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Mientras el mundo arde (bostezos)

Los peligros de la complacencia en medio del caos 

Warios eventos dramáticos y violentos están sacudiendo nuestro mundo. Tan sólo recientemente, hemos visto a Rusia invadiendo a Crimea y Ucrania; a los palestinos haciendo llover terror sobre Israel; a un “Estado” de terroristas apoderándose de gran parte de Irak y Siria; a antisemitas sacando de Europa a los judíos; a Alemania superando a los ejércitos de Europa; a Irán construyendo la bomba. Y eso es apenas en los últimos dos meses.

Y con toda esta agitación sucediendo alrededor de usted, ¿cuál es SU reacción?

Algunas personas dicen, bueno, el mundo siempre ha tenido problemas. Lo de hoy no es diferente. No, sí es diferente. Y de la manera que usted reaccione, hará toda la diferencia en su vida.

La estabilidad del mundo no se parece en nada a como estaba hace 50 años; o incluso hace 20 años. De hecho, las potencias mundiales ahora están enfrentando una conmoción similar a la que se produjo antes de la Segunda Guerra Mundial. En aquel entonces, muchas personas reconocieron que la guerra se aproximaba, y que sólo faltaba saber qué tan grande sería. Pero el mundo, particularmente el mundo occidental, seguía procrastinando. Seguía cerrando sus ojos ante el inminente desastre. Seguía apaciguando a los agresores aun a pesar de que la guerra se hacía inevitable. Así de fuerte se ansiaba mantener el statu quo (las cosas como estaban). Tanto así querían seguir siendo complacientes.

La tragedia de la Segunda Guerra Mundial, la guerra con más muertes en la historia, muestra vívidamente lo que sucede cuando no enfrentamos los problemas antes que sea demasiado tarde. Sin embargo, actualmente están sucediendo eventos similares, el caos está creciendo; y esta vez tenemos armas de destrucción masiva. ¿Están reaccionando las personas de manera diferente? ¿Y cómo está reaccionando usted?

Usted conoce la historia de la Guerra Mundial e incluso podría entender hasta la profecía de la Biblia. Y aun así, ¡muchos de nosotros seguimos recostados en nuestras tibias camas de complacencia! Nosotros simplemente, ¡no queremos enfrentar la cruda realidad! Simplemente, ¡no queremos despertar!

Todos tenemos vidas personales, viviendo y haciendo nuestras decisiones día tras día. Tendemos a pensar que esas decisiones no tienen nada que ver con el liderazgo nacional o con la geopolítica. ¡Pero esto no es verdad! Las administraciones nacionales, los conflictos internacionales, el terrorismo, las guerras mundiales, todos surgen del mismo lugar: del corazón humano.

Así que sí importa lo que sucede en Ucrania e Israel y Alemania. Importa lo que las poblaciones permiten que hagan sus líderes. Sí importa cómo reacciona usted frente a los trascendentales eventos que están ocurriendo a su alrededor. ¡Importa si usted silencia el despertador y se voltea, o si despierta rápidamente!

Confiados en Sión

Piense en estas crisis caóticas que se están acumulando alrededor del mundo en este momento. “Estados” terroristas, yihadistas, están cometiendo ejecuciones masivas y decapitaciones barbáricas en el Oriente Medio. El brote de ébola en el occidente de África se está propagando. Rusia básicamente ha dejado de fingir e invadió parte de Ucrania. Los palestinos están reconstruyendo para poder aterrorizar a Israel incluso peor que antes. Europa parece estar en peligro de fragmentarse; hasta sus naciones individuales están en peligro de fragmentación. Alemania está dominando al Continente económica y políticamente. Estados Unidos está hundiéndose en un remolino de conflictos raciales y división ideológica, y cayendo en un hoyo negro de deuda.

El exembajador John Bolton lo dijo claramente: “El mundo está descendiendo al caos” (ver artículo, en este número).

Sin embargo, Dios dice que las personas se encuentran “confiadas” en este momento terriblemente peligroso (Amós 6:1). Y Él dice, ay de ellos. Ay de los “notables”, aquellos que guían a nuestras naciones, ellos mismos arrullados por un falso sentido de seguridad, y que también nos están arrullando hasta hacernos dormir.

Este espíritu de complacencia en nuestra sociedad, ¡cunde hasta en los puestos más encumbrados de las naciones más poderosas en la Tierra!

El 29 de agosto, el presidente de Estados Unidos de hecho les prometió a los estadounidenses que el mundo de hoy es “mucho menos peligroso” que hace 25 o 30 años. Él quiere que usted crea lo que él cree: que todo está mejorando. Claro, el mundo siempre ha sido un poco “complicado”, explicó él. “Nosotros apenas ahora estamos notándolo debido a los medios sociales y a que podemos ver en detalle íntimo las dificultades que la gente está atravesando”. La tecnología simplemente hace que el mundo parezca peor de lo que es en realidad. Así que sigan durmiendo. Todo el mundo está a salvo. Estados Unidos nunca ha sido tan fuerte; o más indispensable.

De hecho, ¡Estados Unidos nunca ha sido más complaciente! Eso debería ser evidente.

“[Ay de los que] Duermen en camas de marfil, y reposan sobre sus lechos; y comen los corderos del rebaño, y los novillos de en medio del engordadero; gorjean al son de la flauta, e inventan instrumentos musicales, como David; beben vino en tazones, y se ungen con los ungüentos más preciosos; y no se afligen por el quebrantamiento de José” (versículos 4-6; rsv). Aquí Dios disciplina a nuestros pueblos, diciendo que deberían estar llorando la muerte de naciones enteras. ¡En vez de eso, nosotros estamos viviendo a lo grande! Coman, beban y sean felices; porque el mañana nunca llegará; así viven sus vidas la mayoría de las personas hoy día.

Este es el mismo espíritu de complacencia que apaciguó a Estados Unidos y Gran Bretaña en la década de 1930; poco antes que la Segunda Guerra Mundial destrozara al mundo. Y así es exactamente como Jesucristo dijo que sería justo antes de Su regreso a la Tierra.

El apóstol Pablo dijo que Jesucristo regresaría a una hora inesperada, como “ladrón en la noche” (1 Tesalonicenses 5:2). Es inesperado, no porque Dios falle en advertir al mundo, ¡sino porque nosotros nos hemos ido a dormir! Los líderes en las naciones modernas de Israel nos han prometido prosperidad y comodidad para las generaciones venideras. Nuestros embajadores están viajando alrededor del mundo proclamando “paz y seguridad” (versículo 3).

Y no es solo culpa de los políticos. En general, ¡nosotros le damos la bienvenida a estas palabras suaves! En Isaías 30, Dios dice que las masas adormiladas son las responsables por los pastores ciegos. Les estamos diciendo a nuestros líderes que prediquen “cosas halagüeñas” y que “profeticen mentiras”. Y ellos nos están dando lo que queremos.

Mire lo fácil que es para la naturaleza humana vivir en negación, musitando sobre la paz y seguridad, ¡aun mientras resuenan alarmas por todas partes! La gente simplemente no va a prestar atención a una advertencia. Ellos rechazan la corrección, aun cuando está siendo dada por Dios, en amor. Ellos no quieren oír un mensaje que consideran “pesimista”. Más bien prefieren arriesgarse a una destrucción masiva, que a tener que saltar de la cama y cambiar su estilo de vida. Así que se ponen la almohada sobre la cabeza y se refugian en líderes que aseguran que no hay de qué preocuparse, y que nada va a perturbar su tibia cama de seguridad y prosperidad.

El apóstol Pablo era un tipo diferente de líder. Cuando daba consejo a su joven asistente ministerial, él le dijo: “Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino, que prediques la palabra; que instes [urgir la pronta ejecución de algo] a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina” (2 Timoteo 4:1-2).

¡Qué contraste con los supuestos “maestros” mencionados en tantas otras profecías de la Biblia! Dios les dice a Sus siervos que deben estar preparados en cualquier instante para predicar la Palabra; defendiéndola en todo tiempo; ya sea en temporada o fuera de temporada; ya sea popular o no. En este pasaje, preservado para nosotros, Dios nos está mostrando cómo despertar de la complacencia.

“Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina”, profetizó Pablo. ¡Ese tiempo ya está aquí! “Y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas” (versículos 3-4). Qué descripción tan perfecta de nuestra actual sociedad atea, donde las personas en masa han apartado sus oídos para no escuchar la sencillez y exactitud de la verdad de Dios, y la han intercambiado por mentiras tibias y engaños suaves.

Cuando esto suceda (Dios dice en 1 Tesalonicenses 5:3) aquellos con ojos para ver, ¡más vale que sepan que una destrucción repentina está cercana!

La vigilancia es la clave

El pecado de la complacencia es uno de los males más universales y destructivos de nuestro tiempo. ¿Ha sido usted infectado con esta enfermedad mortal? Si es así, como Pablo escribió en Romanos 13:11, ¡“es ya hora” de despertar! Si ha estado leyendo la revista Trompeta de Filadelfia por algo de tiempo, entonces usted sabe cuán corto es el tiempo. ¡Es hora que usted reaccione!

Aquellos que están somnolientos no saben lo que está pasando. Los ojos de ellos están muy pesados por la ignorancia y el autoengaño (2 Corintios 4:4). Pero los ojos de usted están abiertos, ¡y ve lo que está sucediendo! Y la pregunta es, ¿qué hará usted?

“La noche está avanzada y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz” (Romanos 13:12). ¡Estamos viviendo al umbral del espectacular regreso de Jesucristo a la Tierra! Nos encontramos en la “última hora” (1 Juan 2:18; rsv). ¿No es esto razón suficiente para salirse del saco de dormir espiritual, y ponernos a trabajar colocándonos la armadura de Dios?

A todo nuestro alrededor hay caos. ¡Nosotros tenemos que estar más despiertos ahora que nunca antes! Tenemos que estar preparándonos seriamente cada día para la pelea de nuestras vidas. Es una lucha no contra un enemigo extranjero o una ideología política, sino contra el espíritu de la complacencia, el espíritu del pecado. Como estos versículos nos muestran, la complacencia no es solo un mal hábito, ¡es un peligro mortal en la feroz guerra espiritual que estamos librando contra una fuerza espiritual satánica!

“Si yo tuviera que escoger entre el dolor o nada, escogería el dolor”. Así es como el autor William Faulkner entendía esto. Para crecer y desarrollarse como ser humano, él tuvo que luchar y pelear para superar los obstáculos. Y el dolor resultante era mucho mejor que la apatía perezosa.

¡Ahora no es el momento para la somnolencia espiritual!

En 1 Pedro 5:8, Dios identifica el poder detrás de este espíritu de complacencia: a Satanás el diablo. Satanás es un ser muy real, y ahora está muy activo en nuestras vidas. Dios lo compara con un león rugiente que anda alrededor “buscando a quien devorar”. Cuando los leones en estado salvaje cazan, se concentran en los miembros más débiles de la manada. Buscan devorar al que baja la velocidad durante la persecución o al que descuidadamente espera demasiado tiempo antes de activar la pronta ejecución de su escape. Silenciosa e invisiblemente, ellos acechan a su presa. Luego, cuando se escucha el rugido aterrador, ya es demasiando tarde.

Dios dice que nosotros necesitamos estar sobrios y vigilantes para poder evitar una catástrofe espiritual. Este estado de alerta concienzudo es la clave. La palabra griega para “velad” en 1 Pedro 5 significa “prestar atención no sea que por indulgencia e indolencia alguna calamidad destructiva lo sorprenda repentinamente a uno” (Strong’s Enhanced Lexicon). Si bajamos la guardia espiritualmente y nos volvemos complacientes y perezosos, la calamidad nos tragará enteros.

Así que esté espiritualmente alerta y velando; constantemente en guardia contra la somnolencia. Prepárese diligentemente para lo que se aproxima: el inevitable (y profetizado) pandemónium que resultará del caos mundial actual. Haga el esfuerzo constante y enérgico que se requiere para servir a Dios aceptablemente; con temor y reverencia (Hebreos 12:28).

El cristiano vigilante

Aquí hay cinco pasos positivos que usted puede aplicar para entrar en acción y sacudirse de la mortal comodidad de la complacencia: 

1.Velar

Jesús dijo: “Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre” (Lucas 21:36). Primero debemos observar los eventos mundiales. Esto quiere decir que tenemos que apagar los programas de entretenimiento, liberando el tiempo suficiente para ver a este malvado mundo tal y cual. Dios se refiere a Su gente como los “hijos de luz”. Esto es porque ellos ven y entienden la verdad de Dios. Ellos se enfocan en los eventos mundiales a la luz de la profecía de la Biblia, y no desprecian ni ridiculizan las profecías de Dios. ¡Ellos velan!

2.Orar

Cristo dijo velad y orad. En Mateo 6:10, Él nos ordenó orar fervientemente que “venga tu reino”. La Biblia dice que “la oración eficaz del justo puede mucho” (Santiago 5:16). ¡La oración ferviente de verdad logra resultados! Cuando uno tiene el hábito de orar fervientemente cada día, ¡esa conexión con Dios resulta ser algo vigorizante! Jesucristo tenía el hábito diario de levantarse “siendo aún muy oscuro” para hablar con Dios a solas en oración (Marcos 1:35). ¡Numerosas veces los Evangelios describen a Cristo hablando con Su Padre celestial por horas a la vez! Por lo menos en una ocasión, ¡Jesús oró toda la noche! El apóstol Pedro dijo que debemos tener el mismo sentir (modo de pensar) que Cristo para poder sobrevivir a lo que se aproxima (1 Pedro 4:1). Eso significa que debemos apartar tiempo cada día para orar eficaz y
fervientemente a Dios.

3. Estudiar

Numerosos pasajes en la Biblia muestran que el estudio bíblico diario tiene un impacto poderoso en nuestras vidas. Por ese medio Dios nos da el alimento espiritual que necesitamos para sobrevivir. ¡Estudiar la Palabra de Dios tiene muchos beneficios concretos y palpables! Nos enseña a temer y a honrar correctamente a nuestro Creador (Proverbios 1:7). Nos enseña a vivir como Jesucristo, quien dijo: “No sólo de pan vivirá el hombre, sino que toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mateo 4:4). Así que reduzca su velocidad y tómese el tiempo para estudiar diligentemente la Palabra de Dios; y luego, medite en lo que está aprendiendo. Sea como los de Berea, ¡que escudriñaban las Escrituras diariamente para comprobar que la Palabra de Dios es verdad! (Hechos 17:10-11). Esto entusiasmará a una mente complaciente, ¡como ninguna otra cosa lo hará!

4. Moverse

La Palabra de Dios también nos impulsa a esforzarnos a tener una buena condición física. El apóstol Juan deseaba “sobre todas las cosas” que tengamos buena salud física (3 Juan 1:2). ¿Puede la salud física realmente ser así de importante? Lo es, ¡si estamos comprometidos a servir a Dios con energía y vitalidad! No podemos servir a Dios poderosamente con cuerpos físicos que están cansados y lentos. Como Herbert W. Armstrong una vez escribió: “Además de la salvación, una salud corporal buena y vigorosa es el tesoro más necesario y más valioso que un hombre puede lograr en este mundo”. Dios creó el cuerpo físico para que sea un templo para el Espíritu Santo (1 Corintios 6:19). ¡Solamente eso es una razón suficiente para mantenerlo limpio y sano! Pero piense cuánto más puede usted servir a Dios y Su obra, si está físicamente en forma para la tarea.

5. Priorizar

Haga cambios en su vida para poner a Dios primero. Levántese de la cama tan pronto como suene la alarma y organice su día para que gire en torno a Dios. Muestre a Dios cada día que está dispuesto a trabajar en esto; y ponga su mente en las cosas de arriba (Colosenses 3:1). Muéstrele a Dios que toma en serio el poner su energía y celo en el estudio bíblico y la oración diarios; que está ansioso por “avivar” en su mente el don del Espíritu Santo de Dios (2 Timoteo 1:6). La manera como manejamos nuestro tiempo dice mucho sobre cuán urgentes realmente estamos en estos últimos días.

No ceda a los tirones de la carne ni sucumba al pecado mortal de la complacencia. Logre llegar a ser perfecto, como nuestro Padre que está en los cielos es perfecto (Mateo 5:48). ¡No podemos ir sonámbulos por el camino hacia la perfección!

Por supuesto que nosotros no podemos vencer ningún pecado o construir ningún carácter con nuestro propio poder y fuerza. Solo el impresionante poder de Dios puede producir Su carácter y naturaleza en nosotros (Génesis 1:26, Zacarías 4:6).

¡Pero dele a Dios algo con qué trabajar!

Vaya a trabajar cada día vestido con toda la armadura de Dios. Pelee la buena batalla de la fe (Efesios 6:11; 2 Timoteo 4:7). Crezca en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo (2 Pedro 3:18). Acérquese a Dios. Sométase a Su autoridad. Resista al diablo activamente para que huya de usted (Santiago 4:7-8).

Y haga todas estas cosas ¡de todo corazón! Ahora es el momento. ¡Ya es hora de ponerse alerta y servir a Dios con celo ardiente y determinación! 

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