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Por qué el declive moral importa

Las consecuencias de desechar un código moral sagrado que gobierne las acciones de los individuos son mucho más graves de lo que la mayoría de la gente se da cuenta.
¿Por qué caen las naciones? Los más grandes imperios del pasado, llegando hasta el último, todos han colapsado. ¿Por qué? ¿Están todas las civilizaciones destinadas a declinar y caer? ¿O un desastre tan catastrófico es el efecto de una causa específica?

Los historiadores atribuyen el colapso de las diversas civilizaciones a la enfermedad, el cambio climático, las estadísticas demográficas, la corrupción política, la inmigración masiva, el estancamiento económico, la inferioridad tecnológica y/o la invasión extranjera. Pero son las armas, las ciencias aplicadas y los trabajos la forma de hacer invencible a una civilización? Muchas personas hoy aparentemente piensan eso.

¿Podría Estados Unidos caer? ¿Podría Gran Bretaña caer? ¿O son nuestras sociedades demasiado modernas, demasiado sofisticadas, demasiado informadas para un cataclismo así?

La predicción de mayor duración y más consistente que Trompeta ha hecho desde el volúmen 1, segunda edición en junio de 1990, ha sido que Estados Unidos y Gran Bretaña caerán, y que las causas fundamentales no serán la tasa de natalidad, los fenómenos climáticos, las epidemias de superbacterias, el producto interno bruto ni los paros de transportadores.

Fundamentalmente, será debido a la falta de moral.

Historia moral de Estados Unidos y Gran Bretaña

A principios del período moderno, Estados Unidos y Gran Bretaña estaban creciendo en poder en la escena mundial. Contra ese telón de fondo, muchos grandes estadistas debatían la causa raíz detrás del ascenso y caída de los imperios.

Un año antes de que la Constitución de Estado Unidos fuese ratificada, Edward Gibbon publicó el último volúmen de La historia del declive y la caída del Imperio Romano. Gibbon identificó cinco causas importantes detrás de la caída de uno de los mayores imperios de la historia. Las estadísticas demográficas decayentes no constituyeron la lista, ni tampoco la tecnología insuficiente ni el cambio climático. Su primer factor fundamental fue la ruptura de la familia. Luego él listó el incremento en los impuestos, un deseo insaciable de placer, una acumulación insostenible de armamentos, y el deterioro de la religión.

Según Gibbon, la causa raíz del colapso de la sociedad romana fue su pérdida de virtud cívica y de moralidad individual. Gibbon creía que las leyes de la moralidad eran tan invariables como las leyes de las matemáticas y la física.

El estadista inglés Edmund Burke, colega de Gibbon, frecuentemente es llamado el padre del conservatismo moderno. Él resumió sus creencias acerca de la moralidad en una carta a los alguaciles de Bristol en 1777 así, “Todos los que alguna vez han escrito sobre gobierno son anónimos, que entre un pueblo generalmente corrupto, la libertad ya no puede existir”.

El primer presidente de Estados Unidos también estaba familiarizado con Gibbon. George Washington tenía una copia de El declive y la caída del Imperio Romano. En su famoso discurso de despedida, Washington dijo, “De todas las disposiciones y hábitos que conducen a la prosperidad política, la religión y la moralidad son apoyos indispensables”.

Gibbon, Burke y Washington creyeron que los salvaguardias de la sociedad no eran las legiones militares ni los mercaderes productivos ni los consumidores prósperos sino la moral elevada y la religión sincera. Sin embargo, la mayoría de políticos y educadores actuales rechazan esta creencia. Ellos dicen que lo que la gente hace en la privacidad de sus hogares no tiene conexión con la seguridad nacional.

La revista de noticias Trompeta y su predecesor, la Pura Verdad, han publicado desde 1934 que Gran Bretaña y Estados Unidos experimentarán un colapso más devastador que la caída de Roma. Esto se debe a que estas naciones han rechazado el fundamento de la estabilidad nacional, las leyes de la moralidad.

Religión y moralidad

Durante la revolución sexual de la década de 1960, una juez de la Corte Suprema de Estados Unidos dijo que era imposible definir el carácter. Ésa fue una divergencia radical de lo que creían las generaciones anteriores, ellos sabían lo que significaba carácter. Significaba cosas como honrar a sus padres, no asesinar, no robar, no mentir, no codiciar y no cometer adulterio.

En resumen, significaba guardar los Diez Mandamientos, las leyes de la Biblia.

Hay una causa para cada efecto. Las 10 leyes delineadas en estos mandamientos causan prosperidad política. Al menos, eso es lo que el segundo presidente de Estados Unidos creía. John Adams le escribió en una carta a Thomas Jefferson que, “Los Diez Mandamientos y el Sermón del Monte contienen mi religión”.

Durante el siglo xviii, Estados Unidos y el Imperio Británico eran religiosos, hablando en general. Por supuesto que la gente de estos poderes ascendentes estaban llenos de fallas, defectos y vicios. Mentir, codiciar, robar, matar y cualquier otro pecado podía encontrarse entre ellos. Pero la sociedad en general mantenía en sus ciudadanos, sus familias y sus líderes un elevado estándar moral, el estándar moral de la Santa Biblia. Y muchos de ellos creían que sólo si la mayoría de sus familias temían a Dios y eran obedientes y fieles sus naciones podrían sobrevivir.

En El carácter de las naciones, Angelo Codevilla escribió que había una fuerte tendencia entre los primeros norteamericanos “de equipararse con los hijos de Israel”. Era por eso que estudiaban la Biblia. Era por eso que buscaban obedecer los Diez Mandamientos. Era por eso que sus hijos aprendían las historias de cuando Israel antiguo se volvía al pecado y sufría la invasión, y cuando volvía a Dios y era liberada. En ningún otro lugar en el mundo existía la noción tan difundida de Dios como Legislador moral. Inicialmente, Estados Unidos y Gran Bretaña creían que la grandeza nacional dependía del comportamiento ético y moral.

A lo largo del mundo de habla inglesa, las familias estaban organizadas con cada miembro cumpliendo su papel natural. El padre era la cabeza de la familia, el proveedor y protector. Una esposa respetaba la autoridad de su esposo, se sentía orgullosa de su papel como ayudante de él, y sobresalía administrando el hogar. La sociedad veía el papel de la esposa como complementario a lo del esposo. Juntos, esposo y esposa formaban un equipo completo, una familia bien organizada en la cual los hijos podían ser criados responsablemente.

Alexis de Tocqueville estudió a Estados Unidos detallamente y concluyó con esta declaración sobresaliente de la familia estadounidense, “En cuanto a mí, no dudo en admitir que aunque las mujeres de Estados Unidos están confinadas al círculo angosto de la vida doméstica, y su situación es en algunos aspectos una de dependencia extrema, en ningún lugar he visto a una mujer ocupar una posición más noble; y si me preguntaran, ahora que me estoy acercando al final de esta obra en la cual he hablado de tantas cosas importantes hechas por los estadounidenses, a qué se debe atribuir principalmente la prosperidad singular y la fortaleza creciente de esas personas, yo respondería: A la superioridad de sus mujeres”.

Sea que ellos se dieran cuenta o no, las familias de las naciones de habla inglesa estaban siguiendo el modelo de los mandatos de la Santa Biblia.

Esta fuerte estructura familiar producía hijos virtuosos. Estos niños crecían hasta ser buenos padres, madres, maestros, ministros, jueces, ingenieros, oradores y estadistas.

Los legisladores entendían la conexión entre la ruptura familiar y los problemas de la sociedad como el alcoholismo, la adicción a las drogas, la adicción a los beneficios sociales, la delincuencia y el crimen violento. Ellos creían en la Biblia cuando esta afirmaba que sólo las naciones que obedecen las leyes morales de Dios eran bendecidas.

Ruptura familiar

Alrededor del cambio del siglo xx, los educadores en Estados Unidos y la Mancomunidad Británica comenzaron a rechazar la idea de que las leyes de la moralidad son eternas e invariables. Mientras la hipótesis evolucionaria tomaba raíz en la conciencia pública, la gente llegó a creer que lo que era correcto en el pasado podría no ser correcto ahora. Mandamientos como “honra a tu padre y a tu madre” y “no cometerás adulterio” comenzaron a sonar pasados de moda. La gente abandonó la moralidad absoluta de Moisés y Jesucristo. Ellos aceptaron la moralidad en evolución de Charles Darwin y Sigmund Freud.

El paisaje moral del mundo actual está ahora totalmente transformado.

Antes de 1912, un estimado de más del 80 por ciento de las novias entraban al matrimonio siendo vírgenes. Hoy, sólo un 3 por ciento espera hasta el matrimonio para tener sexo. Aun entre la gente religiosa, esta figura es sólo un 20 por ciento. Dos tercios de quienes viven en Estados Unidos y Gran Bretaña ni siquiera consideran que la fornicación sea errada.

Muchas personas celebran tales estadísticas como una victoria cultural. Pero la aceptación difundida del sexo prematrimonial condujo a niveles epidémicos de nacimientos fuera del matrimonio. En Massachusetts colonial, sólo 1 de cada 200 bebés era concebido fuera del matrimonio. En Estados Unidos de hoy, el 40 por ciento de los bebés nacen de mujeres solteras. Si las tendencias actuales continúan, en Gran Bretaña, hacia el 2025 la mayoría de los bebés nacerán fuera del matrimonio.

Tal ruptura de las familias es la consecuencia inevitable de quebrantar los Diez Mandamientos.

La aceptación creciente de la pornografía y el sexo premarital ha socavado los matrimonios que una vez mantuvieron juntas a las familias. Esto ha avivado el rápido incremento del divorcio. En 1890, había un divorcio por cada 18 matrimonios en Estados Unidos. Hoy el número es un divorcio por cada 2½ matrimonios. En Inglaterra y Gales, hay un promedio de 13 divorcios cada hora. Parafraseando al antiguo estadista romano Seneca, la gente “se divorcia a fin de volverse a casar. Ellos se casan a fin de divorciarse”.

¿El resultado? Un tercio de los niños estadounidenses crecen sin su padre biológico. Gran Bretaña tiene la más alta proporción de niños criados en familias con un solo padre de cualquier nación europea importante.

La gente puede argumentar que estos niños no son peores. Pero los hechos prueban lo contrario. Los niños que crecen sin una figura paterna tienen cuatro veces más posibilidad de ser pobres, nueve veces más posibilidad de abandonar la escuela, 11 veces más posibilidad de cometer crímenes violentos, y 20 veces más posibilidad de ser arrestados. Hay un vínculo directo entre la ruptura de las familias y los problemas importantes de la sociedad (infográfico, página 18). No es coincidencia que la tasa per capita de crimen violento se haya duplicado en Estados Unidos desde 1960, y el porcentaje de estadounidenses que viven en un hogar que recibe alguna forma de beneficios sociales de estudio socioeconómico también se haya duplicado.

Según las proyecciones de la Oficina de Presupuesto del Congreso de Estados Unidos, el creciente gasto por subsidios e intereses sobre la deuda nacional consumirá el 99 por ciento de todos los ingresos por impuestos en la próxima década. Esto significa que todo el presupuesto por gasto discrecional de la nación será financiado por la deuda.

El historiador financiero Niall Ferguson ha advertido que los imperios usualmente se desintegran cuando los costos de pagar su deuda exceden el costo por defender sus fronteras. Esto fue cierto de Roma. Más recientemente, fue verdad de la Unión Soviética.

Para citar a John Adams, “Los cimientos de la moralidad nacional deben ser puestos en las familias privadas”.

Se requieren familias fuertes para producir ciudadanos honorables capaces de proveer para sí mismos. Cuando una nación comienza más bien a esperar que su gobierno le provea estará en el camino del colapso de la sociedad. La ruptura familiar produjo la caída de Roma. Y está produciendo la caída de Gran Bretaña y Estados Unidos hoy.

Revolución homosexual

En tiempos de Gibbon, Estados Unidos y el Imperio Británico tenían leyes contra el comportamiento homosexual. De hecho, Gibbon se dio cuenta de la aceptación cultural de Roma a la sodomía, y el desenfreno sexual fue un factor clave en la destrucción de su vida familiar.

La sodomía era considerada como el último síntoma de una cultura moribunda. La edición de 1833 de la Enciclopedia Británica se refiere a ésta como “el crimen sin nombre que fue la desgracia de la civilización griega y romana”. Hoy tal declaración es ridiculizada como fanatismo sin importar si haya sido verdad o no.

Noah Webster frecuentemente es llamado el padre de la escolaridad y la educación en Estados Unidos. En la primera edición de su famoso Diccionario de Webster, él definió sodomía como “un crimen contra la naturaleza”. Antes de 1962, cada Estado estadounidense consideraba la sodomía como un delito. Y antes de 1973, la Asociación Psicológica Estadounidense consideraba la homosexualidad como un desorden mental.

Pero en la década de 1970, la oposición pública a la homosexualidad en Estados Unidos y Gran Bretaña comenzó a desvanecerse.

Mientras la sociedad aceptaba la noción de que la moralidad es subjetiva, los filósofos de la evolución difundían la idea de que la fornicación, el adulterio y la homosexualidad y aun la pedofilia no eran malos. Éstos eran resultados naturales del proceso evolutivo.

Sin padres masculinos ni madres femeninas que enseñaran a los niños acerca de los papeles del sexo, la confusión de géneros alcanzó una nueva altura en el 2014. Ese fue el año en que el Parlamento Británico legalizó el “matrimonio” homosexual. La Corte Suprema de Estados Unidos siguió un pleito un año después.

Estos cambios señalaron una nueva era, una era donde el matrimonio no fue definido como una sociedad divinamente sancionada entre un hombre y una mujer; una era donde el matrimonio podría definirse como cualquier relación sexual entre compañeros que consintieran con ésta.

En lugar de ver la homosexualidad como un pecado, la mayoría en Estados Unidos y Gran Bretaña ahora consideran la homosexualidad como un derecho.

Algunos van aún más lejos y afirman que la familia tradicional es la que es dañina, que su estructura misma es un tipo de esclavitud de mujeres y niños.

Los hogares rotos y los hijos ilegítimos ahora son tan comunes que se considera insensible siquiera sugerir que tales individuos pueden estar en desventaja.

En lugar de aceptar la noción de que la sociedad no está cumpliendo con el estándar bíblico, la sociedad ha cambiado el estándar. El fracaso virtualmente anónimo en seguir la fórmula de las Escrituras para el éxito familiar ha resultado en una redefinición del matrimonio y la familia. (Para más información sobre esta tendencia, solicite una copia gratuita de nuestro folleto La redefinición de la familia).

Hoy, la mayoría de la gente rechaza la ley de causa y efecto. Ellos piensan que la sociedad puede descartar el matrimonio y la familia y no sufrir ninguna consecuencia. ¡Pero tanto la Biblia como la historia secular muestran cuáles serán los frutos de la ruptura familiar!

Bendiciones y maldiciones

Desde junio de 1990, Trompeta ha predicho que Estados Unidos y Gran Bretaña experimentarán un colapso más devastador que el de Roma.

La Pura Verdad hizo la misma predicción valiente desde su inicio en 1934. La razón que forma la base de la predicción es que tanto los estadounidenses como los británicos se han apartado del estándar de moralidad de Dios.

Grandes historiadores como Edward Gibbon sabían que la ruptura familiar y la decadencia moral condujeron al declive y caída del Imperio Romano. Pero ni siquiera Gibbon entendió que los pueblos estadounidense y británico tienen una historia con la ley de Dios que comenzó mucho antes de la fundación de Roma.

Había una tendencia entre los estadounidenses del siglo xviii de equipararse con los hijos de Israel. El fundador de La Pura Verdad Herbert W. Armstrong probó en Estados Unidos y Gran Bretaña en profecía que la gente que estableció Gran Bretaña y Estados Unidos literalmente son descendientes de Israel antiguo.

La Biblia dice que después que la humanidad se apartó de las leyes inexorables de Dios sobre la moralidad, Dios llamó y fundó a la nación de Israel. Él le dio a este pueblo Sus leyes para que ellos pudieran ser un ejemplo para todas las otras naciones. A través de sus acciones, los israelitas probarían que las bendiciones vienen de la obediencia a las leyes de Dios, y las maldiciones vienen de la desobediencia.

En la Plain Truth de mayo-junio de 1938, el Sr. Armstrong escribió, “En el Monte Sinaí Dios le hizo una propuesta. Si ellos obedecían Su voz y guardaban Sus mandamientos (Éxodo 19:5-6), o sea, construían una civilización basada en los principios de la ley espiritual fundamental de Dios, sobre los principios del amor a Dios y amor al prójimo, el principio de dar, en lugar del principio humano egoísta de obtener, entonces Dios se agradaría en darles prosperidad y poder para dominar el mundo ‘sobre todas las naciones”.

Los israelitas antiguos eran bendecidos cuando obedecían “los principios de la ley espiritual fundamental de Dios” durante los días del rey David y el rey Salomón. Esta grandeza nacional habría continuado, pero entonces la gente rechazó los principios de Dios de vivir con moral. Como resultado, su sociedad colapsó. El Imperio Asirio se llevó a los israelitas como esclavos en el 718 a.c. Después de la caída de Israel, otros reinos gentiles como Roma ascendieron a la grandeza.

Sin embargo, Dios les había prometido a los israelitas que Él los restauraría a la grandeza después de que experimentaran 2.520 años de castigo. (Esta profecía se explica en el capítulo 10 de Estados Unidos y Gran Bretaña en profecía. Solicite una copia gratuita).

En la Pura Verdad de 1966, el Sr. Armstrong escribió, “El primer inicio del sitio de Salmanasar contra antigua Israel fue en el 721 a.c. La derrota de Israel se completó en el 718 a.c.; 2.520 años desde el 721 a.c. es el año 1800 d.c., y 2.520 años desde el 718 a.c. es el 1803 d.c. Ahora ustedes saben por qué Gran Bretaña y Estados Unidos pasaron acelerada y repentinamente de ser naciones pequeñas a tener la mayor riqueza y poder que haya disfrutado alguna vez una nación, ¡comenzando en el 1800-1803!

Quienes se establecieron en Estados Unidos y Gran Bretaña aprendieron con duras experiencias que la obediencia a la ley de Dios es un prerrequisito para la grandeza nacional. Pero sus hijos olvidaron pronto. En la Plain Truth de abril-mayo de 1976, el Sr. Armstrong escribió, “¿Qué hemos hecho con esta multitud de bendiciones nacionales e individuales, que en realidad fueron un regalo del Dios viviente? Dios no prometió continuar las bendiciones si nos rebelamos. Nosotros hemos sido rebeldes y reticentes a rendirnos a nuestro Dios y Sus caminos que habrían garantizado la paz y la prosperidad duraderas. Nos hemos vuelto arrogantes y egoístas. Hemos contaminado las tierras fértiles que el Dios viviente nos dio. Hemos contaminado el aire, los ríos, los lagos y los océanos. Hemos contaminado nuestras propias mentes y las de nuestros hijos enseñándoles la fábula anti-Dios de la evolución. Le hemos dado aceptación pública a la mal llamada ‘nueva moralidad’, ¡la cual es inmoralidad total! Le hemos dado aceptación pública a la homosexualidad, el sexo prematrimonial y la perversión. Hemos contaminado la institución sagrada del matrimonio, y por medio de una tasa de divorcio constantemente creciente hemos iniciado una trayectoria de destruir el hogar y la relación de la familia, el fundamento de cualquier sociedad estable”.

Debería ser claro para todos los que creen las lecciones de historia antigua que la decadencia moral ha puesto a Estados Unidos y Gran Bretaña en el camino del colapso de la sociedad.

Pero la profecía bíblica hace aún más claro que éste es el resultado inevitable de nuestro actual rumbo de inmoralidad.

Profetizado a suceder

La Biblia revela claramente que Dios ha puesto en acción leyes espirituales y físicas. Actualmente, Dios está permitiéndoles a los humanos que desarrollen sus propias formas de vida que son contrarias a Sus leyes. Él está permitiendo que cosechemos las consecuencias naturales que resultan de esos caminos. Pero las Escrituras registran que Dios ha comenzado a intervenir y castigar a Israel actual con siete veces más intensidad de castigo sobre nosotros.

Levítico 26 es llamado el capítulo de las bendiciones y las maldiciones. Éste profetiza lo que les sucederá a las naciones de Israel, principalmente Estados Unidos y Gran Bretaña actuales. Si obedecen las leyes de Dios, bendiciones; y si desobedecen, maldiciones.

“Pero si no me oyereis, ni hiciereis todos estos mis mandamientos (…) Pondré mi rostro contra vosotros, y seréis heridos delante de vuestros enemigos; y los que os aborrecen se enseñorearán de vosotros, y huiréis sin que haya quien os persiga” (versículos 14, 17). Sí, ¡el gran Dios realmente dijo que Él pondría Su “rostro contra” nuestras naciones por nuestra rebelión!

“Y si aun con estas cosas no me oyereis, yo volveré a castigaros siete veces más por vuestros pecados. Y quebrantaré la soberbia de vuestro orgullo” (versículo 18-19). Si desobecemos, Dios promete quebrantar la soberbia de nuestro orgullo. ¡Aunque hemos disfrutado tremendo poder nacional, nuestra voluntad ha sido quebrantada, ¡justo como Dios prometió!

Vea la historia de Israel antiguo y verá que nuestras naciones hoy están siguiendo el mismo rumbo.

El profeta Isaías escribió que la moralidad de los israelitas antiguos se deterioró hasta el punto donde ellos en realidad estaban orgullosos de sus pecados. Ellos “como Sodoma publican su pecado” (Isaías 3:9). Tristemente, uno difícilmente podría encontrar una manera más apta de describir la sociedad actual.

Oseas, uno de los contemporáneos de Isaías, escribió que Dios “contiende con los moradores de la tierra; porque no hay verdad, ni misericordia, ni conocimiento de Dios en la tierra”. En cambio, Israel estaba llena de “perjurar, mentir, matar, hurtar y adulterar”. La violencia llenaba la nación hasta que “homicidio tras homicidio se suceden”. Debido a este estado horrible, Dios decretó que la tierra se enlutará y “todo morador de ella (…) morirá” (Oseas 4:1-3). Oseas profetizó eso debido a que los israelitas se rehusaron a “convertirse a su Dios”, ellos “tropezarán en su pecado” (Oseas 5:1-5).

Las profecías de Isaías y Oseas, como todos los otros profetas menores y mayores se enfocan principalmente “en el fin de los días” (Oseas 3:5). Dios, el sociólogo maestro, predijo que los descendientes de los israelitas del tiempo del fin se rebelarían una vez más contra Sus leyes morales y sufrirían las mismas consecuencias de sus ancestros.

Antiguamente, después que la moral de los israelitas declinó hasta el punto del derretimiento de la sociedad, ¡Dios permitió que el Imperio Asirio se los llevara cautivos! ¡Muchas profecías muestran que el mismo destino le aguarda a nuestras naciones en este tiempo del fin! Dios permitirá una vez más que una nación extranjera castigue a los pueblos de Estados Unidos y Gran Bretaña debido a nuestros muchos pecados.

Este castigo severo es simplemente la corrección necesaria para enseñarle a la gente el error del pecado y conducirlos a vivir el camino de vida que trae bendiciones en lugar de maldiciones terribles. Una vez que a los británicos y estadounidenses actuales les sea quitada la riqueza, la prosperidad, la tierra y todo lo que poseen, ¡finalmente ellos clamarán a Dios por misericordia y liberación!

Dios le dijo al profeta Jeremías que vendría el día cuando “haré volver a los cautivos de mi pueblo Israel” (Jeremías 30:3). Esta profecía no es acerca del cautiverio de antiguo Israel que ya había ocurrido en ese momento. Es acerca de un cautiverio del tiempo del fin, llamado “tiempo de angustia para Jacob” (versículo 7). Jacob fue el padre de las 12 tribus de Israel.

Sin embargo, así como Dios le dijo estas palabras a Jeremías, Él misericordiosamente profetizó de un tiempo posterior cuando “traeré [a los israelitas] a la tierra que di a sus padres” (versículo 3).

“He aquí yo los hago volver de la tierra del norte, y los reuniré de los fines de la tierra, y entre ellos ciegos y cojos, la mujer que está encinta y la que dio a luz juntamente; en gran compañía volverán acá”, declara Dios en Jeremías 31:8-9. “Irán con lloro, mas con misericordia los haré volver, y los haré andar junto a arroyos de aguas, por camino derecho en el cual no tropezarán; porque soy a Israel por padre, y Efraín es mi primogénito”.

Dios va a reunir a los desterrados de estas naciones como un pastor recoge a su rebaño (versículo 10), dándoles lluvias de bendiciones (versículos 12-17), y estableciendo Su Nuevo Pacto con ellos (versículos 31-34). Dios promete restaurarle la prosperidad a Estados Unidos y Gran Bretaña, y hacerlos un ejemplo positivo. Pero primero, ¡ellos deben aprender que cualquier sociedad sin el código moral sagrado de Dios para gobernar las acciones de los individuos no puede permanecer! 

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