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Los supermercados de Mamdani están destinados al fracaso

Rob Maxwell/Unsplash

Los supermercados de Mamdani están destinados al fracaso

¿P or qué Gran Bretaña y Estados Unidos siguen recurriendo a ideas malas y fracasadas? El nuevo primer ministro de Gran Bretaña prometió llevar a la nación de vuelta a la década de 1970, cuando el socialismo manifiesto del Partido Laborista provocó una inflación del 25%, desempleo generalizado, huelgas constantes y “el invierno del descontento”. Ahora, el alcalde de la ciudad de Nueva York, Zohran Mamdani, quiere supermercados gestionados por el gobierno con alimentos subsidiados.

Esta semana anunció que estas tiendas venderán productos básicos a un 30% menos que los precios estándar.

Comida barata para todos. Suena estupendo. No funciona.

  • Las tiendas existentes no podrán competir. La gente acudirá en masa a las nuevas tiendas, las cuales tendrán dificultades para conseguir suficientes productos. El costo para el contribuyente crecerá, los ricos seguirán huyendo de la zona y, con el tiempo, Nueva York se quedará sin el dinero de los demás.

El comunismo siempre fracasa porque niega los hechos básicos de la vida y la ley de causa y efecto. Hay una razón por la que el comunismo se asocia con productos inferiores, filas para conseguir pan, racionamiento y cosas peores. Esa es la causa, y estos son los efectos.

Es un reflejo de la nación: preferimos negar la realidad antes que abordar las causas.

El comunismo fracasa por una razón aún más fundamental. Aunque tiene por intención abordar problemas muy reales, se fundamenta en el rechazo a Dios y a Sus soluciones. Como dijo Herbert W. Armstrong en 1968:

Los hombres educados ven [que] (…) ¡vivimos en un mundo enfermo! (…) ¡El comunismo es una nueva fe! Muchas personas han perdido la fe en la sociedad enferma de este mundo occidental. Así que sienten que deben tener una fe por la cual vivir. Tienen una convicción: debemos cambiar el mundo.

Las únicas soluciones disponibles para los comunistas son físicas, y las persiguen con fervor religioso. Sin embargo, los problemas del hombre —la pobreza, la división social, la falta de paz— son fundamentalmente espirituales y no pueden resolverse sin Dios.