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MARCUS YAM/LOS ANGELES TIMES/GETTY IMAGES

Por qué EE UU fracasó realmente

Hay muchas razones para la humillación de EE UU en Afganistán. Sin embargo, en el fondo, el problema era espiritual.

La vergonzosa salida de Afganistán fue agonizante para los estadounidenses. Fue vergonzoso huir de una variedad de terroristas del Tercer Mundo. Fue humillante recibir un plazo de evacuación por parte de los talibanes y que la Casa Blanca se sometiera débilmente. Fue insultante escuchar las mentiras descaradas de esta administración: que otras naciones apoyan nuestra retirada, que los estadounidenses no tuvieron problemas para llegar al aeropuerto, que los talibanes se han reformado, que Al Qaeda ya no es una amenaza, que hemos cumplido nuestra misión. Fue doloroso ver a las naciones enemigas deleitándose con la apresurada y fea retirada de EE UU.

Los estadounidenses están avergonzados y enfadados por la forma en que esto se manejó. Pero la verdad es que incluso los enemigos políticos de Joe Biden están de acuerdo con él en la premisa básica: que necesitábamos salir. Entre los estadounidenses de hoy, el despliegue de tropas en países extranjeros no es popular.

Esto no era así en las generaciones anteriores. Después de la Segunda Guerra Mundial, EE UU estableció presencia militar en 3 de cada 4 países del planeta. La nación con mayor despliegue de la historia, vigiló la Pax Americana, la relativa paz mundial que ha prevalecido en el mundo occidental desde la Segunda Guerra Mundial. No ha habido guerras a gran escala entre las principales potencias. El número de muertes en combate per cápita ha alcanzado un mínimo histórico.

Las demandas de retirada de Bagram, Kandahar y la provincia de Helmand han sido mucho más estridentes que las de traer a nuestros hombres a casa desde Okinawa e Iwakuni, Ramstein y Baviera, Kunsan y Osan, Incirlik, Stavanger, Guantánamo, o cualquier otra de las más de mil bases, fuertes, anexos, instalaciones, embajadas y misiones estadounidenses en todo el mundo. Pero la tendencia es clara. Un número cada vez mayor de estadounidenses no ve realmente el propósito de vigilar en suelo extranjero.

No es difícil entender por qué. Estamos llenando nuestros programas de educación pública con el mensaje tóxico de que la nación fue fundada sobre el genocidio, construida por la esclavitud y sostenida por el racismo y la opresión. Muchos estadounidenses no están de acuerdo, pero las masas “ilustradas” que salen de nuestras universidades y llenan nuestras burocracias, legislaturas, oficinas corporativas y salas de redacción consideran que la noción de que la influencia estadounidense podría ser positiva es egoísta e imperiosa. En su mundo de valores relativos, ¿quién puede decir que los talibanes son menos merecedores de la soberanía que los hombres blancos que dominan EE UU?

La antigua confianza, el patriotismo y el orgullo de EE UU, nacidos de un sentido de propósito y destino, han sido suplantados por el auto desprecio. ¿Por qué mantener una presencia en el extranjero cuando ni siquiera creemos en los ideales que una vez defendió la nación?

La pérdida de prestigio e identidad de EE UU es descorazonadora para mucha gente. Pero tiene una causa definida, aunque poco comprendida.

El destino estadounidense

Los fundadores de EE UU trataron de establecer un faro duradero de libertad y democracia para las naciones. Uno de los primeros estadounidenses, Lyman Beecher, dijo que EE UU estaba “destinado a liderar la emancipación moral y política del mundo”. Los fundadores consideraban que se trataba de un noble experimento político, en el que estaban puestos los ojos del mundo. Abraham Lincoln dijo que el éxito o el fracaso de la nación respondería a la pregunta de si un gobierno así constituido podría perdurar mucho tiempo.

Había un sentido de responsabilidad hacia las naciones: servir de ejemplo, de benefactor y de refugio para los oprimidos y desposeídos. “Dadme a vuestros cansados, a vuestros pobres, a vuestras masas apiñadas que anhelan respirar libres”, escribió Emma Lazarus, personificando la emblemática Estatua de la Libertad. La nación creía en sí misma y en la luz de la libertad que representaba. Y los inmigrantes, entusiasmados con la promesa del Nuevo Mundo, acudían a EE UU en oleadas que aumentaban cada década.

Esta creencia apuntaló el sentido del Destino Manifiesto que extendió las fronteras de EE UU hasta el Océano Pacífico y más allá. Esta creencia fue la base de las épicas adquisiciones territoriales de Thomas Jefferson y James Polk. Theodore Roosevelt dirigió con energía y confianza la construcción del Canal de Panamá y estableció a EE UU como supervisor indiscutible del hemisferio occidental. Con ello se cumplió la dinámica promesa de Dios a la descendencia de Abraham de darles “la puerta de sus enemigos” (Génesis 22:17). Este paso vital que unía el Atlántico con el Pacífico resultó ser una bendición no sólo para EE UU, sino también para Panamá y muchas otras naciones. Con su ambición expansionista, EE UU llegó a controlar todas las grandes rutas marítimas del Pacífico, incluidas las Aleutianas, las islas de Hawái, Midway, Guam, la isla de Wake e incluso las Filipinas.

EE UU fue bendecido poderosamente con una geografía favorable, recursos abundantes, suelo fértil, población floreciente, poderío industrial y prosperidad material. Muchos en EE UU se atribuirían el mérito, pero la realidad es que estas bendiciones fueron otorgadas por el gran Dios. Y esto no fue por la rectitud o la grandeza de nuestro pueblo, sino por las promesas previas que Dios había hecho. Estos dones cumplieron las promesas de la primogenitura que Dios había hecho a los descendientes de los últimos días de Israel, promesas que incluían esto: “Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición” (Génesis 12:2). (Ésta y muchas profecías relacionadas se explican ampliamente en el histórico libro de Herbert W. Armstrong Estados Unidos y Gran Bretaña en profecía. Si no ha leído este libro, e incluso si lo ha hecho, vale la pena dedicar tiempo a estudiarlo a la luz de los recientes acontecimientos. Con gusto le enviaremos un ejemplar gratuito si lo solicita).

A medida que EE UU prosperaba, encarnaba cada vez más un conjunto de ideales nobles, consagrados en la Declaración de Independencia de la nación, que proclamaba “que todos los hombres son creados iguales, que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables, que entre ellos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”, y en la Constitución, que debía “establecer la justicia (…) promover el bienestar general y asegurar las bendiciones de la libertad para nosotros y nuestra posteridad”. La nación ha sido realmente un faro inigualable de derechos individuales, oportunidades, igualdad y libertad. No sólo ha garantizado estos beneficios a millones de ciudadanos nativos y a otros millones de inmigrantes, sino que ha inspirado a pueblos de todo el mundo a perseguir estos mismos ideales. También ha dedicado enormes recursos y esfuerzos a construir, estabilizar, proteger y defender naciones de todo el planeta. Ha sido una auténtica bendición para incontables multitudes.

Es importante recordar esta historia, para reconocer mejor cuánto ha perdido EE UU.

Las Escrituras muestran que el poder conservar todas esas bendiciones prometidas estaba condicionado a la obediencia al Dios que las dio. De hecho, Dios prometió en Su Palabra que, si no obedecíamos, si lo dejábamos de lado, ignorábamos Sus leyes y seguíamos nuestro propio camino, Él reemplazaría esas bendiciones con maldiciones.

Un refrán para las naciones

El abogado de la época colonial John Winthrop era consciente de esas advertencias bíblicas cuando dijo en 1630 a una nación naciente en desarrollo: “Debemos considerar que seremos como una ciudad sobre una colina. Los ojos de todos los pueblos están sobre nosotros, de modo que si tratamos con falsedad a nuestro Dios en esta labor que hemos emprendido y hacemos que nos retire Su ayuda actual, nos convertirán en una historia y en un refrán en todo el mundo”.

Esto ha sucedido. Esto es lo que está impulsando un dramático cambio de suerte en EE UU hoy en día. Ha estado en proceso durante años, pero está tipificado por la retirada de Afganistán, y está profetizado que será aún peor. Y junto con un número creciente de nuestras bendiciones, EE UU también ha perdido su sentido del deber hacia otras naciones, su propósito y su destino.

Mientras que Afganistán ha absorbido todos los titulares, se están produciendo repliegues similares en otros lugares. El 22 de julio, Joe Biden acordó retirar todas las fuerzas de combate estadounidenses de Irak para finales de año. Las fuerzas estadounidenses ya se están retirando de Somalia, para beneficio del grupo terrorista Al Shabab. EE UU ya no apoya a Arabia Saudí en Yemen, lo que supone una ventaja para los hutíes respaldados por Irán. EE UU se retira en todas partes, desde Pakistán hasta el Cuerno de África, para regocijo de los grupos radicales. Los islamistas envalentonados están aumentando los ataques a los buques comerciales en la región. Las grandes naciones de todo el mundo están tomando decisiones frías y pragmáticas sobre cómo comportarse en un mundo posestadounidense.

En este momento, muchos observadores pueden explicar qué está sucediendo, pueden decir hasta dónde ha caído EE UU y cuán rápido, pero no pueden explicar la verdadera causa. Vemos que se señala con el dedo al presidente, al presidente anterior, a los malos asesores, a la mala dirección militar, a la falta de previsión y planificación. Sin embargo, todos estos problemas son en realidad síntomas de una causa mucho más grave y elemental.

Esa causa se revela con claridad cristalina en la Biblia. Explica exactamente por qué EE UU ha perdido su papel de liderazgo en el mundo. De hecho, lo predijo explícitamente. No se puede entender Afganistán sin entender esto.

El Sr. Armstrong detalló la explicación bíblica en Estados Unidos y Gran Bretaña en profecía. Hablando de la caída profetizada de estas dos naciones que han dominado el mundo durante décadas, escribió: “¿Cree el lector que potencias tan fuertes como Gran Bretaña y Estados Unidos no pueden caer de esa manera? ¿Cree usted que eso ‘no les puede suceder a estas naciones’? (…) Usted necesita darse cuenta del hecho de que Estados Unidos, aunque todavía conserva un poderío inigualable, tiene miedo (temor) de usarlo, tal como Dios lo había predicho: ‘Quebrantaré el orgullo de vuestro poder’. ¿Quién puede negar que Estados Unidos ya ha dejado de ganar guerras? ¡Que con todo su tremendo poderío fue incapaz de vencer al diminuto Vietnam del Norte! ¡Estados Unidos está yendo rápidamente hacia la caída más estruendosa que haya sufrido nación alguna! ¡La escritura está en la pared!”.

El Sr. Armstrong escribió estas palabras en 1980. Su referencia a la humillación de la retirada de EE UU de Saigón en 1975 ha sido eclipsada por la pesadilla de Kabul.

Levítico 26, del que citó el Sr. Armstrong, y Deuteronomio 28 son dos capítulos proféticos cruciales que enumeran las maldiciones que sufriría EE UU si se rebelaba contra Dios. Pregúntese si se están cumpliendo: “Pero si no me oyereis, ni hiciereis todos estos mis mandamientos (…) yo también haré con vosotros esto: enviaré sobre vosotros terror (…) Pondré mi rostro contra vosotros, y seréis heridos delante de vuestros enemigos; y los que os aborrecen se enseñorearan de vosotros, y huiréis sin que haya quien os persiga (…) Y quebrantaré la soberbia de vuestro orgullo (…) Vuestra fuerza se consumirá en vano…” (Levítico 26:14, 16, 17, 19, 20). Considere el miedo y la debilidad que paralizan la política exterior estadounidense. Considere el armamento en el que EE UU gastó miles de millones de dólares y que ahora está en manos de los talibanes. Considere el terror entre los que de repente son refugiados estadounidenses. Considere los estadounidenses muertos ante sus enemigos, todo en vano.

“Y será motivo de horror, y servirás de refrán y de burla a todos los pueblos…” (Deuteronomio 28:37). Winthrop tenía razón al tomar esta advertencia al pie de la letra. Hoy en día, muchos se alegran secreta o abiertamente de la pérdida de prestigio de EE UU.

Incorregible

Al leer estos capítulos, se ve el propósito que hay detrás de estas maldiciones: Dios nos castiga para tratar de ayudarnos a ver nuestros pecados, y para volvernos a Él. “El castigo de Dios solamente refleja el amor de Dios. ¡Nos hace tornar del camino que está produciendo resultados malos al camino que trae la felicidad!”, escribió el Sr. Armstrong. “Dios está a punto de detenernos ¡para evitar que traigamos males colosales sobre nosotros mismos! Dios no está enojado porque le estamos haciendo daño a Él, sino porque nos hacemos mal a nosotros mismos, ¡a quienes Dios ama!” (ibid.).

Varias veces en estos capítulos de “bendiciones y maldiciones” de Levítico 26 y Deuteronomio 28 Dios advierte, Si, a pesar de todo esto, no se vuelven a mí, entonces las maldiciones se intensificarán.

Lamentablemente, sin embargo, incluso cuando los estadounidenses están sufriendo graves maldiciones, nadie asumirá la responsabilidad, y mucho menos escuchará a Dios. Joe Biden insiste repetidamente en que lo hizo todo bien. Su personal aparentemente siente que manejó esta situación perfectamente. Vieron a miles de estadounidenses, afganos y otros nacionales varados conmocionados por su traición, ven la reputación internacional de EE UU hecha pedazos; y en sus mentes, todo confirma lo correcto de su decisión. “¿Así que usted no cree que (…) esta salida podría haberse gestionado mejor de alguna manera? ¿Sin errores?”, le preguntó un periodista a Biden. Él respondió: “No. (…) La idea de que de alguna manera existe una forma de haber salido sin que se produzca el caos, no sé cómo pudiera ser”. ¿Qué tendría que ver este hombre para reconocer que podría haberlo manejado mejor?

“¿Has visto hombre sabio en su propia opinión? Más esperanza hay del necio que de él” (Proverbios 26:12).

El odio a admitir el error es intrínseco a la naturaleza humana. No importa la cantidad de pruebas que se acumulen, ni lo espectaculares que sean los fallos que causen directamente, ni lo graves que lleguen a ser las maldiciones. El ser humano odia decir: “Me equivoqué”.

Isaías 9 profetiza sobre nuestras naciones incorregibles. Critica a los dirigentes que “con soberbia y con altivez de corazón dicen: Los ladrillos cayeron, pero edificaremos de cantería; cortaron los cabrahigos, pero en su lugar podremos cedros” (versículos 9-10). Incluso cuando el castigo de Dios aumenta, seguimos tratando de resolver nuestros problemas de cualquier manera posible, siempre y cuando no implique humillarnos ante Dios. “Pero el pueblo no se convirtió al que lo castigaba, ni buscó a [el Eterno] de los ejércitos” (versículo 13).

Mucha gente está enojada con Joe Biden en este momento. Pero esto es un pecado nacional. Todos parecen pensar que el problema reside en otra persona. Sin embargo, EE UU está siendo golpeado por toda clase de maldiciones: maldiciones económicas, maldiciones de salud, maldiciones de inmigración, maldiciones del clima. Reconozca estas maldiciones como lo que son: ¡un castigo de Dios! Dios nos está maldiciendo por nuestros pecados: orgullo, arrogancia, impiedad, desintegración familiar, inmoralidad y lujuria, materialismo, avaricia, idolatría, odio y violencia. Nuestros pecados masivos, en los que todos tienen parte, tienen consecuencias.

Esos dos capítulos de “bendiciones y maldiciones”, y toda la Biblia, muestran el propósito que hay detrás de los castigos. Dios nos corrige para ayudarnos a ver nuestros pecados, y para que volvamos a Él.

Si nos negamos a ser corregidos, entonces, ¿qué puede hacer Dios?

Las maldiciones tendrán que intensificarse aún más. Y Dios mismo tendrá que intervenir aún más directamente, que es exactamente lo que Él profetiza que hará.

Los orgullosos serán humillados

Las naciones de Israel son culpables de adorar al dinero y a otros ídolos en lugar del Dios Creador que ha tenido una relación especial con ellos y sus antepasados. “Además su tierra está llena de ídolos, y se han arrodillado ante la obra de sus manos y ante lo que fabricaron sus dedos”, escribió el profeta Isaías. Luego, profetizó la dramática entrada de Dios: “Métete en la peña, escóndete en el polvo, de la presencia temible de [el Eterno], y del resplandor de su majestad. La altivez de los ojos del hombre será abatida, y la soberbia de los hombres será humillada; y [el Eterno] solo será exaltado en aquel día. Porque día de [el Eterno] de los ejércitos vendrá sobre todo soberbio y altivo, sobre todo enaltecido, y será abatido” (Isaías 2:8, 10-12).

Esto describe el regreso de Jesucristo para asumir literalmente el gobierno de todas las naciones. Primero castigará a la humanidad, luego acabará con toda rebeldía y humillará su arrogancia. Los versículos 17-19 dicen: “La altivez del hombre será abatida, y la soberbia de los hombres será humillada; y solo [el Eterno] será exaltado aquel día. Y quitará totalmente los ídolos. Y se meterán en las cavernas de las peñas y en las aberturas de la tierra, por la presencia temible de [el Eterno], y por el resplandor de su majestad, cuando él se levante para castigar la tierra”.

Dios humillará el liderazgo de EE UU, y al pueblo estadounidense, incluyendo a los conservadores, así como a los talibanes y a los enemigos presumidos de la nación. ¡Él hará que todos los hombres se den cuenta de lo pequeños y deplorables que son!

“Dios va a llevar a la humanidad hasta el punto donde sabrán que en el hombre no hay esperanza y estén dispuestos a hacerle caso a la Palabra de Dios, la Biblia”, escribe Gerald Flurry en Las Epístolas de Pedro, Una esperanza viviente. “Será comprobado que el experimento del gobierno humano fue un gran fracaso, y la gente comenzará a entender que necesitan la ayuda de Dios. ¡Qué mundo será ese! Cuando la arrogancia humana haya sido arrasada, las personas serán humildes y sumisas, ¡listas para aprender de Dios! Pero para llegar hasta ese punto, el hombre debe experimentar la destrucción casi al punto de aniquilar a toda la humanidad, todo hombre, mujer y niño”.

¿Y usted? ¿Necesitará recibir un castigo cada vez mayor de Dios antes de reconocer cuánto lo necesita? ¿O se humillará ante Él y será enseñado por Él, hoy?

Dese cuenta de que esto es lo que se siente al estar en los últimos minutos de los milenios de la civilización humana. La voluntad de EE UU se ha ido, su sociedad está implosionando, y su influencia positiva restante en el mundo se está evaporando rápidamente. Estas maldiciones sólo van a aumentar.

De cuánto sufrimiento puede ser protegido, individualmente, si aprendiera la lección que EE UU está fallando colectivamente en aprender hoy. 


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