¿Qué es el verdadero arrepentimiento?
En medio del “reavivamiento religioso” de Estados Unidos, pocas personas hablan del arrepentimiento . Y entre quienes lo hacen, hay muchas malinterpretaciones. El verdadero arrepentimiento es una de las doctrinas más incomprendidas en el cristianismo tradicional actual. También es una de las doctrinas más importantes que debe entender un verdadero cristiano.
Antes de que comenzara el ministerio de Jesucristo, Juan el Bautista proclamó audazmente que la humanidad necesitaba arrepentirse. Cristo comenzó Su ministerio enfatizando la misma verdad. Y al comienzo de la Iglesia de Dios, Sus apóstoles siguieron proclamando la necesidad del verdadero arrepentimiento.
Como lector de la Trompeta, quizá usted haya pensado en el arrepentimiento. Tal vez haya oído hablar de este tema en su Iglesia local. ¿Pero sabe usted realmente lo que es el arrepentimiento?
¿De qué se arrepiente una persona? ¿Ante quién se arrepiente? Es vital que usted entienda este tema. Ninguna persona heredará la vida eterna si no se ha arrepentido de verdad. Realmente este es un asunto de vida o muerte.
No es sólo sentirse apenado
“El arrepentimiento no consiste únicamente en sentirse apenado por algo que uno ha hecho (o por incluso muchos pecados)”, escribió Herbert W. Armstrong en su libro El increíble potencial humano. “Es más bien, un sincero arrepentimiento de lo que uno es y ha sido; de toda su actitud y vida pasada separada de Dios”. ¿Alguna vez ha pensado en el arrepentimiento con tal intensidad y profundidad? Esto es lo que enseña la Biblia.
El arrepentimiento es más que sentirse apenado. Muchas veces, las personas creen que se han arrepentido de un pecado. Sin embargo, el simple hecho de pedirle perdón a Dios no es verdadero arrepentimiento. Es importante que confesemos nuestros pecados ante Él y pidamos su misericordia y perdón, pero el verdadero arrepentimiento va mucho más allá.
“Es un cambio total de forma de pensar y de sentir y de vivir”, continuó el Sr. Armstrong. “Es un cambio hacia un nuevo camino de vida. Es una renuncia al camino egocéntrico de la vanidad, la codicia, la hostilidad a la autoridad, la envidia, los celos, el egoísmo y la falta de interés en el bienestar de los demás; y es una aceptación del camino de vida centrado en Dios, el camino de la obediencia, la sumisión a la autoridad, del amor hacia Dios más que el amor a sí mismo, así como también de un amor e interés por el bienestar de nuestros semejantes igual al interés que sentimos por nuestra propia persona”.
Para alcanzar el nivel profundo de arrepentimiento que Dios busca, usted necesita orar y meditar sobre lo que acaba de leer. Para arrepentirse de verdad, debe verse a sí mismo honestamente por lo que es y quién es aparte de Dios. ¡ Todos debemos hacerlo!
La naturaleza humana está llena de los frutos malignos de “la
vanidad, la codicia, la hostilidad a la autoridad, la envidia, los
celos, el egoísmo y la falta de interés en el bienestar de los demás”,
escribió el Sr. Armstrong. Debemos reconocer esta realidad sobre
nosotros mismos, y sólo podemos hacerlo si incluimos a Dios en el
proceso. Entonces, con Su Espíritu Santo y Su amor perfecto derramado en
nuestros corazones (Romanos 5:5), podemos empezar a aprender y a pensar
de forma diferente. Podemos tener el “cambio de forma de pensar y de
sentir” que necesitamos desesperadamente, el cambio que es el
verdadero arrepentimiento.
¿De qué se arrepiente uno?
El actual cristianismo tradicional menciona a veces el arrepentimiento. ¿Pero comprenden ellos de qué hay que arrepentirse?
1 Juan 3:4 proporciona la respuesta: “Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley; pues el pecado es infracción de la ley”. Nos arrepentimos de quebrantar la ley de Dios.
Uno de los mayores engaños del llamado cristianismo es la noción de que la ley de Dios ha sido abolida. Si es así, ¿de qué nos arrepentimos? Si usted piensa que la ley de Dios ha sido abolida, no puede entender el verdadero arrepentimiento.
La ley de Dios es Su manera de pensar, Su carácter santo, Su forma de vida perfecta. Cualquier cosa contraria a eso es pecado. Es de eso que debemos arrepentirnos. Eso es más que sentirse apenado por haber obrado mal. Se trata de cambiar, de dar un giro completo y avanzar en la otra dirección hacia Dios. El arrepentimiento consiste en dirigirse en sentido opuesto al pecado. Significa querer sinceramente guardar la ley de Dios para llegar a ser como Él. Es el punto de partida de un viaje completamente nuevo.
El proceso de arrepentimiento requiere que sepamos qué es el pecado y lo reconozcamos en nuestra propia vida. De lo contrario, ¿cómo podríamos vencerlo? De nuevo, comprender la ley de Dios es vital.
También es fundamental la fe verdadera: la fe de Jesucristo. El apóstol Pablo escribió: “Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan” (Hebreos 11:6). ¿Busca usted a Dios con diligencia? ¿Se acerca a Él con fe? Sin fe, es imposible agradar a Dios. Pablo también escribió que “todo lo que no proviene de fe, es pecado” (Romanos 14:23).
No hacer lo que Dios manda es pecado. Hacer lo que Dios dice que no hagamos es pecado. No caminar por fe es pecado. Cualquier cosa contraria a vivir y pensar como Dios es pecado. Eso es lo que debemos cambiar. En todos los casos, el denominador común respecto al pecado es la ley de Dios.
El verdadero arrepentimiento tiene más que ver con el futuro que con el pasado. Sí, debemos sentir remordimiento. Debemos lamentar nuestros malos caminos del pasado. Pero el verdadero arrepentimiento consiste en dar la vuelta e ir en una dirección diferente. Se trata de cambiar y continuar de una forma nueva, diferente y correcta.
Dios le guía al arrepentimiento
Sin embargo, ninguno de nosotros puede hacer esto por sí solo. Sin Dios, somos lamentablemente inadecuados. Para tener éxito, debemos implorar a Dios que nos ayude. Cuando nos presentamos ante Dios, debemos saber que Él nos escuchará y nos responderá. Recuerde, Dios recompensa a aquellos que le buscan diligentemente.
Romanos 2:4 dice que la benignidad de Dios nos guía al arrepentimiento. Dios espera que acudamos a Él con un espíritu humilde y enseñable. Entonces, con el poder de Su Espíritu, Él nos guía al verdadero arrepentimiento. No podemos generar un arrepentimiento verdadero por nuestra cuenta. Solamente se puede lograr mediante el poder de Dios.
Si quiere vivir según el camino de Dios, entonces pídale con fe que le guíe hacia el arrepentimiento. ¡Pídale ayuda humilde y diligentemente! Vaya ante Él con fe, deseando aprender a pensar y vivir como Él. Eso le llevará a una separación total y completa de sus antiguos caminos. Permita que penetre profundo hasta el punto que quiera cambiar sus costumbres.
El arrepentimiento es hacia Dios
Otro aspecto importante que debemos comprender se encuentra en el libro de los Hechos. “Testificando a judíos y a gentiles acerca del arrepentimiento para con Dios, y de la fe en nuestro Señor Jesucristo” (Hechos 20:21). Debemos tener fe hacia Jesucristo, sí, pero nuestro arrepentimiento es hacia Dios el Padre. Él es el gran Legislador. Cuando quebrantamos Su ley, nuestro arrepentimiento debe dirigirse a Él. Cuando pecamos, estamos violando lo que Él ha establecido como correcto.
El editor de la Trompeta Gerald Flurry ha escrito un folleto titulado Cómo ser un vencedor. Queremos enviarle este folleto gratuitamente. Tómese el tiempo necesario para estudiarlo en profundidad. El folleto le muestra la actitud que debe tener para arrepentirse totalmente. De hecho, el primer capítulo se titula “Arrepentimiento hacia Dios”.
Este folleto destaca el ejemplo del rey David. David cometió graves errores y pecados terribles. Pero el sabía cómo arrepentirse verdaderamente hacia Dios. Debido a su actitud y a los cambios que hizo en su vida, Dios lo llamó un hombre conforme a Su corazón (Hechos 13:22). Dios nunca habría llamado así a David si él no hubiera sabido cómo arrepentirse.
Todos hemos pecado, así como David (Romanos 3:23). Pero ¿quiere usted ser una persona conforme al corazón de Dios?
En el capítulo 1 de Cómo ser un vencedor, el Sr. Flurry escribe: “El pecado es algo que necesita horrorizarnos. Debemos estar conscientes de lo que Cristo hizo por nosotros. Crezca en el ‘arrepentimiento para con Dios, y en la fe para con nuestro Señor Jesucristo’. Tenga fe en ese sacrificio. Luego, arrepiéntase hacia Dios quien lo planeó todo. (…) Si usted tiene problemas recurrentes en su vida evalúese a sí mismo con esta medida. ¿Está usted arrepintiéndose hacia Dios? ¡Dese cuenta de su maldad ante Dios!”.
Piense en lo que Jesucristo y Dios Padre hicieron por usted.¡Necesitamos llegar a un arrepentimiento tan profundo que sea como si nuestro propio primogénito hubiera sido traspasado! (Zacarías 12:10). Dios Padre permitió que su propio Hijo fuera brutalmente maltratado, crucificado y atravesado por una lanza en el costado para pagar por nuestros pecados. El pecado debería horrorizarnos, como horroriza a nuestro Padre espiritual.
Un mensaje a través de los siglos
Incluso antes del ministerio terrenal de Cristo, se enfatizaba el verdadero arrepentimiento. “En aquellos días vino Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea, y diciendo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mateo 3:1-2). Antes del ministerio de Cristo, Juan el Bautista instaba a la gente a arrepentirse. Había llegado el momento en que Dios comenzaría a preparar pilares, ayudantes y líderes para el Reino de Dios. Todo empieza con el arrepentimiento, reconociendo quiénes y qué somos apartados de Dios, viendo la necesidad de cambiar y de empezar a aprender cómo llegar a ser como Dios. Es un cambio total del pecado a vivir y pensar como Dios.
Algunos en tiempos de Juan el Bautista no querían cambiar y rechazaron su mensaje. “Al ver él que muchos de los fariseos y de los saduceos venían a su bautismo, les decía: ¡Generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera? Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento” (versículos 7-8). Él no los bautizó. Por mucho que se esforzaban en ser justos, no mostraban evidencia de que estuvieran cambiando su forma carnal de ser. ¿Dónde estaban los frutos para demostrar que se esforzaban por cambiar? ¿Dónde estaba la evidencia de que se estaban sometiendo a Dios y que Él estaba guiándolos al arrepentimiento?
Hoy debemos hacernos estas mismas preguntas. ¿Cuáles son sus frutos? ¿Hay frutos en su vida que demuestren que se está arrepintiendo y cambiando de verdad, humillándose y permitiendo que Dios le guíe al arrepentimiento?
Cuando Jesucristo comenzó Su ministerio, así fue como empezó: “Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mateo 4:17). El mensaje de Cristo era, ante todo, un llamado al arrepentimiento. Sin arrepentimiento, el evangelio sobre el Reino de Dios no podría entenderse.
Cristo también ordenó a Sus discípulos a que salieran y predicaran “que los hombres se arrepintiesen” (Marcos 6:12). Esa es la instrucción para cualquiera que sirva bajo Cristo.
Después que Jesucristo fue resucitado, la verdadera Iglesia de Dios fue establecida. Cristo había preparado líderes. El fundamento quedó establecido. Hechos 2 describe la historia del primer Pentecostés. ¡Fue un acontecimiento trascendental en la historia de la Iglesia! Después del primer sermón del apóstol Pedro, sus oyentes se compungieron de corazón y preguntaron qué debían hacer. “Pedro les dijo: ‘Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo”. (Hechos 2:38).
Una vez que la persona escucha y cree el verdadero mensaje del evangelio que Cristo trajo a la Tierra, ¡debe arrepentirse!
¡Este tema del arrepentimiento aparece una y otra vez! Es especialmente notorio al principio del Nuevo Testamento y constituye la base de la verdadera Iglesia de Dios. ¡Está claro que este tema es importante para Dios!
Pablo escribió: “Por tanto, dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección; no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas, de la fe en Dios” (Hebreos 6:1). Él enumeró las doctrinas básicas de la Iglesia de Dios. En primer lugar en la lista, puso ¡el arrepentimiento! El arrepentimiento es fundamental para cualquiera de nosotros si queremos tener un futuro con Dios.
El camino hacia el gozo
El pecado trae miseria a su vida; el verdadero arrepentimiento trae gozo. La desobediencia a Dios y a Su ley siempre complica su vida; la obediencia la simplifica.
El Sr. Armstrong dijo que fue al rendirse a Dios en completo arrepentimiento cuando encontró gozo indescriptible al aceptar a Jesucristo como su Salvador personal y Sumo Sacerdote. ¡Usted puede descubrir ese mismo gozo! Pero tiene que arrepentirse y aceptar a Cristo como su Salvador personal. Eso es lo que Dios nos instruye a hacer. Debemos alcanzar un arrepentimiento genuino para entrar en la Familia de Dios y recibir la vida eterna.
Recuerde este punto crucial: a medida que avanza en el proceso de ser guiado por la bondad de Dios al arrepentimiento verdadero, nunca se ponga negativo, no se desanime ni se deprima. ¡Nunca se rinda! En El increíble potencial humano, el Sr. Armstrong escribió: “El cristiano verdaderamente convertido encontrará que con frecuencia tropieza bajo la tentación y cae; tal como un bebé físico tropieza y cae al estar aprendiendo a caminar. Pero el bebé de un año no se desalienta o deja de tratar de caminar. Se levanta y hace otro intento”. No tiene que desanimarse ni abatirse. No tiene por qué rendirse. Usted necesita arrepentirse. Entonces Dios le ayudará; Él lo levantará y continuará guiándolo para vencer.
El Sr. Armstrong continuó: “¡El cristiano verdaderamente convertido aún no es perfecto!
Dios ve el corazón (el motivo interior), ¡la verdadera intención! Si uno está tratando, y si se levanta siempre que cae y con sincero arrepentimiento pide el perdón de Dios, y se propone a poner su mejor esfuerzo a fin de que ese error no se repita, y si persevera con renovado empeño para vencer, Dios es generoso en misericordia hacia ese hombre en su esfuerzo por vencer”.
¡Hay muchísima esperanza en el verdadero arrepentimiento! Esfuércese por arrepentirse más perfectamente hacia Dios, y coseche el gozo y las bendiciones abundantes que provienen del arrepentimiento verdadero conforme a Dios.
