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¿Puede él hacer a Estados Unidos grande otra vez?

¿O hay algo que los estadounidenses necesitan saber primero?

La campaña electoral en Estados Unidos duró cerca de 500 días agotadores. Estuvo llena de insultos y humillaciones, mostrando además a dos de los candidatos presidenciales más despreciados en la historia de la nación. Entre más tiempo pasaba, más degradantes se volvían las revelaciones acerca de ellos.

En la víspera de la elección, mientras los comentaristas contemplaban lo que todo esto significaba, Bob Schieffer de Noticias cbs destacó que esta campaña fue singularmente horrible. “He visto pocas, pero se me han agotado las palabras para decir que nunca había visto una como ésta. Es como si la nación estuviera atravesando algún tipo de maldición. ¿Qué deberíamos esperar después… que lluevan ranas? Yo no apostaría en contra de eso” (énfasis añadido en todo el artículo).

Cuando Peggy Noonan escribió en su última columna para el Wall Street Journal antes que los votantes fueran a las urnas, ella estaba reflexionando sobre lo mismo. “Un pensamiento de cierre: Dios está a cargo de la historia”, escribió ella. “Él nos pide trabajar, intentar, que nos sacrifiquemos para hacer las cosas mejor. Pero Él es un actor en la historia también. Él castiga y rescata, Él interviene en formas vistas y no vistas. O elige no hacerlo. El 2016 me parece a mí como un castigo. Él está tratando de llamar nuestra atención. Tenemos candidatos de quienes no podemos estar orgullosos. Debemos elegir entre las vergüenzas. ¿Qué podríamos estar haciendo como nación y como pueblo para merecer este momento?” (3 de noviembre de 2016).

Es muy inusual oír a comentaristas de los medios de comunicación en el Estados Unidos moderno, preguntarse abiertamente que si la nación está siendo maldecida, incluso castigada por Dios. Pero el preludio de esta elección nos ha conducido a esto.

Sin embargo, una cosa es preguntarse y otra cosa es buscar la respuesta real. Si esto es una maldición, ¿qué deberíamos esperar después? ¿Y qué podríamos haber estado haciendo para recibir castigo? Peggy Noonan aparentemente, o no lo sabe o no está dispuesta a decirlo.

¿Está usted dispuesto a considerar la pregunta honestamente?

Una nación hipócrita

Cuando Donald Trump ganó la elección el 8 de noviembre, mucha gente quedó atónita. Los liberales (la mitad de la sociedad estadounidense), es decir, los partidarios de Hillary Clinton, los reporteros y analistas de los medios de comunicación, la mayoría de la población urbana de EE UU, los académicos, la mayoría de los estudiantes en las universidades e incluso de las escuelas secundarias, la mayoría de las minorías étnicas, apenas podían imaginar que unos 61 millones de estadounidenses hubieran votado por tan despreciable ser humano como Donald Trump, según sus estimaciones.

Al principio de la campaña, lo desestimaron como un payaso y una broma. A medida que fue teniendo éxito en las primarias, lo caracterizaron como un intimidador y un espectáculo de circo. Después que él se aseguró la nominación republicana, lo catalogaron de intolerante y racista. Y a medida que su apoyo permanecía firme y optimista, lo pintaron de sexista y misógino. Insistieron que él era temperamentalmente inadecuado para el cargo. Lo tacharon de ser abiertamente un enemigo de todo lo que EE UU representa.

Luego que comenzó a quedar claro que el Sr. Trump ganaría la elección, sus oponentes tuvieron un colapso. Periodistas “objetivos” expresaron abiertamente su propia consternación y desesperación. Para mucha gente, estas emociones rápidamente dieron cabida a la ira e histeria. Pronto EE UU se vio envuelto en manifestaciones y protestas (incluso manifestaciones violentas y destructivas) salpicadas por cánticos de “¡No es nuestro presidente!” y “¡Rechazamos al presidente electo!”. Y la prensa en seguida y fielmente reportó sobre esa rebelión como si ésta fuera una búsqueda noble de justicia social.

¿Qué fue exactamente lo que provocó que estos disidentes asaltaran las barricadas y buscaran derrocar el sistema tan apasionadamente?

Esencialmente, el presunto “mensaje de odio” del Sr. Trump fue lo que alimentó toda esa hostilidad, disgusto y repulsión siendo expresados por estos guerreros de la justicia.

Estados Unidos hoy es simplemente “demasiado justo” como para tolerar los atroces pecados de intolerancia, fanatismo, racismo, sexismo, misoginia y homofobia del Sr. Trump. El EE UU de hoy es una tierra de iluminación, aceptación, inclusión, justicia, igualdad, civilidad, respeto y decoro; pero no es un lugar para uno tan grosero, crudo, burdo, insensible, malhumorado, retrógrada, cruel, fanfarrón y matón como lo es el Sr. Trump. O esto es lo que se supone que debamos creer.

¿Pero es toda esta indignación realmente tan justa?

En Isaías 10:6, Dios llama a Estados Unidos una “nación hipócrita”. El ataque santurrón de la izquierda en contra de Donald Trump ilustra perfectamente porqué Dios usaría esa terminología.

También da algunas pistas de lo que podríamos estar haciendo para haber merecido el castigo de Dios.

Racismo e intolerancia

La izquierda estadounidense tiene una definición muy específica del racismo y la intolerancia. Según su definición, el Sr. Trump es la encarnación de estos pecados. Y los 61 millones de personas que votaron por él exhibieron su propia intolerancia al hacerlo.

El reportero Wesley Lowery cubre asuntos raciales en el Washington Post y recientemente escribió un libro llamado No pueden matarnos a todos. Él cree que “nuestra existencia estadounidense (…) se basa en gran medida sobre el pecado original de la esclavitud. Hemos amalgamado estas ideas a las estructuras fundamentales de nuestra sociedad”. Estas fueron sus palabras en una entrevista por la Radio Pública Nacional (npr, por sus siglas en inglés) después de la victoria de Trump, haciendo referencia a las palabras del presidente Barack Obama.

El reportero de npr le preguntó al Sr. Lowery si era justo caracterizar a todos los simpatizantes de Trump como racistas. Él respondió, “Creo que una de las líneas de batalla fundamentales en esta conversación es: ¿Usted cree que el racismo requiere intención, o cree que el racismo es acerca del resultado, o sea, del efecto? Que si una política tiene el efecto de racismo, de crear una disparidad racial, es eso lo que precisamente se describe como racista, ¿o se requiere a alguien activamente deseando oprimir a un cierto grupo de personas?”. Él explicó cómo una persona podría pensar: “No, yo no tengo odio en mi corazón por personas que no son como yo” y aun así ser racista porque (como la izquierda argumenta) “racismo y prejuicio son lo que ocurre cuando, sea intencional o no, una estructura o sistema es puesto en marcha y deja a un grupo de personas atrás”.

Esta es una buena representación de lo que pasa por el pensamiento “iluminado” del Estados Unidos de hoy sobre este asunto. Racismo no es el odio por alguien por causa del color de piel—es algo, quizás intangible, que resulta del establecimiento, posiblemente no intencional, de una estructura o sistema que pone a cierta gente en desventaja. Esto es radicalmente diferente a la definición de racismo que arroja el diccionario, y a propósito.

De acuerdo a esa definición, es prácticamente imposible que la aventajada mayoría (blanca) no sea racista; y es absolutamente imposible para las desventajadas minorías ser racistas.

Usando esta perversa lógica, se deduce que la intención del Sr. Trump de hacer cumplir las leyes de inmigración existentes es intolerancia, y su promesa de evitar que criminales y terroristas extranjeros entren a Estados Unidos es equivalente a una declaración de guerra en contra de los mexicanos y musulmanes. Con este razonamiento, el abordar la violencia en las ciudades perpetrada por negros contra negros es racismo. Es por eso que un oficial de policía negro que le dispara a un criminal armado negro, es prueba del racismo sistemático.

Esta también es la lógica con la cual los medios culparon al Sr. Trump personalmente por un puñado de incidentes después de las elecciones donde aparentemente los simpatizantes de Trump expresaron sentimientos de supremacía blanca o cometieron crímenes contra minorías; sin embargo, los mismos medios permanecieron completamente en silencio ante las reacciones violentas entre no blancos contra el Sr. Trump, sus seguidores y blancos en general. Y gente negra golpeando y agrediendo a gente blanca por votar por Trump; grafitis que decían “maten a todos los blancos”; la destrucción indiscriminada de tiendas y la quemazón de carros; tuiteando amenazas de muerte; gritando que es tiempo de un levantamiento negro. Todo este comportamiento es entendible y aceptable, y nadie lo tacha de racista, gracias al moderno entendimiento “iluminado”.

La izquierda dice que se opone al racismo. Pero ha definido ese término en una forma que justifica y alienta una inmensa cantidad de comportamiento que es clara y abiertamente desafiante, inexcusable y lleno de odio, incluso violento hacia otras personas solo por el color de su piel.

¿Qué es lo que Dios piensa al respecto? Él creó las razas, “Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra” (Hechos 17:26). Él mismo no es blanco, ni negro, ni marrón ni de otro color; Él es radiantemente brillante, y él hizo a toda la humanidad, de todas las razas, conforme a Su semejanza (Génesis 1:26). Él no “hace acepción de personas”, no favorece a una raza por sobre otra (Hechos 10:34); Él quiere que “todos los hombres [de toda raza] sean salvos, y vengan al conocimiento de la verdad” (1 Timoteo 2:4).

Además, Dios ordenó en el Antiguo Testamento que, “No aborrecerás a tu hermano en tu corazón (…) sino amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Levítico 19:17-18). En el Nuevo Testamento, Jesucristo dejó claro que su “prójimo” incluye a todos, incluso a alguien de otra raza al que usted podría tender a considerar como un enemigo (Lucas 10:25-37). Dios ve toda hostilidad de una raza contra otra, como algo despreciable. De hecho, Él considera el odio comparable al asesinato (1 Juan 3:15).

La izquierda afirma creer en algo parecido a una versión secular de esta verdad, pero los eventos recientes han expuesto el enorme abismo entre su versión y la de Dios. En su visión, el odio de la minoría contra la mayoría es justificado, incluso honorable y moral.

La izquierda hace responsables a los blancos de hoy por la esclavitud que fue decretada como ilegal en suelo estadounidense hace más de 150 años. Pero no hace responsable a sectores enteros de la sociedad por la violencia que están cometiendo en este mismo momento.

La izquierda condena vehementemente el fanatismo, pero tolera y alienta el desprecio abierto y hostil hacia otros, basados en esa ideología. Solo vea cómo trataron a la florista, o al funcionario del condado que no apoyaron activamente el “matrimonio” del mismo sexo.

Apareció un video en que se ve a varias personas negras golpeando a un hombre blanco y robándole su carro después de la elección porque él tenía un adhesivo de Trump en el parachoques. Estas personas sienten que es perfectamente correcto agredir a este hombre por causa de su presunta intolerancia. Ellos no ven ninguna ironía en golpear y robar a un hombre blanco porque él votó por un candidato “racista”.

Pero Dios sí lo ve. Él reconoce el odio y el racismo. Él reconoce la hipocresía cuando la ve.

¿Pueden los liberales y la prensa, los académicos y los políticos siquiera percibir su propio doble estándar? ¿Se harán responsables estas personas (las que constantemente etiquetan al Sr. Trump de racista y de cabecilla de un segmento irremediablemente intolerante de EE UU), por fomentar la división racial llena de odio manifestándose en las calles de Estados Unidos? ¿Verán ellos que idealizar el desafuero y fomentar la castigadora “justicia” racial, sólo empeora el problema? ¿O continuarán, como lo han hecho hasta ahora, cargándole toda la culpa al Sr. Trump?

Sexismo y misoginia

Los liberales descargaron su justa ira sobre el Sr. Trump que por años se ha jactado de sus hazañas con las mujeres. Al oír su condenación, uno pensaría que estas personas poseen la sobriedad de la era victoriana en el delicado asunto del sexo.

A decir verdad, estas mismas personas son apasionadas defensoras de la licencia sexual. Las universidades escrupulosamente instruyen a sus estudiantes sobre la maldad de un hombre de negocios que usa el privilegio del poder como ventaja sexual, y sus estudiantes han sido fuertes críticos en la condenación del machismo del Sr. Trump. Sin embargo estas mismas universidades dan la vuelta y son anfitriones y patrocinadores de eventos abominablemente licenciosos, pervertidos y con temáticas sexuales para los mismos estudiantes, quienes se entregan a participar.

EE UU hoy condena hipócritamente al Sr. Trump por el pecado de sexismo. Pero simultáneamente promueve la fornicación, el adulterio y la pornografía. Los estadounidenses crean y subsidian una cultura popular que idealiza la misoginia, algo que habría horrorizado a generaciones anteriores.

Los liberales denuncian a Donald Trump como un poderoso hombre de negocios multimillonario que se aprovechaba de las mujeres. Sin embargo la gran mayoría de ellos (incluyendo fuentes de los principales medios noticiosos) promovían y personalmente contribuían para distinguir a uno de los libros más vendidos y fenómeno del cine Cincuenta Sombras de Grey, el cual da glamur a un poderoso hombre de negocios multimillonario que lleva a una desprevenida mujer hacia un cautiverio literal.

¿Dónde está la indignación de los liberales contra la industria del porno, la cual habitualmente plasma a mujeres siendo tratadas con brutalidad y abusadas en incontables formas horribles? ¿Por qué nunca una palabra de condena contra la industria del hip-hop, el cual está saturado de canciones degradando a las mujeres y reduciéndolas a objetos sexuales?

El fin de semana antes de la elección, Hillary Clinton estuvo en una recaudación de fondos con canciones hip-hop, llamada “sal a votar”. Los intérpretes incluían raperos como Big Sean, Chance el rapero, J. Cole y Jay Z. Busque en cualquiera de sus letras en cualquiera de sus canciones. En el concierto, Big Sean rapeó sobre mujeres siendo prostitutas y objetos para gratificarse a sí mismo, describiendo actos de machismo sexual en un torrente de misoginia vulgar. Jay Z (un favorito de la izquierda; el presidente Obama lo ha invitado a la Casa Blanca varias veces) derramando groserías, rapeando acerca de hombres, mujeres y sexo, para hombres utilizando la palabra “n” y para mujeres la palabra “p”. Su esposa, Beyoncé, interpretó “Formation”, una canción llena de lenguaje sexual vulgar. El video musical de esta canción insinúa una conspiración gubernamental racista durante el huracán Katrina; ella y su grupo de bailarines de respaldo la interpretaron en el Súper Tazón con vestidos que evocaban a las Panteras Negras, una organización armada comunista nacionalista negra.

Jay Z y Beyoncé se unieron luego en el escenario a Hillary Clinton, quien llamó a Beyoncé una campeona para las mujeres.

Estas son las personas que condenan el trato de Donald Trump hacia las mujeres. ¿Cómo lo hace la izquierda para pasar por alto el nido de ratas de inmoralidad, misoginia y fanatismo que está en la cultura popular, y al mismo tiempo, puritanamente sostiene sobre el Sr. Trump un riguroso código moral? Ese es un desconcertante doble estándar. Ellos no ven ninguna ironía en recaudar dinero para Hillary Clinton teniendo raperos que se jactan de sus hazañas sexuales, mientras insisten en que una conversación impropia hecha por el Sr. Trump capturada en un video hace 11 años lo descalifica del cargo público.

Pero Dios sí la ve. Él conoce la hipocresía cuando la ve.

Nada de esto es para defender el comportamiento del Sr. Trump, el cual estuvo mal e inaceptable. Pero es sólo para señalar la evidentemente escandalosa hipocresía de la condena de la izquierda hacia este hombre.

La rectitud de Dios

EE UU hoy ha echado a un lado los códigos morales tradicionales y la ley moral basada en la Biblia, reemplazándolos con una moralidad alternativa, altamente exigente y extremadamente selectiva de su propia invención mediante la cual juzga rigurosamente, sin coherencia, a individuos de su propia elección.

Esta tendencia es perfectamente descrita en Romanos 10:3, “Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios”.

Los Diez Mandamientos de Dios demandan piedad, preservación de lo que es santo y respeto por los padres. Éstos prohíben la idolatría y la blasfemia. Prohíben el asesinato y el odio, el adulterio y la promiscuidad, la mentira y el engaño, el robo y la avaricia. Y se aplican igualmente para todos.

En EE UU hoy, estos mandamientos son anticuados e irrelevantes. Los nuevos mandamientos de EE UU esbozan un conjunto diferente de pecados cardinales, como el racismo (definido selectivamente), el sexismo (exenciones disponibles para los liberales), homofobia y transfobia. La riqueza también es inmoral, a menos que sea acumulada por un liberal quien profesa principios socialistas.

Los valores bíblicos como el trabajo duro, responsabilidad personal, paternidad responsable, auto sacrificio, respeto por los ancianos, honestidad e integridad han sido empujados a un lado. De hecho, algunas de estas virtudes son etiquetadas como “micro agresivas” y “palabras de código” para (usted lo ha adivinado), el racismo. En cambio hemos abrazado nuevos estándares y expectativas: asistencia social del gobierno, culpar a la sociedad por el fracaso personal, seguir su corazón, auto realización y satisfacción personal, exaltación de la juventud, manipular el sistema y saber cómo jugar el juego.

La instrucción bíblica de dejar pasar las ofensas y vivir en paz con todos los hombres ahora es anticuada. Las virtudes de hoy incluyen ser híper sensible a las ofensas, alimentar un sentido de victimización, vociferar incluso ante los más ligeros agravios y demandar derechos personales. El mandato escritural de olvidar y perdonar, de voltear la otra mejilla, de permitir que el hombre que tomó su manto tome también su abrigo es visto como debilidad. Los guerreros de la justicia social de hoy insisten en que la senda más justa es estar en pie de guerra. La paz sólo puede ser alcanzada a través de la revolución; sangrienta si es necesario.

El moderno Estados Unidos está muy lejos de ser más justo y recto que Dios.

Y va de picada hacia el desastre.

Dios es el único y verdadero Dador de la ley (Santiago 4:12). “[M]is pensamientos no son vuestros pensamientos” dice Él, “ni vuestros caminos mis caminos (…) Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos” (Isaías 55:8-9).

Estados Unidos realmente debe reconocer la verdad en estas declaraciones, ¡y tratar de pensar más como Dios lo hace!

Dios odia todo pecado. Pero de todos los pecados, la auto justicia debe ser uno de los más perniciosos. La gente ondeando carteles de “Love Trumps Hate” (amor al odio de Trump) mientras queman monigotes del presidente electo aparentemente no ven la ironía de sus acciones. Pero Dios sí la ve. Él reconoce la falta épica del conocimiento de sí mismos. ¿Cómo puede Él librar a las personas de su auto justicia, cuando ésta las hace tan ciegas?

Con la evidencia de nuestro fracaso apilándose alrededor nuestro, la mitad del país se convence aún más de su propia rectitud. Y la otra mitad está esperando contra toda esperanza que un nuevo presidente será capaz de revertir el curso de la nación y evitar el desastre.

¿Está alguien realmente mirando a Dios?

Como Peggy Noonan dijo, Él está tratando de llamar nuestra atención. Él está castigándonos y maldiciéndonos, no con ira frustrada, ¡sino con el deseo de despertarnos!

Dios tiene el control

Como Noonan también dijo, Dios es un actor en la historia. Él interviene en formas visibles e invisibles, incluyendo poner a personas en cargos políticos. “[E]l Altísimo gobierna el reino de los hombres, y que a quien él quiere lo da, y constituye sobre él al más bajo de los hombres” (Daniel 4:17).

La neta es que Dios tiene el control. Él dirige los asuntos para cumplir Sus propósitos. En este tiempo más peligroso de nuestra historia, usted puede estar seguro que Él empujó y canalizó los eventos en EE UU sólo para traer a Donald Trump al poder. (Para una información explícita y detallada sobre este asunto, solicite una copia de una carta especial sobre Amós capítulo 7, escrita por el editor en jefe de Trompeta Gerald Flurry).

Pero Su intención no es usar a este hombre para hacer a EE UU “grande otra vez”.

Cuando usted mira a esta nación y se pregunta si está siendo maldecida, si está siendo castigada, hay una razón para eso. ¡Porque esto es exactamente lo que está sucediendo!

“¿Qué podríamos estar haciendo como nación y como pueblo”, preguntó Noonan “que nos hemos merecido este momento?”. ¡De seguro deberíamos ser capaces de responder a esta pregunta!

¡Mire a Estados Unidos hoy! Trate de verlo desde el punto de vista del Dios que está a cargo de la historia, ¡y pregúntese si ve algo que estemos haciendo que causaría que Él nos esté castigando y tratando de llamar nuestra atención!

Dios ha estado tratando de llamar la atención de EE UU por décadas, y nosotros lo hemos ignorado, lo hemos desafiado, y abiertamente blasfemado. Estamos sufriendo las maldiciones por hacer eso; maldiciones que están destinadas a intensificarse, no importa quién sea el presidente.

Usted necesita saber por qué. ¡No permita que esta elección tumultuosa pase sin aprender la lección! Permita que Dios llame su atención. Él ha escrito en la profecía bíblica exactamente lo que le va a suceder a esta nación debido a la conducta que hemos elegido. Usted puede leer todo al respecto en el libro de Herbert W. Armstrong Estados Unidos y Gran Bretaña en profecía. Cualquiera que ignore esta advertencia está a punto de experimentar una serie de choques más devastadores que un vuelco electoral. Si usted conoce la profecía bíblica, usted sabe que las sorpresas en EE UU apenas están comenzando.

Sí, Estados Unidos está maldecido hoy. Pero tan malo como esto suene, ¡Dios permite las maldiciones por una razón! Están destinadas a abrir nuestros ojos para reconocer nuestros pecados, nuestra inmoralidad, nuestra iniquidad, nuestra auto justicia, nuestra hipocresía. Están destinadas a alcanzar la meta final de Dios para con nosotros, y para todas las personas de todas las naciones: Él “[n]o quiere que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9). Dios quiere que Estados Unidos dé la vuelta, para que así podamos comenzar a recibir Sus bendiciones una vez más.

Cuando Él tenga la atención de la nación, y una vez que nosotros respondamos, Estados Unidos estará verdaderamente en el camino de llegar a ser grande otra vez.