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EJÉRCITO DE EE. UU., SCOTT OLSON / GETTY IMAGES, SAUL LOEB / AFP A TRAVÉS DE GETTY IMAGES

¿Puede el ejército estadounidense impedir una Segunda Guerra Civil?

Las lealtades divididas dentro de las fuerzas armadas podrían poner en duda la respuesta.

¿Cómo se vería Estados Unidos si su ejército se dividiera en facciones hostiles? ¿Qué pasaría si miles de soldados se negaran a cumplir las órdenes de su comandante en jefe, o incluso si se alzaran en armas contra él? Nada semejante ha sucedido en EE UU desde la Guerra Civil. Pero hoy cada vez más exfuncionarios de defensa acusan públicamente al presidente Donald Trump de traicionar su juramento al cargo.

James Mattis, que no sólo es un destacado general retirado del Cuerpo de Marines, sino que también fue secretario de defensa del presidente Trump, se había mantenido con la tradición militar histórica de no dar a conocer opiniones políticas personales. Pero el 3 de junio rompió su silencio y emitió una declaración pública condenando al Presidente.

“Donald Trump es el primer presidente que he visto que no intenta unir al pueblo estadounidense, ni siquiera pretende hacerlo”, dijo Mattis en una declaración obtenida por cnn. “En cambio trata de dividirnos. Estamos siendo testigos de las consecuencias de tres años de este esfuerzo deliberado. Estamos siendo testigos de las consecuencias de tres años sin un liderazgo maduro. Podemos unirnos sin él, recurriendo a las fortalezas inherentes en nuestra sociedad civil. No será fácil, como han demostrado los últimos días, pero se lo debemos a nuestros conciudadanos; a las generaciones pasadas que derramaron sangre para defender nuestra promesa, y a nuestros hijos”.

¿Qué provocó este arrebato? Mattis estaba molesto porque el presidente había amenazado con movilizar las fuerzas federales para enfrentar los disturbios y la anarquía que plagaban las ciudades del país. “Los alcaldes y gobernadores deben establecer una aplastante presencia policial hasta que la violencia sea sofocada”, había anunciado. “Si una ciudad o un Estado se niega a tomar las medidas necesarias para defender la vida y la propiedad de sus residentes, entonces desplegaré el ejército de EE UU y resolveré rápidamente el problema por ellos”.

Para que el presidente Trump utilice al ejército para dispersar a los alborotadores, tendría que invocar la Ley de Insurrección de 1807. Esto fue específicamente lo que criticó el general Mattis. Este poder se utilizó por última vez en 1992, cuando el presidente George H. W. Bush utilizó a los marines para detener los disturbios raciales en Los Ángeles, California; Mattis era teniente coronel del Cuerpo de Marines en ese tiempo. En su opinión, aparentemente no había nada controvertido en invocar esa ley en ese momento. Pero hoy, Mattis afirma que Trump es el primer presidente en su vida que divide al pueblo.

Cualquiera que sea su opinión sobre el presidente Trump, el general Mattis, el presidente Bush, la Ley de Insurrección o el propio EE UU, las fuertes divisiones entre el comandante en jefe y las fuerzas armadas durante un tiempo de agitación nacional representan una amenaza para la estabilidad de la nación; y del mundo.

Ley y orden

Otros altos generales y almirantes retirados también condenan el uso de la fuerza militar para restablecer la ley y el orden en las calles de EE UU: el general del Ejército Colin Powell, el general del Ejército Martin Dempsey, el almirante de la Armada Mike Mullen y el general de la Fuerza Aérea Richard Myers. A sus censuras se han sumado las de los exsecretarios de defensa León Panetta, Chuck Hagel, Ashton Carter y William Cohen. En total, 89 exlíderes de seguridad nacional han acusado al presidente de “traicionar” su juramento al cargo al mencionar la Ley de Insurrección.

Los disturbios actuales en EE UU pueden no ser lo suficientemente graves como para requerir el envío de tropas federales. Aun así, la Ley de Insurrección fue invocada 11 veces el siglo pasado. Es tanto legal como constitucional que el presidente use tropas federales para sofocar “una insurrección en cualquier Estado contra su gobierno (…) a solicitud de su legislatura o de su gobernador si la legislatura no puede ser convocada”.

Desplegar tropas en las calles de EE UU es un paso serio. El uso excesivo de esta medida amenazaría lo que queda de su Constitución. Es comprensible que los ciudadanos quieran estar seguros de que la acción es necesaria. Pero el hecho de que tantos exfuncionarios de defensa acusen abiertamente al presidente Trump de sembrar la división en la nación evidencia que el ejército de EE UU está dividido.

Lo irónico en que Colin Powell condene al presidente Trump es que Powell era el jefe del Estado Mayor Conjunto durante los disturbios de Los Ángeles en 1992. Según los informes, le dijo al presidente Bush: “Todo lo que tiene que hacer es decirlo”. Él supervisó el despliegue de 4.500 marines y soldados en la ciudad. Pero hoy, dice que el presidente Trump se ha “alejado” de la Constitución de EE UU por sugerir que haría lo mismo.

Muchos analistas políticos advierten que la división política en EE UU es peor ahora que en cualquier otro momento desde la Guerra Civil. Otros analistas dicen que un conflicto tan devastador como la Guerra Civil no podría volver a ocurrirle a EE UU porque el ejército reprimiría rápidamente la rebelión.

“Cualquiera que sea lo suficientemente imprudente como para alzarse en armas contra el Tío Sam en su propio territorio sería aplastado de la noche a la mañana por todo el poder de nuestras fuerzas armadas, que cuentan con 1,3 millones de hombres y mujeres en servicio activo”, escribió el experto en seguridad John Schindler en el Observer. “A diferencia de 1861, nuestros Estados carecen de sus propias milicias autónomas —aunque de palabra esté sujeta a la autoridad estatal, nuestra Guardia Nacional está totalmente integrada al ejército de EE UU— por lo que no hay ninguna fuerza ni aun para rebelarse contra Washington. La idea de que alguien pudiera conformar incluso una brigada de tropas organizadas para rebelarse contra los federales es una fantasía de invernadero en línea, no una realidad política o militar” (4 de julio de 2018).

Esta evaluación asume que el ejército de EE UU y la Guardia Nacional están unidos y bajo la autoridad del presidente. ¿Pero es eso cierto? ¿Los 1,3 millones de soldados en servicio activo de EE UU lucharían contra “cualquiera que sea lo suficientemente imprudente como para alzarse en armas contra el Tío Sam en su propio territorio”? ¿O a algunos de ellos les gustaría ver un cambio de régimen?

Ejército polarizado

Durante sus primeros cinco años en el cargo, el expresidente Barack Obama despidió al menos a 197 oficiales militares, lo que llevó a la especulación del personal militar activo y retirado de que estaba purgando al ejército de disidentes ideológicos. Paul Vallely, general retirado del ejército de EE UU, dijo a Investors Business Daily en 2013 que Obama estaba “debilitando y destruyendo intencionalmente a nuestro ejército, al Pentágono y reduciéndonos como superpotencia, y cualquiera en las filas que no esté de acuerdo o hable está siendo excluido” (13 de octubre de 2013).

Es difícil cuantificar la división política en las fuerzas armadas de EE UU porque los oficiales generalmente no critican en público a su comandante en jefe hasta después de haberse retirado. Pero una encuesta de la Universidad de Siracusa en 2019 a 1.630 soldados en servicio activo, reveló que el 50% de ellos tenía una opinión “desfavorable” del presidente Trump, en comparación con sólo el 42% que tenía una impresión favorable. La misma encuesta encontró que el presidente Trump era más popular entre las tropas alistadas que entre los oficiales, contando con una opinión favorable del 43% de soldados alistados, en comparación con sólo el 33% de los oficiales.

Una encuesta de 2018 a 829 soldados en servicio activo realizada por el Military Times encontró que el apoyo al presidente Trump era mayor entre los marines. Más del 65% de los encuestados del Cuerpo de Marines aprobaba el desempeño laboral del presidente Trump, en comparación con el 49% de los encuestados de la Armada, el 38% de los del Ejército y el 36% de la Fuerza Aérea. El ejército en general resultó ligeramente más conservador que el público en general.

El hecho de que la mitad de las fuerzas armadas desapruebe el desempeño del presidente Trump es probablemente lo más normal en la política estadounidense. Pero en un momento en que los políticos demócratas están alentando los disturbios raciales y los exgenerales están acusando al presidente de traicionar la Constitución por sugerir que los militares podrían ayudar a sofocar esos disturbios, esta división representa una grave vulnerabilidad estratégica: la desunión. Esta desunión se da entre los militares y su comandante en jefe electo, y entre los soldados dentro del propio ejército.

Algunos de los grupos detrás de los disturbios —como Antifa, Refuse Fascism y el Partido Comunista Revolucionario de Estados Unidos— han declarado abiertamente su objetivo de derrocar al gobierno de EE UU. ¿Qué pasa si estos agitadores provocan una insurrección tan grande que se necesiten tropas militares para preservar la forma constitucional de gobierno de EE UU? Estos grupos están tratando de derribar el sistema constitucional de gobierno de EE UU porque no pueden construir otro hasta que eso suceda. Por lo tanto, están tratando de disolver el pegamento de la sociedad dividiendo a la policía y al pueblo, a los militares y a la gente, a los militares y al comandante en jefe, a los oficiales y los alistados, y a los alistados entre sí. El hecho de que 89 exlíderes de la seguridad nacional se pronuncien públicamente contra el presidente Trump es una victoria mucho más significativa para estos agitadores que el establecimiento de la Zona Autónoma de Capitol Hill en Seattle, Washington.

¿Será cierto que cualquiera “lo suficientemente imprudente como para alzarse en armas contra el Tío Sam en su propio territorio sería aplastado de la noche a la mañana por todo el poder de nuestras fuerzas armadas”, como sugirió John Schindler? ¿O ciertas tropas se marginarían de esta pelea, o hasta tomarían las armas en apoyo a los manifestantes?

EE UU está amargamente dividido. Destacados observadores están hablando de la posibilidad de una guerra civil, y una encuesta de la Universidad de Georgetown en 2019 mostró que dos tercios de los estadounidenses creen que EE UU está “al borde de una guerra civil”.

Piense en eso por un momento. La Guerra Civil cobró 620.000 vidas, aproximadamente el 2% de la población del país, y más muertes que todas las demás guerras desde la Revolución Estadounidense hasta la Guerra de Corea juntas. ¿Podría EE UU estar al borde de otra catástrofe de este tipo? Nuestra capacidad tecnológica para matar es mucho mayor ahora que en 1865. Si el ejército se divide en facciones hostiles, el potencial de violencia masiva es mucho mayor hoy.

Guerra civil

El fallecido Herbert W. Armstrong explicó en su histórico libro Estados Unidos y Gran Bretaña en profecía que los pueblos anglosajones que se asentaron en EE UU y en Gran Bretaña son descendientes del antiguo Israel. Esto significa que las profecías bíblicas del tiempo del fin sobre Israel se dirigen principalmente a estas naciones.

En Ezequiel 5, Dios revela que un tercio de la población del Israel del tiempo del fin morirá de pestilencia, hambre y violencia a causa del pecado. “Y haré en ti lo que nunca hice, ni jamás haré cosa semejante, a causa de todas tus abominaciones. (…) Una tercera parte de ti morirá de pestilencia, y será consumida de hambre en medio de ti…” (versículos 9, 12).

Esta profecía tan seria significa que más de 100 millones de personas morirán en disturbios y guerras en EE UU. (Para comprobarlo, solicite su ejemplar gratuito de Ezekiel—The End-Time Prophet, del jefe de redacción de la Trompeta Gerald Flurry, disponible en inglés).

Se pueden ver las grietas formándose en este conflicto sísmico.

Algunas personas confían en el ejército de EE UU para preservar la paz; otras se unen a las milicias de derecha o a grupos de izquierda radical como Antifa y los Socialistas Democráticos de América, que quieren reemplazar, reescribir o ignorar la Constitución. A medida que estas tendencias se desarrollan, las tensiones aumentan y el Estado de derecho se derrumba. Para que 100 millones de personas mueran en una guerra civil, el ejército de la nación tendrá que estar fracturado.

El profeta Miqueas advirtió que Dios destruiría el poder militar de EE UU: “Acontecerá en aquel día, dice [el Eterno], que haré matar tus caballos de en medio de ti, y haré destruir tus carros. Haré también destruir las ciudades de tu tierra, y arruinaré todas tus fortalezas. Asimismo destruiré de tu mano las hechicerías; y no se hallarán en ti agoreros. Y haré destruir tus esculturas y tus imágenes de en medio de ti, y nunca más te inclinarás a la obra de tus manos” (Miqueas 5:10-13).

Esta es una profecía literal y directa sobre esta generación. Hoy los estadounidenses adoran el trabajo de sus manos. Debido a esto, Dios dice que a medida que EE UU alcance el cénit de su poder militar, Él cortará sus sistemas de armas y derribará sus bases, probablemente en parte permitiendo que las ideologías radicales dividan a las tropas. En muchos sentidos, Dios ya ha quebrantado el orgullo del poder de EE UU (Levítico 26:18-19). Pero pronto, ¡Él quebrantará la existencia misma del poder de EE UU!

El presidente de la Guerra Civil, Abraham Lincoln, dijo una vez: “Todos los ejércitos de Europa, Asia y África combinados, con todo el tesoro de la Tierra (excepto el nuestro) en su cofre militar, con un Bonaparte como comandante, no podrían por la fuerza tomar un trago del río Ohio o hacer un rastro en las montañas Blue Ridge en una prueba de mil años. (…) Si la destrucción es nuestro destino, debemos ser nosotros mismos su autor y consumador. Como nación de hombres libres, debemos vivir todo el tiempo o morir por suicidio”.

La historia muestra que cuando una nación cae en la división y las luchas internas, rápidamente se ve consumida por crisis internas que la dejan vulnerable al ataque de enemigos extranjeros. Esto es exactamente lo que Dios profetiza que le sucederá a EE UU en un futuro próximo. ¿Por qué? Porque sus ciudadanos se han rebelado contra Su ley. El peligroso nivel de división ideológica en el EE UU de hoy está llevando al cumplimiento final de algunas profecías muy serias.

La gran lección de toda la historia es que la ley de Dios es la única ley que lleva a la gente a la paz, la unidad y la prosperidad. A medida que las personas buscan la unidad con Dios, también logran un acuerdo con los demás. A medida que la división política y los disturbios civiles se apoderan de EE UU, que las potencias extranjeras hostiles se levantan, es hora de mirar la misma Biblia que Abraham Lincoln miraba y buscar al Eterno mientras pueda ser hallado, ¡e invocarle mientras esté cerca! ▪

Boletín, AD