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Domino Público

¿Qué es el fascismo?

Hoy en día, la palabra “fascismo” carece prácticamente de significado. Políticos, periodistas y activistas políticos la lanzan como insulto prácticamente a cualquiera que defienda una ideología política que les desagrade. Sin embargo, aunque el verdadero significado del fascismo se ha olvidado en gran medida, la ideología tiene una oscura historia de 2.600 años.

La palabra fascismo en español proviene del latín fasces, que es un conjunto de varas atadas a un hacha sobresaliente. Para los antiguos romanos, representaba el poder del Estado. En la época del Reino Romano (753-509 a. C.), el poder político lo ejercía el rey de Roma, mientras que el poder religioso lo ejercía el pontifex maximus, el sacerdote principal del Colegio pagano de Pontífices. Estos dos funcionarios estaban acompañados por 12 magistrados menores que portaban fasces. Los fasces eran armas para hacer cumplir los decretos del rey y del pontífice. Los poderes político, religioso y económico estaban unidos, lo que daba poca libertad al romano promedio.

Esta situación cambió cuando Lucio Junio Bruto y Lucio Tarquinio Colatino fundaron la República Romana (509-31 a. C.), pero los cónsules seguían castigando a los enemigos del Estado con varas y hachas. Con el tiempo, César Augusto convirtió Roma en un imperio (31 a. C. - 476 d. C.) más autoritario que la monarquía romana al fusionar los cargos de rey y pontífice en un sólo cargo, ostentado por él mismo. El número de magistrados romanos provistos de fasces aumentó drásticamente a medida que el imperio se subdividía en provincias imperiales y senatoriales, cada una gobernada por oficiales militares de alto rango asistidos por cinco funcionarios con fasces.

El sistema político fascista volvió a descentralizarse cuando el emperador Graciano rechazó el título de pontifex maximus en el año 381 d. C. El emperador cedió ese poder a los obispos católicos de Roma, y fue perdiendo poder sobre las provincias imperiales y senatoriales en favor de los magistrados. El Imperio Romano de Occidente cayó y se desarrolló el sistema feudal medieval, que establecía al pontífice como autoridad suprema, delegando parte de la autoridad en los reyes, que a su vez delegaban parte en los señores feudales, que a su vez delegaban parte en los caballeros.

El sistema feudal cayó cuando el emperador francés Napoleón Bonaparte fue derrotado en Waterloo; sin embargo, éste fue restablecido en 1891, cuando el Papa León XIII escribió su encíclica Acerca del capital y el trabajo, en la que afirmaba que la igualdad es una cruel ilusión y que las personas son más felices cuando están sometidas a una jerarquía controlada por la Iglesia romana. Las empresas, los trabajadores y el Estado deben trabajar juntos en franjas de la economía conectadas verticalmente, llamadas corporaciones, que controlan la economía fijando cuotas, precios y salarios; los cuales regulan el comportamiento individual y el orden social.

Ese corporativismo sonaba sofisticado, pero no era más que un feudalismo actualizado, en el que los empleados son siervos, las élites corporativas son señores, los primeros ministros son reyes y el Papa sigue siendo el pontifex maximus.

Tras la caída del mercado bursátil en 1929, Benito Mussolini incorporó más o menos el sistema económico del Papa León. Lo llamó fascismo porque se veía a sí mismo como el restaurador y reconstructor del Imperio Romano. Otras naciones, incluida la Alemania de Adolfo Hitler, siguieron el mismo modelo y establecieron economías basadas en el modelo corporativista católico.

Por eso, cuando los miembros del Foro Económico Mundial acogieron la encíclica del Papa Francisco Todos Hermanos como una “receta para reajustar la economía mundial”, no están alabando un nuevo sistema, sino el mismo que ha dominado a Roma desde los tiempos del rey Rómulo.

El ya fallecido educador Herbert W. Armstrong comprendió esta verdad y en 1952 escribió: “El nazismo siempre se ha definido como la forma alemana del fascismo. Y así es, ¡con un ligero matiz de diferencia! El nazismo era únicamente un fascismo nacional alemán, mientras que el fascismo puro, tal como ha existido desde 600 años antes de Cristo, es un fascismo internacional. Y el fascismo puro siempre ha estado unido a la Iglesia Romana”.

Siga observando los esfuerzos del Foro Económico Mundial por aliarse con el Vaticano e imponer el “capitalismo de los grupos de interés” en el mundo. Todos estos esfuerzos forman parte de una estrategia para resucitar el Sacro Imperio Romano.

ALEMANIA Y EL SACRO IMPERIO ROMANO

Muchas personas están al tanto de las atrocidades cometidas por Alemania en la Segunda Guerra Mundial pero lo consideran como historia antigua. Estas personas ignoran por completo el legado que inspiró a Adolfo Hitler a crear su máquina de guerra nazi. Este surgimiento fue simplemente la resurrección reciente de un imperio guerrero con una larga y sangrienta historia. ¿Sabía usted que la Biblia profetizó de este régimen, así como del terrible resurgimiento de su última resurrección, en nuestros días?