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ZARGON DESIGN/ISTOCKPHOTO

Mantenga viva la esperanza

Las malas noticias llegan como un maremoto. Mantenga su cabeza en alto.

Las malas noticias llegan como un maremoto. Mantenga su cabeza en alto.

Los titulares desagradables están golpeando fuerte. Muy fuerte. Ataques radicales a nuestras instituciones, nuestros héroes, nuestra Constitución, nuestro sistema financiero, nuestras ciudades, nuestra propiedad, nuestros conciudadanos, nuestros derechos y libertades. Son ataques a las pocas virtudes que quedan en nuestras naciones.

Aun así, hay una gran razón para mantener la cabeza en alto.

Los acontecimientos mundiales se precipitan hacia la mayor noticia de la historia.

Jesús proporcionó una descripción detallada de lo que sucedería mundialmente justo antes de este evento. La Biblia contiene docenas de eventos proféticos importantes que esperar y cientos de eventos adicionales.

Hacia el final de Su ministerio, Cristo pronunció la tremenda profecía del Monte de los Olivos (Mateo 24; Marcos 13; Lucas 21). Fue su respuesta a la pregunta trascendental de los discípulos: “¿Qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?” (Mateo 24:3). Esta es la explicación de Cristo de las condiciones mundiales que precederían a Su Segunda Venida.

Jesús comenzó describiendo a los cuatro jinetes del apocalipsis, los que traen religión falsa, guerras, hambrunas y epidemias de enfermedades (versículos 4-8; compare con Apocalipsis 6:1-8) y otros eventos espantosos (Mateo 24:9-11). Luego habló sobre una apostasía dentro de Su propia Iglesia en este tiempo del fin (versículo 12), lo que coloca el marco de tiempo justo en nuestros días (solicite un ejemplar gratuito de Raising the Ruins [Levantando las ruinas, disponible sólo en inglés] para una explicación detallada).

Cristo también nos dice cómo sobrevivir a estos eventos: “Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo” (versículo 13). Jesús dijo que habrá gente a salvo de estas pesadillas.

Y luego, el versículo 14: “Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin”. Justo en medio de estas crisis hay una profecía sobre una obra de Dios. Lo crea o no, esta profecía ya se ha cumplido. A través del programa de televisión El Mundo de Mañana y la revista La Pura Verdad, Herbert W. Armstrong advirtió al mundo por más de 50 años con un intenso mensaje profético. Ahora, a través del programa La Llave de David y las páginas de esta revista, la Iglesia de Dios de Filadelfia está profetizando otra vez (Apocalipsis 10:11), aún más intensamente, ya que la profecía cumplida revela que estamos aún más cerca del final.

Mateo 24:30 muestra a qué conducen estas señales: al regreso de Cristo.

Sí, las condiciones mundiales son malas, y están empeorando. Pero en la Trompeta nuestro objetivo es centrarnos en la conexión entre todas las malas noticias y este evento, el más espectacular y lleno de esperanza.

“De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama está tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca; así también vosotros, cuando veáis todas estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas” (versículos 32-33). Cristo dice que sabremos que el fin de esta era está cerca si observamos cómo las señales específicas que Él nos ha dado se cumplen paso a paso.

¿Por qué Dios nos da todas estas profecías y luego nos dice que estemos atentos a ellas?

Para advertirnos. Dios no sólo va a provocar estas calamidades en este mundo; Él está dando muchas advertencias.

Esa advertencia incluye la amonestación de Dios de arrepentirse, de volverse del pecado que está causando todos estos desastres: “Diles: Vivo yo, dice [el Eterno] el Señor, que no quiero la muerte del impío, sino que se vuelva el impío de su camino, y que viva. Volveos, volveos de vuestros malos caminos; ¿por qué moriréis, oh casa de Israel? (Ezequiel 33:11). Se nos dice, individualmente, que observemos. La profecía de Cristo registrada en Lucas 21 concluye: “Velad, pues, en todo tiempo orando [¿y por qué?] que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre” (versículo 36). Para escapar de estas pesadillas que se avecinan sobre el mundo, debemos velar y orar siempre.

¿Qué le puede pasar a alguien que no está vigilando? Lea los versículos 48 al 51 en Mateo 24. Nuestra actitud sobre el regreso de Cristo, nuestra urgencia y entusiasmo por las señales que nos ha dado, tiene una relación directa con nuestra conducta personal. Esperar el día del regreso de Cristo nos da una perspectiva que debería traducirse en un deseo de buscar el camino de vida de Dios. Esto nos impulsa a prepararnos activamente para lo que viene (versículo 46).

Las condiciones actuales dejan en claro que la Gran Tribulación profetizada vendrá en esta generación. Las condiciones apenas están empezando a empeorar y ya muchas personas reconocen que algo anda peligrosamente mal. Cuanto peores sean los acontecimientos, más gente se desesperará. Pero Dios nos dice que mantengamos una perspectiva más amplia. A medida que las condiciones se deterioran, no debemos deprimirnos. Recuerde, siempre recuerde, a dónde conduce todo: “Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en una nube con poder y gran gloria. Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca” (Lucas 21:27-28).

Mantenga una postura de expectación vigilante y llena de esperanza. Cuanto peor se pongan las cosas, mayor debe ser nuestra esperanza. (Solicite un ejemplar gratuito del folleto de Gerald Flurry Las epístolas de Pedro, una esperanza viviente). Cuanto más vigilantes estemos, más diligentemente velaremos y oraremos; y estaremos más llenos de esperanza. Todas estas malas noticias apuntan hacia el evento que este mundo necesita desesperadamente.

Levante la cabeza, ¡Jesucristo está a punto de regresar! 


UNA ESPERANZA VIVIENTE

El Apóstol Pedro fue crucificado alrededor del año 67 a 68 d.C.; dos o tres años antes del holocausto del año 70 d.C. en Jerusalén. Ese desastre fue sólo un prototipo de la próxima Gran Tribulación, que está a punto de explotar en la actual escena mundial. Pedro sabía que iba a ser crucificado poco después de escribir sus epístolas. Pablo había sido asesinado un año o dos antes de la muerte de Pedro. Los otros apóstoles también habían sido asesinados. Existía una tormenta de persecución. Mientras Pedro escribía su libro ellos estaban entrando en los tiempos más tenebrosos. Aún así, esto simplemente fue un prototipo del peor tiempo de sufrimiento que vaya haber en la Tierra, el cual está descendiendo sobre nosotros hoy. A pesar de todas estas malas noticias, Pedro tenía un mensaje lleno de esperanza. Él quería que el pueblo de Dios tuviera una actitud de esperanza para que pudieran continuar creciendo espiritualmente. El último versículo de las epístolas de Pedro (2 Pedro 3:18) enfatiza ese punto. No tenemos futuro si no estamos creciendo espiritualmente.