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Por qué el mundo debería celebrar
Cientos de millones de personas que hoy están vivas estarían muertas sin la ayuda de los estadounidenses.
Muchos extranjeros, e incluso izquierdistas estadounidenses, retratan a Estados Unidos como el “imperio del mal” que ha tratado la Tierra con crueldad. La verdad es que, aunque los estadounidenses, como cualquier otra nación, han cometido errores y males y han actuado según la naturaleza humana, la manera en que su nación ha ejercido su inmenso poder y riqueza ha sido, desde un punto de vista material y durante la mayor parte de su historia, una bendición neta abrumadora para casi todo el mundo.
¿Cómo es posible? ¿Es este período tan singular de 250 años de la historia mundial una simple casualidad? ¿Ha sido el resultado de la generosidad y la virtud del pueblo estadounidense? ¿O hay otra explicación mejor?
Alimenta al mundo
Primero, veamos objetivamente las bendiciones que los estadounidenses han esparcido por el mundo.
EE UU ha sido bendecido con increíbles recursos naturales. El Consejo de Granos de EE UU calificó a este país como “la principal superpotencia mundial del comercio de granos”. EE UU exportó alimentos al mundo de manera continua durante un período de 60 años que terminó en 2019. A finales del siglo xx, una tercera parte de todo el trigo comercializado internacionalmente y el 70% de todo el maíz provenían de los agricultores de EE UU.
Gran parte de esto ha sido comercio con fines de lucro, lo que significa que ambas partes del intercambio se beneficiaron. Pero los estadounidenses también llevan más de un siglo ayudando con donaciones a países en dificultades. Su disposición a compartir sus increíbles recursos agrícolas literalmente salvó cientos de millones de vidas durante el siglo xx. Algunos ejemplos:
A partir de 1914, el empresario estadounidense Herbert Hoover dirigió la Comisión de Ayuda a Bélgica, que alimentó a unos 9 millones de civiles durante cinco años e impidió una hambruna masiva en una zona de guerra. Fue la primera operación internacional de socorro alimentario a gran escala del mundo.
Después de la guerra, Hoover dirigió la Administración de Ayuda Estadounidense, que llevó 34 millones de toneladas de alimentos, ropa y suministros estadounidenses a Europa. El Congreso aprobó 100 millones de dólares para el esfuerzo, y los donantes privados aportaron otros 100 millones. En términos actuales, esto ascendería a unos 3.500 millones de dólares. Mientras tanto, los estadounidenses “hooverizaron”, reduciendo su consumo de alimentos para poder enviar más.
Tras el trauma de la Primera Guerra Mundial y una revolución, la nueva Unión Soviética enfrentó una hambruna catastrófica en 1921. El escritor ruso Maxim Gorki pidió ayuda. EE UU respondió al llamado. En su punto máximo, el esfuerzo de EE UU alimentó a 10,5 millones de personas al día, mientras que los esfuerzos médicos del país ayudaron a detener una epidemia de tifus.
La Segunda Guerra Mundial amenazó con otra hambruna mundial. En 1943, EE UU lideró a los Aliados para crear la Administración de las Naciones Unidas para el Auxilio y la Rehabilitación (unrra, por sus siglas en inglés), la primera organización de las “Naciones Unidas”. EE UU aportó el 70% de su financiamiento. Durante los siguientes cuatro años, gastó casi 4.000 millones de dólares (unos 60.000 millones al cambio actual) para distribuir 24 millones de toneladas de alimentos y suministros agrícolas, salvando millones de vidas en todo el mundo. También proporcionó refugio y ayuda a las decenas de millones de refugiados en toda Europa.
Tras la disolución de la unrra, el Plan Marshall tomó el relevo y proporcionó envíos de alimentos, préstamos para comprar alimentos y ayuda industrial a Europa como parte de uno de los mayores planes de ayuda de la historia humana: el equivalente a más de 100.000 millones de dólares en dinero de hoy. Ya para principios de la década de 1950, la producción de alimentos y la industria de Europa había pasado de la devastación absoluta a superar incluso la producción de antes de la guerra.
En 1954, EE UU creó el programa Alimentos para la Paz, que vendía alimentos estadounidenses a bajo costo, con préstamos baratos, a menudo en moneda local, para que los países más pobres con acceso limitado a dólares pudieran comprar. Alimentos para la Paz también creó un sistema permanente para que EE UU otorgara ayuda alimentaria de emergencia. Llegó a representar la mayor parte de toda la ayuda alimentaria mundial.
India ha sido uno de los principales beneficiarios del programa. En la década de 1950, el país acababa de independizarse y tenía dificultades para abastecerse de alimentos. EE UU permitió que India pagara en rupias, que luego EE UU gastaba en la India. En cierto momento, las importaciones de EE UU equivalieron al 40% de toda la producción de trigo de India. Sin ellas, India habría sufrido una hambruna masiva y decenas de millones de muertes.
EE UU continuó brindando ayuda alimentaria por medio de usaid, el Programa Mundial de Alimentos y el Programa Alimentos para el Progreso.
Durante las décadas de 1970 y 1980, EE UU incluso salvó de la hambruna a su mayor enemigo, la Unión Soviética, que poseía armas nucleares. En un período de un año entre 1972 y 1973, los soviéticos compraron una cuarta parte de toda la cosecha de trigo de EE UU.
Liberó al mundo
Las armas estadounidenses han desempeñado repetidamente un papel decisivo en los principales conflictos del siglo xx.
En la Primera Guerra Mundial, 2 millones de soldados llegaron al campo de batalla después de que cuatro años de guerra hubieran agotado a los ejércitos europeos, mucho más numerosos. EE UU estuvo en guerra mucho menos tiempo que las otras potencias, pero aun así gastó aproximadamente la misma cantidad de dinero que Francia, Rusia y Austria-Hungría, y sacrificó a más de 116.000 de sus hijos. EE UU acortó la guerra y salvó al menos cientos de miles de vidas.
En la Segunda Guerra Mundial, la contribución de EE UU fue decisiva. El historiador Andrew Roberts escribe: “Simplificando en exceso las contribuciones de los tres miembros principales de la Gran Alianza en la Segunda Guerra Mundial, si Gran Bretaña aportó el tiempo y Rusia la sangre necesarios para derrotar al Eje, fue Estados Unidos el que produjo las armas” (La tormenta de la guerra: Una nueva historia de la Segunda Guerra Mundial).
EE UU gastó 341.000 millones de dólares en la guerra, más que la Unión Soviética y Gran Bretaña juntas. Produjo la mitad de todos los aviones aliados y más que todas las potencias del Eje combinadas.
Luego vino la Guerra Fría, que EE UU ganó efectivamente por sí solo.
El dinero estadounidense reconstruyó la base industrial de Europa después de la guerra y dio a los países devastados de Europa Occidental la capacidad de rearmarse, junto con la promesa de refuerzos militares si los poderosos y cercanos soviéticos atacaban.
Los científicos británicos iniciaron el esfuerzo por construir una bomba atómica, pero el proyecto se terminó en EE UU. Este solo invento impidió que la Unión Soviética se apoderara de Europa Occidental. Los antiguos estados de Europa Occidental se salvaron de una dictadura totalitaria que mató a 20 millones de su propio pueblo.
Por supuesto, brindar esta ayuda y librar estas guerras también beneficiaba a EE UU. En el caso de la Guerra Fría, si la Unión Soviética hubiera conquistado Europa Occidental, habría estado en posición de asfixiar a EE UU. Pero eso no resta mérito a los beneficios que obtuvieron todos los demás.
Miles de millones de personas en todo el mundo se han beneficiado de la victoria económica, militar e ideológica —iniciada por Gran Bretaña y liderada por EE UU— de las sociedades libres y los mercados libres sobre la opresión y el comunismo. Es difícil cuantificar la capacidad de las personas para elegir cómo y dónde vivir sus propias vidas. Pero la prosperidad que esta libertad desencadena es evidente. Los mercados libres son la herramienta más poderosa que la humanidad ha inventado para combatir la pobreza. En 1950, alrededor del 60% del mundo vivía en pobreza extrema. Hoy en día, es menos del 10%. Entre el fin de la Guerra Fría en 1990 y hoy, alrededor de 100.000 personas por día han escapado de la pobreza extrema.
Hoy en día, el personal militar de EE UU sigue siendo el equipo de primera respuesta internacional más poderoso del planeta. Un portaaviones nuclear, por ejemplo, puede funcionar —y ha funcionado— como plataforma de búsqueda y rescate, hospital y centro logístico, todo con su propio suministro de energía independiente de la red eléctrica local. A los pocos días del tsunami de 2004 frente a la costa de Indonesia, que mató a un cuarto de millón de personas, el uss Abraham Lincoln y su grupo de ataque estaban en el lugar, y la Armada de EE UU distribuyó casi 3.000 toneladas de alimentos. Sus buques producían cientos de miles de litros de agua potable al día, mientras que los helicópteros estadounidenses llevaban a los sobrevivientes a un lugar seguro, que a veces era un buque hospital estadounidense.
Cuando un terremoto de magnitud 7,0 azotó Haití en enero de 2010, el personal médico militar estadounidense atendió a 9.000 pacientes y realizó 1.000 cirugías, y los ingenieros militares estadounidenses repararon las instalaciones del aeropuerto y del puerto. Cuando un terremoto de magnitud 9,0 provocó un tsunami que azotó la costa de Japón el 11 de marzo de 2011, causando la muerte de 19.000 personas, el uss Ronald Reagan y su grupo de ataque llegaron al día siguiente. Aproximadamente 24.000 marineros ayudaron a entregar 260 toneladas de suministros y unos 7,6 millones de litros de agua.
Se podría escribir mucho más sobre las contribuciones económicas, humanitarias, diplomáticas, científicas y de otro tipo que han realizado nueve generaciones de estadounidenses desde la independencia de su país, pero hay otra que merece destacarse.
Levante los ojos
“Este es un pequeño paso para el hombre, un gran salto para la humanidad”. El primer paso de Neil Armstrong en la Luna fue un triunfo para toda la humanidad. La revista Time señaló en su momento: “Aunque los astronautas del Apolo 11 plantaron una bandera estadounidense en la Luna, su hazaña fue mucho más que un triunfo nacional. (…) Era lógico que el acontecimiento fuera contemplado por simples ciudadanos tanto en Praga como en París, en Bucarest como en Boston, en Varsovia como en Wapakoneta, Ohio. En prácticamente todos los demás rincones de la Tierra, los periódicos sacaron a relucir lo que los impresores llaman su tipografía de la ‘Segunda Venida’ para celebrar el alunizaje” (25 de julio de 1969).
“Fue como si el mundo entero estuviera unido por un breve instante”, escribió el redactor jefe de la Trompeta, Gerald Flurry. “¡De algún modo, 3.000 millones de seres humanos pudieron levantar los ojos a unos 400.000 kilómetros sobre la superficie de la Tierra y contemplar algo que estaba literalmente fuera de este mundo!” (theTrumpet.com/4414; disponible en inglés).
No obstante, este logro fue financiado por EE UU. Todo gran científico se apoya en los hombros de gigantes y, por supuesto, científicos de muchas naciones contribuyeron a la hazaña. Pero no se puede negar que EE UU le ha prestado un enorme servicio al mundo a través de su programa espacial.
Las contribuciones de EE UU a la ciencia y la tecnología son a la vez inspiradoras y prácticas, desde el cohete Saturn v hasta el sistema gps, el avión, la cadena de montaje, el teléfono y la bombilla. EE UU ha producido más patentes y más trabajos galardonados con el Premio Nobel que cualquier otro país. La mitad de todos los Premios Nobel en las ciencias desde 1950 se han otorgado a estadounidenses, y EE UU es el país que más invierte en investigación y desarrollo. La nasa ha llevado al mundo a la era espacial. Bell Labs ha desempeñado un papel decisivo en la era de la información. Internet se inventó en su mayor parte en EE UU. Gran parte del mundo en que vivimos está “hecho en EE UU”.
Una bendición profetizada... y una maldición
¿Por qué ha sido EE UU una fuente tan importante de buena fortuna mundial? ¿Hay algo especial en EE UU o en los estadounidenses? ¿O hay alguna otra razón?
La Biblia describe a un grupo de naciones modernas que proporcionarían al mundo exactamente este conjunto de bendiciones.
Miqueas 5 habla del “remanente de Jacob”: descendientes del antiguo Israel. Afirma que ellos “[estarán] en medio de muchos pueblos [naciones] como el rocío de [el Eterno], como las lluvias sobre la hierba, las cuales no esperan a varón, ni aguardan a hijos de hombres” (versículo 7).
“Recordemos que el rocío y las lluvias son absolutamente esenciales para la productividad agrícola y que son símbolo de la bendición y la prosperidad nacional, provenientes de Dios”, explicó Herbert W. Armstrong en Estados Unidos y Gran Bretaña en profecía. Este versículo describe a un grupo de personas que, mientras estaba “recibiendo las bendiciones de Dios (…) también [estaba] siendo una tremenda bendición para las otras naciones de la Tierra”, escribió. “(…) En tiempos antiguos, José guardó trigo y alimentos y los compartió con otros. El José moderno también lo hizo”.
El mismo capítulo afirma que el mundo se beneficiaría de las victorias militares de estas naciones: “Asimismo el remanente de Jacob será entre las naciones, en medio de muchos pueblos, como el león entre las bestias de la selva, como el cachorro del león entre las manadas de las ovejas, el cual si pasare, y hollare, y arrebatare, no hay quien escape” (versículo 8).
¿No describe esto al EE UU moderno?
El señor Armstrong explicó en su libro gratuito Estados Unidos y Gran Bretaña en profecía que Gran Bretaña y EE UU descienden del antiguo Israel.
Observe las estadísticas y los hechos de los últimos 250 años, e imagine cómo se habrían desarrollado los acontecimientos si, no sólo el Imperio británico estuviera en declive, sino que EE UU no existiera, o que hubiera optado por una acción diferente en cualquiera de los diversos momentos decisivos. ¡EE UU ha sido de enorme beneficio para el mundo!
En toda la historia humana, Estados Unidos de Norteamérica es superado únicamente por el Imperio británico en cuanto al beneficio directo que han aportado a la mayor cantidad de personas en términos cuantificables de salud, seguridad, prosperidad, educación, información, ciencia, tecnología, ingeniería, empresa, instituciones, gobierno, justicia, principios y creencias.
Estas bendiciones para la humanidad no provinieron de los estadounidenses. Provinieron del Dios que bendijo a los estadounidenses. La Biblia documenta extensamente este hecho, comenzando en Génesis, como lo explica poderosamente Estados Unidos y Gran Bretaña en profecía.
Dios dio a los ancestros de los británicos y los estadounidenses Sus promesas, Sus bendiciones y Sus leyes: los principios que salvarían a miles de millones de la pobreza, la indigencia, el engaño, el desperdicio, el despilfarro, el desamor, la traición, la enfermedad, la muerte y el desánimo. ¡Los antepasados y sus descendientes, hasta el día de hoy, no han difundido esos principios —que se resumen en la obediencia a la ley de Dios— y ni siquiera los han guardado! No tanto gracias a los israelitas modernos de Gran Bretaña y EE UU, sino más bien a pesar de ellos, el Dios de Israel ha utilizado, no obstante, a estas naciones para bendecir al mundo y señalarle la fuente suprema de las bendiciones.
El resto de Miqueas 5 contiene una poderosa advertencia: “Acontecerá en aquel día, dice [el Eterno], que haré matar tus caballos de en medio de ti, y haré destruir tus carros. Haré también destruir las ciudades de tu tierra, y arruinaré todas tus fortalezas” (versículos 10-11).
¿Por qué? A causa de nuestras “hechicerías” y “agoreros” (versículo 12). El problema no está en nuestros bienes materiales; está en nuestro estilo de vida y en la falsa instrucción espiritual. La nación adora ídolos (versículo 13). Usó la riqueza material para beneficiar al mundo, sí, pero luego adoró esas bendiciones materiales y no dio la instrucción espiritual que debía acompañarlas.
Dios hizo un pacto con los ancestros de los estadounidenses para demostrar las inmensas bendiciones de guardar toda la ley de Dios (Deuteronomio 4:6-8). Al mezclar su riqueza material con pobreza espiritual, EE UU ha llevado al mundo a una inmoralidad perversa y a la devastación social.
Se necesitará una corrección de tal magnitud que destruya ciudades enteras para que la nación llegue a ese punto, pero EE UU pronto será una bendición mayor que nunca.
La corrección que ahora viene sobre EE UU tiene el propósito de impulsar a la nación a cumplir por fin su propósito: ayudar al mundo materialmente y, lo que es más importante, espiritualmente. Por fin, la ciudad asentada sobre un monte resplandecerá.