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GARY DORNING/LA TROMPETA: ISTOCK.COM/HOCUS-FOCUS, VCG/GETTY IMAGES, JUSTIN SULLIVAN/GETTY IMAGES, ANADOLU AGENCY/GETTY IMAGES, TAYLOR HILL/GETTY IMAGES, GETTY IMAGES, ISTOCK.COM/MSHCH, ISTOCK.COM/DAVID TRAN

¿Por qué los ricos están 'woke'?

Las grandes empresas respaldan a Biden, los superricos apoyan el socialismo y los directores ejecutivos quieren cambiar el mundo.

¿Qué tienen en común Nike, Pepsi, Lego, Disney, L’Oreal, kfc, Pfizer, Comcast, FedEx, Home Depot, Verizon, Google, Starbucks, Papa Johns, Coca-Cola, Morgan Stanley y Deloitte? Son empresas gigantescas y difíciles de ignorar. Pero además, todas han apoyado a Black Lives Matter (blm), al movimiento lgbt o al movimiento por la justicia racial, o a los tres.

Mientras tanto, sus ejecutivos viajan por el mundo en aviones privados, dando lecciones sobre los peligros del cambio climático. Organizaciones como Davos y el Foro Económico Mundial promueven programas de comunismo apenas disfrazado. Los multimillonarios donan a políticos radicales como Alexandria Ocasio-Cortez.

Si quiere evitar dar sus dólares a empresas que apoyan causas de la izquierda radical, buena suerte. Cada vez son más las grandes empresas y los grandes empresarios que impulsan la agenda woke (derivado del inglés, despertar; hace referencia a una actitud de alerta permanente).

¿No se supone que las empresas son de derecha? ¿Por qué muchas se han movido tan a la izquierda?

El impacto de las grandes empresas y los grandes empresarios en nuestra sociedad es enorme. Están desempeñando un papel importante dirigiendo al mundo por este camino.

La Biblia tiene mucho que decir sobre el declive de los estándares morales de la sociedad moderna. Habla de nuestra política y de los políticos. Por lo tanto, no es de extrañar que también tenga mucho que decir sobre nuestros empresarios modernos.

Dinero

Parte de la razón de este giro político a la izquierda en el ámbito empresarial es el interés propio. En general, las empresas tratan de atraer a los relativamente jóvenes. Si los jóvenes tienen un trabajo, es probable que tengan más ingresos disponibles que un jubilado, y si se hacen fieles a su marca a los 20 años, tienen muchos años de compras por delante. La Encuesta de Identificación Partidista de Pew de 2020, realizada a 12.000 votantes registrados, reveló que el 54% de los mileniales (24 a 39 años) se inclina por los demócratas, mientras que sólo el 38% se inclina por los republicanos.

No es casualidad, entonces, que las empresas que más se han desplazado hacia la izquierda tengan a los clientes más jóvenes. Por ejemplo, los menores de 34 años representan el 43% del negocio de Nike; el 89% de los clientes de Starbucks son menores de 40 años.

Las empresas también tienden a atraer a los consumidores urbanos. Los habitantes de las ciudades grandes visitan Starbucks con más frecuencia. Y el 62% de los votantes registrados en las ciudades se inclinan por los demócratas, frente a sólo el 31% de los republicanos. El New Republic escribió que las empresas que se mueven a la izquierda están “abriendo los ojos a lo importante que es la participación política para sus ganancias” (30 de abril de 2018).

Los trabajadores jóvenes y urbanos no son sólo clientes objetivo, también son empleados objetivo. Las empresas que compiten por contratar a los jóvenes que se incorporan a la fuerza laboral se desplazan políticamente hacia la izquierda para aumentar su atractivo.

Pero algunas marcas, como Gillette, se han movido a la izquierda incluso en contra de las preferencias de sus consumidores objetivo. ¿Por qué?

Apaciguamiento

Los izquierdistas se esfuerzan por politizar el mercado, persiguiendo agresivamente a las empresas que transgreden sus normas. En el clima político actual, los de derecha tienen poco interés en perseguir a las empresas. Así que para las empresas, es a la izquierda a la que tienen que apaciguar. No les entusiasman tanto las ideas de la izquierda tales como los impuestos elevados, así que promueven las ideas que les perjudican poco.

“El activismo empresarial en temas sociales no está en conflicto con el interés propio en materia de política fiscal y tacañería salarial”, escribió Ross Douthat en el New York Times. “Más bien, el activismo existe cada vez más para proteger el interés propio y la tacañería, para justificar las prácticas de los directores ejecutivos ante los influyentes culturales, a fin de que estos no los molesten (y perdonen su apoyo a la agenda económica de Trump) en las áreas más importantes para los resultados financieros empresariales” (28 de febrero de 2018).

Douthat calificó el nuevo estado de cosas como “la Paz de Palo Alto [ciudad donde está Silicon Valley, en California, USA], en la que al liberalismo y a la izquierda activista se le ofrece (de forma preventiva) un cierto tipo de exhibiciones virtuosas sobre las causas sociales progresistas; un cierto grado de acciones tipo woke, con la esperanza de que habiendo tomado el bando de ellos en las guerras culturales, las corporaciones de EE UU embotarán los esfuerzos por gravar o regular demasiado a nuestros nuevos monopolios”.

¿Le parece todo esto demasiado cínico? Considere las causas de izquierda que las grandes empresas apoyan. ¿Cuándo fue la última vez que vio a una de estas empresas defender los derechos de los lgbt en Irán? ¿O pronunciarse contra la esclavitud en China? Hacer esto último perjudicaría sus cadenas de suministro. Así que Nike, Apple y Coca-Cola presionaron al Congreso para que les permitiera seguir utilizando a los presos de los campos de concentración chinos. El gigante farmacéutico Gilead patrocina desfiles del orgullo homosexual, mientras cobra más de 2.000 dólares al mes por un medicamento contra el vih. Señalar su apoyo al movimiento lgbt es mucho más barato que bajar el precio de un medicamento que ayudaría predominantemente a los de esa comunidad.

Si se observa la orientación de estos esfuerzos sociales supuestamente altruistas, no es difícil reconocer la motivación monetaria que hay detrás.

Gran regulación

Hay otra razón para que las grandes empresas apoyen las causas de la izquierda radical: tanto las grandes empresas como la izquierda radical adoran el gran gobierno.

Los políticos de izquierda no dejan de difundir la ficción de que las empresas odian la regulación. Es cierto que el contador, el panadero, el electricista, el dueño de la ferretería o del restaurante local odian la regulación. Pero no las grandes empresas. ¿Por qué? Las grandes empresas pueden permitirse contratar a grupos de presión para dar forma a las normativas. Pueden contratar a expertos que les ayuden a garantizar el cumplimiento de los más complejos y laberínticos trámites burocráticos. Y si un regulador gubernamental los persigue, pueden contratar abogados y comprar influencias para defenderse. Pero todas estas opciones están muy lejos del alcance de las pequeñas empresas. La regulación también detiene a los potenciales competidores antes de que comiencen.

El resultado es que cuanto más se regula, menos competitivo es el mercado para los gigantes corporativos. Así que incluso en países conocidos por tener “libre mercado” y “libre empresa”, las grandes empresas son devotas del gran gobierno.

El dinero total gastado por los grupos de presión registrados pasó de 2.400 millones de dólares en 1988 a un máximo de 3.500 mil millones en 2009, durante el primer año de mandato de Barack Obama (cifras ajustadas a la inflación). Y esto fue sólo el gasto oficial y registrado.

Se calcula que cada año se gastan 3,7 millones de dólares en hacer lobby a cada miembro del Congreso.

Estas presiones políticas crean una lucrativa puerta giratoria. Los exasesores políticos pueden ganar mucho dinero vendiendo sus servicios a las empresas, ayudándolas a sortear las leyes que acaban de crear. Aquí hay un ejemplo: Jake Sullivan ayudó al presidente Obama a negociar el acuerdo con Irán. Luego consiguió un trabajo ayudando a las grandes empresas a comerciar con Irán, utilizando su conocimiento cercano del acuerdo que ayudó a elaborar. Ahora Sullivan ha vuelto a la política como asesor de seguridad nacional del presidente Joe Biden.

A veces las industrias ejercen presión para que se establezcan normas que no benefician a los clientes, pero que hacen que las empresas obtengan enormes beneficios. A medida que el gobierno se inmiscuye en más y más áreas de nuestras vidas, más de estas empresas se benefician.

Fingir un movimiento popular

Pero no todo el apoyo empresarial a la agenda de la izquierda proviene de un cínico interés propio. Muchos, especialmente entre los superricos, parecen ser verdaderos creyentes. Así que aportan su riqueza, influencia y experiencia para dar forma a la política gubernamental.

Roslyn Fuller rastreó cómo funciona esto en su artículo “La usurpación de la sociedad civil por parte de los multimillonarios” (Spiked, 29 de enero). Se centró en un individuo: el multimillonario de Ebay, Pierre Omidyar. Él financia una enorme red de organizaciones sin fines de lucro, ninguna de las cuales da muestras claras de estar relacionadas con Omidyar o entre sí. Tienen nombres como Fondo Democracia, Democracia Saludable y Fundación MacArthur.

Fuller escribió: “Si uno acepta lo que dicen los ‘donantes’, como Omidyar y otros, se hace evidente que, en lugar de participar en actos tradicionales de caridad, como crear un hospital para los necesitados, están tratando de participar en la ‘ingeniería social’, es decir, utilizando sus recursos para cambiar artificialmente la estructura de la sociedad a lo que ellos creen que debería ser. Si tiene éxito, esto equivaldría a una elusión extrema de la democracia, utilizando el dinero no sólo para ganar elecciones, sino para sustituir contenido pagado o subsidiado por apoyo real, dando así un giro a toda una cultura política hacia una senda diferente, al amplificar algunas voces y ahogar otras”.

Un grupo que recibe fondos de Omidyar, el Movimiento Sunrise, describe su plan para “tomar el control de todo Estados Unidos y de todas sus instituciones”. “Trasladó a los activistas a ‘Casas del Movimiento Sunrise estilo dormitorio durante tres a seis meses’, con el fin de crear líderes con un profundo nivel de compromiso ‘para todo lo que vendría después’” (ibíd.). Estos líderes son entrenados para atraer a más personas a la causa hasta alcanzar una gran cantidad.

“En un sentido, es estupendo que los jóvenes participen en la política”, escribió Fuller. “Pero en otro, es increíblemente falso. Los jóvenes participantes no están siendo empoderados sino instrumentalizados. Al fin y al cabo, forman parte de la cartera de un fondo de inversión que los utiliza para ‘cambiar el poder’, siendo parte de la estrategia avergonzar a los políticos por no ser lo suficientemente amables con los niños histéricos”.

Pero Omidyar no sólo financia grupos activistas. Canaliza dinero hacia “organizaciones de investigación” que se describen como “independientes” o “sin fines de lucro”. Se supone que son grupos de científicos que realizan estudios, pero si se mira más a fondo se descubre que son empresas llenas de directores de relaciones públicas y de estrategia.

Algunas de estas “organizaciones de investigación” producen “ejemplos de artículos de opinión” que usted puede usar para escribir los suyos propios, con datos y estadísticas que respalden lo que quiere decir. No es de extrañar que gran parte de los medios de comunicación suenen igual.

Además, estos diferentes grupos trabajan juntos. Por ejemplo, un “instituto de investigación independiente” financiado por un multimillonario publica un estudio sobre las “noticias falsas”. El estudio recomienda un grupo “independiente” de comprobación de hechos. Resulta que el grupo de comprobación de hechos está financiado por el mismo multimillonario; un hecho que no se revela.

El deseo de reconfigurar la sociedad es ahora algo de lo que suelen hablar los superricos. El Foro Económico Mundial comenzó a hablar del “Gran Reinicio”. Klaus Schwab, uno de los hombres que está impulsando este “reinicio”, escribe en COVID-19: El gran reinicio: “En el presente (junio de 2020), la pandemia sigue empeorando a nivel mundial. Muchos de nosotros nos preguntamos cuándo volverán las cosas a la normalidad. La respuesta corta es: nunca. Nada volverá a la sensación de normalidad ‘rota’ que prevalecía antes de la crisis porque la pandemia del coronavirus marca un punto de inflexión fundamental en nuestra trayectoria global”. Este hombre ve la alteración de todas nuestras vidas el año pasado como un progreso hacia una retorcida utopía socialista.

Apoyando a Biden

No es sorpresivo ver que muchos empresarios actúen conforme a su compromiso de remodelar la sociedad apoyando a Joe Biden para la presidencia de EE UU. En octubre de 2020, cnbc escribió que los demócratas habían “aplastado” a los republicanos en la recaudación de fondos, “alimentados, al menos en parte, por los ejecutivos de Wall Street”.

En la impactante confesión de Time sobre la interferencia electoral, “La historia secreta de la campaña en la sombra que salvó las elecciones de 2020”, el autor describió el papel que desempeñaron las grandes empresas en las últimas elecciones: “Hubo una conspiración entre bastidores, que limitó las protestas y coordinó la resistencia de los directores ejecutivos. Ambas situaciones fueron el resultado de una alianza informal entre activistas de izquierda y titanes empresariales. El pacto se formalizó en una poco conocida declaración conjunta de la Cámara de Comercio de EE UU y Afl-cio, publicada el día de las elecciones. Ambas partes llegarían a verlo como una especie de acuerdo implícito, inspirado por las masivas y a veces destructivas protestas por la justicia racial del verano, en el que las fuerzas de trabajo se unieron a las fuerzas de capital para mantener la paz y oponerse al asalto de Trump a la democracia” (4 de febrero).

Los líderes empresariales estaban preocupados por el “desorden civil que perturba la economía”, escribió Time. Se pusieron en contacto con grupos radicales de izquierda para asegurarse de que la multitud consiguiera lo que quería.

Este enfoque se puso en marcha después de la “insurrección” del 6 de enero. Stripe dejó de procesar pagos para la campaña. American Express y JPMorgan Chase dijeron que ya no donarían a los candidatos que apoyaran la “insurrección” o votaran en contra de la confirmación de la victoria del presidente Biden en el Colegio Electoral. Una persona con información privilegiada informó que Goldman Sachs tenía una política similar, pero más silenciosa. Deutsche Bank anunció planes para distanciarse del presidente Trump.

Luego, cuando Biden eligió su administración, sus vínculos con la izquierda radical y las grandes empresas se hicieron aún más evidentes.

BlackRock gestiona más activos que nadie en el mundo: el equivalente a 8,7 billones de dólares. Bloomberg lo caracteriza como la “cuarta rama del gobierno”. Mientras el gobierno imprime dinero para mantener la economía a flote, BlackRock es un socio esencial, gestionando ese dinero en efectivo.

La empresa tiene una relación de puertas giratorias con la administración Obama-Biden. El ejecutivo de inversiones de BlackRock, Brian Deese, fue asesor principal del presidente Obama. Ahora dirige el Consejo Económico Nacional bajo el mando del Sr. Biden. Adewale Adeyemo fue asesor principal de economía internacional para Obama, luego jefe de personal del director general de BlackRock y ahora es subsecretario del Tesoro del Sr. Biden. Michael Pyle, que trabajó en la administración de Obama, se ha convertido en el estratega jefe de inversiones globales de BlackRock y ahora será asesor económico principal de la vicepresidenta Kamala Harris. Más de una docena de personas pasaron de la administración Obama a BlackRock.

Ninguna empresa ha tenido nunca este nivel de influencia en el Tesoro de EE UU, ni siquiera Goldman Sachs.

Incluso algunos en la izquierda están preocupados por el nivel de poder que tiene ahora BlackRock. “Es necesario disolver y regular a BlackRock”, dijo el director de investigación del Proyecto de Libertades Económicas de EE UU, Matt Stoller. “El director ejecutivo de BlackRock, Larry Fink, lo sabe, así que ha estado manteniendo a los demócratas en frío para que puedan entrar en la administración Biden y asegurarse de que eso no ocurra”.

El presidente de BlackRock, Larry Fink, es un demócrata entusiasta. En enero de 2017, envió una carta abierta a más de 1.000 directores ejecutivos instándoles a “responder a retos sociales más amplios”. Los animó a seguir los ejemplos de empresas que cortaron lazos con la Asociación Nacional del Rifle y alabó ejemplos como el de Walmart y Dick’s Sporting Goods, que respondieron a un tiroteo masivo anunciando rápidamente políticas contra la venta de armas a clientes menores de 21 años.

Como empresa, BlackRock apoyará proyectos de izquierda radical cuando les convenga. Hicieron un gran alarde de su plan para dejar de invertir en cualquier empresa que obtenga más del 25% de sus ingresos del carbón. Pero los enorgullece menos ser el mayor inversor del mundo en combustibles fósiles, debido a su fuerte inversión en la industria petrolera (aunque, curiosamente, no en el oleoducto Keystone).

Pero estos estrechos vínculos con el gobierno también le han reportado a Fink grandes beneficios. Desde 2004, su empresa ha contratado al menos a 84 antiguos funcionarios del gobierno o del banco central. Así es como se convierte en la cuarta rama del gobierno.

Y una vez dentro, se abren todo tipo de puertas. Los exejecutivos de BlackRock son grandes fans del comercio con China. Y con Biden en el cargo, BlackRock está preparando algunos acuerdos importantes con Pekín.

Todos los pronósticos

La izquierda radical cuenta con el apoyo del gran gobierno, los grandes medios, los gigantes tecnológicos y también las grandes empresas. La Trompeta ha escrito extensamente sobre cómo la Biblia profetizó el ascenso de la izquierda radical. Así que no es sorprendente que estas mismas Escrituras tengan mucho que decir sobre los ricos.

Muchas de estas profecías se encuentran en el libro de Amós, que es un libro del tiempo del fin para los pueblos descendientes del antiguo Israel, en particular EE UU. El Diccionario Bíblico Anchor afirma: “Amós condenó la injusticia social, la opresión de los pobres y la falta de valores morales o éticos por parte de los ricos y poderosos. Según Amós, el portavoz de [Dios], Israel era una sociedad violenta, opresiva y explotadora. Los pobres tenían que venderse como esclavos para pagar deudas insignificantes (2:6; 8:6). Los ricos falsificaban los pesos y las medidas (8:5) y comerciaban de forma deshonesta (8:6). Incluso los tribunales, el último bastión de esperanza para los pobres, eran corruptos. Los jueces eran sobornados para robarles a los pobres lo poco que tenían (2:7; 5:10, 12). De hecho, Israel ya no era capaz de actuar con justicia (3:10; compare 5:7 y 24; 6:12). Ahora odiaban la verdad y la honestidad (5:10)”.

¿Cuánto de este comportamiento atroz vemos hoy en día? Las empresas manipulan el sistema para salir adelante. Todo nuestro sistema económico se basa en animar a la gente a comprar lo que no puede permitirse y engatusarlos para endeudarse.

Mientras tanto, la sociedad entra cada vez más en prácticas aborrecidas por Dios. Isaías 57:5 describe a nuestra gente hoy: “¿Que os enfervorizáis con los ídolos debajo de todo árbol frondoso, que sacrificáis los hijos en los valles, debajo de los peñascos?”.

“Antiguamente, los israelitas a veces sacrificaban físicamente a sus propios hijos”, escribe el jefe de redacción de la Trompeta, Gerald Flurry. “Hoy sacrificamos espiritualmente a nuestros jóvenes cuando no les damos una visión inspiradora. Los sacrificamos a la lujuria sexual y la fornicación. ¡Tan sólo la Internet genera entre 10 y 13 mil millones de dólares en negocios de pornografía cada año, sólo en Estados Unidos! Es el negocio en línea más rentable. También sacrificamos a nuestros hijos a música demoníaca, drogas y la avaricia. ¡En las naciones de Israel, esto se hace incluso antes de que a nuestros jóvenes se les enseñe a usar sus mentes! Se vuelven tan adictos a la codicia, ¡que nunca se enteran del maravilloso potencial de nuestras mentes semejantes a la de Dios!” (La visión de Isaías sobre el tiempo del fin).

El Sr. Flurry escribió esto antes de que el movimiento lgbt comenzara realmente. Ahora las empresas acompañan o apoyan un movimiento que destruye el futuro de nuestros hijos. Los llena de ideas deformadas sobre el matrimonio y la familia, destruyendo su potencial para tener una vida feliz y haciendo mucho más difícil que tengan una relación con su Padre celestial.

2 Reyes 14:26 profetiza del mismo período de tiempo que el libro de Amós. Afirma que “[el Eterno] miró la muy amarga aflicción de Israel; que no había siervo ni libre, ni quien diese ayuda a Israel”.

¿Cómo respondieron los ricos a esta aflicción? Dios los condenó como aquellos que “duermen en camas de marfil, y reposan sobre sus lechos; y comen los corderos del rebaño, y los novillos de en medio del engordadero; gorjean al son de la flauta, e inventan instrumentos musicales, como David; beben vino en tazones, y se ungen con los ungüentos más preciosos; y no se afligen por el quebrantamiento de José” (Amós 6:4-6). Los descendientes modernos de José en Gran Bretaña y EE UU están siendo afligidos. Pero los ricos están cómodos y despreocupados.

Dios no se limita a condenar a los que apoyan activamente esta aflicción, sino que condena a los que la toleran con tal de poder llevar una vida tranquila o poder proteger sus negocios. Esto es una advertencia para todos nosotros. Hay muchas distracciones y placeres al alcance incluso de aquellos que no son superricos. Cualquiera de nosotros puede quedar atrapado en el interés propio y no afligirse por la destrucción que ocurre a nuestro alrededor.

Pero algunas de las advertencias de Amós se dirigen específicamente a los superricos. Amós 3:15 se dirige a los que tienen “casas de invierno”, “casas de verano” y “casas de marfil”, es decir, a los que tienen una serie de propiedades lujosas.

En Amós, Dios expone un sistema corrupto en todos los niveles. Expone una religión falsa, una política fallida, jueces corruptos y un sistema económico que se contenta con utilizar esa corrupción para ganar dinero.

La única solución, dice Dios, es derribarlo todo. Amós 6:7 dice: “Ahora irán a la cabeza de los que van a cautividad, y se acercará el duelo de los que se entregan a los placeres”.

También nuestra sociedad está a punto de ser derribada, a menos que hagamos cambios importantes. No hay solidez en ninguna parte.

Pero Amós también contiene una imagen de una nueva sociedad a punto de establecerse: “He aquí vienen días, dice [el Eterno], en que el que ara alcanzará al segador, y el pisador de uvas al que lleve la simiente; y los montes destilarán mosto, y todos los collados se derretirán” (Amós 9:13). Esta sociedad futura será fabulosamente rica. Pero a diferencia de la riqueza anterior, no se basa en la extorsión, sino en la obediencia a Dios y a Su ley.

Los pocos versículos del final de Amós nos dan una imagen diferente. No se trata de alguien que se consume ociosamente en el placer. Aunque el libro de Amós condena a los que se enriquecen a costa de los demás, en última instancia nos da una imagen del trabajo duro del agricultor individual que le trae recompensas abundantes.

Ésta es la única solución para nosotros hoy: una sociedad y un sistema totalmente nuevos. En cierto modo, los superricos tienen razón al ver la necesidad de un cambio del sistema actual. Pero no se producirá por sus acciones. El libro de Amós nos muestra que será necesaria la intervención de Dios en los asuntos mundiales para establecerlo. 


EL LEÓN HA RUGIDO

Profecía para Hoy Del Libro de Amós