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Perdidos en el páramo de las citas
Los solteros nunca han tenido más maneras de conocerse: aplicaciones para cada nicho, eventos para solteros cada noche en las grandes ciudades, agencias matrimoniales y asesores de citas. Las citas en línea son ahora la forma más común en que las parejas se conocen. Sin embargo, como informó Faith Hill en un artículo del 3 de agosto en The Atlantic , Estados Unidos está en una “gran depresión romántica”. Las aplicaciones generan muchos emparejamientos y mensajes, pero no muchas relaciones.
Hill, de 31 años, entrevistó a decenas de investigadores y solteros y asistió a una serie de eventos para solteros en Nueva York, incluyendo uno extraño basado en abrazos de tres minutos con desconocidos. Encontró a muchas personas agotadas. Las citas, le dijo un hombre, son un ataque constante a su confianza en sí mismo. Muchos se han rendido en silencio, situando el romance por debajo de los amigos, los viajes, el estado físico y la carrera profesional. Una mujer le dijo a Hill que sus amigas satisfacen sus necesidades emocionales y que ella usa a los hombres solamente para el sexo.
El estudio Singles in America 2026 del Instituto Kinsey preguntó a los solteros qué harían si su pareja perfecta apareciera mañana. Solamente el 46% dijo que querría salir con esa persona. El 29% no estaba seguro, y el 25% dijo que preferiría permanecer soltero. No es de extrañar que las tasas de matrimonio y de natalidad estén cayendo tan drásticamente. Las personas están demasiado absortas en sí mismas como para preocuparse por la familia.
¿Qué está llenando el vacío? A menudo, es la tecnología. El tiempo promedio semanal que los estadounidenses pasan socializando con otros cayó de casi 13 horas en 2010 a aproximadamente 5 en 2024. Ahora la inteligencia artificial ofrece un sustituto aún más fácil: una encuesta de 2025 de la Universidad Brigham Young encontró que casi 1 de cada 5 adultos estadounidenses ha conversado con una IA diseñada para simular una pareja romántica, incluyendo al 31% de los hombres jóvenes.
Hill ve mucho de esto como el precio del “progreso”. El matrimonio ya no es necesario para la supervivencia social o financiera; la anticoncepción, las carreras profesionales y la desaparición del estigma de la soltería han dado a las mujeres libertades que sus abuelas nunca tuvieron; e insiste en que no siente nostalgia por los viejos tiempos. Sin embargo, admite que el resultado no se siente como un triunfo. El sueño era tener relaciones más igualitarias. Lo que muchos obtuvieron fue que no hubo relación alguna.
Las viejas pautas han desaparecido, y las personas están perdidas sin ellas. A los hombres se les dice que sean sensibles y comprensivos, pero las mujeres todavía quieren que sean decididos y que lleven la iniciativa. A un hombre lo dejó una mujer por tener “energía de padre” (“no estoy 100% seguro de lo que eso significa”, él dijo), y otra le dijo que deseaba que él tomara las riendas. Dos antropólogos que recopilaron estudios de todo el mundo señalaron “la aparente ubicuidad de hombres generalmente decepcionantes”. Una empresaria de 44 años en Chicago le dijo a Hill que está cansada de dividir las cuentas mientras también maternaliza a sus novios; quiere un proveedor. Varias de las personas que Hill entrevistó deseaban abiertamente que hubiera más reglas.
Las que sienten mayor urgencia son las mujeres de finales de los 30 y comienzos de los 40 que quieren tener hijos y ven que la ventana se está cerrando. Hill es una de ellas. Después de casi una década de búsqueda, encontró a un hombre al que ama, pero él vive a nueve horas de viaje en tren y no quiere tener hijos. Así que ella mantiene una relación abierta a larga distancia con él mientras conoce a desconocidos en los bares de Brooklyn, con la esperanza de encontrar a alguien con quien tener un bebé. Incluso consideró un sitio web que empareja a desconocidos que quieren criar a un hijo juntos pero sin romance. Una de esas parejas que ella perfiló vive en el mismo rancho de Texas —él en su casa, ella y los niños en una casa móvil—, mientras él viaja por trabajo y sale con otras, y ella hace malabares con el cuidado de los niños y un empleo como maestra. Hill lamentó el hecho de que incluso en este arreglo poco convencional, “siguen cumpliendo los roles de género tradicionales”.
Esto es lo que ocurre cuando una sociedad rechaza el ser hombre y mujer, el matrimonio y los roles dados por Dios. Las personas quedan confundidas, frustradas y solas. Muchas se vuelven egocéntricas y aferradas a sus costumbres, y no están dispuestas a que nadie dependa de ellas. Y muchas mujeres se dan cuenta demasiado tarde de que la promesa de la realización profesional es ilusoria.
La respuesta es dolorosamente clara. Dios diseñó a los hombres para que lideraran y proveyeran, a las mujeres para que edificaran sus hogares, y a los esposos y esposas para que se comprometieran de por vida y criaran hijos juntos. “El que halla esposa halla el bien, y alcanza la benevolencia de [el Eterno]. […] He aquí, herencia de [el Eterno] son los hijos […]” (Proverbios 18:22; Salmos 127:3). Sin embargo, Hill, como tantos otros, no quiere saber nada de las viejas costumbres. Qué tragedia es estar tan cerca de la respuesta y darle la espalda. Y qué bendición es la verdad de Dios para cualquiera que esté dispuesto a recibirla.
