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Family

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Plan para un hogar feliz

Cualidades para formar dentro de su familia.

En un mundo plagado de rupturas familiares, usted necesita algunas herramientas. Herramientas para formar un matrimonio. Herramientas para hacer que las relaciones con sus hijos funcionen.

La Biblia es una guía invaluable para una familia que quiere hacer las cosas bien. Ofrece una gran cantidad de instrucciones sobre cómo gobernar nuestras familias, sobre cómo deben conducirse los padres y cómo deben responder los hijos. La Biblia le da un bosquejo práctico sobre cómo construir un hogar feliz.

Dios quiere que su familia sea feliz. Él quiere que usted tenga alegría plena y una vida abundante, ¡ahora mismo! (Juan 10:10). “¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía!” (Salmos 133:1). Él proporciona las instrucciones de cómo lograrlo en de nuestras familias. Todo lo que necesitamos hacer es seguirlas.

Edificar una familia feliz es un proyecto sumamente importante, porque las recompensas se extienden mucho más allá de la felicidad que podemos experimentar en el corto plazo. ¡Dios creó la vida familiar para enseñarnos sobre la vida en Su Familia eterna! ¡Si dirigimos a nuestra familia e hijos a Dios el Padre, esto nos llevará a la vida para siempre! (versículo 3).

Aquí hay algunas cualidades basadas en la Biblia que podemos forjar en nuestras familias para hacerlas verdaderamente felices.

1. Comunicación

De los 10.080 minutos que hay en una semana, la pareja estadounidense promedio pasa 17 minutos conversando. ¿Qué sucede en su hogar cuando se trata de la comunicación? ¿Sólo se oyen peleas, disputas y discusiones? O tal vez hay un silencio total—nadie dice ni una palabra. Tal vez todo lo que se puede escuchar es el ruido de la televisión de fondo.

La comunicación es vital para un hogar feliz. Para traer felicidad a nuestro hogar, necesitamos saber qué sucede en nuestra familia.

Las comidas son una maravillosa oportunidad para la comunicación, pero ésta debe extenderse más allá de eso. Necesitamos comunicarnos a menudo y sin miedo.

La familia debe ser un entorno en el que los niños vengan y hablen con nosotros simplemente porque hay algo en su mente: una preocupación, un logro, lo que sea. Tómese el tiempo para escuchar. La comunicación es un proceso bidireccional. Hablamos, pero necesitamos escuchar con genuino interés lo que cada miembro de la familia tiene que decir.

Una forma especial de comunicarse con los miembros de la familia es instruyéndolos. En Génesis, Dios pone al patriarca Abraham como un ejemplo: “Porque yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de [el Eterno], haciendo justicia y juicio…” (Génesis 18:19). Dios elogió a Abraham por instruir a su familia, por comunicar su modo de vida a su familia. Proverbios 29:15 muestra que necesitamos la dirección y corrección de los padres.

El apóstol Pablo instruyó a Tito a que enseñara a la Iglesia acerca de las relaciones familiares (Tito 2:1-5). Si este tipo de instrucción falta en una familia en particular, no será un hogar feliz. Dios nos instruye a que ayudemos a nuestros hijos, que respondamos sus preguntas y dediquemos tiempo para enseñarles acerca de los beneficios del camino de vida de Dios.

2. Compromiso

Compromiso significa que usted está en la familia por un largo plazo. Significa valorarnos unos a otros por encima de nuestras propias necesidades y deseos. Hay un tremendo poder en el compromiso, pues mantiene a una familia unida en momentos difíciles, los cuales cada familia experimenta. Un hogar feliz necesita seguridad, incluso en tiempos de pruebas y aflicción. Esas pruebas unen a las familias fuertes pero las familias débiles se separan.

Cuando Dios instituyó el matrimonio, instruyó al hombre a unirse a su esposa (Génesis 2:24). Dios odia el divorcio (Malaquías 2:16; Lucas 16:18). Él tiene la intención de que el matrimonio sea un compromiso para toda la vida.

Proverbios 31 enseña que un hogar feliz comienza con un matrimonio feliz. La mujer virtuosa de ese capítulo está motivada por una fuerte y abierta preocupación por su familia.

En Romanos 12:9-10, Pablo escribió: “El amor sea genuino. Aborreced lo que es malo, aférrense a lo que es bueno. Amaos los unos a los otros con afecto fraternal; supérense unos a otros en cuanto a honra” (Versión Revisada Estándar). Sea comprometido con su familia. Los niños necesitan saber que no sólo son unos individuos que crecen, que son instruidos, disciplinados y educados, sino que son parte de algo más grande—que son parte de una familia. Una familia es mayor que la suma de sus individuos.

3. Tiempo juntos

Tómese el tiempo para hacer cosas juntos como familia. Las familias se acercan si están involucradas en actividades. Diseñe sus propios proyectos familiares. Involucre a toda la familia en las tareas del día a día, tales como mantener el patio, rastrillar las hojas, mantener y cuidar el hogar, lavar los autos, y la planificación de metas familiares.

Planifique tiempo para estar juntos, y planifique tiempo tanto de calidad como en cantidad—porque estas cosas no suceden solas. Debe pensar para asegurarse que sucedan.

Tener una rutina semanal puede ayudar. ¿Qué tal un paseo familiar semanal o una noche de juegos en familia programada y regular?

4. Individualidad

Alguien una vez definió la maleza como cualquier planta en un lugar no deseado. El rosal más bonito ubicado en un lugar que usted no quiere es una mala hierba. Nosotros no debemos tener malas hierbas en nuestras familias. Asegúrese de que cada miembro sepa que es querido y que tiene espacio para crecer y desarrollarse individualmente.

Vea lo que Dios hizo con la familia de la humanidad. Después de crear a Adán, Dios trajo a los animales delante de él para que los nombrara (Génesis 2:18-19). Dios le permitió administrar el gobierno para facilitar su crecimiento y creatividad. Dios quiere que cada uno de nosotros desarrolle su propia personalidad.

Brindar a los miembros de la familia espacio para desarrollarse resalta sus cualidades individuales y les enseña a tomar decisiones dentro de sus áreas de responsabilidad. Les enseña a ser responsables. Después de darles instrucciones y establecer parámetros sobre cómo se debe hacer algo, dele a los miembros de la familia un espacio para actuar. Si no sale bien, entonces intervenga y enséñeles por qué las cosas no están funcionando. Si usted acalla cada oportunidad, ellos nunca se desarrollarán. A medida que se les puede confiar más responsabilidad, también se puede desarrollar más carácter.

5. Agradecimiento

Todos necesitamos ser apreciados. Necesitamos aprender a expresar y recibir gratitud. ¿Cuándo fue la última vez que le dijo a su esposa que la comida que había preparado estaba maravillosa? ¿Cuándo fue la última vez que le agradeció a su esposo por el arduo trabajo que él realiza cada día? ¿Cuándo fue la última vez que le mostró aprecio a su hijo por ordenar sus zapatos o a su hija por darle un gran abrazo?

Con demasiada frecuencia nos centramos en lo negativo y fallamos en ver las cosas que son loables. Nuestros hogares no deben estar envueltos en un ambiente de negatividad. Tenga en cuenta el peligro de la crítica dura y constante, la discusión y el menosprecio. Hablen positivamente uno del otro, tanto dentro como fuera del entorno familiar. No se echen abajo uno al otro.

Sea equitativo en su atención. Si tiene más de un hijo, asegúrese de que no haya favoritos. Preste a cada hijo la atención que él o ella necesitan sin hacer “acepción de personas”.

“Completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa. Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo, no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros” (Filipenses 2:2-4). ¿Ocurre esto en su familia? ¿Todos notan las cosas que hacen los otros miembros de la familia? ¿Todos se sienten queridos?

6. Bienestar espiritual

Este punto es el más importante. La Biblia enseña que el camino final para la felicidad es la obediencia a la ley de Dios. Si su familia va a ser verdaderamente feliz, necesita construirse en torno a la ley y la verdad de Dios.

Antes de que la antigua Israel heredara la Tierra Prometida, Moisés le recordó al pueblo los estatutos y los juicios de Dios (Deuteronomio 4:1) y los instruyó, “Mirad, yo os he enseñado estatutos y decretos... Guardadlos, pues, y ponedlos por obra… [L]as enseñarás a tus hijos, y a los hijos de tus hijos” (versículos 5-9). Dios también espera que les proporcionemos instrucción religiosa a nuestros hijos (y nietos), porque esto lleva a bendiciones increíbles. ¡Dios nos dice que impartamos Su conocimiento a nuestros hijos porque trae felicidad, alegría y placer a nuestras familias!

La Biblia es clara sobre cómo ser feliz: obedeciendo a Dios. “Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis” (Juan 13:17). “Felices los rectos en sus caminos, los que caminan en las Leyes del Señor; Felices aquellos que… le buscan con todo el corazón” (Salmos 119:1-2; traducción de Ferrar Fenton). ¡Para tener una familia verdaderamente feliz, obedezca a Dios!

“[E]l fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza...” (Gálatas 5:22-23). ¿Qué tan precisamente describe eso a su familia? Si está cerca, su familia está en el carril correcto. Si no, hay trabajo por hacer.

El amor es una parte esencial de la vida de cualquier ser humano. Un bebé no amado, uno que no recibe afecto, es poco probable que se convierta en un adulto sano. Sufrirá cicatrices psicológicas, físicas y espirituales. Un niño aprende a amar siendo amado. Espiritualmente es lo mismo: “Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero” (1 Juan 4:19). Juan 3:16 explica esto también: “Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito...”.

Ese amor debe fluir hacia nuestras vidas proveniente de Dios, y salir a través de nuestras acciones hacia Dios y hacia otras personas, incluyendo a los miembros de nuestra amada familia. 

Boletín, AD