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Los romanos modernos

El Imperio Romano prosperó cuando sus ciudadanos valoraban el matrimonio y la familia. Cayó cuando dejaron de apreciar a la familia

¿Por qué será que grandes naciones o imperios caen? ¿Por qué caen las súper potencias? Es un hecho de la historia que todos los imperios mundiales han colapsado. Pero, ¿por qué?

Hay una causa por cada efecto. El gran historiador Edward Gibbons escribió acerca de la caída del Imperio Romano, el más grande de todos los imperios mundiales. Si usted estudia la obra de Gibbons, ¡es obvio que Estados Unidos y Gran Bretaña van en la misma dirección!

En su obra maestra, Historia de la decadencia y caída del Imperio Romano, Gibbons identificó cinco causas principales que contribuyeron a la caída del Imperio Romano: primero, la rotura de la familia; segundo, el aumento de impuestos; tercero, un deseo insaciable por el placer; cuarto, una acumulación insostenible de armamentos; y quinto, la decadencia de la religión.

Uno de los grandes historiadores de todos los tiempos nos está diciendo cómo y por qué la antigua Roma cayó. ¿No se oyen extrañamente similares estas condiciones asociadas con la caída de Roma, a las condiciones prevalecientes en Estados Unidos y la mancomunidad británica actualmente?

La historia demuestra que la fortaleza de cualquier nación depende de la fortaleza de sus familias. La familia es el cimiento de roca sólida sobre el cual la estructura de cualquier país se construye. Éste fue el caso tanto para Estados Unidos como para Gran Bretaña.

Roma, en sus días de apogeo, era pudiente y tenía el ejército más poderoso de toda la Tierra, así como Estados Unidos hoy día. En aquellos tiempos, cuando la gente hablaba de la caída de Roma, recibía burlas y desprecio. Cuando el famoso romano Seneca advirtió que Roma caería —incluso diciéndole a la gente porqué caería—la gente lo ignoró. En las palabras de Seneca, una de las razones fundamentales de porqué Roma caería era el hecho de que “se divorcian para volverse a casar; y se casan para poder divorciarse”.

¡Seneca advirtió que la rotura de la familia destruiría el Imperio Romano!

¿No podría la advertencia de Seneca tener validez igual de bien para Estados Unidos e Inglaterra hoy día? El divorcio y la desintegración familiar abundan incontrolados en estas naciones.

“Actualmente, el hecho de que el hogar es el cimiento básico de cualquier sociedad es grandemente olvidado. Es el elemento más influyente del carácter nacional. Coloca las primeras bases para el aprendizaje del carácter individual, los valores, las metas, la moralidad, el autocontrol y la lealtad.

“Los romanos al principio entendieron esto. Y fue una fuerza que ayudó a Roma a crecer en poder y en estatura” (The Modern Romans, Ambassador College, 1975; énfasis mío en todo).

En su libro titulado: Rome: Its Rise and Fall [Roma: su auge y caída], Philip Van Ness Myers escribió que, “Primeramente, al fondo como quien dice de la sociedad romana y formando su unidad final, estaba la familia. (…) El elemento o rasgo más importante de este grupo familiar era la autoridad del padre”.

Roma, al igual que Estados Unidos, fue construida sobre un fundamento de familias fuertes y estables, ¡en las cuales el padre era acogido como la autoridad principal!

Myers continuó: “Sería muy difícil sobreestimar la influencia de este grupo [la familia] en la historia y el destino de Roma. Esta fue la cuna de al menos algunas de esas virtudes espléndidas de los romanos iniciales que contribuyeron tanto a la fuerza y grandeza de Roma, y que le ayudaron a conseguir el dominio del mundo”.

Las naciones fuertes están apuntaladas por familias fuertes.

El padre era el núcleo de la familia romana inicialmente. Él guiaba a sus hijos e hijas y era un ejemplo de las virtudes que ellos deberían desarrollar. El autor E.B. Castle, en 1961 escribió lo siguiente acerca del Imperio Romano en su libro Ancient Education and Today [Educación antigua y actual]: “La educación de los niños [en la Roma antigua] estaba fundamentada en la convicción profunda del poder del ejemplo, primeramente la del padre mismo como el representante de las virtudes particularmente romanas, pero también de los grandes prototipos de valentía romana en la familia del niño y en la historia nacional, los cuales se le presentaban a él como hombres dignos de admiración”.

Tácito, un historiador romano de los comienzos del imperio, escribió que, “En los buenos días de antaño [o sea, de la República], el hijo de cada hombre, nacido dentro del matrimonio, era criado no a las faldas de alguna niñera asalariada, sino en los brazos de su madre y a sus rodillas. Y esa madre no podría tener mayor cumplido que el de manejar bien su hogar y entregarse a sí misma a sus hijos...”. La sociedad valoraba a las mujeres por criar, educar y amar a los hijos, y por darles de su tiempo y la ternura que necesitaban. “Religiosamente y con la mayor delicadeza ella reglamentaba no solamente las tareas serias de sus obligaciones jóvenes sino también sus tiempos de recreo y juegos” (Ibíd.). “La idea de encomendarle el entrenamiento de un futuro ciudadano romano a la guía incompetente de una esclava era repugnante al pensar romano de ese tiempo” (Castle, op. cit.).

Dios dice que así debería ser, que las familias necesitan permanecer unidas (Mateo 19:4-5). Los cónyuges deben trabajar duro para soldar su matrimonio. Dios dice que en un matrimonio ambos deben aferrarse uno al otro y ser una sola carne.

Pero los romanos, como los norteamericanos actualmente, empezaron a usar una moralidad que ya no valoraba el matrimonio y la familia. Esto causó que le perdieran respeto al matrimonio y a la familia.

Hoy día, los divorcios tipo “no es culpa de nadie” son tan fáciles de conseguir como ir a un supermercado a comprar víveres. Eso es exactamente lo que le pasó a Roma. Como E.B. Castle escribió: “Añadidos a esta causa inicial de trastorno familiar...” (refiriéndose a los viajes de negocios que llevaban al esposo fuera de la casa por largos períodos de tiempo a medida que el comercio y la afluencia incrementaba) “... estaba la subsiguiente actitud fácil hacia el compromiso matrimonial, la frecuencia en aumento del divorcio y la creciente libertad y relajamiento de la moral en las mujeres, todo lo cual terminó desbaratando la antigua unidad familiar en la que lo mejor del carácter romano tenía sus raíces” (Ibíd.).

La historia muestra claramente la razón fundamental de la caída del grandioso y poderoso Imperio Romano. Ignoramos esta historia a nuestro propio riesgo.

Actualmente, la mayoría de la gente ha rechazado la ley de causa y efecto. Pensamos que podemos hacer a un lado el matrimonio y la familia sin sufrir ninguna consecuencia—pero la historia de Roma debe enseñarnos lo que son los frutos de la desintegración familiar, ¡y lo que serán!

Jerome Carcopino escribió en su libro, Daily Life in Ancient Rome [La vida diaria en la antigua Roma], que para principios del segundo siglo d.C., los padres romanos en general habían “cedido al impulso de ser demasiado complacientes. Habiendo abandonado el hábito de controlar a sus hijos, dejaron que sus hijos los gobernaran a ellos y se deleitaban en medio matarse trabajando para gratificar los costosos caprichos de sus crías. El resultado fue que fueron sucedidos por una generación de holgazanes e inútiles...”.

Echemos un vistazo honesto a las sociedades occidentales de hoy: ¡Nuestro estilo de crianza de los hijos es exactamente igual!

Carcopino continuó diciendo: “Desde ese tiempo en delante [en el primer siglo a.C. en Roma], vemos una epidemia de divorcios (al menos entre la aristocracia donde las aventuras matrimoniales quedaron documentadas)”.

En Isaías 3, el antiguo profeta advirtió que el desmembramiento de la familia sería un rasgo definitivo en Estados Unidos y Gran Bretaña antes del retorno de Cristo. Él también explicó cómo sucedería esto: “Porque he aquí que el Señor [Eterno] de los ejércitos quita de Jerusalén y de Judá al sustentador y al fuerte, todo sustento de pan y todo socorro de agua; el valiente y el hombre de guerra, el juez y el profeta, el adivino y el anciano; el capitán de cincuenta y el hombre de respeto, el consejero, el artífice excelente y el hábil orador. Y les pondré jóvenes por príncipes, y muchachos serán sus señores. Y el pueblo se hará violencia unos a otros, cada cual contra su vecino…” (Isaías 3:1-5).

Dios dijo que los líderes fuertes, incluyendo padres sólidos, serían una rareza y que los niños y adolescentes gobernarían a la familia, y dominarían la cultura. ¿Se ve eso como la sociedad actual en Estados Unidos y Gran Bretaña?

“[E]l joven se levantará contra el anciano, y el villano contra el noble” (versículo 5). ¡Miren a su alrededor! ¿Cabe alguna duda de que los niños y los adolescentes gobiernan sobre los adultos, y que dominan a la sociedad y la cultura?

“Los opresores de mi pueblo son muchachos, y mujeres se enseñorearon de él. Pueblo mío, los que te guían te engañan, y tuercen el curso de tus caminos” (versículo 12). Es una lección de la historia: El éxito o fracaso de una nación depende de la fuerza o debilidad de sus familias. Eso es lo que Edward Gibbons nos dijo, y eso es lo que Dios nos está diciendo en Isaías 3.

En la profecía de Isaías la familia está tan pies de cabeza, y el padre es tan anémico que ni siquiera se menciona. ¿Dónde están los padres que Dios dice que deberían estar guiando a sus familias, el tipo de padres que llevaron a Roma a la grandeza? En esta profecía, las mujeres están gobernando, aunque incluso ellas están siendo agobiadas por los hijos. En realidad son los hijos los que están guiando, ¡tal como dijo Gibbons que sucedía en la Roma antigua antes de su colapso monstruoso!

¡La historia de Roma confirma lo que la Biblia enseña acerca del matrimonio y la familia!

El 12 de mayo de 1993 en el editorial del periódico Washington Post, David Blankenhorn, fundador del Instituto para Valores Americanos, fue citado diciendo lo siguiente: “La señal más importante que predice el comportamiento criminal es (...) la ausencia del padre. Son los muchachos que crecen sin papá”. El editorial estuvo de acuerdo diciendo que, “Los hogares con padre y madre como la fórmula ideal para criar niños ha sido universal tanto en el tiempo como la geografía”. ¡Entendámoslo! El hogar con padre y madre ha sido la mejor forma de criar niños, ¡en todo el mundo, y a través de toda la historia humana!

¿Pero qué ha sucedido en este tiempo del fin? “Los hombres” dice este artículo, “han estado vinculados por medio del matrimonio a sus hijos y a las madres de sus hijos. (…) No sólo la importancia de la maternidad NUNCA ha estado en duda; nosotros tampoco NUNCA hemos dudado que los niños necesitan a sus papás. HASTA AHORA” . Vivimos en una cultura que constantemente socava el papel del padre. Usted puede leer más acerca del ataque a la paternidad solicitando una copia gratis de nuestro folleto [en inglés] Conspiracy Against Fatherhood (Conspiración contra la paternidad).

A través de la historia, la humanidad entendió que los niños necesitan padres—pero ahora los psicólogos nos están tratando de decir que el papá no es necesario para criar hijos saludables. De hecho, lo que estos estudios y el dominante movimiento contra los papás están diciéndole es cómo DESTRUIR las familias y destruir las naciones.

¡La historia de Roma nos enseña que esta gente no tiene ni idea de lo que está hablando!

¿Qué nos dice la Biblia acerca del papel vital del padre? “Y habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige, diciendo: Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, ni desmayes cuando eres reprendido por él; porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo. Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos. Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos?” (Hebreos 12:5-9).

¡Esa Escritura, entre muchas otras, nos dice que Dios es un Padre!

De hecho, ¡una de las verdades más grandes que la Biblia enseña es que Dios es una Familia! La Biblia enseña que el matrimonio humano y la familia son instituciones ordenadas por Dios, creadas para un propósito divino y espectacular. Algunas personas entienden la importancia de la familia pero aún ellos (en la mayoría de los casos), ¡no entienden realmente el increíble potencial humano que cada persona tiene de nacer en la propia Familia de Dios!

Esta es una relación humana muy maravillosa que tenemos, y el matrimonio y la familia tienen un significado pasmoso. ¡Debemos entender esto si es que vamos alguna vez a tener familias y naciones fuertes!

Usted puede aprender más acerca de la dimensión espiritual del matrimonio y de la familia solicitando el libro gratuito La dimensión desconocida de la sexualidad y el folleto gratuito [en inglés] God Is a Family [Dios es una familia]. 

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