Stream 2 transportará gas natural directamente desde Rusia a Alemania a través del mar Báltico, evitando el paso por Polonia y Ucrania. Permitirá a Rusia chantajear a los países de Europa Central y Oriental cortándoles el suministro mientras sigue vendiendo gas a clientes más lucrativos de Europa Occidental, aumentando el poder económico y político de Rusia sobre las naciones que perdió cuando la Unión Soviética se derrumbó.

Cuando Nord Stream 2 entre en funcionamiento, permitirá a Rusia dominar Europa Oriental y a Alemania dominar el resto de Europa, incluso más de lo que ya lo hacen.

La ex canciller alemana Angela Merkel indicó que no apoyaba el gasoducto, pero que fue incapaz de detenerlo (“Surgiendo de la clandestinidad alemana”), por lo que surge esta pregunta: ¿quién está empujando realmente a Alemania hacia esta nueva alianza? ¿Y por qué?

El principal financista del gasoducto es Gazprom, controlado por el gobierno ruso y, algo muy significativo, tiene como presidente de Nord Stream al ex canciller alemán Gerhard Schröder. Los dos siguientes financistas más importantes son Wintershall Dea y E.ON, que han aportado juntos más del 30% de su financiación. El primero forma parte de la empresa alemana basf, la mayor compañía química del mundo. E.ON es una empresa europea de servicios eléctricos, también con sede en Alemania.

Gerhard Schröder: Schröder perdió las elecciones en 2005, pero antes de entregar el poder al nuevo gobierno, firmó apresuradamente un acuerdo para crear el gasoducto original Nord Stream desde Rusia a Alemania.

“Es muy feo que un político haga algo así”, escribió en 2018 el redactor jefe de la Trompeta, Gerald Flurry. “Él sabía que el pueblo ya no lo había reelegido, pero decidió poner este proyecto en marcha. Esto indica lo que está sucediendo con esta potencia europea liderada por Alemania: ¡está siendo secuestrada por líderes quienes no siempre actúan de acuerdo a los intereses de su pueblo!” (la Trompeta, septiembre de 2018).

Sorprendentemente, los políticos que han sucedido a Schröder en los últimos 17 años han seguido apoyando el proyecto.

Wintershall: Es el mayor productor de petróleo y gas de Alemania. Su empresa matriz, basf, también depende en gran medida del suministro de gas natural de Rusia para mantener su dominio como mayor productor químico del mundo. Con un ingreso anual de unos 67.000 millones de dólares y 122.000 trabajadores en todo el mundo, la mitad de ellos en Alemania, basf ejerce una gran influencia sobre los políticos alemanes.

Wintershall lleva décadas trabajando con la rusa Gazprom y tiene participaciones en dos grandes yacimientos de gas natural al occidente de Siberia que se conectan al gasoducto original Nord Stream. El director general de Wintershall, Mario Mehren, dijo en 2018: “¡Rusia es la región más importante para Wintershall! Y Rusia seguirá siendo la región más importante para Wintershall” (énfasis añadido). Esta es una declaración reveladora. Aparentemente, Rusia es un socio más importante para estos líderes empresariales alemanes que Estados Unidos o el resto de la Unión Europea.

OMV: La empresa energética austriaca omv, un tercio de la cual es propiedad del gobierno austriaco, tiene una participación del 10% en Nord Stream 2. Su director general, Rainer Seele, lo fue anteriormente de Wintershall, y ha dirigido ambas empresas en estrecha colaboración con Rusia. Seele es también el presidente de la Cámara de Comercio Ruso-Germana en el Extranjero, que cuenta con 50.000 miembros y está respaldada por el Ministerio de Economía de Alemania. Él seguramente está utilizando toda la presión de este poderoso grupo para poner en marcha el gasoducto Nord Stream 2.

Pero las empresas que trabajan directamente en el Nord Stream 2 no son las únicas que acercan a Alemania y Rusia.

Una relación profunda

Unas 4.000 empresas alemanas tienen presencia en Rusia, y en conjunto invierten casi 4.500 millones de dólares anuales. “Ningún otro país europeo se acerca a la presencia alemana” en Rusia, escribió The Economist el año pasado. “La mayoría de estas empresas no tiene intención de irse. Por el contrario, podrían llegar más” (27 de marzo de 2021).

Un estudio de Ernst & Young reveló que las empresas alemanas habían iniciado más de 400 proyectos en Rusia en los últimos 20 años, más que cualquier otro país europeo. El Centro Leibniz para la Investigación Económica Europea señaló que las empresas familiares alemanas mencionaron a Rusia como el mercado emergente en el que más confiaban.

Los supermercados alemanes Metro y Globus emplean a más de 10.000 personas cada uno en Rusia. Los fabricantes alemanes de productos básicos, yeso, equipos de medición y precisión, productos farmacéuticos, equipos agrícolas, bombas de agua y sistemas de calefacción se han instalado en Rusia.

El Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales informó: “Muchas de las empresas más grandes de Alemania también tienen amplios vínculos comerciales con Rusia. (…) La influencia de las grandes empresas dentro de la Unión Demócrata Cristiana (cdu) de centroderecha de Merkel, ha limitado el apetito de la centroderecha (…) por un enfoque de confrontación con Moscú, a pesar de que la propia canciller es comparativamente de línea dura”. Estas empresas están influyendo sustancialmente en la política exterior de Alemania hacia su vecino de oriente.

La invasión rusa de Crimea en febrero de 2014 demostró cómo funciona esta presión política.

Dando la cara por Rusia

Después de que Rusia se anexara Crimea por la fuerza, procedió a invadir el oriente de Ucrania. El mundo se indignó. Muchos liberales se escandalizaron, ya que creían que este tipo de agresión manifiesta era cosa del pasado. Los políticos de Alemania, Europa y EE UU planearon sanciones económicas para castigar a Rusia.

Pero entonces las empresas alemanas entraron en acción para frustrar las sanciones. Comenzó en marzo de ese año, en el punto álgido de la crisis, cuando el director general de Siemens, Joe Kaeser, visitó al presidente ruso Vladimir Putin. No fue un gesto menor. El 80% de las centrales eléctricas rusas utilizan turbinas avanzadas fabricadas por Siemens. Esta empresa alemana ha sido fundamental en la mejora de la infraestructura de transporte de Rusia. bne IntelliNews, un sitio enfocado en noticias de negocios en los mercados emergentes, escribió: “Siemens probablemente tiene una de las mejores y más estrechas relaciones con el Kremlin que cualquier empresa extranjera que trabaja en Rusia” (17 de abril de 2018). La visita de Kaeser envió un mensaje muy público de que, independientemente de lo que decidieran los políticos, Siemens trabajaría para continuar con los negocios como siempre.

Kaeser fue ampliamente criticado por la visita, pero la pauta estaba marcada. Muchas otras empresas tomaron medidas similares, aunque menos públicas. “Aunque las empresas alemanas han atenuado sus críticas públicas a las sanciones desde que el presidente de Siemens fue vilipendiado en la prensa por reunirse con el presidente ruso Vladimir Putin a finales de marzo, el esfuerzo de los grupos de presión entre bastidores sigue en plena vigencia”, informó cnbc. “Fuera de la vista del público (…) los grupos de presión de la industria alemana siguen advirtiendo en voz alta contra los pasos que podrían conducir a una confrontación económica declarada con Rusia, con la esperanza de que Merkel pudiera ceder” (16 de mayo de 2014).

La Cámara de Comercio Exterior Germano-Rusa, que en aquel momento representaba a más de 800 empresas (ahora son más de 1.000), envió un documento privado al gobierno alemán en el que advertía que las sanciones existentes estaban teniendo un “impacto masivo” en las empresas alemanas y que su ampliación causaría “daños irreparables”.

Estos esfuerzos de presión no impidieron que la Sra. Merkel impusiera sanciones a Rusia. Pero sí aseguraron que las sanciones no paralizaran por completo el comercio ruso-alemán. Y la propia Sra. Merkel confirmó que el lobby empresarial contribuyó directamente al éxito de uno de los proyectos de mayor importancia geopolítica de la historia reciente.

Una asociación histórica

La idea de que Alemania tiene una relación especial con Rusia, y un destino especial en Oriente, se remonta a siglos atrás. A partir del siglo xiii, la Liga Hanseática alemana dominó el comercio oriental. La ciudad más antigua de Rusia, Nóvgorod, se convirtió en el corazón del comercio oriente-occidente, dominado por esta liga de grandes ciudades comerciales alemanas.

Moscú ha acogido colonias alemanas desde el siglo xvi, cuando empresarios y colonos alemanes se instalaron en la capital rusa. El zar Pedro el Grande (1682-1725) era un visitante habitual. Contrató a arquitectos alemanes e italianos para diseñar su nueva capital, de aspecto más europeo: San Petersburgo. El aprecio de Pedro por la colonia alemana propició una estrecha relación política entre Rusia y Alemania. Él estableció alianzas con los principados alemanes. Todos sus hijos se casaron con magníficas familias alemanas.

Catalina “la Grande” de Rusia (1762-1796) era además una princesa alemana. Introdujo en Rusia escuelas de estilo alemán. Animó a los artesanos alemanes a venir a su imperio, hasta el punto de que las palabras rusas para los oficios habituales en su época tienen origen alemán. También trajo un gran número de migrantes alemanes, prometiendo protegerlos del reclutamiento y de muchos impuestos. Incluso se les permitió una relativa libertad religiosa. Cuando Rusia realizó su primer censo a finales del siglo xix, alrededor de dos millones de personas que vivían en Rusia declararon que su primera lengua era el alemán.

Estos vínculos comerciales y personales ayudaron con frecuencia a Alemania y Rusia a formar alianzas que dominaron y dividieron reiteradamente a Europa entre ellos. Bajo el mandato de Catalina la Grande, Rusia, el estado alemán de Prusia y Austria se repartieron Europa Oriental, cortando partes de Polonia hasta que, en 1795, no quedaba nada. Otto von Bismarck, posiblemente el líder más exitoso de Alemania, bromeó: “¿El secreto de la política? Hacer un buen tratado con Rusia”.

Menos conocida es la forma en que Alemania colaboró con Rusia para intentar volver al poder tras la Primera Guerra Mundial. El 16 de abril de 1922, Alemania y Rusia firmaron el Tratado de Rapallo. El tratado convirtió a Alemania en el principal socio comercial de Rusia en Europa. Pero el alcance total de la cooperación no se descubrió hasta mucho después. Desde entonces se ha revelado que, en pocos meses, el fabricante alemán Junkers estaba fabricando ilegalmente aviones alemanes y artillería Krupp en Rusia. Los industriales alemanes ayudaron a las fábricas de Stalin a alcanzar al mundo occidental.

De forma más secreta, Alemania llevó a cabo en Rusia actividades de investigación, desarrollo y entrenamiento militar (que fueron prohibidas por el Tratado de Versalles al final de la Primera Guerra Mundial). A cambio, Rusia se entrenaba con el Ejército Alemán y compartía los avances militares. Alemania estableció bases secretas, fábricas y aeródromos en Rusia.

Esto fue 20 años antes de que Alemania luchara contra EE UU. Adolfo Hitler, con sólo 33 años, ni siquiera había comenzado su ascenso al poder. Sin embargo, Rusia y Alemania ya estaban conspirando contra Occidente. Esta alianza secreta fue una de las principales razones por las que Alemania pudo irrumpir en el poder una vez que Hitler se convirtió en canciller en 1933.

Cuando los ministros alemanes y soviéticos se reunieron el 23 de agosto de 1939 para repartirse Europa Oriental, no fue el comienzo de una nueva relación. “Por dos décadas, esta malvada corriente de intercambios había fluido de forma encubierta”, escribe el historiador Paul Johnson en Modern Times (Tiempos Modernos). “Ahora, por fin, salió a la superficie”.

Conocido como el Pacto Molotov-Ribbentrop, o el pacto Hitler-Stalin, el acuerdo se anunció como un “pacto de no agresión”. Era todo lo contrario: definía qué partes de Europa Oriental podía atacar Rusia con la aprobación de Alemania, y viceversa.

También allanó el camino para el apoyo comunista mundial a la Alemania nazi. Stalin envió a Alemania un millón de toneladas de grano, 900.000 toneladas de petróleo, 500.000 toneladas de hierro y otros minerales, permitiendo que la vasta riqueza natural de Rusia alimentara la maquinaria de guerra alemana.

Este era exactamente el tipo de relación que los estrategas de la Guerra Fría temían. Hans Morgenthau advirtió que el hecho de que Alemania llegara a un acuerdo con Rusia “significaría un cambio drástico en la distribución del poder mundial”. Advirtió que Alemania tiene “argumentos racionales (…) en apoyo de una orientación hacia el Este”.

En 1953, T. H. Tetens publicó advertencias similares en Germany Plots With the Kremlin [Alemania conspira con el Kremlin]. Dijo que “después de que los alemanes nos hayan sacado todas las concesiones posibles, después de que hayan extorsionado miles de millones de dólares adicionales y después de que hayamos renunciado a importantes derechos de control, nos darán la espalda y comenzarán a negociar con el Kremlin. Tal hecho no sólo significaría el fin de toda nuestra política de contención en Europa, sino que también daría lugar a una nueva amenaza por parte de un tercer bloque de poder dominado por Alemania”.

Este temor resultó bien fundado. El acuerdo germano-ruso liberó a ambas naciones, por un corto tiempo, para dirigir su poderío militar hacia otros lugares, a costa de decenas de millones de vidas.

Hoy en día se está produciendo un escenario similar, y entre los analistas más agudos se reaviva la misma inquietud y temor. Andrew A. Michta, decano de la Facultad de Estudios Internacionales y de Seguridad del Centro Europeo George C. Marshall para Estudios de Seguridad, advirtió recientemente que Putin pretende “presionar a Berlín con un acuerdo ‘neobismarquiano’ que, de hecho, dividiría a Europa en dos esferas de influencia, haciendo que EE UU sea cada vez más irrelevante para el equilibrio estratégico general en Europa”.

“El peor escenario que se acaba de plantear es menos inverosímil de lo que parece”, escribió Michta. “Se basa en patrones históricos de imperialismo ruso que se remontan hasta hace tres siglos y tiene sus raíces en cómo Moscú entiende el papel de Alemania en Europa desde que Prusia unificó los estados alemanes” (19forty-five, 27 de diciembre de 2021). Un acuerdo de este tipo sacaría a EE UU de Europa y permitiría el dominio de Alemania y Rusia.

Duras exigencias

Para que un imperio alemán resurja y domine Europa, tendría que expulsar a EE UU. La mejor manera de hacerlo sería mediante una alianza con Rusia. No es casualidad que algunas personas prominentes dentro de la comunidad empresarial estén trabajando para facilitar esa alianza.

Rusia está trabajando activamente para destruir la Organización del Tratado del Atlántico Norte. Ahora mismo, las tropas rusas se encuentran en la frontera de Ucrania. Y Putin está presionando a EE UU para que acepte una lista de concesiones humillantes (“Nosotros dijimos que Putin haría esto”). Si no se cumplen estas exigencias, Rusia ha prometido una “respuesta militar” de magnitud similar a la Crisis de los misiles de Cuba.

Estas exigencias por sí solas no resucitan la Cortina de Hierro y el Pacto de Varsovia, pero si EE UU cede, sería un paso significativo en esa dirección. Ucrania y otros países se convertirían en Estados de segunda clase, incapaces de tomar decisiones sobre su soberanía sin el permiso de Rusia. Equivaldría a una declaración pública por parte de EE UU y de la otan de que Rusia es el señor del oriente de Europa y que EE UU opera allí sólo con el permiso de Rusia. Si se cumplen, estas exigencias destruirían a la otan como alianza de defensa.

Resulta revelador que Rusia esperara a que el gasoducto Nord Stream 2 estuviera terminado antes de plantear estas exigencias. Pero en cuanto llegó el invierno, cuando los países necesitan energía y son vulnerables al chantaje, Putin pasó a la ofensiva. El Nord Stream 2 desempeña claramente un papel importante en su plan. Los que lo construyeron han dado a Putin una enorme ventaja para expandir su imperio.

Si EE UU es expulsado, Alemania se vería sustancialmente reforzada como líder natural de Europa. Las naciones de Europa Oriental, incapaces de recurrir a EE UU para su defensa, tendrían que recurrir a Alemania. Y Alemania, sin la protección de EE UU, se vería obligada a reforzarse militarmente.

Ansiedad en ebullición

En 1870, Bismarck intentó unificar los estados divididos de Alemania. Para lograrlo, necesitaba un enemigo. Bismarck engañó a Francia para que atacara a Prusia y utilizó el conflicto subsiguiente como herramienta para forjar una nueva Alemania unida. Hoy en día, las élites alemanas esperan conseguir una unidad similar, no sólo dentro de Alemania sino en toda Europa, usando a Rusia. Saben que empoderar a Putin es un riesgo calculado. Saben que Alemania y Rusia han sido tanto enemigos como amigos. Pero hasta ahora, Alemania ha sido incapaz de unir a Europa como una gran potencia bajo su mando. Necesita una herramienta más fuerte para presionar a los Estados europeos para que dejen de lado sus diferencias y se unan.

En la revista la Trompeta de enero de 2009, el redactor jefe Gerald Flurry escribió: “¿Pero sabía usted que Alemania y Rusia probablemente ya se han ocupado de sus diferencias más urgentes? (…) Yo creo que los líderes de Alemania ya pueden haber llegado a un acuerdo con Rusia, un pacto moderno tipo Hitler-Stalin donde Alemania y Rusia dividen naciones y se las reparten entre sí. Este acuerdo les permitiría a cada cual poner la mira en otros objetivos. ¡Cualquier tratado así que pueda haber sido acordado entre Alemania y Rusia, ¡es un precursor para la guerra!” (latrompeta.es/articles/posts/5).

Rusia esperó a que Nord Stream 2 estuviera terminado antes de plantear estas exigencias. Pero en cuanto llegó el invierno, Putin pasó a la ofensiva.

Si se llega a un acuerdo de este tipo, tendría que cubrir lo que Rusia ha estado haciendo en Europa Oriental. ¿Significa la finalización de Nord Stream 2 que estamos llegando a una nueva etapa en esta asociación? Rusia ya ha sentado unas bases considerables. En “La otra invasión europea de Putin”, el Atlantic Council señaló que el régimen de Putin está ganando influencia sobre banqueros, abogados y otras élites europeas. El ex canciller alemán Gerhard Schröder, el ex primer ministro francés François Fillon y la ex ministra austriaca de Asuntos Exteriores Karin Kneissl son ahora miembros del consejo de administración de empresas energéticas controladas por el gobierno ruso.

En su artículo de 2018 “La guerra secreta de Alemania y Rusia contra EE UU”, el Sr. Flurry señaló que no sólo Rusia, sino incluso Alemania parece estar decidida a destruir la otan. “Nord Stream 2 une a Rusia y Alemania en una forma que debilita a la otan”, escribió. “De hecho, aunque Rusia y Alemania no dirán eso, este proyecto de gasoducto claramente tiene la intención de destruir a la otan”.

“Muchos alemanes de élite sienten que su nación ha obtenido todo lo que puede de EE UU y ahora están listos para avanzar. Algunos alemanes poderosos ahora piensan cada vez más sobre el Sacro Imperio Romano, y quieren que la Alemania moderna asuma más poder en el espíritu de ese imperio. Ellos quieren establecer a Europa como una poderosa superpotencia liderada por Alemania”.

“La historia muestra que Alemania y Rusia no son socios realmente. Cuando entran en acuerdos de paz y asociaciones económicas, es una señal de que alguno de ellos o ambos están preparándose para algún tipo de explotación imperialista. Esto hace que el acuerdo de Nord Stream 2 sea extremadamente preocupante” (la Trompeta, septiembre de 2018).

En ese artículo, el Sr. Flurry hizo referencia a Jeremías 1:13, en el que Dios dio una visión profética de “una olla hirviendo, y su faz está hacia el norte”. “Este lenguaje simbólico está describiendo a la Alemania moderna”, advirtió el Sr. Flurry. “Bajo la superficie, esa nación está llena de latente descontento con el actual orden mundial. Los alemanes están enojados con EE UU, y especialmente furiosos con el presidente [Donald] Trump. La ambición imperialista que provocó que Alemania comenzara ambas guerras mundiales está viva y vigente. ¡Está ‘hirviendo’!”.

Las pruebas de un acuerdo ruso-alemán son también signos de esta olla hirviendo: exponen la diligencia con la que ambos países trabajan para derrocar el orden mundial liderado por EE UU.

Hacia dónde lleva este acuerdo

La profecía advierte que una Europa dirigida por Alemania está a punto de derramarse, extendiendo su poder por todo el mundo. También advierte de un “príncipe de Rosh”, o Rusia (Ezequiel 38:1-2; New King James Version), cuya agresión se extenderá igualmente por todo el mundo.

La historia demuestra que los alemanes y los rusos firman acuerdos secretos que permanecen en la clandestinidad por décadas. A los observadores modernos les gusta pensar que todo el mundo quiere la paz y que todas las naciones sólo quieren llevarse bien. Los acontecimientos pasados y presentes revelan lo contrario. Las naciones quieren poder, y conspirarán e irán a la guerra para conseguirlo.

En mayo de 1962, La Pura Verdad, predecesora de la Trompeta, dirigida por el redactor jefe Herbert W. Armstrong, escribió: “Una vez que se establezca plenamente una Europa dominada por Alemania, ésta estará dispuesta a negociar y tratar con Rusia, y a espaldas de los aliados occidentales si es necesario”.

La historia ofrece advertencias siniestras sobre los resultados de tales pactos. La relación germano-rusa ha estado en el centro de los conflictos más destructivos de la historia del hombre.

La Biblia ofrece la misma advertencia, pero además contiene una maravillosa esperanza. El Sr. Flurry concluyó su artículo: “Los hombres continuarán en sus inútiles intentos de forjar la paz. Y tendrán que sufrir hasta que regrese Jesucristo. (…) Pero Su regreso está ligado a estos poderes emergentes de Alemania y de Rusia. ¡Él dice que regresará antes que la guerra haya terminado con toda vida humana! (Mateo 24:22). Las potencias militares en ascenso en Rusia y Europa son una parte de lo que será necesario para que Cristo regrese”.

“Dios quiere que Le respondamos. Él dice que nos ayudará en cualquier forma que necesitemos si tan solo le obedecemos. ‘¿Por qué moriréis, casa de Israel?’, pregunta Dios en Ezequiel 18:31. ¡Él no quiere que ninguno de nosotros tenga que sufrir! Él está ansioso por librarnos de la violencia catastrófica que viene y bendecirnos”.

Nosotros necesitamos entender estas profecías bíblicas. Están preparando el camino para la Segunda Venida de Jesucristo a esta Tierra. Eso significa que todas las malas noticias están por terminar. Él va a traer paz, alegría y felicidad a este mundo para siempre”.


RUSIA Y CHINA EN PROFECÍA

La posición de Estados Unidos como la única superpotencia mundial se está desvaneciendo rápidamente. Otras naciones y grupos de naciones están en la disputa por llenar ese vacío. Desde el oriente, está surgiendo un bloque de poder con un potencial enorme, tanto en número de hombres como en influencia económica y poderío militar. Su creciente presencia está intensificando la competencia global por los recursos y la influencia geopolítica. ¿A dónde conducirá esta tendencia? ¡Usted puede saberlo! ¡La profecía bíblica provee una extraordinaria y aguda visión por anticipado del futuro de Asia!