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Por qué Gran Bretaña no logra encontrar un líder
Afuera del número 10 de Downing Street, el primer ministro anunció que era hora de renunciar. Esto sucedió en 2016, 2019, 2022, otra vez en 2022, 2024 y, más recientemente, en junio de este año.
La nación se dirige ahora a su séptimo primer ministro en una década.
“La conducta del gran cargo de primer ministro del Reino Unido en los últimos 15 años no tiene precedentes en la historia de ese puesto”, escribió el año pasado el ex editor de periódico Conrad Black. Primero, el Partido Conservador implosionó, pasando por cinco líderes en rápida sucesión. Ahora el Partido Laborista ha demostrado que este no es simplemente un problema conservador: el principal partido de izquierda del Reino Unido tampoco logra producir un líder estable.
Esta rotación de primeros ministros es síntoma de un fracaso mucho más profundo.
En la década anterior a 2008, la productividad británica creció un 21%. En la década posterior, creció apenas un 7%.
Para 2027, los impuestos alcanzarán su nivel más alto en la historia de la posguerra.
La deuda de Gran Bretaña está creciendo más rápido que la de cualquier otra nación del mundo, excepto Botsuana.
Las cifras de migración alcanzaron un récord de más de 1,3 millones en 2023. Cerca de 40.000 migrantes llegan cada año en botes pequeños. Hasta ahora, cerca del 2% de toda la población masculina adulta de Albania ha llegado de esta manera.
Uno de cada cinco niños en edad escolar en Inglaterra no habla inglés como primera lengua: en Londres, es la mayoría.
Los hurtos en tiendas han alcanzado el nivel más alto registrado, aumentando un 20% en los 12 meses que terminaron en marzo de 2025. Sólo en el 18% de los incidentes se llegó a acusar a alguien.
La gente está más empobrecida, agobiada por los impuestos, y ve a su país transformarse ante sus propios ojos, mientras la policía no hace nada para detener la flagrante ilegalidad. No es de extrañar que rápidamente se descontenten con sus líderes. Para febrero, el primer ministro Keir Starmer había alcanzado un índice de aprobación neto de menos 49, más bajo que cualquier cifra “lograda” por Theresa May, Boris Johnson o Rishi Sunak.
¿Por qué nadie parece poder resolver este desastre?
¿Tiene la culpa el Brexit?
Starmer anunció su renuncia el día antes del décimo aniversario del voto del Brexit en Gran Bretaña. David Cameron era primer ministro en ese momento, y renunció poco después. Había ocupado el cargo durante seis años. Desde entonces, nadie ha durado más de tres.
¿Fue el Brexit el momento en que todo salió mal?
¿Recuerda la ola de optimismo que inundó a Gran Bretaña después de que votara por dejar la Unión Europea el 23 de junio de 2016? Esa esperanza se ha desvanecido ahora. La campaña del Brexit prometió una nueva era de soberanía absoluta, lucrativos acuerdos comerciales globales y riqueza creciente. En cambio, la marea se retiró y dejó tras de sí una sobrerregulación burocrática, estancamiento económico y una nación más a la deriva que nunca, una que nadie puede dirigir.
El estamento político nunca aceptó verdaderamente el resultado del Brexit. En cambio, continuó calladamente con muchas de las asfixiantes políticas económicas de la Unión Europea, sin llamarlas por ese nombre. Como resultado, el único cambio significativo desde el Brexit es que Gran Bretaña perdió el acceso pleno al mercado europeo mientras conservaba gran parte de la burocracia.
“Recuperar el control” fue el lema de la campaña Vote Leave. Pero la burocracia británica en realidad no quería el control. Tres cuartas partes de los miembros del Parlamento que expresaron una opinión, incluido Cameron, se oponían al Brexit. Los expertos y tecnócratas no electos que dirigen el país favorecían masivamente a la UE.
Incluso después de salir de la UE, el pueblo británico ha permitido que su nación sea secuestrada por una burocracia al estilo de la UE, más interesada en perpetuar su propia autoridad y poder que en cumplir el cambio por el cual votaron los británicos.
El cambio radical, del tipo que Gran Bretaña necesita para resolver sus problemas, es difícil. Es arriesgado, molesta a la gente, significa ofender a las élites y a los académicos, poner en peligro carreras y no ser invitado a cenas.
Aunque el Brexit no es la raíz de los problemas de Gran Bretaña, ciertamente no logró resolverlos. Eso es exactamente lo que predijo la Trompeta, incluso cuando las olas de optimismo aún estaban frescas. “¿Es esto un nuevo nacimiento de libertad para Gran Bretaña?”, preguntamos en 2016. “En la Trompeta, ciertamente hemos señalado las fallas en la relación de Gran Bretaña con Europa. Hemos lamentado la pérdida de soberanía a manos de Europa. ¿Entonces, a partir de ahora, sólo habrá campos fértiles? Tristemente, no. Aunque la UE sin duda le ha causado problemas a Gran Bretaña, las mayores heridas son autoinfligidas y no desaparecerán ni siquiera después de finalizado este divorcio” (la Trompeta, agosto de 2016).
Entonces señalamos muchos de los mismos problemas que el líder de Reform, Nigel Farage, está señalando ahora: el enorme problema de deuda de Gran Bretaña, su nefasta situación comercial y la catastrófica desintegración familiar. Estos problemas son el resultado de una enfermedad espiritual que no se curó cuando Gran Bretaña dejó la UE. De hecho, muchos de los problemas de Gran Bretaña empeoraron considerablemente después del Brexit. La deuda astronómica, las familias destrozadas, la confusión moral de la ideología de género, la podredumbre social: ninguno de ellos vino de Bruselas. Vinieron de adentro.
¿Nuevo líder, nuevas soluciones?
El alcalde del Gran Mánchester convertido en miembro del Parlamento, Andy Burnham, parece casi seguro que se convertirá en el próximo primer ministro de Gran Bretaña, el séptimo en una década.
El primer discurso de política de Burnham, el 29 de junio, hizo poco por abordar la enfermedad de Gran Bretaña. Prometió el “mayor reequilibrio de poder” en la historia británica, trasladando autoridad de la capital a las regiones. Prometió un nuevo “número 10 del norte” para trasladar algo de poder de Londres a Mánchester. Puede haber ventajas en esto, pero se quedan muy cortas frente a la magnitud de los problemas.
Uno de los problemas más repugnantes de Gran Bretaña son las bandas paquistaníes de violadores que han manipulado y violado a niñas británicas durante años. El diputado Rupert Lowe produjo recientemente un informe que estima que hay 250.000 víctimas de estos violadores en todo el país. Es una estimación muy aproximada debido a la escasez de fuentes fidedignas, pero a las autoridades no les interesa lo suficiente como para proporcionar cifras más precisas.
La policía y otras autoridades miraron hacia otro lado, y siguen haciéndolo, como parte de un esfuerzo por no “sacudir el barco de la comunidad multicultural”, como lo expresó un diputado de uno de los pueblos afectados. “Varios miembros del personal describieron su nerviosismo a la hora de identificar el origen étnico de los perpetradores por temor a ser considerados racistas; otros recordaron instrucciones claras de sus jefes de no hacerlo”, afirma el informe oficial Jay sobre las víctimas en el pueblo de Rotherham.
Con demasiada frecuencia, la policía se puso del lado de los violadores en lugar del de sus víctimas. En dos casos, los padres de las niñas localizaron a sus hijas, encontraron las casas donde estaban siendo abusadas y llamaron a la policía. La policía llegó, y arrestó a los padres.
En otro caso, la policía encontró a una de estas víctimas en un edificio abandonado con algunos hombres adultos. Sus acompañantes no fueron investigados por violación infantil; en cambio, ella fue arrestada por embriaguez y alteración del orden.
Gran parte del abuso ocurrió en pueblos del Gran Mánchester, donde Burnham era alcalde. Lo peor de ese abuso sucedió antes de que él ocupara el cargo. Pero hizo poco por exponer o castigar a los culpables después. En el Gran Mánchester, ningún oficial de policía ni trabajador social ha enfrentado procesos penales por lo sucedido.
Ninguno de los líderes de Gran Bretaña ha abordado el problema. Cada uno de los seis primeros ministros que ha gobernado Gran Bretaña desde el voto del Brexit es parcialmente cómplice de estos crímenes. Y también lo será el próximo líder de Gran Bretaña.
La próxima solución de Gran Bretaña
La Biblia ofrece un análisis profundo de los problemas de Gran Bretaña, y nos dice qué viene después. Como demostró Herbert W. Armstrong en su libro gratuito Estados Unidos y Gran Bretaña en profecía, Gran Bretaña es una de las naciones que descendieron del antiguo Israel, particularmente de la tribu de Efraín. Isaías 1:5-6 profetiza sobre estas naciones modernas: “Toda cabeza está enferma, y todo corazón doliente. Desde la planta del pie hasta la cabeza no hay en él cosa sana, sino herida, hinchazón y podrida llaga...”.
La enfermedad está en todas partes. Delegar el poder a consejos regionales o asambleas locales no resolverá nada, porque la enfermedad también está ahí.
El libro de Oseas aborda directamente los problemas de Efraín (Gran Bretaña). Oseas 5 comienza declarando que los líderes, “los sacerdotes” y la “casa del rey”, son un lazo y una red para la nación. “Dios está poniendo la culpa donde corresponde”, escribe el redactor jefe de la Trompeta Gerald Flurry en su folleto Hosea—Reaping the Whirlwind [Oseas: Cosechando la tormenta]. “¿Quién ha extraviado a la nación de Gran Bretaña? Han sido los ministros, los gobernantes e incluso la familia real. Los líderes de la nación han sido un lazo para el pueblo”.
Oseas 5:13 nos dice que los líderes de Gran Bretaña pronto despertarán a esa enfermedad: “Y verá Efraín su enfermedad, y Judá su llaga; irá entonces Efraín a Asiria, y enviará al rey Jareb; mas él no os podrá sanar, ni os curará la llaga”.
La nación se da cuenta de que está enferma y de que otro cambio de primer ministro no la sanará. Así que se vuelve hacia un país extranjero: Alemania. (La identidad de Alemania en la profecía bíblica también se demuestra en Estados Unidos y Gran Bretaña en profecía).
A Gran Bretaña se le llamó el “hombre enfermo de Europa” en la década de 1960. Después de que Gran Bretaña se uniera a la Comunidad Económica Europea en 1973, el Sr. Armstrong profetizó consistentemente que la abandonaría. Sin embargo, la razón por la que profetizó la salida de Gran Bretaña de la UE no fue porque creyera que el pueblo británico necesitaba independencia para arreglar su país, sino porque la profecía bíblica dice que una Europa liderada por Alemania atacaría a Gran Bretaña.
“... El ‘pronto resucitado “Sacro Imperio Romano”, una especie de ‘Estados Unidos de Europa’ que viene pronto, una unión de 10 naciones que surgirá del actual Mercado Común Europeo (Apocalipsis 17)”, escribió el Sr. Armstrong en su libro de 1985 El misterio de los siglos. “Pero Gran Bretaña no estará en ese imperio que viene pronto”.
Esta profecía se cumplió dramáticamente hace 10 años. Pero no fue una señal de que las cosas estuvieran a punto de mejorar en Gran Bretaña. Más bien, fue una señal de invasión, cautiverio y esclavitud inminentes.
Los sucesos posteriores han demostrado que estos pronósticos eran correctos. La decadencia de Gran Bretaña se ha acelerado.
Pero recurrir a una potencia extranjera en busca de ayuda empeorará mucho las cosas.
La lección que Gran Bretaña debe aprender
Dios está tratando de que Gran Bretaña vea una simple verdad: “Te perdiste, oh Israel, mas en mí está tu ayuda” (Oseas 13:9).
¡Gran Bretaña se está destruyendo a sí misma! Los pecados de la nación son la raíz de la crisis.
La mayor parte de Gran Bretaña depende del gobierno para sus ingresos, ya sea en forma de pensiones, asistencia social o empleo en el servicio civil. La gente no ahorra para su jubilación, ni los hijos cuidan de sus padres: esperan que el gobierno lo haga. Demasiados inventan excusas triviales de “salud mental” para obtener un pago, un automóvil y otros beneficios absurdamente generosos a costa de los contribuyentes.
El gobierno permite la migración masiva para intentar traer más trabajadores, pero muchos de esos migrantes rápidamente se vuelven elegibles para los mismos beneficios.
La nación ha abrazado ideologías progresistas que destruyen a la familia. Los hogares divididos han contribuido a una “crisis de salud mental” en todo el país. Ahora hay cinco veces más niños y jóvenes en contacto con servicios de salud mental que en 2016.
Sin embargo, la nación está tan aferrada a esta causa equivocada que la policía y las empresas ven su capacidad de hacer algo asfixiada por iniciativas de diversidad y trámites interminables, diseñados para demostrar que no se está discriminando a ninguna lesbiana afgana con una sola pierna.
Los líderes de Gran Bretaña han abierto el camino hacia este desastre. Pero la enfermedad infecta cada rincón de la vida británica.
Un nuevo primer ministro no lo resolverá. Un país extranjero no lo resolverá. Hará falta un cambio radical en el estilo de vida nacional.
“Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra” (2 Crónicas 7:14).
Si Gran Bretaña no se arrepiente a nivel nacional, la Biblia deja claro que este rumbo termina en la Gran Tribulación (Mateo 24:21-22). Pero usted puede arrepentirse individualmente. No se deje adormecer; no ignore los problemas. Las señales están ahí para quienes tienen ojos para ver. Gran Bretaña necesita arrepentirse ante el único líder que puede gobernarla verdaderamente y guiarla hacia la seguridad, el poder, la paz y el propósito.
