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JULIA GODDARD/TROMPETA

Los hermosos efectos de la ‘Gran Tribulación’

Jesús profetizó un tiempo de sufrimiento inigualable, y una causa de inmensa esperanza.

Jesucristo dijo algo impactante, y debería tener un efecto mucho mayor en nuestras mentes hoy que en las de Sus discípulos. Después de todo, sabemos sobre Hitler y Stalin, los campos de exterminio y los gulags, las bombas atómicas y la guerra nuclear.

Cuando le preguntaron sobre las condiciones existentes en el fin del mundo, Jesús profetizó que las naciones sufrirían “gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá” (Mateo 24:21).

Queremos creer que lo peor de la historia ha quedado atrás. Y en verdad, el pasado de la humanidad está dolorosamente lleno de pobreza, enfermedad, hambre, tormento, opresión, masacre, genocidio y guerra. ¡Pero las palabras de Cristo señalan que aún tenemos que experimentar una tribulación peor que cualquier otra sufrida jamás!

Él dijo además (en el versículo 22) que “si aquellos días no fuesen acortados”, todo ser humano moriría.

Estas palabras tienen particular intensidad en este momento, en un mundo dominado por la desesperación y el miedo causado por la pandemia y el pánico entre los pueblos y sus gobiernos. De la noche a la mañana, hemos visto interrupciones en el suministro de alimentos, un desempleo récord, multitudes de personas haciendo fila para recibir alimentos. Hemos visto el estado de derecho destruido, opresión por decreto y libertades revocadas.

Es sorprendente. Pero comparado con el sufrimiento profetizado por Jesucristo y predicho a lo largo del Antiguo y Nuevo Testamentos, es algo leve. Según la profecía, se avecinan guerras raciales, asedios económicos, colapso financiero, hambruna, pandemias mucho más letales, guerra nuclear, invasión extranjera, cautiverio nacional y literalmente miles de millones de muertes.

Sin embargo, en la crisis actual, hay una tendencia sorprendente: mucha gente está pensando en Dios. Una encuesta realizada en marzo entre 1.000 probables votantes estadounidenses encontró que el 22% cree que el coronavirus y el colapso económico son señales del “juicio venidero” de Dios y un “llamado de atención para que volvamos a la fe en Dios”; un 22% más cree una de esas dos cosas. Casi 3 de cada 10 creen que son señales de que estamos en los “últimos días”. Pew Research encontró que el 55% de los estadounidenses dicen que están orando para que la pandemia termine. Se ha informado que ha habido un aumento del 40% en las búsquedas de Google por el término “oración”.

Dios se propone que esta adversidad provoque tal pensamiento. Tristemente, mucha gente está respondiendo de la manera opuesta. En lugar de usar el confinamiento para la reflexión, la devoción religiosa o la unión familiar, se están atiborrando de televisión, películas, videojuegos, pornografía o uso de marihuana.

Por lo tanto, si Dios está usando esta crisis como una “llamada de atención”, claramente las calamidades tendrán que intensificarse antes de que realmente sacudan a una gran cantidad de personas.

Esto apunta a la razón para la advertencia profética de Cristo, e ilumina el camino para evitar el sufrimiento venidero.

El Gulag

Que la Gran Tribulación será más dura que cualquier otra cosa en la historia es impresionante si tenemos en cuenta la escala industrial de sufrimiento que hubo en el siglo xx.

La Primera Guerra Mundial fue llamada “la guerra para terminar todas las guerras” porque fue tan masiva, tan mortífera y tan horrorosa que la gente no podía imaginar volver otra vez a la guerra. Pero incluso antes de que terminara, ocurrió algo que perpetuaría las pesadillas del siglo xx: la Revolución Rusa. Una vez en el poder, los bolcheviques comenzaron los arrestos y encarcelamientos masivos. Entre los cautivos había millones de ciudadanos pacíficos e inocentes perversamente considerados enemigos de la causa.

Luego vino la Segunda Guerra Mundial, y eclipsó diez veces los horrores de la Primera. Fue una terrible tribulación, como el mundo nunca antes había visto: guerra submarina, cohetes V-2, portaaviones, campos de concentración y bombas atómicas. Y las condiciones en Rusia se habían deteriorado dramáticamente bajo Josef Stalin, uno de los mayores asesinos en masa de la historia. Incluso mientras lanzaba millones de hombres a la lucha contra los alemanes, él continuó con los encarcelamientos y las purgas de millones más de su propio pueblo; una tribulación que continuó durante mucho tiempo después de haber terminado la guerra.

Alexander Solzhenitsyn fue uno de esos prisioneros. Más tarde él escribiría una serie de libros describiendo la vida en cautiverio: Archipiélago Gulag. Este meticuloso relato describe poderosamente la tribulación y el cautiverio. Describe libertades destrozadas, injusticias generalizadas, arrestos brutales, interrogatorios tortuosos, condiciones horribles en los campos e innumerables manifestaciones grotescas de la naturaleza humana, tanto entre oficiales como entre prisioneros. Esto hace que la realidad de la próxima Tribulación sea dolorosamente real.

Los cautivos del gulag se contaban por millones. Los oficiales soviéticos los exprimían al máximo con trabajos mientras les daban el menor cuidado posible. Los campos estaban devastadoramente sucios y enfermos. Los cautivos se morían de hambre o trabajaban literalmente hasta la muerte.

“La vida de los nativos consiste de trabajo, trabajo, trabajo; de hambre, frío y astucia”, escribió Solzhenitsyn. Los prisioneros estaban descalzos y casi desnudos, y esto en una tundra de páramo “eternamente cubierta de nieve y eternamente azotada por ventiscas”. A veces, en un determinado lugar de trabajo, cientos de trabajadores se congelaban hasta morir.

El absoluto desprecio por la vida humana llevó a atrocidades impensables. A pesar de requerir que los prisioneros trabajaran en el frío de 10 a 12 horas al día o más, los oficiales los alimentaban con casi nada: “Ellos echaban agua en una olla, y lo mejor que se podía esperar era que dejaran caer en ella pequeñas papas sin lavar. (...) Y cuando había escasez de agua (...) solo cocinaban un tazón de gachas de avena al día, y también daban una ración de dos tazas de agua salada y turbia. Siempre y sin falta se robaban todo lo bueno para los jefes, para los de su confianza, y para los ladrones...”.

En tales condiciones, solo una cosa domina la mente: “El hambre, lo cual obliga a una persona honesta a estirar la mano y robar (‘Cuando el vientre retumba, la conciencia huye’). Hambre, que obliga al más desinteresado a mirar con envidia el recipiente de otro, y a tratar dolorosamente de estimar el peso de la ración que su vecino está recibiendo. Hambre, que oscurece el cerebro y se niega a permitir ser distraído con cualquier otra cosa, o a pensar en cualquier otra cosa, o a hablar de cualquier otra cosa excepto de comida, comida y comida. Hambre, de la que es imposible escapar incluso en sueños; los sueños son sobre comida, y el insomnio es por pensar en comida. Y pronto, solo insomnio”.

Las enfermedades y afecciones eran generalizadas, sin embargo, Solzhenitsyn escribe mordazmente: “No había ningún médico asistente, ni siquiera un auxiliar, y como resultado de ello no había enfermos, y cualquiera que pretendiera estar enfermo era llevado al bosque en brazos de sus camaradas, quienes también llevaban una tabla y una cuerda para poder arrastrar el cadáver más fácilmente”.

Los proyectos de trabajo (talar bosques, partir rocas, extraer minerales, construir ferrocarriles y canales) avanzaron a un costo humano incalculable. La “principal forma de desperdicio” del sistema, escribe Solzhenitsyn, eran “los moribundos”. “Todo lo construido por el Archipiélago había sido exprimido de los músculos de los moribundos (antes de volverse moribundos). Y los que sobrevivían (...) tenían que asumir la desgracia de haber conservado sus propias vidas”.

“Filósofos, psicólogos, médicos y escritores podrían haber observado en nuestros campos, como en ningún otro lugar, en detalle y a gran escala”, escribió él, “el proceso especial del estrechamiento de los horizontes intelectuales y espirituales de un ser humano, la reducción del ser humano a un animal y el proceso de muerte en vida” (énfasis añadido en todo el texto).

Jesucristo dice que la Tribulación venidera será peor.

Dios no quiere hacer pasar a nadie por eso, si Él no tiene que hacerlo.

Los martillos de Dios

La Gran Tribulación que Cristo profetizó no llegará sin una advertencia. Él personalmente advirtió al respecto hace 2.000 años. Siglos antes de eso, Dios advirtió a través de Moisés, Oseas, Amós y otros profetas. Él advirtió a través de Ezequiel, después de que él y su pueblo habían sufrido la tribulación, conquista y esclavitud que destruyeron a la nación.

Ezequiel, uno de los cautivos, profetizó que, en el futuro, los descendientes de Israel volverían a sufrir una tribulación a escala épica. Estos descendientes conforman naciones modernas que incluyen, más notablemente, a Estados Unidos y Gran Bretaña (para comprobarlo solicite Estados Unidos y Gran Bretaña en profecía). Ezequiel 5 profetiza que un tercio de la población de estas naciones morirá por la violencia dentro de las ciudades, y otro tercio por ataques nucleares. El tercio sobreviviente será esclavizado, tal como lo fue Ezequiel. Las cantidades (más de 100 millones en cada una de estas oleadas) desafían la imaginación.

¿Por qué permitiría Dios, y sí, por qué causaría ese sufrimiento? No solo para castigar, sino, de hecho, para corregir.

Dios está tratando de llegar a la gente, para ayudarles a arrepentirse. Él es un Padre, tratando de llegar a Sus hijos. “Porque el Señor al que ama, disciplina, Y azota a todo el que recibe por hijo” (Hebreos 12:6). Aunque la corrección de Dios es dolorosa en el momento, cuando alguien responde positivamente trae hermosos resultados (versículo 11).

Dios tiene un conjunto de martillos. Si no prestamos atención a la corrección más suave, le obligamos a usar martillos más grandes y a dar golpes más fuertes para disuadirnos de vivir en el camino que conduce a la muerte.

La Gran Tribulación es el martillo más grande de todos, que aun así es una herramienta correctiva. Tendrá éxito en conducir de regreso a Dios a miles de Sus propios santos rebeldes engendrados por el Espíritu. Traerá a “una gran multitud, la cual nadie podía contar” a Su Familia (Apocalipsis 7:9). En última instancia, ¡hará mucho para preparar al mundo entero para llegar a conocerlo!

El Archipiélago Gulag ilustra cómo la Tribulación realmente tendrá éxito como herramienta de corrección. Por más horrible que sea de contemplar, la Tribulación es en realidad una expresión del amor de Dios.

Condenado por la conciencia

La gran mayoría que ingresó a los gulags soviéticos fue destruida por ellos. Sin embargo, Solzhenitsyn documentó cómo unos pocos, aunque aplastados en cuerpo, en realidad se fortalecieron en mente y espíritu.

Cuando alguien es arrancado a la fuerza de su vida y es empujado a un mundo en el que la supervivencia es la única meta, en cierto sentido la vida se vuelve extremadamente simple. Un prisionero describió las lentas horas de internamiento, la quietud, el tiempo para pensar: “Aquí todas las trivialidades y el alboroto han disminuido. (...) He experimentado un punto de inflexión. (...) Aquí se escucha esa voz en lo profundo de uno, que en medio del exceso y la vanidad solía ser sofocada por el rugido del exterior”.

Piense en esto: en este momento, incluso en medio de una crisis mundial, la gente sigue distraída y ensimismada. Así que, en lugar de entregarnos a la autodestrucción pecaminosa, Dios debe encontrar una manera de cortar el ruido si es que quiere alcanzar y enseñar a la gente.

Solzhenitsyn citó un proverbio: “La pobreza y la prisión dan sabiduría”. Y otro: “La libertad estropea, y la falta de libertad enseña”.

“Arrancado del ajetreo de la vida cotidiana a un grado tan absoluto que incluso contar los minutos que pasan lo pone en íntimo contacto con el universo”, escribió él, “el prisionero solitario tiene que haber sido purgado de toda imperfección, de todo lo que lo ha agitado y perturbado en su vida anterior, que ha impedido que sus aguas turbias se asienten y transparenten”. ¿Hasta qué punto el tumulto de la vida enturbia las aguas de su mente e inhibe la contemplación?

En cautiverio, hay mucho tiempo, y muchos motivos, para pensar profundamente y examinarse a sí mismo de manera diferente. “Aquí hay una gratificante e inagotable orientación para sus pensamientos”, escribió Solzhenitsyn: “Reconsidera toda su vida anterior. Recuerda todo lo que hizo que fue malo y vergonzoso y piensa: ¿acaso no puede corregirse ahora? Sí, ha sido encarcelado sin motivo alguno. No tiene nada de lo que arrepentirse ante el Estado y sus leyes. Pero... ¿ante su propia conciencia? Pero... ¿con relación a otros individuos?”

Si usted fuera esclavizado de esta manera, ¿miraría usted hacia atrás con arrepentimiento de cómo vivió y las decisiones que tomó?

“Me he convencido de que no hay castigo que nos llegue en esta vida en la Tierra que sea inmerecido”, dijo otro cautivo, Boris Kornfeld. “Superficialmente esto puede no tener nada que ver con aquello de lo que realmente somos culpables, pero una vez que repasa su vida con un peine de dientes finos y reflexiona profundamente sobre ella, siempre podrá encontrar esa transgresión suya por la cual ha recibido ahora este golpe”.

Solzhenitsyn reconoció que se puede discutir este punto cuando se ve a niños y otros inocentes brutalmente castigados, pero, escribió: “Había algo en las últimas palabras de Kornfeld que tocó un punto sensible, y que acepto completamente para mí mismo. Y muchos lo aceptarán para ellos mismos”.

Este hombre había sido un oficial ruso empedernido. Sin embargo, allí en el gulag, mientras contemplaba la vida, pensó: “No hay nada que ayude y contribuya tanto al despertar de la omnisciencia dentro de nosotros, como los pensamientos insistentes sobre las propias transgresiones, errores y equivocaciones”. Recordando su pasado, pensó: “Cuántas oportunidades sin utilizar hubo. ¿Cuándo las compensaremos ahora? Si tan solo logro sobrevivir, oh, qué diferente y cuán sabiamente, voy a vivir. ¿El día de nuestra futura liberación? Brilla como un sol naciente”.

Refinamiento

Zacarías 13:8 describe la misma Tribulación que Ezequiel 5 profetiza: solo un tercio permanecerá con vida. ¿Qué hará Dios con estos sobrevivientes? “Y meteré en el fuego a la tercera parte, y los refinaré como se refina la plata, y los probaré como se prueba el oro. Él invocará mi nombre, y yo le oiré, y diré: Pueblo mío; y él dirá: [el Eterno] es mi Dios” (Zacarías 13:9; kj inglesa, traducción nuestra). Sí, este cruel cautiverio cumplirá el propósito de Dios al refinar a estas víctimas. Dios trabajará con ellas para ayudarlas a crecer en carácter. “He aquí que te he refinado, pero no como la plata”, dice Él; “Te he probado en el horno de aflicción” (Isaías 48:10; rsv inglesa, traducción nuestra).

Solzhenitsyn describió de manera conmovedora el refinamiento que el cautiverio puede efectuar: “Tu alma, que antes estaba seca, ahora madura por el sufrimiento. Y aunque no hayas llegado a amar a tu prójimo en el sentido cristiano, por lo menos estás aprendiendo a amar a los que están cerca de ti. (...) Es particularmente en la esclavitud que por primera vez hemos aprendido a reconocer la amistad genuina”.

Sumergidos en un ambiente de barbarie indescriptible, algunos individuos excepcionales ganan claridad moral. “Hace un tiempo eras claramente intolerante”, continuó. “Estabas constantemente apurado y siempre te faltaba tiempo. Y ahora dispones de tiempo con intereses. Estás surfeando con él, con sus meses y sus años, detrás y delante de ti, y un beneficioso líquido calmante recorre tus vasos sanguíneos: la paciencia. Estás ascendiendo. (...) Antes nunca perdonabas a nadie. Juzgabas a la gente sin ninguna piedad. Y a los que tenían igual falta de moderación los elogiabas. Y ahora una comprensiva suavidad se ha convertido en la base de tus juicios no categóricos. Has llegado a darte cuenta de tu propia debilidad y por lo tanto puedes entender la debilidad ajena. Y quedar asombrado por la fortaleza de otros”.

La humillación del cautiverio puede llevar a una humildad de espíritu. Cuando la pompa y la vanidad son expuestas como falsas e inútiles, se puede crear el espacio para algo más puro. La mente puede despertar a todo lo que una vez se daba por hecho. El cautivo se aferra al significado, a la esperanza y a la humanidad, a Dios. “Cuán agradecidos sus dedos palpan la tierra del huerto y desmenuzan los terrones (pero, por desgracia, todo es asfalto). Cómo se alza sola la cabeza hacia los cielos eternos (pero, tristemente, aquello está prohibido). Y cuánto le conmueve aún el pajarillo posado en la ventana (pero, lamentablemente, ahí está la ‘mordaza’ (...) y el panel de ventilación abatible tiene candado)”.

Qué dolorosamente fácil es descuidar lo que es verdaderamente importante. Sin embargo, pronto muchos millones de personas tendrán sus ilusiones en peligro y serán despojados de todo lo que aprecian. Incontables millones se volverán aún más depravados y despiadados.

Pero en esa oscuridad, algo verdaderamente hermoso ocurrirá: una hueste innumerable aceptará el castigo y el azote, se aferrará a la humildad, aceptará la corrección y será refinada como el oro fundido.

Una de las cosas que le será privada a la gente durante la Tribulación es la verdad de Dios. Dios profetiza una hambruna de la Palabra (Amós 8:11). Hoy en día, esa verdad es abundante. La gente puede acceder fácilmente a ella a través de la revista la Trompeta, el programa de televisión La llave de David, los programas de radio, podcasts y muchas publicaciones. Pero pronto desaparecerá.

Por eso es urgente que publiquemos el mensaje de advertencia de Dios mientras podamos. Esos futuros cautivos necesitan este mensaje. Necesitan Él tenía razón. Necesitan los folletos del jefe de redacción de la Trompeta, Gerald Flurry, sobre Lamentaciones y Cantar de los Cantaresque son mensajes especiales de Dios para Sus obstinados hijos espirituales.

Nosotros decimos, tal como Cristo: “Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar” (Juan 9:4).

El libro fundacional de la casa editora de la Trompeta, la Iglesia de Dios de Filadelfia, es El mensaje de Malaquías. En ese libro, el Sr. Flurry muestra que la última era de la Iglesia de Dios antes del regreso de Cristo (llamada era de Laodicea) comenzó después de que el líder de la Iglesia de Dios, Herbert W. Armstrong, murió en 1986. (Lea el mensaje de corrección de Cristo a esta era rebelde en Apocalipsis 3:14-22.) Desde entonces, la verdadera Iglesia de Dios se ha dividido y vuelto a dividir. Sin embargo, Dios ha estado tocando a la puerta de los laodicenos durante 30 años a través de la idf. Él todavía está tocando y suplicándoles que le abran la puerta.

Aquellos que no escuchen serán lanzados a la Gran Tribulación. Las Escrituras profetizan que, en este holocausto, ellos tendrán que arrepentirse o perderán sus vidas eternas. Y para probar su corazón, Dios les dará una importante tarea en su cautiverio: testificar a sus captores la verdad de Dios.

El valor de la memoria

Solzhenitsyn escribió mucho sobre la importancia de la memoria en el cautiverio. “¡No tengas nada! ¡No poseas nada!” escribió él. “Posee solo lo que siempre puedas llevar contigo: conoce idiomas, conoce países, conoce personas. Deja que tu memoria sea tu maleta de viaje. ¡Usa tu memoria! ¡Usa tu memoria! Son solo esas semillas amargas las que pueden brotar y crecer algún día”.

Este prisionero usó su memoria con un efecto extraordinario. Compuso cientos de líneas poéticas en su mente, ensayándolas y refinándolas sin ponerlas en papel. “Esto fue muy gratificante, ya que me ayudó a no darme cuenta de lo que se estaba haciendo con mi cuerpo”, escribió. “La memoria era el único escondite en el que uno podía guardar lo que había escrito y llevarlo a través de todas las búsquedas y viajes bajo escolta. (...) Ya no estando cargada con conocimientos frívolos y superfluos, la memoria de un prisionero es asombrosamente amplia y puede expandirse indefinidamente. Nosotros tenemos muy poca fe en la memoria”.

En medio de la Tribulación, el pueblo de Dios en cautiverio buscará en sus recuerdos, y Dios les ayudará a recordar. Ellos recordarán vestigios de la verdad de Dios. Recordarán su tiempo en la Iglesia de Dios. Pensarán en el Salmo 137 y en los himnos que cantaban. Al igual que aquellos que compusieron ese salmo, ellos serán exiliados en cautiverio, lamentándose. De hecho, recordarán ese salmo al recordar aquel himno del Himnario bíblico.

Y los versículos 8-9 muestran que ellos testificarán a sus captores. ¡Transmitirán la advertencia de Dios a sus guardias y oficiales sobre el destino que les espera!

La Biblia dice que el pueblo de Dios, los que finalmente se hayan arrepentido y estén haciendo Su obra de advertencia, serán martirizados por ello. Sin embargo, debido a que se arrepintieron, habrán calificado para recibir la vida eterna.

Solzhenitsyn describió al astrónomo Nikolai Kozyrev, un compañero de prisión que “se salvó a sí mismo pensando en lo eterno e infinito: en el orden del universo y en su Espíritu Supremo; en las estrellas; en el estado interno de las mismas; y en lo que realmente son el tiempo y el paso del tiempo”. Contemplar a Dios le permitió sobrevivir a pesar de estar confinado durante un año con un hombre que se había vuelto literalmente loco.

Nikolai pensaba y pensaba, hasta que llegó a los límites de su propio conocimiento. Él clamó: “¡Por favor, Dios! Yo he hecho todo lo que he podido. ¡Por favor, ayúdame! ¡Por favor, ayúdame a continuar!”.

Tan solo media hora después, los guardias vinieron y le dieron un libro: Un curso de astrofísica.

“¿De dónde ha salido?” escribió Solzhenitsyn. La biblioteca de la prisión generalmente solo tenía propaganda comunista. “Consciente de la breve duración de la coincidencia, Kozyrev se lanzó sobre él y comenzó a memorizar todo lo que necesitaba inmediatamente y todo lo que podría necesitar más tarde”. Imagine el hambre por el verdadero conocimiento que las personas tendrán durante la hambruna de la Palabra. ¡Estarán hambrientas por sentido y esperanza! Si tan solo pudiéramos apreciar estas cosas ahora, mientras son abundantes.

El intercambio de libros en esta prisión se hacía cada 10 días. Pero solo dos días después de que Nikolai recibiera este libro, el jefe de la prisión hizo una inspección no programada. “Su ojo de águila lo notó inmediatamente. ‘¿Pero usted es astrónomo?’ ‘Sí’. ‘¡Quítenle este libro!’. Pero su mística llegada había abierto el camino a otros trabajos, que más tarde continuó en el campo de Norilsk”.

¿Puede un evento así ser explicado de otra manera que no sea que el Dios omnipotente y omnisciente estaba observando y escuchando y trabajando en la vida de un prisionero no convertido en un gulag soviético?

¿Qué tan cuidadosamente atento estará Dios en las vidas de los cautivos y exiliados de la Gran Tribulación? Él estará orquestando meticulosamente las circunstancias para los laodicenos, para la innumerable multitud que nunca conoció a Dios hasta que la Tribulación golpeó, para las naciones de Israel y de hecho para toda la humanidad.

‘Los esparciré’

De aquellos que experimentan el más severo de los castigos, Dios dice en Zacarías 10:9: “Bien que los esparciré [sembraré, vkj] entre los pueblos, aun en lejanos países se acordarán de mí; y vivirán con sus hijos, y volverán”. A medida que su terrible experiencia los lleva a arrepentirse, Dios los usará para alcanzar a otros.

“Dios esparcirá a los laodicenos en países lejanos durante la Tribulación. La mitad de ellos se ‘volverán de nuevo’ a Dios, reconociendo lo que estuvieron a punto de perder”, escribe el Sr. Flurry en su folleto sobre Zacarías. “Pero lo que hace este versículo tan inspirador es el hecho de que Dios está en control de la situación. Él dice, ‘Yo los esparciré’. ¿Para qué esparce semillas un agricultor? ¡Para poder tener una cosecha! (...) Dios los esparcirá en países extranjeros para que puedan enseñar a los gentiles. Incluso cuando los gentiles amenacen con matarlos, ellos dirán: Adelante, pero les estoy diciendo lo que va a pasar. ¡El mensaje de Dios será enseñado en todo el mundo por los laodicenos! ¿No es asombroso? Dios los siembra para poder recoger una cosecha”.

Actualmente, estas personas se están rebelando contra Dios, pero Él se está preparando para corregirlos y salvarlos de la muerte espiritual, ¡y mucho más allá de eso! ¡Se está preparando para usarlos para salvar aún a más gente, incluso a sus propios captores!

Fuerte es como la muerte el amor

Solzhenitsyn describió una serie de herramientas y torturas que los interrogadores soviéticos utilizaban para doblegar a los cautivos y extraer confesiones. Ellos interrogaron repetidas veces a una anciana, pero ella se negó a decirles nada. “Al principio los interrogadores se turnaban, y luego la acosaban en grupos. Agitaban sus puños frente al rostro de la pequeña anciana, y ella respondía: ‘No hay nada que ustedes puedan hacer conmigo, aunque me corten en pedazos. Al fin y al cabo, tienen miedo de sus jefes, y se tienen miedo entre ustedes, y hasta tienen miedo de matarme a mí. Pero yo no tengo miedo de nada. Estaría encantada de ser juzgada por Dios en este mismo momento”.

Solzhenitsyn sabía de varias personas como ella, que elegirían la muerte en lugar de cooperar o firmar algo denunciando a alguien.

Cantar de los Cantares 8:6 describe a la mujer laodicena sufriendo en la Tribulación, y volviéndose a Dios. “Ponme como un sello sobre tu corazón, como una marca sobre tu brazo”, dice ella, “Porque fuerte es como la muerte el amor; duros como el Seol los celos; sus brasas, brasas de fuego, fuerte llama”.

“Va a llegar el momento cuando esta arrepentida Novia de Cristo se va a volver una testigo valiente para su Esposo ante la amenaza de muerte, en medio de las pesadillas de la Tribulación”, escribe el Sr. Flurry en Cantar de los Cantares. “Ella va a mirar a sus perseguidores directamente a la cara, y les dirá: ¡Fuerte es como la muerte el amor! ¡Yo puedo amar a Dios y soy capaz de morir por Él porque lo amo mucho!

“Las muchas aguas no podrán apagar el amor, ni lo ahogarán los ríos. Si diese el hombre todos los bienes de su casa por este amor, de cierto lo menospreciarían” (versículo 7). “Qué Escritura tan impresionante”, escribe el Sr. Flurry. “Si somos leales a Dios, nada puede destruir el verdadero amor, ¡nada! Ni siquiera la muerte”.

En medio de tanta tragedia en la Iglesia hoy día, Dios está lleno de esperanza de que Sus preciosos hijos engendrados por el Espíritu triunfen.

Se necesitará un coraje moral y espiritual extraordinario para hacer lo que estos santos hacen. Pero al mismo tiempo, Dios tendrá que calibrar cuidadosamente su experiencia para darles la oportunidad. Solzhenitsyn señaló un punto crucial. Él dijo que toda persona tiene un punto de quiebre. Cuando un prisionero no cedía, era realmente una señal de que sus captores no lo habían empujado con éxito hasta ese punto. En cuanto al cautivo rebelde, escribió: “Para un lector que desconoce el tema, éste es un modelo de heroísmo. Para un lector con un amargo pasado gulag, esto es un modelo de interrogatorio ineficiente”.

Si las condiciones son lo suficientemente duras, todos pueden ser quebrantados. Eso significa que Dios debe protegernos a nosotros y a los que estarán en la Tribulación de esas condiciones que podrían quebrantarnos. “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar” (1 Corintios 10:13).

‘Nuestro último cielo en prisión’

Los laodicenos morirán en ese cautiverio. Lamentablemente, demasiados morirán no por Dios, sino tratando de salvar sus vidas sometiéndose a sus captores y a otras actividades criminales en cautiverio.

Pero muchos se arrepentirán y serán mártires para Dios, demostrando que son dignos de convertirse en la Esposa del Cordero que fue inmolado.

Isaías 54:4-5 tiene un emocionante mensaje para los laodicenos que se arrepentirán: al regresar a Dios y renunciar a sus vidas físicas, serán resucitados no solo en Su Familia, sino como parte de la Esposa de Cristo. “No temas, pues no serás confundida; y no te avergüences, porque no serás afrentada (...) Porque tu marido es tu Hacedor; [el Eterno] de los ejércitos es su nombre; y tu Redentor, el Santo de Israel; Dios de toda la tierra será llamado”. Sí, Dios escondió Su rostro, pero solo por un momento y para un magnífico propósito. Piense en todo lo que Dios logrará a través de la corrección del cautiverio.

Solzhenitsyn calificó su tiempo en los gulags como “los años más importantes de mi vida, los años que dieron los últimos toques a mi carácter”. Él escribió: “Nuestro primer cielo original en la prisión consistía de negros remolinos de nubes de tormenta y negros pilares de erupciones volcánicas; éste era el cielo de Pompeya, el cielo del Día de Juicio, porque no había sido arrestado cualquiera, sino yo, el centro de este mundo. Nuestro último cielo en la prisión era infinitamente alto, infinitamente claro, incluso más pálido que el azul del cielo”.

Apocalipsis 7 describe dos grupos de personas que serán protegidas de los horrores que siguen inmediatamente a la Tribulación de dos años y medio, en el terrible Día del Señor que dura un año. El primer grupo son los laodicenos (versículo 4), que mueren y son sellados: su resurrección al regreso de Jesucristo es segura.

El segundo grupo es “una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas” (versículo 9), incluyendo a israelitas (personas de las naciones de habla inglesa) y gentiles que escucharon a los laodicenos. El versículo 14 muestra que estas son personas que se arrepintieron en esa Tribulación misericordiosa.

Un segundo éxodo

Isaías 11:11 muestra que Dios protegerá a los individuos de esa gran multitud durante el Día del Señor, que es cuando Él derramará Su ira sobre las naciones que los capturaron. Entonces, al igual que hizo con los israelitas esclavizados en Egipto, Dios liberará a estos esclavos de la era moderna con una mano poderosa (Isaías 27:12-13).

Dios despejará el camino para esta inmensa multitud apartando montañas de agua fuera de su camino y llevándolos hasta su Tierra Prometida. Este éxodo moderno será tan enorme que la gente ni siquiera recordará el antiguo Éxodo a través del mar Rojo (versículos 15-16; Jeremías 16:14-15).

Los horrores del cautiverio habrán ablandado finalmente los corazones de estas personas para que escuchen a Dios. Eso es todo lo que Él siempre quiso: que sus corazones se vuelvan a Él para que pueda salvarlos del pecado y de la muerte, ¡y guiarlos en el camino que produce la vida eterna!

“Y vendrán con gritos de gozo en lo alto de Sion, y correrán al bien de [el Eterno], al pan, al vino, al aceite, y al ganado de las ovejas y de las vacas; y su alma será como huerto de riego, y nunca más tendrán dolor. (…) Así ha dicho [el Eterno]: Reprime del llanto tu voz, y de las lágrimas tus ojos; porque salario hay para tu trabajo, dice [el Eterno], y volverán de la tierra del enemigo. Esperanza hay también para tu porvenir, dice [el Eterno], y los hijos volverán a su propia tierra” (Jeremías 31:12, 16-17).

Imagine a personas que usted conoce (amigos, vecinos, compañeros de trabajo, familia) habiendo sido llevados en cautiverio. Imagine verlos quebrantados y esqueléticos, pero con corazones suavizados dispuestos a someterse a su gran Creador. ¡Imagine la emoción de Dios!

“¿No es Efraín hijo precioso para mí? ¿no es niño en quien me deleito? pues desde que hablé de él, me he acordado de él constantemente. Por eso mis entrañas se conmovieron por él; ciertamente tendré de él misericordia, dice [el Eterno]. (…) He aquí que vienen días, dice [el Eterno], en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice [el Eterno]. Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice [el Eterno]: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo. (…) Porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado” (versículos 20, 31-34).

Qué imagen tan maravillosa. Es para esto que Dios se está preparando incluso hoy.

El caos del coronavirus es una tribulación misericordiosa, destinada a llevar a las personas al arrepentimiento. Y si ellas no se arrepienten ahora, Dios aumentará la intensidad de la tribulación, e incluso aumentará la intensidad de Su misericordia.

Qué misericordioso es Dios, siempre buscando volver los corazones de los hijos hacia su Padre. Todo esto constituye el amor de un Padre, tratando de llegar a Sus hijos.

Reflexionando sobre su cautiverio, Solzhenitsyn llegó a tener esta asombrosa actitud: “Bendita seas, prisión”. Luego añadió, mordazmente: “(Y desde más allá de la tumba viene la respuesta: Está muy bien que digas eso, cuando salgas de ella con vida)”.

Felizmente, las Escrituras revelan que los miles de millones que nunca conocieron a Dios y no logren escapar de esa Tribulación misericordiosa con vida serán resucitados y tendrán otra oportunidad de arrepentirse.

Nos queda una pizca de tiempo antes de que la Tribulación que Jesucristo profetizó se desate sobre el mundo. Arrepiéntase ahora, ¡mientras la verdad está abundantemente disponible para usted! Arrepiéntase ahora y reclame la promesa de Dios de proteger a Sus fieles del sufrimiento venidero. Si usted se ha alejado de Dios, ¡vuelva atrás! Si nunca se ha entregado a Dios, ¡hágalo ahora!

¡Únase a la obra de Dios que está esforzándose urgentemente por utilizar el poco tiempo que queda para difundir el mensaje de Dios tan fuerte como sea posible a la mayor audiencia posible! 

MM, AD