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(SHAUL SCHWARZ/GETTY IMAGES)

Los carteles de la droga controlan la frontera sur de Estados Unidos

Los demócratas quieren culpar a Donald Trump por la crisis fronteriza, pero el presidente de México sabe quién es el culpable.

Puede que Joe Biden y Kamala Harris se nieguen a reconocer que hay una crisis fronteriza, pero los agentes federales detuvieron a más de 171.000 migrantes el mes pasado. Se trata de la cifra mensual más alta en 20 años, y de un aumento notable del 218% desde que el presidente Donald Trump dejó la Casa Blanca. Y a diferencia de las anteriores oleadas de migrantes, compuestas principalmente por familias centroamericanas y niños no acompañados, 6 de cada 10 migrantes detenidos desde que Biden llegó a la Casa Blanca han sido adultos solteros.

Los agentes de la Patrulla Fronteriza afirman que la mayoría de los adultos solteros que detienen son hombres que dicen estar buscando trabajo, por ejemplo, en la recolección de productos agrícolas, en la construcción de tejados o en el lavado de platos. Pero un número desconocido de ellos también son miembros de los carteles de la droga o son utilizados por ellos. Según el alguacil estadounidense retirado Robert Almonte, los carteles de la droga controlan “toda la actividad” en la frontera.

“Antes era sólo el contrabando de drogas, pero ahora están metidos en todo. (...) Hay lo que se llama guardianes que controlan todo”, dijo a Fox & Friends. Los carteles están muy involucrados en el contrabando de personas porque ganan mucho dinero. Llevan tiempo haciéndolo, y ahora han aumentado sus actividades allí”.

El 30 de marzo, la Oficina de Aduanas y Protección de Fronteras de Estados Unidos hizo público un video en el que un contrabandista deja caer a dos niños pequeños de Ecuador, uno de 5 y otro de 3 años, desde lo alto de una barrera fronteriza de 4 metros, dejándolos tirados en el desierto.

Se calcula que los carteles de la droga obtienen entre 18.000 y 39.000 millones de dólares de la venta de drogas en Estados Unidos cada año, pero una crisis migratoria realmente puede incrementar sus ingresos ilícitos considerablemente. “Ahora mismo, es un gran auge. Es un gran auge para ellos, es enorme”, dijo el alguacil del condado de Hidalgo, J.E. Guerra, al New York Post. “Entre 1.000 y 1.500 dólares por cada persona”.

El gobierno de Biden ha intentado atribuir la culpa de la crisis fronteriza a la decisión del presidente Trump de recortar la ayuda financiera a los países centroamericanos que deliberadamente enviaron criminales a Estados Unidos, pero el presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador sabe quién es el verdadero culpable: dice que las políticas de asilo de Joe Biden están fomentando la inmigración ilegal y el tráfico de personas en la frontera con Estados Unidos.

“Lo ven como el presidente de los migrantes, y por eso muchos sienten que van a llegar a Estados Unidos”, dijo el presidente López Obrador. “Tenemos que trabajar juntos para regular el flujo, porque este asunto no se puede abordar de un día para otro”.

Dado que cerca del 20% de los 1,9 millones de kilómetros cuadrados de territorio mexicano están bajo el control de los carteles criminales, López Obrador tiene razón al estar preocupado por las políticas de la administración Biden que enriquecen y fomentan a los traficantes de personas. La mayoría de los estadounidenses también están preocupados. Según una encuesta de la Prensa Asociada y el Centro NORC para la Investigación de Asuntos Públicos, el 55% de los estadounidenses dicen que desaprueban la forma en que Biden está manejando la crisis migratoria.

Un campamento de inmigrantes fue visto exhibiendo una bandera de la campaña de Biden; la afluencia de votos para los demócratas explica por qué muchos demócratas están dispuestos a hacer la vista gorda ante la crisis fronteriza y alentar la llegada de más inmigrantes. Pero a menos que Estados Unidos empiece a hacer cumplir las leyes de inmigración y a enviar a los inmigrantes ilegales de vuelta a sus países de origen, miles de personas pagarán a los carteles de la droga 1.000 dólares para ser introducidos de contrabando a una de las instalaciones fronterizas de Estados Unidos que no tienen suficientes camas ni comida para las personas que ya están allí. Se presionará al gobierno estadounidense para que conceda asilo a estos inmigrantes, y el ciclo se repetirá, importando el Segundo Mundo y el Tercer Mundo a Estados Unidos.

Por muy sorprendente que suene este escenario, algunos de los enemigos de Estados Unidos desean seriamente que ocurra.

El analista geopolítico Peter Zeihan ha señalado cómo el tráfico de drogas es una forma en que los adversarios de Estados Unidos pueden atacar a este país sin iniciar una guerra. “Aunque todos los países de Suramérica estuvieran dirigidos por gobiernos antiestadounidenses, Washington no se preocuparía demasiado; estos Estados, solos o en conjunto, carecen de la capacidad de amenazar los intereses estadounidenses (…) en todos los sentidos menos en uno”, escribió en 2008. “El tráfico de drogas socava la sociedad estadounidense desde adentro, generando enormes costos para la estabilidad social, el orden público, el sistema de salud y el comercio”.

La Dra. Indra Cidambi, especialista en psiquiatría de la adicción, dice que estos “enormes costos” para la estabilidad social, el orden público y la atención médica equivalen a casi el 5% del producto interno bruto de EE UU. Pero las amenazas estratégicas del narcotráfico van más allá de las pérdidas económicas. A medida que los carteles de la droga convierten a México en un Estado fallido, suponen una amenaza territorial para Estados Unidos.

“En muchos aspectos, para Washington sería peor que México fuera un Estado fallido a que fuera un Estado unido y hostil”, continuó Zeihan. “Un México hostil podría ser intimidado, sancionado o incluso invadido, amedrentado efectivamente hasta la sumisión. Pero un México fallido no restringiría en absoluto el tráfico de drogas. La frontera sería un caos, y las implicaciones de eso van mucho más allá de las drogas. Uno de los mayores socios comerciales de Estados Unidos bien podría descender a una anarquía frenética que inevitablemente se filtraría al propio EE UU”.

La frontera sur de Estados Unidos es ahora una anarquía frenética. Y los líderes más poderosos de Estados Unidos la están empeorando rápidamente.

Herbert W. Armstrong explicó en su libro Estados Unidos y Gran Bretaña en profecía que los pueblos anglosajones que se asentaron en Estados Unidos y Gran Bretaña descendían de los antiguos israelitas. Esta asombrosa verdad significa que las profecías bíblicas del tiempo del fin sobre Israel están dirigidas en gran medida a los estadounidenses y a los británicos.

En una profecía, Dios compara a Israel con un viñedo cercado. Ha sido protegida al norte, al sur, al este y al oeste. Pero a causa de los pecados del pueblo, Dios advierte: “…Os mostraré, pues, ahora lo que haré yo a mi viña: Le quitaré su vallado, y será consumida; aportillaré su cerca, y será hollada” (Isaías 5:5).

Esta descripción de un viñedo cercado no se ajusta a ninguna nación mejor que a Estados Unidos.

Estados Unidos está protegido al oeste por el mayor océano del mundo y las Montañas Rocosas; al norte por la tundra ártica y la amistosa nación de Canadá; al este por el segundo océano más grande del mundo y los Montes Apalaches, y al sur por el desierto de Chihuahua y la nación de México, que es en gran medida amistosa. Dentro de estas fortificaciones naturales se encuentra la cuenca del Misisipi, la mayor extensión contigua de tierra cultivable del mundo. Pero ahora el seto de la frontera sur de Estados Unidos está siendo destruido, desde afuera y desde adentro.

Una futura administración de Trump puede intentar tomar medidas drásticas sobre la seguridad fronteriza, pero la única solución permanente es que los estadounidenses se arrepientan de sus pecados y se acerquen al Dios que los protegió y que les proporciono bendiciones inigualables en primer lugar. La única solución real a la seguridad fronteriza es el arrepentimiento hacia Dios. 


ESTADOS UNIDOS Y GRAN BRETAÑA EN PROFECÍA

La gente del mundo occidental estaría sorprendida y boquiabierta, ¡si lo supieran! Los gobiernos de Estados Unidos, Gran Bretaña, Canadá, Australasia y África del Sur pondrían en marcha gigantescos programas de protección, ¡si lo supieran! ¡Ellos podrían saberlo! ¡Pero, no lo saben! ¿Por qué?